El Celta de Vigo ha hecho público este viernes que ha llegado “a un principio de acuerdo” con Rafa Benítez para que el madrileño sea el nuevo entrenador del equipo en la temporada 2023-24, en la que el conjunto vigués celebrará su Centenario. Además de para la próxima campaña, el técnico firmará contrato para otras dos temporadas más.
“Rafa Benítez es uno de los entrenadores más laureados de la historiade nuestro país y ha dirigido a equipos de primer orden mundial en las principales ligas europeas: Liverpool FC, Chelsea FC, Real Madrid CF, Inter de Milan, Napoles, Newcastle United FC, Valencia CF y Everton FC, entre otros”, ha destacado el Celta en su comunicado.
AÑO Y MEDIO SIN EQUIPO
El técnico, que se encontraba sin equipo tras ser destituido en enero de 2022 por el Everton, acumula un total de 1099 partidos y numerosos títulos: Liga de Campeones, Copa de la UEFA, Liga española, Copa de Italia, Liga Europa, entre otros.
El Celta ha destacado también que ambas partes confían en que la firma del contrato tenga lugar “el próximo mes de julio”, coincidiendo con el inicio de la pretemporada del equipo en la ciudad deportiva Afouteza.
Cuando Yann Sommer anunció el pasado mes de agosto que dejaba de defender la portería de Suiza después de 12 años y 94 partidos, Gregor Kobel (Zúrich, 1997) no pudo evitar que se le dibujara una sonrisa. A sus 26 años iba a convertirse en el portero titular de su selección tras cuatro a la sombra del guardameta del Inter.
Murat Yakin lo hizo debutar en septiembre de 2021, cuando ya destacaba en el Stuttgart con su 1,96 de estatura, pero desde entonces únicamente ha defendido la portería en seis ocasiones y sólo en una dejando a Sommer en el banquillo. Fue en un duelo de clasificación para la Eurocopa, en junio de 2023. Para entonces, Kobel ya se había asentado bajo los palos del Borussia Dortmund.
Hijo de un jugador de hockey, Gregor coqueteó con varios deportes hasta decidirse por el fútbol, pero salió rápido de la cantera del Zurich. Con 16 años se marchó a la Bundesliga, primero al Hoffenheim y al Augsburgo que, tras dos cesiones al Stuttgart, se lo acaba traspasando por 7,2 millones de euros. Un año después, con 23 años y el salto a la selección absoluta a la vista, el Borussia Dortmund pagó el doble para llevárselo al Signal Iduña Park. Desde entonces, el suizo ha sido nombrado cuatro veces mejor guardameta de la Bundesliga y ha aparecido otras tantas en el once ideal del torneo. En 2023, cuando al Dortmund se le escapa el título en el último partido y por la diferencia de goles con el Bayern, el técnico Edin Terzic reconoce que haber llegado a disputar el título se lo debe al momento de Jude Bellingham y de Gregor Kobel, un agradecimiento que encerraba la superación del meta helvético.
Su capacidad de sumar porterías a cero contrastaba en ese momento con dos pifias que habían dado la vuelta al mundo. En octubre de 2022, en el minuto 8 del partido ante el Unión Berlín recibió un pase atrás y, cuando quiso volver a jugar el balón, se resbaló. Apareció entonces el delantero Janik Haberer para marcar. Seis meses después, todo volvió a ocurrir. Esta vez ante quien estaba siendo su rival por el campeonato, el Bayern Munich. En el Allianz debutaba Thomas Tuchel y Upamecano le alegró la tarde y le dio el liderato. El central francés sirvió un balón larguísimo que parecía sin peligro, pero Kobel calculó mal el bote y, casi de manera cómica, el balón se coló en la portería.
De aquel mazazo se repuso trabajando su fortaleza mental y con charlas con deportistas que también están bajo presión como los golfistas, deporte que también practica, o los especialistas en artes marciales. La superación la mostró con cinco porterías a cero en la pasada Liga de Campeones, impulsando al Dortmund a la final y ganándose ser incluido en el once ideal de la competición.
