El alemán supera a Alessandro Milan en una jornada en la que el británico Tao Geoghegan Hart y el español Óscar Rodríguez abandonaron por sendas caídas
Pascal Ackermann gana la 11ª etapa del Giro.Luca BettiniAFP
Tao Geoghegan Hart es trasladado en ambulancia tras una caída de efecto dominó. Óscar Rodríguez también se retira tras hacer un recto y chocarse contra una casa. Alessandro Covi pierde el control de su bicicleta y se lleva por delante al líder Geraint Thomas, que arrastra a sus compañeros del Ineos y a Primoz Roglic. Este Giro, pasado por agua y minado por el Covid, está maldito. La acumulación de desgracias abruma en el paso del ecuador de la Corsa rosa. El vencedor de la ronda atesorará un enorme mérito, será un ganador por selección natural.
El Giro no regala nada. Los réditos se consiguen con desgaste mayúsculo de energías, como hizo este miércoles el germano Pascal Ackermann, que se anotó al sprint una etapa dominada por el frío y finalizada en Tortona. Fueron 219 kilómetros (el recorrido maratón de la presente edición) con trampas, caídas, pinchazos y sustos constantes en que los aventureros de turno (Veljko Stojnic, Laurenz Rex, Thomas Champion, Diego Pablo Sevilla, Filippo Magli, Aleksander Konychev) desafiaron al pelotón. El último en ser neutralizado por Rex, a sólo cinco kilómetros de meta. El pelotón, con la ojeras tiesa, avanzó y se rompió en dos grupos superados los tres últimos kilómetros, por delante se quedaron los mejores velocistas de la prueba. Ackermann fue el más rápido. El alemán del UAE se pegó a la estela de Mark Cavendish para superar al británico y al danés Mads Pedersen en los últimos 50 metros. Su impulso fue suficiente para imponerse al italiano Alessandro Milan, que avanzó con una bala desde la novena plaza y que terminó segundo tras acudir a la foto finish.
Un día satisfactorio para Ackermann y nefasto para Tao Geoghegan Hart (ganador del Giro de 2020), que tuvo que abandonar cuando se encontraba en uno de los mejores momentos de su trayectoria deportiva. También otra jornada negativa para Soudal Quick-Step, que perdió a cuatro integrantes por el implacable Covid: Cattaneo, Cerny, Hirt y Vervaeke. El grupo dirigido por Patrickl Lefevere comunicó que Remco Evenepoel no modificará su calendario por la retirada del Giro. Su intención acudir a la Vuelta a España y prescindir del Tour de Francia. Adiós al duelo con Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard en la Grande Boucle.
El equipo de Portugal, compuesto por Iuri Leitao y Rui Oliveira, logró el primer oro olímpico en pista para su país, hazaña que se concretó en la modalidad de madison, donde la plata se la llevó Italia, el bronce Dinamarca y España sólo pudo acabar novena tras una caída de Albert Torres.
Sobre el Velódromo Nacional de Saint Quentin-En-Yvelines, Portugal se impuso en el vigésimo y último sprint, que puntuaba doble. Un agónico triunfo con 55 puntos, ocho más que la pareja italiana formada por Elia Viviani y Simone Consonni, que había dominado las tres cuartas partes de la prueba. Leitao, corredor del Caja Rural, logró la plata en omnium el pasado jueves, y junto a Oliveira, corredor del UAE, frustraron los anhelos del dúo transalpino.
España aspiraba a la sorpresa, pero la suerte resultó esquiva para Sebastián Mora y Torres, con una caída que arruinó cualquier opción de luchar por las medallas. Tras el séptimo sprint, a 130 vueltas del final, Torres y Mora figuraban en cabeza con 11 puntos. Restaba un mundo, pero las sensaciones iniciales permitían soñar con la lucha por el podio. Una madison supone muchas alternativas, momentos de mayor y menor inspiración, y normalmente la última fase de la competición resulta decisiva.
