Con la euforia todavía sin contener del tremendo oro de Mariano García en el 1.500, Moha Attaoui encaró el 800 con la determinación que le caracteriza. Con esa mezcla de ambición y seguridad en sí mismo, aunque los precedentes de una prueba tan difícil de pronosticar le llamaran a la cautela (quinto en los Juegos y quinto también en el Mundial). Pero el talento del atleta de Torrelavega es incontenible. La medalla mundial, bajo techo, llegó en Torun.
Un bronce que no firmaba, pero que deberá valorar. “Quería más”, confirmó después, pero “me faltaron fuerzas al final”. Una carrera rapidísima en la que le faltó ese cambio final ante el poderío adolescente de Cooper Lutkenhaus, 17 años, el medallista indoor más joven de la historia. Y del belga Eliott Crestan, plata.
Con su correr de videojuego y su táctica de no tener táctica. “No sé correr bien en cabeza”, admite. Y su entrenador en las montañas alpinas de St. Moritz, el gurú alemán Thomas Dreissigacker, le dice, le obliga, a hacerlo en la cola del grupo, a “confiar” en su final. Así lo hizo en la primera ronda y así en las semifinales (donde pulverizó ya el récord de España: 1:44.48). Y así en la final. Con un temple a prueba de corazones frágiles. Para el 1:44.66 que no deja de ser el segundo 800 más rápido de su vida bajo techo.
Es la confirmación de un atleta superlativo, que ya fue plata continental al aire libre en 2024. “No me puedo autolimitar”, desafiaba los días previos, cuando afinaba su puesta a punto en Castellón, lidiando con los inconvenientes de cumplir el Ramadán: se levantaba a las cinco de la mañana para completar su primer entrenamiento del día con el alba. No firmó una gran marca antes de llegar a Polonia, pero dejó exhibiciones que ya auguraban lo que estaba por venir: en febrero, en Gallur, se quedó a tres décimas del récord del mundo de los 1.000 metros.
Que no encontró en Torun a los que serán sus enemigos al aire libre (Wanyonyi, Arop), pero que coleccionó su primera medalla mundial en esta prueba que vive momentos pletóricos.
Pasaron 24 años, como una maldición para el judo, siempre tan olímpico para España, nombres inolvidables, sobre todo ellas. El oro de Isabel Fernández en Sidney, los de Miriam Blasco y Almudena Múñoz en Barcelona, pero también la plata de Ernesto Pérez Lobo en Atlanta (la única masculina hasta hoy), allí también los bronces de Isabel Fernández y Yolanda Soler. Hubo que esperar hasta una lluviosa jornada en París, en el Campo de Marte, donde Fran Garrigós amplió la colección.
Fue bronce el mostoleño (-60 kilos), reponiéndose para derrotar a Giorgi Sardalashvili, y pudo serlo Laura Martínez (-48); él favorito, ella revelación, compañeros de entrenamiento, pupilos ambos de Quino Ruiz en su Dojo de Brunete. Se quedó la vallecana a un par de suspiros: tras ganar tres combates, pletórica su mañana, y plantarse en semifinales, no pudo ni con Baasankhuu Bavuudorj ni con la local Shirine Boukli después.
Fue un amanecer de sábado olímpico para soñar (con presencia de Pedro Sánchez en las tribunas, junto a Alejandro Blanco), una gran apertura de los Juegos en los que se aspira a, por fin, superar las 22 medallas de Barcelona. Arrancó primero Fran, quien, por su condición de cabeza de serie -fue campeón del mundo en 2023, entre otros logros- se saltó la primera ronda. En octavos aguardaba el belga Jorre Verstraeten y más apuros de los deseados hasta el Golden Score. Allí, un wata ari para la liberación, para espantar todos los fantasmas de un pasado que a punto de estuvieron de acabar con la carrera del mostoleño: tanto en su debut en Río como hace tres años en Tokio, donde ya llegaba como campeón de Europa, fue eliminado en el primer combate.
El japonés Ryuju Nagayama niega el saludo a Garrigós, tras su derrota.JACK GUEZAFP
El beso de Quino, el abrazo y, un rato después, el japonés Ryuju Nagayama, sexto en el ránking, un rival al que nunca había derrotado en las seis anteriores ocasiones. Y otra vez la emoción, un duelo físico, por puro agotamiento hasta que Fran venció con un estrangulamiento por ippon. Marca de la casa. Garrigós es especialista en el Sode Guruma Jime "donde tú mismo te agarras tu manga y pasas la otra alrededor del cuello del rival. En suelo es donde gano la mayoría de mis combates. Y con esta estrangulación, muchos», contaba este tiempo atrás a este periódico, una técnica que le explicó Quino: "Recuerdo que en una Copa de Europa junior, en Coimbra, de los cinco combates, gané dos así. Y los rivales se quedaron 'dormidos'".
