Aunque parezca un milagro, lo cierto es que el Cholo ha logrado, indiscutiblemente, meter al Atlético de Madrid en una semifinal de la Champions nueve años después. Hasta el final jamás se sabrá si el Cholo podrá por fin ganar una Champions que le tiene retorcido por dentro, como un castigo pendiente.
Con el segundo gol azulgrana, el de Ferrán, vi a un Barcelona imparable y a un Atleti excesivamente asustado, incapaz de frenar esa orgía de pases entre Pedri, Fermín, Olmo y el increíble Lamine Yamal. Más de un momento pensé que el Atleti, una vez más, iba a ser el acostumbrado ‘pupas’.
¿Qué pasó para que la inercia del partido cambiara mágicamente a favor del Atlético? Pues la carrera espectacular de Llorente y el inmejorable remate de Lookman, con la inestimable ayuda del desastroso Koundé, que atraviesa una simbiosis perfecta entre la mediocridad absoluta y el error perpetuo.
Pero el gran culpable fue Flick, al que una vez más le pillaron al equipo completamente desnudo. Por eso Flick no ganará nunca una Champions con el Barcelona. No se puede jugar con un sistema tan adelantado y tan suicida. Siempre encontrará la misma muerte defensiva.
El gol de Lookman fue otra muerte en vida para el Barcelona. Ya no hubo más exhibiciones de esos jugadores que volvían locos a los rojiblancos, ni aparecieron los regalos del inefable Lenglet, que había entregado dos goles al Barcelona en bandeja. Sobre todo en el primero de Lamine Yamal.
El cambio de Yamal
Yamal nunca pudo deshacerse de Ruggeri, a pesar de que Simeone había tomado la decisión y solo el argentino le marcaba. Pero Lamine es como un suflé chispeante que se apaga: algo deslumbrante que acaba siendo inoperante. Incluso tuvo que desplazarse al lado izquierdo, porque Flick se dio cuenta de que no había más remedio, ante la aparición del diminuto Correa.
En la segunda parte el Barcelona lo siguió intentando, pero las fuerzas se habían agotado. Gavi hizo su habitual faena y fue con rabia a golpear al rival Ruggeri, que había sido el culpable de que su Lamine no funcionara como se esperaba. Fue roja, pero el pulcro Turpin no la sacó.
Sean mentalmente sinceros. ¿Creen que un árbitro español hubiera expulsado al exaltado EricGarcía? De ninguna manera. Incluso los árbitros del Comité Técnico han premiado con una final de Copa al árbitro que no pitó el penalti a Mbappé, que en aquel momento valía más que el agua. La corrupción es absoluta. Al árbitro al que llaman barcelonista.
Los catalanes nunca lograrán que el catalán se hable en Europa. Ni siquiera en la Champions, donde acaban como un equipo que ni siente ni padece fuera de casa. El gran abrazo del Atleti.