Lucha frenética
A mitad de carrera, Mora y Torres seguían fajándose en puestos del podio. La lucha sin cuartel, frenética sobre el anillo del velódromo, variaba por momentos. Japón encadenó varias puntuaciones para ascender a la zona noble, en perjuicio de España, que bajó a la quinta plaza, con su marcador estancado en 15 puntos.
En el último cuarto, Chequia empezó ganando vuelta y sumó 20 puntos que le auparon a la cuarta plaza. Italia reaccionó atacando para defender el liderato. La dupla británica perdió opciones con la caída de Oliver Wood. Se volvió loca la carrera a medida que se acercaba el final. Consonni y Viviani hacía valer una diferencia mínima sobre Dinamarca y Chequia a falta de 25 vueltas. España quedaba a 25 puntos del bronce, pero la desgracia de Torres acabó con cualquier opción.
Indignado el menorquín, con el casco roto, reclamaba ante los jueces, pero no le permitieron salir de nuevo a la pista. A 20 vueltas se esfumaron las opciones de la dupla española. Tras el incidente, Portugal ganó vuelta, sumó 20 puntos y desplazó a Italia de la primera plaza. Oliveira y Leitao dieron el golpe de mano en momento clave.
La etapa entre Muret y Carcassone fue un buen síntoma de la frustración permanente del ciclismo español, del querer y no poder del que otrora era la envidia del resto, ahora relegado a las migajas. Carlos Rodríguez no pudo intentarlo con más ahínco y ambición en la fuga del día. Fue protagonista total, sumando su esfuerzo al de la jornada anterior camino de Superbagnères (donde ganó su compañero Thymen Arensman), pero cada vez que había una selección, el granadino perdía comba.
Algo parecido a Iván Romeo, "etapa marcada", sacrificio suyo y de todo el Movistar que acabó en las lágrimas del prometedor ciclista en meta, en la escapada pero lejos de la victoria. "Era un día para mí, pero fui siempre a contrapié. Terminar el 14º no es lo que quería. Tengo mucha rabia dentro porque había piernas para estar más adelante", se sinceró.
Rodríguez finalmente sacó un buen pellizco de ventaja para la general (« no era lo principal»), en la que ascendió a la novena plaza. Las migajas. No quebró ninguna de las maldiciones que persiguen a los nacionales en el Tour. Precisamente él fue el último en alzar los brazos, 42 etapas atrás, brillante en Morzine 2023, donde hizo lo que casi nadie, sorprender a Pogacar y Vingegaard. Ese mismo año, días antes, Pello Bilbao había roto una racha que había puesto alarmantemente el contador de la sequía en 100. Otro dato para reflexionar: España no se queda sin al menos un top cinco en las primeras 15 etapas desde 1980. Para encontrar otro caso similar, hay que remontarse a 1950.
Y más. En lo que llevamos de siglo, España sólo se ha quedado una vez sin representación en el top 10 final del Tour. Fue en 2022, cuando Luis León Sánchez sólo pudo ser 13º a casi 50 minutos de Vingegaard.
Rodríguez, que habló de sus «mejores sensaciones» y de «seguir intentándolo», y Enric Mas, son los señalados. Por contrato, por talento y por galones. Ambos amanecieron mirando a la general y ambos han acabado pensando en otra cosa. Una escapada, una etapa que alivie las críticas. Mientras que el del Ineos admite ir a más, el balear, con tres podios de la Vuelta en su palmarés, parece bloqueado mentalmente con el Tour, en el que ya cumple siete participaciones (quinto en 2020 y sexto en 2021). «Cuando vienes a intentar hacer la general y tienes la mala suerte, por llamarlo de alguna manera, de salir de esa clasificación, asimilarlo cuesta un par de días», analiza su director José Joaquín Rojas después de la decepción de las jornadas alpinas. «Es más psicológico que físico, es más mental que otra cosa. Tiene que pasar el duelo. En los Alpes veremos al Enric de siempre», augura.