Bajo la lupa de la Premier, Kobel es indiscutible en su equipo -con quien aún no ha encajado un gol en los dos primeros partidos de la temporada-, pero su brillo no le había hecho desbancar a Sommer. De hecho, su rendimiento la pasada temporada no cambió el criterio de Murat Yakin, que anunció la titularidad del interista seis meses antes del inicio de la Eurocopa.
Esta decisión fue costosa de asimilar por el entorno de Kobel, que lamentó la «cercanía» que había entre el preparador de porteros, Patrick Foletti, y Sommer, dando a entender preferencias personales en la elección del guardameta de la Nati. Sin embargo, ese criterio cambió tras la cita de Alemania, donde Suiza cayó en semifinales ante Inglaterra en la tanda de penaltis. La decisión de Yakin de dar la alternativa a Kobel fue una de las razones del adiós a la selección del veterano guardameta.
La batalla deportiva mantenida durante tres años ha estimulado a ambos, junto con una forma de trabajo peculiar, que va desde el uso de gafas negras que modulan el paso de la luz en fracciones de segundo a los lanzamientos de pequeñas pelotas de tenis incluso en los calentamientos. «Ahora es el momento adecuado para Kobel», admitió hace unas semanas Foletti, justificando por qué tardó tanto.
No hay dudas en el preparador ni tampoco en Yakin, que antes del duelo ante España aseguró que no habrá ninguna alternancia en la portería. Todo el foco para Kobel.
Nico Abad (Madrid, 1970) ha pasado por todas las fases del periodista televisivo. Meritorio en el primer Canal+ como autor, junto a su amigo Antoni Daimiel, de muchos de los vídeos más célebres de ‘El Día Después’. Estrella incipiente del entretenimiento en los tiempos de ‘Lo más Plus’ y Cuatro. Narrador (controvertido) del Mundial de motos y presentador de informativos. Y ahora youtuber con el canal que lleva su nombre, referencial en el mundo de MotoGP, mientras ve el mar desde su casa en Castelldefels.
Has logrado el sueño de montártelo tú mismo, que funcione e irte a vivir a la playa.
Yo no he logrado ese sueño sino que me han obligado a soñar con esto. No ha sido una decisión propia sino forzada. Estaba fenomenal en la televisión, me despidieron de Mediaset y a partir de ahí ninguna tele me quiso. Entonces tuve que recordar una cosa que siempre le explicaba a los estudiantes de periodismo a los que doy clase: ahora la herramienta para hacer periodismo la tenemos a menos de 20 centímetros de nuestra mano y es el móvil. Me apliqué el cuento, monté mi canal y estoy en la quinta temporada ya. La jugada está saliendo, pero no elegí yo.
Fue por necesidad.
Exacto. Me quedé sin un trabajo que estaba muy bien pagado en la tele y, como todavía tengo muchas facturas, tuve que encontrar la manera de sacar dinero por otro lado. Gracias a Dios, estamos en una época en la que estas plataformas te dan una oportunidad de ganarte la vida, con sus pros y sus contras.
Para saber más
¿Qué pros y qué contras?
La contra principal es que aquí no tienes equipo. Las plataformas están diseñadas para que hagas contenido en solitario porque la remuneración sólo llega para que cobre uno. Sin embargo, yo estoy haciendo el camino para intentar que cobremos muchos y crear equipo. Voy un poco a contracorriente y el canal ya lo monté con una agencia. Comencé en Twitch y luego hice un trasvase de todo el contenido a YouTube porque entendí que la audiencia a la que yo me dirigía estaba más allí. En Twitch me sentía vendiendo sombrillas en la montaña, que de repente hay un día de calor, pasa uno y te la compra, pero las sombrillas hay que venderlas en la playa. Y mi playa era YouTube, ahí he encontrado el sitio.
¿Echas de menos la tele?
