Thibaut Courtois sufre ciatalgia, dolor en el trayecto del nervio ciático, y se perderá el partido de LaLiga Santander que su equipo disputa este domingo el Real Madrid ante Osasuna en el Santiago Bernabéu (21.00 horas).
“Tras las pruebas realizadas a nuestro jugador Thibaut Courtois por los servicios médicos del Real Madrid se le ha diagnosticado una ciatalgia izquierda”, confirmó la entidad madridista, que no estimó tiempo de baja y se limitó a asegurar que queda “pendiente de evolución”.
El guardameta belga está siendo uno de los futbolistas clave del equipo blanco en este inicio de curso, en el que solo ha recibido seis goles en ochos partidos disputados y en el que ha mantenido la portería a cero en tres ocasiones.
Su baja este domingo ofrecerá la titularidad ante los navarros al portero ucraniano Andriy Lunin, que tendrá la oportunidad de jugar sus primeros minutos de la temporada.
Otro partido insoportable del Madrid que no se mereció ni ese empate raquítico, morboso y absolutamente vergonzoso. Se puede observar que el equipo de Ancelotti es una perversión del fútbol, en muchos minutos, calumnia al fútbol. Algo inaudito.
Ancelotti ha convertido al Madrid en un equipo ruin, mezquino, absolutamente lejos de ser un conjunto. Ha convertido a los madridistas en un circo de malos malabaristas, domadores que los leones se los comen. Y, desde luego, cualquier equipo mucho peor técnicamente se convierte en un gigante.
Además, el italianizante es un siniestro alienador. ¿A quién se le ocurre jugar con un inhabilitado Alaba, que colaboró con dos goles y Camavinga, que fue un bochorno a pies de Kubo? Y deja a Rüdiger y Mbappé en el banquillo
El resultado fue que le metieron cuatro goles en el Bernabéu. Eso es una vergüenza. Valverde y Tchouameni parecieron dos fantasmas en el centro del campo, en compañía de un mediocre Lucas Vázquez.
Lunin hizo un ridículo aterrador. Dejó que le remataran en su área y recibió el primer gol por debajo de las piernas. El ucraniano es un jugador misterioso. Y peor fue que quitara a Endrick, que era el mejor atacante, porque Vini y, sobre todo, el nefasto Rodrygo, eran unos jugadores sospechoso e inútiles, que probablemente son prisioneros del mediocre Brasil.
Ancelotti volvió a hacer el ridículo con no sacar a Modric ni a Brahim, cuando el Madrid era un muñeco en manos de una Real absolutamente superior táctica y técnicamente. Hizo más que lo imposible para destrozar al equipo blanco. Y, desde luego, lo humilló hasta mandarle casi al infierno. Es un equipo destrozado por su entrenador e hijo. Se parte, se rompe, se destroza, no sabe manejar los partidos. Es un completo horror que se salva únicamente por la calidad de pocos jugadores.
Todavía habla de ganar títulos, cuando estoy seguro de que es imposible, aunque aparézcales la épica y la fortuna de un equipo marcado por su mala planificación de la plantilla. Porque la mitad de culpa se encuentra en la abulia de fichajes de la Casa Blanca. Y puede acabar presuntamente en tragedia a final de la temporada. Todo es ridículo ahora en el Real Madrid de Ancelotti.
Y el espíritu inquebrantable del Bernabéu, con los símbolos de victorias imprevisibles, se impuso al final, ante una Real Sociedad que ni mereció perder ni tuvo suerte en el epílogo, cuando le faltaban las fuerzas y el Madrid es un misionero de la suerte.
