Fue a mediados del segundo set cuando Daniil Medvedev rompió la raqueta contra el suelo, la lanzó hacia el fondo, repitió una y otra vez hasta ocho, la recogió finalmente y la tiró a la papelera. Listo. Ya había soltado la rabia. Luego volvió a colocarse para el resto y acabó por sufrir el peor partido de su vida.
En su debut en el Masters 1000 de Montecarlo cayó derrotado por 6-0 y 6-0 en solo 50 minutos. Matteo Berrettini, que fue un tenista excepcional y hoy intenta resurgir tras sus lesiones, no le concedió ni un juego. Medvedev no dominó ni sus turnos de saque —solo ganó 17 puntos— y acumuló hasta 28 errores no forzados. Lo tiró todo fuera; no le salió nada. De ahí su desesperación.
AFP
No era la primera vez que Medvedev perdía los nervios en una pista. En Wimbledon 2017 vació su cartera y lanzó monedas a la silla de la juez Mariana Alves. En el US Open de 2019 hizo un corte de mangas al público de Flushing Meadows y arrancó una toalla de las manos de un recogepelotas. En el Abierto de Australia de ese mismo año fue multado con 76.000 dólares por destrozar una cámara y lanzar la raqueta durante las dos primeras rondas. En el US Open de 2025, tras perder ante Benjamin Bonzi en primera ronda, golpeó su raqueta contra el suelo y el banco lateral en, al menos, doce ocasiones. La multa ascendió a 42.500 dólares. Y así, muchos, muchos episodios.
10 años sin derrotas así
Pero lo de Mónaco este miércoles tuvo otra dimensión. No fue una explosión de rabia; fue un desastre absoluto. El ruso, que fue semifinalista en el Principado en 2019 y venía de ser finalista en el Masters 1000 de Indian Wells, nunca disfrutó en exceso de la tierra batida, pero tampoco había padecido nunca tanto. De hecho, fue la primera derrota por 6-0 y 6-0 de su carrera profesional.
El último jugador del Top 10 del ranking ATP en caer por 6-0 y 6-0 había sido Tomás Berdych, derrotado por David Goffin en Roma en 2016. Una década después, el sucesor es todo un ex número uno del mundo. Berrettini dijo que había completado «una de las mejores actuaciones» de su carrera. Medvedev se marchó sin decir nada. Sus sentimientos quedaron reflejados en la raqueta dentro de la papelera.