De la tele echo de menos el dinero, eso por encima de todo. Luego, lo que te comentaba de trabajar con un equipo, una redacción que te corrija, te aprieta, te ayude… Por ejemplo, estoy haciendo ahora un vídeo de todas las lesiones de Jorge Martín, he encontrado 37 y me encantaría contar con algún compañero que pudiera contrastarlo, porque posiblemente sean 36 o 38 y en las plataformas me van a matar. "Nico, otra vez has vuelto a fallar, no tienes ni idea, son 36". Yo tengo que convivir con esto, porque si no te mueres, pero echo de menos tener el apoyo del equipo. A cambio, soy un tío muy casero y trabajar en casa ha sido un descubrimiento que no cambio por nada. Mi ritmo, mis horarios, compaginar con la familia… Lo único que realmente echo de menos es el dinero. Después, ya lejos, la certeza de que lo estoy haciendo bien que te da un equipo. En ese orden.
Al final te has quedado hablando de motos pese a que el recibimiento fue muy hostil cuando narraste el Mundial en Telecinco, ¿por qué?
Al final me he quedado porque es lo que me funciona. Lo que no quería hacer bajo ningún concepto era fútbol. Esto sí que lo tenía claro. Empecé haciendo polideportivo, pero la gente de la agencia me decía: "Nico, si tú pones tu nombre en Google salen motos. Es por lo que más se te reconoce". Y eso es clave para que la plataforma te identifique y te favorezca, los datos en Twitch lo demostraban y cuando pasé a YouTube decidí hacer sólo motor, Fórmula 1 y MotoGP, pero los números de las motos eran mucho mejores. Esto es como si tuviera una pescadería: si en este barrio se vende pescadilla, no traigas cangrejos de río porque no es lo que la gente quiere consumir.
¿Qué papel jugó Ángel Nieto en tu vida?
Tuvo un efecto en mí brutal porque entré en un mundo muy hostil hacia mí y él, desde el minuto uno, me abrió la puerta. Dicen que hay gente que construye paredes y otros que construyen puertas, pues Ángel la construyó y me la sostuvo abierta mientras otros intentaban cerrarla. No es que me explicara las motos, es que me invitó a su casa y me dijo que me quedase a dormir. Fue tremendo, mi gran apoyo en las motos. Era un tío supergeneroso y me trató como mi padre. Esa es la verdad, fue una figura paterna en un momento en que la necesitaba. Desde que falleció, sueño muchísimas veces con él y lo he comentado con su hijo Pablo, que me dijo: "Pues imagínate yo". Ángel no era un tío sólo de motos, era un tío de vida con las cuatro letras en mayúsculas. Estar a su lado era un privilegio y un aprendizaje continuo. Aún me descubro preguntándome un montón de veces. "¿Cómo haría esto Ángel?". Echo en falta poder llamarle.
Narraste MotoGP de 2013 a 2016, ¿por qué fue tan hostil la afición contigo?
El tema es que lo que sucedía en redes, todos esos ataques e insultos, era diametralmente opuesto a lo que me sucedía en la calle. He estado en un restaurante y cuando he ido a pagar me han dicho que un señor había pagado y me había dejado esta nota dándome las gracias por narrar así las motos. En la calle todo era " Nico, tío, cómo mola" y en las redes me deseaban que tuviera cáncer de garganta. Y esto no es una exageración, es literal. Mi interpretación fue que la televisión tiene mucho de hábito y se llevaba mucho tiempo con una narración muy determinada en TVE, mucho más sosegada, y yo entré allí como un elefante en una cacharrería. Narraba pegando gritos porque es lo que me sale cuando veo una frenada fuerte o unas curvas enlazadas. Es que no se entiende la barbaridad que son las motos hasta que las estás viendo en directo. ¡Cómo no vas a gritar cuando ves dónde frenan!
Parece razonable, sí.
Entonces yo todo eso lo llevaba a la cabina y Ángel Nieto me decía: "Tío, a mí es que me pones pila narrando así, tenía que haberse hecho siempre así". Eso es lo que me sostenía porque si miraba las redes… Llegó un momento en que dejé de entrar y no me enteraba. Un lunes por la mañana, a la vuelta de Jerez, me llaman de la Cadena SER y lo primer que pensé fue: "Joder, ¿qué liada habré habré montado esta vez?". Y fue que el rey emérito, por lo visto, me apartó el micrófono porque yo lo metí cuando estaba con Nieto y ni me había dado cuenta de aquello, pero en Twitter se había montado un escándalo. Era una locura aquello. Los fines de semana que no había motos yo también era trending topic porque narraba Lobato la Fórmula 1 y me caía a mí también.