"Carlos, vete ya". Lo cantó a coro un Mestalla asqueado que no puede más. La fidelidad tiene un límite y, como de una pasión no se puede dimitir, solo hay una opción: protestar, aunque sea como desahogo porque la Avenida de Suecia queda demasiado lejos de Singapur. El Elche, más gris que nunca, prendió la mecha del estadio con un gol de Diang en el minuto 75 que Pelelu, con un gol de penalti, no pudo apagar. No hay quien aguante tanta mediocridad. [Narración y estadísticas (1-1)]
Corberán llegó hace un año con una varita para salvar al equipo del descenso, pero la magia apenas duró seis meses. Hundido en la clasificación, solo en el palco lo ven capaz de obrar otro milagro. Eso o es que temen más llamar a los Lim para pedirles el cese de otro entrenador.
El Valencia atravesó un calvario ante el Elche. Y no porque le atosigara, sino porque es víctima de sus propios errores, algunos tan inverosímiles que parecen fruto de un mal de ojo. Todo el estadio, asqueado, cansado de empujar, acudió dispuesto a cobrarse facturas. Abroncó a sus jugadores antes de arrancar el partido, la grada de animación le dio la espalda en el primer minuto y no hubo piedad con algún futbolista. Sadiq, el flamante fichaje que esperó en el banquillo su momento, debió pensar que ha vuelto, y esta vez para quedarse, en otro Valencia desquiciado.
Una lesión y un susto
El Elche quiso desplegar su alabado fútbol, pero llegó agarrado al empate a cero al descanso de milagro. Aunque en la estadística la posesión fue suya, Dimitrievski, que se estrenaba en la portería vivió tranquilo. El Valencia encontró la forma de sacar partido a la propuesta casi suicida de Sarabia: cada robo era una ocasión para plantarse ante Dituro. Lo hizo Rioja, en sus duelos con Víctor Chust y abriéndose hueco en una defensa con una pradera a la espalda, pero el sevillano, sobreexcitado después de la suplencia en Vigo, no hizo más que equivocarse.
No había transcurrido un cuarto de hora cuando llegó la primera señal de que al Valencia no le libra nadie esta temporada de empujar una piedra por la ladera sin que, de vez en cuando, corra riesgo de aplastamiento. Eso fue la lesión muscular de Thierry, que hizo a la grada castigar a Foulquier cuando pisó el césped. La marcha del portugués no cambió un panorama en el que el Elche seguía sin arrancar, pero el Valencia, con mal colmillo, no conseguía asestar el bocado y, además, tuvo otro susto. Dimitrievski se fue al suelo con la mano en la rodilla derecha. Una lesión del macedonio, con Agirrezabala en el palco, era otro mal presagio. Por suerte, se recompuso para mantenerse en un duelo soso. Ni el Elche llenaba la vista.
El peligro llegaba a balón parado, desde las esquinas, con balones que Rioja o Pepelu teledirigían al punto de penalti sin encontrar rematador, con contras ganadas en la carrera y perdidas con remates de infantil. Todo en campo ilicitano, con Sarabia intentando que su equipo despertara del sopor, pero todo lo que hizo fue un buen centro de cabeza de Álvaro en el área pequeña que salvó sin despeinarse Copete.
Corberán, el sábado, en la zona técnica de Mestalla.EFE
El Valencia necesitaba volver del descanso a por más. Un empate no sirve para salir del descenso ni para calmar los ánimos de una parroquia en colerizada ante tanta mediocridad. Por eso aplaudió a Sadiq en cuanto salió a calentar, como quien ve una luz esperanza ante tanta negrura. Lo que llegó fue el gol de del Elche para incendiar Mestalla. Un error de Tárrega en la salida de balón lo aprovechó Pedrosa para asistir a Diang. Pañuelos blancos en la grada y, sobre todo, un cántico contra un entrenador que no consigue que este Valencia no parezca aún más insignificante lo que es.
De un ridículo aún más letal le salvó Diang con una mano en el área que Pepelu, con coraje y personalidad, convirtió en el empate. Esos últimos 15 minutos fueron eléctricos. Ramazani cruzó un disparo ante Dituro, Foulquier se instaló cerca del área y cada pelota a Sadiq era jaleado. Pero los arreones no son suficientes cuando el lastre arrastra cada vez más al abismo.