Es el corredor en activo con más victorias en la ronda italiana y está empañado en superar a Merckx en el ránking de triunfos parciales en el Tour
Cavendish, en la presentación del Giro 2023.Luca BettiniAFP
Sólo un par de huecos quedan vacíos en la inmensa vitrina de trofeos del velocista incombustible, el que presume de galones de este Giro de Italia que ha arrancado inquieto en la soleada orilla del Adriático. El británico Mark Cavendish, que el próximo 21 de mayo cumplirá 38 años, es el corredor activo con más victorias en la Corsa rosa: 16, una lista que aspira a engordar en esta edición. La etapa de este domingo fue ganada al sprint por el debutante italiano Jonathan Milan (22 años). El tramo final resulto accidentado. A falta de 3,7 kilómetros, una caída fracturó el pelotón. Entre los damnificados figuró Cavendish, que perdió 19 segundos.
El británico, el dinosaurio de los velocistas, acude al Giro con la intención de anotar más muecas en su revólver y enriquecer su espléndida hoja de servicios, aunque para ello tendrá que pugnar con un amplia nómina de velocistas, entre ellos, Pedersen (campeón del mundo en 2019), Ackermann, Gaviria, Matthews, Dainese, Cort Nielsen, Bonifazio, Groves y Milan.
Cavendish, con un triunfo más sumaría, en su trayectoria profesional, 162 victorias y se convertiría, junto al belga Rik Van Looy, en el segundo ciclista con palmarés más extenso. El líder imbatible es Eddy Merckx, con 275. Ahora mismo, Cavendish tiene los mismos éxitos que el italiano Mario Cipollini y el belga Roger de Vlaeminck.
Cavendish mantiene con Merckx una particular disputa en el ránking del Tour de Francia. Ambos están empatados en lista de ganadores de etapa: 34. Un reto complicadísimo para el velocista del Astana porque a la Grande Boucle acuden los mejores velocistas del mundo y los cazadores de etapa con más con el gatillo más ligero. Este reto es el que mantiene en la élite al británico. A su edad, lo lógico es que ya se hubiera retirado, sobre todo cuando en la última temporada no contó el respaldo de Patrick Lefevere en el Deceuninck Quick-Step. No fue seleccionado para el Tour y sólo pudo lucirse en el Giro de Italia (una etapa), Milán-Turín y en carreras de rango inferior, como el Tour de Omán y de Emiratos Árabes Unidos.
Ahora, en el Astana se ha recuperado la ilusión. «No tenemos un equipo enfocado en el sprint como muchos otros. Pero tenemos un grupo sólido, con buena mezcla de talento y experiencia. A pesar de no tener un tren de salida fuerte, el equipo parece que me apoyara en todas las etapas en las que puedas tener la oportunidad de vencer. Tener un equipo que no se centre únicamente en los sprints alivia un poco la presión de mis hombros», dijo en antes de levantar el telón en crono del pasado sábado.
Cuando las multitudes le aclaman, le chillan y le ruegan en los largos pasillos que en cada salida se forman en el protocolo de la estampa de firmas, cuando rodean el bus del UAE Emirates, cuando le persiguen incluso en los hoteles de paso perdidos por Francia, a Tadej Pogacar se le intuye abrumado. Como los tímidos enfermizos, no sabe muy bien cómo reaccionar ante el fenómeno fan. Un brazo arriba, una media sonrisa. Él sólo es una estrella del rock encima de la bicicleta. Ahí sí, la transformación, los gestos, el colmillo, la inclemencia. El show.
En Niza, bajo el sol del Mediterráneo, tan lejos del Arco del Triunfo parisino, el esloveno se hizo leyenda. Son tantas las comparaciones con los mitos del ciclismo, los récords devorados... El nombre más repetido es el de Marco Pantani, el último ganador del doblete Giro-Tour, hace 36 años. Sólo seis más lo lograron (Coppi, Anquetil, Merckx, Hinault, Roche e Indurain), pero lo más asombroso no es conseguirlo, es siquiera imaginar intentarlo en los tiempos del ciclismo moderno, donde ya no se avanza a base de riñones y coraje, donde todo lo marca la ciencia, los vatios, los esfuerzos y los descansos. Ahí, en los laboratorios, ha sido donde se ha fraguado lentamente la reconquista de Pogacar, una maquinaria que su director, Joxean Fernández Matxin, puso en marcha el mismo día después de que, por segundo año consecutivo, Jonas Vingegaard apartara a su pupilo del triunfo en la Grande Boucle.
«Un Tour lo perdí porque me equivoqué siguiendo los ataques de Roglic y Vingegaard [Galibier 2022], el otro porque lo corrí con la muñeca medio rota y una férula», contaba en la cima de Isola 2000 Tadej tras abrochar su tercer Tour e igualar a Thijs (1913, 1914, 1920), Bobet (1953 a 1955) y Greg LeMond (1986, 1989 y 1990). «Vuelvo a ser el viejo yo. Y todavía mejor». Pero, ¿cómo lo hizo?