¿Decían que ojalá fueras como Antonio?
Al revés, le decían a Lobato que ya se le había pegado lo malo y estaba gritando como el idiota de Nico Abad [risas].
¿Te afectaba?
Sí, claro que te afecta porque te planteas si realmente lo estás haciendo así de mal. Me preocupaba y lo contrastaba con la redacción y con el resto del equipo de comentaristas, les contaba que estaba siendo una pasada de insultos y que si de verdad la estaba cagando. Ellos siempre me apoyaron y es a lo que me agarré. A ellos y a lo que luego vivía en los circuitos y en la calle donde todo eran elogios y fotos. Al final decidí que no podía hacer caso ni a unos ni a otros y quedarme con un punto medio, pero llegué a tener que mandar amenazas al departamento jurídico de Telecinco muchas veces.
¿Hasta ese punto llegó?
Sí, sí. Llegaron a mandarme un dibujo muy detallado de mi cabeza en una guillotina mientras me daban con un falo gigante. Un puto delirio.
A raíz de los estilos, tuviste una buena bronca hace poco con Ernest Riveras, que fue el siguiente narrador del Mundial de motos.
Él se cabreó porque coincidíamos dando clase en un máster online y la narración que él hacía, para mí, no es la que se debe hacer, no es mi estilo ni lo que yo busco en la tele que me mola. Entonces, un día hice una broma a los estudiantes porque les había dado clase justo antes él y les dije pues yo les iba a decir todo lo contrario. Eso le llegó a él, le sentó a cuerno quemado y montó un lío en redes tremendo con un vídeo al que ni contesté ni voy a contestar porque cualquier cosa que diga se la va a tomar a mal y no merece la pena.
Estuviste en Canal+ desde su fundación en 1990. Daimiel y tú os encargabais de ir por los campos buscando imágenes para el mítico ‘Lo que el ojo no ve’ de ‘El Día Después’.
Otra cosa por la que también se me critica mucho es porque pienso y digo que el periodismo no hay que estudiarlo, hay que aprenderlo haciéndolo. Y es lo que hicimos todos nosotros en aquella redacción de Deportes, donde quitando cuatro realizadores gallegos, todos los demás no teníamos ni idea de televisión. Alfredo Relaño, Carlos Martínez y todos los que tenían experiencia venían de la Cadena SER y ‘El País’ y con ellos estábamos unos cuantos becarios, como Antoni y yo, y Maldini, que llegó con sus cintas de vídeo. Íbamos a los estadios, le decíamos al operador de cámara lo que nos gustaría grabar y la mitad de las veces nos decía que si estábamos locos, que era imposible, que el objetivo no llegaba ahí. Íbamos aprendiendo con ellos. Además teníamos una libertad total para hacer cualquier cosa. Nacho Lewin nos dijo el primer día: "Grabad donde no esté el balón". Y eso lo cogió luego Michael Robinson y lo llevó a una altura narrativa tremenda porque él flipaba con todas esas historias. Crecíamos haciendo un periodismo que no se había hecho nunca en televisión. Lo inventamos nosotros por necesidad y por ignorancia. Fue una época preciosa.
Han pasado 35 años de aquello y la tele deportiva española sigue siendo en un alto porcentaje lo que se inventó en aquel primer Canal+.
Sí, porque unimos cómo vivía la gente el deporte con cómo lo mostrábamos en pantalla. La gente reconocía en la tele las cosas que pasaban en los campos y antes no se veían. No era sólo el seguimiento a Hugo Sánchez para ver si pisaba al defensa o le metía un pellizco, eran historias de aficionados en los campos de fútbol que la gente reconocía como propias. Esa unión entre la gente y el periodismo generó una gran identificación, nos sentían próximos, lo gracioso es que nuestro único mérito es que lo hicimos así porque no sabíamos hacerlo de otra manera.