Carlos Rodríguez, en el Tour.CHRISTOPHE PETIT TESSONEFE
Rojas, que presenció bien de cerca los éxitos de su inseparable Valverde, de Contador y Purito, cuando ganar era norma, es consciente de la presión sobre el ciclismo español. Que no gana un Tour desde 2009 (Contador, el último en vestir de amarillo también), que no pisa un podio desde 2015 (Valverde), pero que tampoco lucha por la Montaña (el último fue Samuel Sánchez, en 2011) o por la Regularidad (Freire en 2008). Rojas se ciñe al Movistar, un equipo que no se lleva una etapa desde Nairo Quintana en Valloire, en 2019. «No nos sentimos presionados. Somos un equipo de la mitad de la tabla para atrás en cuanto a presupuesto y no se pueden hacer muchas maravillas. Cualquiera del UAE estaría en el podio. Nosotros con lo que tenemos estamos satisfechos. Sabemos cuáles son nuestras posibilidades», confiesa.
Esta vez fueron 10 los españoles de inicio, cada uno con diferentes misiones. Por suerte, ninguno ha tenido que retirarse. Marc Soler brilla en su preciada labor de sombra de Pogacar. Los jóvenes Iván Romeo y Pablo Castrillo se divierten (y sufren) en su debut. Ion Izagirre (que también ganó etapa en aquella edición de 2023) y Alex Aranburu, compañeros en el Cofidis, pasan desapercibidos. García Cortina y su espíritu disfrutón cumple en su labor de protección y apunta a jornadas más propicias: «En la tercera semana hay un par de etapas que me gustan y también habrá más fatiga en todo el mundo. Ojalá».
Luego está la pareja del Arkea, dos tipos bajo el radar que están rindiendo. Pues ambos, Cristián Rodríguez y Raúl García Pierna, tienen la misión de proteger a la esperanza francesa, Kevin Vauquelin. El almeriense es el segundo mejor español en la general (19º), espoleado por el fin de su contrato en el equipo galo. «Para mis aspiraciones personales no es el momento. Con la edad y la experiencia que tengo, me gusta más trabajar para un compañero así, que hace buenos resultados. Que por ejemplo, ser el 15 de la general, que podría», confiesa en EL MUNDO quien pronto tuvo que buscarse la vida fuera de España. «Fue lo mejor que pude hacer. En Francia estoy súper bien y no sé si volveré, porque se me valora más. Cuando voy a España siempre me piden más, no me valoran lo que hago. Es un poco raro», protesta.
A su lado, también de rojo Arkea (aunque el año que viene le espera el Movistar), la sonrisa inseparable de García Pierna, estirpe de ciclistas (su padre es Félix García Casas, su hermano Carlos corre en el Caja Rural). El año pasado fue su debut, este vuela con sensaciones estupendas. «Me noto mejorado y tengo más interiorizado el ritmo de carrera», admite, brillante en los Pirineos (12º en Hautacam, 26º en Superbagnères).
«El ciclismo ha subido a niveles estratosféricos con Pogacar, Van der Poel y todos estos genios. Es una época gloriosa y es súper difícil. Tuvimos la suerte de tener a Contador, a Valverde a Purito. Antes a Indurain, a Perico. Ahora hay jóvenes con talento que no están para ganar el Tour pero sí para hacer cosas grandes. Hay que seguir insistiendo con la cantera», concluye con el análisis Rojas. "Nos toca una época en la que es súper complicado conseguir victorias y luchar por algo, pero a la vez estás compartiendo pelotón con el que quizá sea el mejor de la historia y hay que saber disfrutarlo también", añade García Cortina.