Pese a las malas caras de su rival, que le negó el saludo (fue abucheado) y tardó cinco minutos en abandonar el tatami, ahí estaban las medallas para el español, a un suspiro, ya tras la pausa del mediodía.
La tarde le trajo al madrileño un mal trago del que recuperarse sin mucho tiempo, escuchando como le gusta reagguetton en el vestuario. Cayó ante Yeldos Smetov, plata en Río y bronce en Tokio, por un ippon por estrangulamiento, precisamente. En el Golden Score, una puja igualadísima, con momentos de zozobra para el kazajo y un despiste fatal para Fran. "Cometes un fallo y...", decía antes de abordar la lucha por el bronce.
Allí volvió a ser él. Los dos últimos campeones del mundo frente a frente. Fran ya sabía lo que era derrotar al georgiano, en cuartos del Mundial 2023 que ganó, en Doha. Y lo volvió a lograr en la pura agonía del Golden Score, tras escapar de apuros y mostrar toda su personalidad.
Garrigós era la confirmación de un chico, tan prometedor, al que por fin le llegó su hora. Laura resultó una agradable sorpresa, paso a paso hasta las puertas del bronce. Primero, ante Mary Dee Vargas, después contra la serbia Nikolic (seis del mundo) y, ya en cuartos, el éxtasis, momentazo olímpico, con el espectacular ippon en el Golden Score con el que acabó con la uzbeka Abiba Abuzhakynona, una de las favoritas.
"Está muy mentalizada", avisaba Quino Ruiz. Con todo, a la vallecana le aguardaban por la tarde dos rivales temibles. En semifinales, la campeona del mundo, Baasankhuu Bavuudorj. Un combate de inercias, en el que Laura empezó poderosa, flaqueó después, volvió a tomar la iniciativa en el Golden Score y acabó sucumbiendo con un gran ippon de la mongola, plata después.
Laura Martínez, en acción.Eugene HoshikoAP
Tampoco pudo después con la francesa Boukli, en volandas por las tribunas, muy superior aunque todo se resolviera de nuevo en el Golden Score y tras un wata ari que fue revisado por los jueces.
Tour de Francia
LUCAS SÁEZ-BRAVO
Enviado especial
@LucasSaezBravo
Courchevel
Actualizado Miércoles,
19
julio
2023
-
23:17Ver 1 comentarioEl danés se muestra tajante sobre la desconfianza...
Se encapotó el cielo sobre la Toscana e irrumpió la lluvia anunciada a la vez que los favoritos de la general tomaban la rampa de salida en la bella Lucca. Una tormenta en aumento cuando se vuela a casi 50 kilómetros por hora. Tiempo de valientes y nadie como Juan Ayuso, un ciclón, perjudicado sin embargo, especialmente en el tramo final, pues diluviaba en la meta de Pisa. [Narración y clasificaciones]
El español, de blanco y gris sobre su cabra Colnago, con susto en la primera curva, soñó en esas primeras pedaladas hasta con la maglia rosa, en volver a recuperar ese trono que fue hace tres años de Juanpe López por un día, el último nacional. Golpeaba entonces a todos los favoritos, al osado Isaac del Toro, incluso a Primoz Roglic, que había salido un rato antes, cuando todavía la lluvia era tímida. Pero los últimos kilómetros acabaron siendo premio inesperado para el esloveno, finalmente el más beneficiado. Todo se dio la vuelta y lo que era desventaja se quedó en 19 segundos a favor, un mordisco que le acerca en la general y minimiza los efectos de su caída camino de Siena (también se cayó este lunes, en el reconocimiento de la crono).
Daan Hoole, durante la crono de Pisa.LUCA BETTINIAFP
El final, tromba de agua, se le hizo eterno a Ayuso (22º, 34:04), entre la cautela y el viento, quien no pareció sentir demasiado el dolor en su rodilla derecha tras la caída en el sterrato del domingo. Aun así, dejó claro ante sus dos compañeros quien manda en el UAE Team Emirates. Arrebató 48 segundos a Del Toro y 53 a Adam Yates. El mexicano, sin embargo, conservó el rosa por 25.
El triunfo fue para el gigante Daan Hoole (32:30), el primero de su vida, labrado antes de que la lluvia hiciera presencia. Fue una batalla ante otro especialista, pero Joshua Tarling se vino abajo en la segunda parte de la crono, allá donde voló el neerlandés del Lidl. Xavier Mikel Azparren fue el mejor español, también en seco, 10º a 54 segundos.