Corren muchas leyendas sobre el piso que compartisteis durante años Daimiel, Maldini y tú. Hay un libro ahí.
Hay mucha leyenda, pero lo que se puede contar ya lo sabe todo el mundo y lo que no se puede contar tampoco se puede escribir, así que sería un libro intrascendente y va a quedar sin escribirse. Al piso lo llamamos Southfork, como el rancho de la serie ‘Dallas’, y cuando empecé en Twitch hacíamos una vez al mes una sección llamada así. Nos juntábamos los tres a hablar de cualquier cosa, como cuando vivíamos juntos, y eso lo petaba, lo reventaba en números. Lo dejamos de hacer porque las agendas se nos complicaron, pero tenía un efecto nostalgia brutal. Aquellos años fueron muy especiales.
Has hablado antes de Robinson. Cuando acabe está serie, le daré el MVP: nadie genera un elogio general ni medio parecido en el gremio.
Normal, porque ha sido un tío muy importante en la comunicación deportiva en este país. Más que importante, te diría trascendente. Él dio crédito y puso en valor ese periodismo nuevo que nos estábamos inventando. Con un presentador tradicional que no lo entendiera o no lo quisiera, esa revolución habría muerto en ese mismo momento. Pero Robinson le dio cuerpo. Y como jefe y compañero era inmejorable. Nos invitaba a comer dos veces por temporada a todos los reporteros en un restaurante caro, se gastaba un pastizal y nos decía: "Chicos, no me deis las gracias porque yo firmo autógrafos gracias a vosotros". Y como comunicador era sensacional. Nos daba toda la libertad del mundo y luego él lo recogía y lo convertía en oro. Muchas veces traíamos cosas a las que no sabíamos darle el sentido y él le encontraba el chiste y lo hacía brillar. Ha sido un tío definitivo en la comunicación en este país. Eso lo supo ver Relaño en cuanto comentó en TVE el Mundial de Italia 90. Dijo: "Hostia, este pavo que habla medio raro el español, pero es muy gracioso va a ser una estrella" Y lo fichó de inmediato. Relaño también ha sido trascendente en la información deportiva en este país.
Otro que estaba desde el inicio es Josep Pedrerol. ¿Te ha sorprendido su evolución de aquel Canal+ al actual ‘El Chiringuito’?
A lo mejor te sorprendes, pero Pedrerol siempre ha querido hacer ‘El Chiringuito’, también en Canal+. Al menos, lo intentaba. Cuando estuvo presentando con Robinson ‘El Día Después’ se desesperaba: "¡Qué hacemos un lunes por la noche contando lo que ha pasado el sábado! Tenemos que contar lo de hoy". Quería un tío el lunes al Bernabéu a ver qué podía rascar y Michael le decía: "Tranquilo, Pedre, tranquilo, relájate" [risas]. Y Robinson era el que mandaba, pero Josep lo que quería era actualidad, actualidad y actualidad, lo que hace ahora. Y hablaba mucho de su época en la radio, en Barcelona. Era un entusiasta del directo.
¿Por qué te fuiste de Canal+?
Porque Disney Channel estaba abriendo en España, por medio de alguien que conocía a alguien les propusimos un proyecto que les gustó mucho y yo estaba un poco rayado en Canal+ porque quería que me pagasen más. Ya no estaba Relaño, el jefe era Carlos Martínez, entré en su despacho y le dije: "Deberías subirme el sueldo porque si no voy a acabar yéndome". Y me respondió: "Bueno, pues vete". Fue tan rápido que salí casi contento, pensando que no me había puesto pegas, pero a los cinco minutos reflexioné: "Coño, qué cabrón, no ha hecho ni lo más mínimo por retenerme el tío". En ese momento pensé que era un gilipollas, pero ya se me ha pasado y no se lo tengo en cuenta.
Regresaste a la cadena en 2004.