Pogacar, celebrando su triunfo en la contrarreloj.LAURENT CIPRIANI / POOLEFE
Es lo que Matxin llama «el backstage, todo lo que está detrás». Y, en el caso del genio de Komenda, se basa en tres pilares: aerodinámica, nutrición y rehabilitación. Los tres, como ese Joseba Elguezabal (el masajista vizcaíno) que le asiste en cada meta, tras cada esfuerzo, con acento español.
Tras la segunda afrenta de Vingegaard, con un bajón como nunca antes se había visto en el Col de la Loze, el fin de temporada de Tadej no fue todo lo exitoso que acostumbra. Apenas pudo sumar a su palmarés Il Lombardia, el último monumento del año. Ya ese octubre, en el primer pre stage del equipo en Abu Dhabi, Matxin le planteó una ambiciosa hoja de ruta hacia la reconquista: Giro y Tour. «Todo está analizado. No podíamos acomodarnos. Teníamos que controlar dónde habían estados la pérdidas y minimizarlas. Y aumentar nuestras fortalezas. Y para eso había que sacrificarse», explica el director del UAE a EL MUNDO.
El Puig
Tras las vacaciones con su novia Urska Zigar, Pogacar se puso manos a la obra. En enero ya estaba trabajando en el velódromo valenciano de El Puig, Porque ahí, en la aerodinámica, estaba uno de los puntos débiles detectados. «El año pasado nos metieron 1:38 en la crono [Combloux), son cosas que escuecen pero que te hacen despertar». El hombre destinado a mejorar aerodinámicamente a Pogacar es David Herrero, ex ciclista del Euskaltel, ahora uno de los biomecánimos más prestigiosos del pelotón. Que no sólo estudió en el túnel del viento y los track test (pista) la posición de Tadej en la cabra de contrarreloj, fue más allá. «Se trataba de ser aerodinámicos, pero confortables en la posición. Pogacar antes iba mucho más recto, más flexible. Ahora va más acoplado en momentos donde antes era erecto. Todo apoyado por el Big Data. Si vas 20 segundos con una capacidad de flujo del aire que te penetre mucho más...», explica Matxin. «Estudiamos hasta la posición en el grupo y la composición y ubicación del equipo, cómo usamos el draft (ir a rueda), saber que tú en ese momento estás recuperando y posiblemente tu rival no, él gasta más y tú menos», añade.
Herrero, que fue pupilo de Matxin en el Saunier Duval, analiza hasta «el rozamiento del material de la bicicleta, del muslo con el sillín, de un buje, de la cadena... Cuanta menos fricción haya, más rendimiento». Todo eso no dejó de aplicarlo Pogacar. En cada calentamiento y cada enfriamiento del Giro, utilizaba la bici de contrarreloj. En el mes entero que pasó concentrado en los Alpes Marítimos antes del Tour, hubo días que recorrió los puertos acoplado. Jornadas en las que, antes de partir, completaba en el rodillo rodajes suaves a 40 grados, un entrenamiento térmico para mejorar una de sus flaquezas reconocidas, el esfuerzo bajo el calor.
Pogacar, con sus compañeros.Daniel ColeAP
La siguiente para de la mejora de Pogacar es la nutrición. Y ahí el hombre es Gorka Pérez, el nutricionista español del UAE, que ya contaba en EL MUNDO cómo medía «hasta los gramos de arroz del sushi» de sus ciclistas. «Valora el gasto calórico, el gasto en kilojulios de cada etapa para analizar proteína, carbohidratos, toda la alimentación a la perfección de cada uno. Con una App que ha desarrollado, sabe perfectamente todo lo que han gastado y todo lo que tienen que comer», dice Matxin. «El chef hace el menú customizado para cada corredor. Nadie pasa hambre. En muchos casos no se pueden ni acabar la dieta, pero están convencidos de que al detalle eso es lo que necesitan para recuperar, la gasolina que han gastado».
Otro de las grandes novedades en el entrenamiento de Pogacar fue la llegada en octubre del sevillano Javier Sola en sustitución de Íñigo San Millán (se incorporó al Athletic de Bilbao) como director del grupo de entrenadores. Matxin también destaca otra pata menos visible del entorno del campeón. Se trata de Víctor Moreno, especialista en rehabilitación de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Con una gran peculiaridad que adelanta en «un 50% los plazos de la recuperación»: el profesor se desplaza directamente a los lugares de residencia de los ciclistas del UAE. «Esto no creo que exista en ningún deporte. Cuando alguien tiene una lesión o una caída, tener que desplazarte a un centro de rehabilitación o a un hospital, es duro psicológicamente. Víctor acude a la casa de los ciclistas para que en su ambiente, con su familia, se recuperen más rápido la lesión. El año pasado estuvo en Mónaco con la rotura de muñeca de Tadej», desvela Matxin.
Todo eso, las ganas de venganza y el talento innato de Pogacar. Un cóctel para la historia del ciclismo.
Tour de Francia
Primera etapa
JOSEAN IZARRA
@josean_izarra
Bilbao
Actualizado Sábado,
1
julio
2023
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