¿Qué es el Giro sin su 'tappone'? Nada pude igualar la orografía italiana, la que escribió la leyenda de sus héroes, la dureza de los Dolomitas, el frío, la lluvia y hasta la nieve en las cumbres de mayo. Mientras Tadej Pogacar protesta para que la ronda italiana y la española intercambien sus fechas, para que los ciclistas pasen menos penurias climatológicas, la Corsa Rosa desoye los 'consejos' de desnaturalización. En el Auditorium Parco della Musica Ennio Morricono de Roma se desveló el recorrido de su 109 edición, del viernes 8 de mayo al domingo 31, un desafío a los mejores ciclistas del mundo.
Porque al Giro no le hace falta tirar de sus clásicos para ser temido. En sus titulares no se encuentra esta vez el Mortirolo, ni el Gavia o el Stelvio, ni siquiera en Bondone, el Zoncolan, la Mormolada, las Tres Cimas de Lavaredo o el Pordoi. Tampoco La Finestre, donde Simon Yates saltó la banca latina de Isaac del Toro y Richard Carapaz en la última edición. Nombres que son sinónimo de sufrimiento, de gestas. Aun si ellos, sigue siendo temible la ronda italiana. Aparecen otras montañas, que piden paso. Por ejemplo el ya conocidoi Blockhaus, en los Apeninos, donde pusieron su nombre en el pasado Merckxs, el Tarangu Fuente, Nairo Quintano o el último, en 2022, Jai Hindley. O el inédito Piani di Pezzè, corto y duro (cinco kilómetros al 9,8%), el colofón a una de esas etapas monstruosas made in Giro. Al día siguiente, la Corsa Rosa conmemora el desastroso terremoto de Friuli (6 de mayo de 1976) recorriendo su cráter antes de ascender dos veces al Piancavallo, lo que determinará la clasificación final.
Porque en esa cumbre dolomítica, a dos días del final en Roma, se descubrirá un 'tappone', marca de la casa. Más de 5.000 metros de desnivel acumulado, cinco cimas antes de la definitiva. La Cima Coppi del Giro será el Passo Giau de 2.233 metros. La carrera cruzará la frontera con Suiza con una etapa íntegramente en territorio helvético, de Bellinzona a Carì. Milán albergará un final de etapa por 90.ª vez. Con su salida desde Gemona del Friuli (1976-2026), el Giro conmemorará el desastroso terremoto de hace 50 años.
Ahí se conocerá sucesor de Yates, todo incógnitas aún de quién tomará la partida en Bulgaria (Jonas Vingegaard parece el principal reclamo). Porque el Giro, por tercera vez en los últimos cinco años (Hungría en 2022 y Albania el año pasado), por decimosexta vez en su historia, parte de más allá de las fronteras italianas. Serán tres jornadas búlgaras para, tras una jornada de traslado, adentrarse en Italia por Calabria. La primera etapa, con salida y llegada en el Mar Negro, de Nesebar a Burgas, otorgará la primera Maglia Rosa. Después, desde Burgas para llegar a Veliko Tarnovo tras 220 kilómetros, incluyendo un ascenso de 3,5 km con una pendiente del 7,5 % al final. La última etapa en Bulgaria concluirá en la capital, Sofía, donde se espera de nuevo a los velocistas.
Ya en Italia, de Sur a Norte con final en Roma. Serán 3.459 kilómetros con 50.000 metros de desnivel positivo, una contrarreloj individual de 40,2 km, ocho etapas llanas, siete de media montaña y cinco de alta montaña, con siete finales en alto.
Giro Women
También fue presentado La Corsa Rosa femenina,, que comenzará en Cesenatico el 30 de mayo y finalizará en Saluzzo el 7 de junio, tras nueve etapas, 1.153,7 km y un desnivel positivo de 12.500 metros. Habrá dos finales en alto: Nevegal y Sestriere, al final de una etapa verdaderamente espectacular que incluirá, por primera vez en la historia de la carrera, la ascensión al Colle delle Finestre.