Hice cinco temporadas de ‘La Liga Disney Channel’ y, por las cosas del destino, acabamos grabando el programa en los estudios de Canal+. Allí me vieron los de ‘Lo más Plus’ y Ana García Siñeriz me dijo que necesitaban a alguien de deportes, hice una prueba, les gusté y me ficharon. Me fui de allí siendo un reportero y acabé haciendo cámara en Canal+ gracias a que me fui. Si no, probablemente nunca lo habría logrado. ‘Lo más Plus’ fue un exitazo, hice ‘La hora Wiki’ con Raquel Sánchez Silva, nació Cuatro y entré en el trasvase de presentadores al abierto, allí hice entretenimiento y me rescataron en Los Manolos.
Nico Abad posa para la entrevista en Castelldefels.David Ramírez (Araba Press)
¿No te gustaba presentar concursos?
Sí, era una manera de hablar. Yo estaba flipado con el entretenimiento, muchísima gente trabajando desde un papel en blanco para poner algo en la tele que enganchase, había una energía muy fuerte, muy bestia, gente supercreativa, y tú tenías que presentar eso y estar a la altura. Me encantaba y la audiencia era la hostia, ahí sí te sientes una estrella de la tele… Cuando sale bien, claro, porque si no lo cancelan y el bajón es tremendo. Me estaba enganchando a eso cuando me llamaron de Deportes.
¿Y por qué decidiste volver?
Bueno, yo nunca he tomado decisiones sobre mi futuro. Eso está al alcance de muy, muy pocos en la televisión. Somos trabajadores y cuando tú estás en una empresa y te dicen que quieren que hagas algo, no puedes decir que no salvo que tengas una razón muy grande. Ni siquiera hubo negociación de dinero, me dijeron que pasara a hacer eso y pasé. Elena Sánchez, que era la directora de Cuatro, nos dijo a Juanma Castaño y a mí que Los Manolos estaban funcionando como un tiro de lunes a viernes y, luego, el fin de semana el bloque de deportes se caía. Nos encargó, directamente, copiar a Los Manolos. Lo intentamos hacer y no nos salió, porque no somos ni Lama ni Carreño, pero nos salió una cosa híbrida que le moló mucho a la gente también y ese formato de fin de semana lo hicimos siete temporadas. Fue de las épocas más bonitas mías en televisión.
¿Y la más fea?
Cuando nadie veía ‘Soy el que más sabe de televisión del mundo’ [risas]. Las audiencias son las notas del colegio y hay dos maneras de afrontarlas. Una es estar seguro de lo que haces, pensar que es bueno, que a la gente le va a acabar gustando y darse un tiempo, ir tranquilo. Pero esa teoría confronta con los directores que lo quieren todo ya, ya, ya para vender publicidad y presentar un dato que les ponga como líderes: Casi siempre se impone su versión, claro.
Mediaset compró Cuatro en 2010 y tú te quedaste hasta 2020, cuando acabas saliendo de manera fea. ¿Qué pasó?
Se afeó porque yo creía que tenía derecho a una indemnización y ellos me decían que no, así que decidió un juez y me dio la razón. Después de las motos, volví a informativos, pero ya fue todo raro. Mediaset, por la razón que fuera, empezó a recortar mucho la partida de deportes y salió Lama, salió Juanma Castaño y solo quedábamos Manu Carreño y yo. En 2020 me dijo Telecinco que nos iba a renovar ya el contrato, que acababa en diciembre de 2021, para quedarnos todos tranquilos, pero pasaron los meses y nadie me decía nada. Renuevan a Manu Carreño y siguen sin llamarme, así que subo al despacho del jefe y, cuando me ve, hace contacto visual conmigo y se pira sin decirme nada. Ahí ya dije: "Hostia, mala cosa".
Sí, no tenía buena pinta.
Bueno, pues se quedó ahí. Llegó la pandemia, hice todos los informativos porque teníamos el pase de trabajador indispensable y cuando los jefes se reincorporaron en abril, me dijeron: "Nico, hemos tomado una decisión. Te dijimos que íbamos a renovar, pero no te vamos a renovar. Háblalo con el abogado para ver una indemnización tonta que te quedará". Lo hablé con el que me lleva las cuentas y me dijo que de tonta, nada. Me querían meter un gol por toda la escuadra. Reclamé una indemnización y, aunque aún me quedaban varios meses de contrato y estaba currando normal, de repente un día me dicen que suba al despacho del presidente y me mandaron a casa. Me echaron y les demandé por despido improcedente. Al final les gané, claro.
¿Das por cerrada tu etapa en la tele?
No es que yo la dé por cerrada, es que las teles me han cerrado esa puerta creo que definitivamente. Cuando me despidieron de Telecinco, como sé que los jefes de las cadenas se conocen entre ellos, llamé a los directivos de todas las demás cadenas para que se enterasen por mí y no por la prensa. Llamé a Movistar, Atresmedia y a Dazn, les expliqué lo que había pasado para que tuvieran mi versión, porque sabía que iban a escuchar la otra, y les dije que me molaría seguir trabajando en la tele y estaba a su disposición. Acabábamos de salir de pandemia y todos me dijeron lo mismo: "Hostia, Nico, qué buena noticia. Ahora tenemos una cola de trabajo por sacar que no hemos hecho en pandemia, pero te llamaremos". Esto fue en junio. En septiembre, vuelvo a hacer ronda de llamadas. "Hostia, Nico, sí, sí, sí. Espera al cierre de año, pero seguro que algo podremos hacer. Te llamaremos". No me llaman. Y en Navidad pensé que estarían tiernitos y ya hubo uno que directamente ni me cogió el teléfono. Ahí supe que esto se había acabado.
¿Crees que te pusieron la cruz por la pelea con Mediaset?
No, creo que el problema estaba en que yo era un presentador caro y ninguna cadena me quiso contratar teniendo en cuenta lo que ofrecía y lo que costaba. Al final todas las televisiones funcionan con una escalera de la que yo también he sido parte. Te van formando y cuando te dan el paso a presentar un programa tú siempre eres más barato que el que sale. Entonces, yo ya voy con un caché alto y todos los chavales que han estado durante ese tiempo subiendo la escalera llegan a mi punto costando mucho menos dinero. Empresarialmente no compenso porque no soy un presentador que te da dos puntos de share, eso hay que tenerlo claro también.
¿Lo has pasado mal?
No. Hago un balance superpositivo, tío, porque sigo vivo. ¿Sabes qué pasa? Que tengo grabado a fuego que de bebé estuve a punto de morir. Salí en las revistas médicas como un caso milagroso de recuperación de una deshidratación extrema. Eran los años 70 y me dieron un 90% de no salir y salí. Y tengo una anécdota brutal muchísimos años después con Joaquín Luqui, el mito de Los 40 Principales. Un día coincidimos en los estudios y me escuchó locutar. Al salir, me dijo: "Qué pasión los de deportes. ¿Te importa que te lea la mano?". Yo flipando. Me coge la mano y suelta: "¡Hostia, esto es imposible! Tú te has muerto justo cuando empezó la vida". Y yo, que no creo en esas cosas, aluciné.
Hombre, surrealista es.
Mucho. El caso es que tengo grabado que soy un superviviente desde el minuto cero de vida. O me matas tres veces o no me muero. Voy adaptándome, voy haciendo camino y mantengo la misma ilusión. Me gusta tanto el periodismo que estoy totalmente atado a él. Además no sé hacer otra cosa porque fui a MasterChef y me echaron antes de semifinales. Así que más me vale seguir con esto.
Después de los homenajes a las víctimas de ayer, cuando se cumplían dos años de los ataques terroristas de Hamas, Israel regresa a una cierta normalidad a través de la Euroliga. Sin embargo, no lo hará en Tel Aviv, sino casi dos mil kilómetros al norte, en Sofía, donde hoy se disputa el derbi entre el Hapoel y el Maccabi. Tampoco se jugará bajo la tradicional hegemonía del equipo macabeo, hexacampeón de la Copa de Europa, sino con los nuevos estándares impuestos por Ofer Yannay, el propietario del Hapoel, un magnate de las energías renovables que ha convulsionado el baloncesto continental.
El pasado verano, Yannay se reunió con Paulius Motiejunas, director ejecutivo de la Euroliga, para trasladarle su peculiar modo de entender el negocio. El encuentro se produjo en Abu Dhabi, el emirato que durante la próxima década acogerá cinco Final Four del gran torneo europeo. «La elite de la Euroliga está en contra de Israel», espetó Yannay al CEO lituano. Era su particular protesta contra la decisión de jugar en el exilio de Sofía, en lugar de hacerlo en Tel Aviv. «No tiene nada que ver con la seguridad», añadió el dueño del Hapoel. «Es la misma situación que vivió Israel en Eurovisión. Cuando se cerraron las votaciones del establishment, nuestra cantante era decimosexta. Luego se pasó a la votación popular, la del público, e Israel quedó primera», le dijo, según él mismo ha confesado en The Baseline Podcast.
La facundia de Yannay ante los micrófonos sólo rivaliza con su desbocada ambición en los despachos. A los 50 años ha convertido a su empresa, Nofar Energy, en una de las startups más boyantes de Israel, con una capitalización bursátil de más de mil millones de dólares. En sólo dos temporadas al frente del Hapoel, ya puede alardear del primer título europeo del club y del ansiado debut en la Euroliga. El pasado abril se coronó en la Eurocup, superando en la semifinal y en la final a dos equipos españoles. «Desde tu perspectiva derrotamos al Valencia y al Gran Canaria, pero desde mi perspectiva derrotamos a Hamas. Intentaron quebrantar nuestro espíritu, pero fracasaron», proclamó poco después de alzar el trofeo en Sofía.
"Él nos eligió"
Hijo de inmigrantes que trabajaron en Libia y Túnez, educado en instituciones religiosas sionistas, Yannay colabora con la Fundación Or Ofir, donde honra la memoria de Ofir Libstein, un activista asesinado por Hamas el 7 de octubre de 2023. Sin embargo, en el baloncesto ha irrumpido con sus modales de nuevo rico. Sin respeto por las viejas jerarquías, este verano contrató a Vasilije Micic, doble campeón de la Euroliga con el Anadolu Efes (2021, 2022). «Robarle un jugador así al Real Madrid, al Fenerbahçe y al Olympiacos es algo enorme. Sólo espero que la Euroliga me escuche y me permita mejorar el basket europeo», lanzó a mediados de julio.
Acababa de convencer al doble MVP de la Final Four para firmar tres años de contrato a cambio de 14 millones de euros. Tras su periplo por Charlotte, Oklahoma y Phoenix, Micic se convertía en el mejor pagado de la Euroliga, por delante de Kendrick Nunn, actual MVP del torneo. «El Real Madrid le ofreció más dinero, pero él nos eligió. Si hubiera ido al Madrid, habría ganado la Euroliga. Pero eligió venir al Hapoel y formar parte de la visión de llevar a un equipo de la Eurocup al nivel de la Euroliga», argumentó, deslizando incluso que habían ofrecido acciones del club al base serbio.
Ofer Yannay.HAPOEL TEL AVIV
La incendiaria retórica de Yannay contrasta con los perfiles -bastante más comedidos- de Miki Malka y Gili Raanan, los otros grandes inversores del Hapoel. Dos hombres de negocios que conectan muy bien con el entrenador, Dimitrios Itoudis, doble campeón de la Euroliga en el CSKA (2016, 2019). Aún no se ha cumplido un año de la llegada del griego al banquillo para dirigir un proyecto al que se en primer lugar se sumaron Jonathan Motley o Yam Madar.
Desde entonces, Yannay no ha reparado en gastos para confeccionar su roster. Una plantilla tan amplia y con tanto talento que puede desglosarse entre los partidos de la liga israelí, donde el Hapoel aún juega en el Shlomo Group Arena de Tel-Aviv, y los de la Euroliga, en el Arena 8888 de Sofia. El partido inaugural ante el Barça, resuelto con un contundente 103-87, fue seguido en directo por 8.000 aficionados. Tres días después, Micic solventó la visita al Anadolu Efes, su antiguo equipo, con otro triunfo. El arranque de un curso que se antoja agotador para el Hapoel, con más de 40 partidos fuera de casa y más de 70 desplazamientos an avión.