Desde este sábado 7 de febrero ya es oficial: el Barça se ha desvinculado del proyecto de la Superliga. Aunque el presidente azulgrana, Joan Laporta, ya adelantó hace un tiempo su intención de abandonar el proyecto impulsado inicialmente por Florentino Pérez para revolucionar el fútbol europeo, no ha sido hasta hoy mismo cuando el club azulgrana ha oficializado dicha intención por medio de un más que escueto comunicado oficial, en el que indica que se ha informado de su desvinculación tanto a la European Super League Company como a los clubes que han formado parte de esta iniciativa.
De esta forma, parece culminar a todas luces un proceso de ruptura con la Superliga al que, prácticamente sin duda, le seguirá un regreso a la asociación de clubes europeos, denominada antiguamente ECA y que hoy responde a las siglas EFC, que se habría estado forjando también a lo largo de los últimos tiempos. Los gestos distendidos del propio Laporta con el presidente de este organismo, el catarí Nasser Al-Khelaifi, a su vez presidente del Paris Saint-Germain, cuando ambos equipos se midieron en octubre del año pasado en la fase de liguilla de la Champions, ya apuntaron a todas luces un más que probable golpe de timón, que, finalmente ya es un hecho.
De esta manera, el único club que aún forma parte del proyecto de la Superliga, una fórmula que podría definirse a grandes rasgos como una manera de implementar en el fútbol el estilo de la Euroliga de baloncesto, un torneo semicerrado en el que los fundadores tendrían prácticamente garantizada su participación, es actualmente el Real Madrid. Inicialmente, además del Barcelona, estuvieron entre los fundadores el Atlético de Madrid, el Manchester United, el Liverpool, el Manchester City, el Tottenham. el Chelsea, el Arsenal, la Juventus, el Milan y Inter de Milán. Los rojiblancos, de hecho, fueron de los primeros en anunciar una desvinculación que sería posteriormente anunciada también por los equipos ingleses. Los italianos también acabarían por marcharse, siendo el último de ellos la Juventus, en 2023, dejando así, hasta hoy mismo, únicamente a los dos grandes de la Liga española en el barco. Un barco en el que, ahora, solo hay un pasajero.
JAVIER MARTÍNEZ
@JavierMartnez5
Actualizado Domingo,
7
enero
2024
-
18:49Ver 6 comentariosEl español, que no podrá jugar el Abierto de Australia, se...
De entrenamiento en entrenamiento un número uno del mundo español camino estos días entre las pistas de Roland Garros y pocos, apenas dos o tres aficionados, le paran para pedirle una foto. Muchos más le animaban, «¡Allez, allez!», pero es posible que algunos no sepan el título que ostenta actualmente. «Claro que sé quién es, es Marcel Granollers, un tenista muy educado», contesta uno de esos seguidores cuando el periodista le cuestiona si sabe quién es. Y en efecto, es Marcel Granollers, un tenista muy educado, pero también es el actual dominador del ranking ATP de dobles junto a su compañero, el argentino Horacio Zeballos.
De 38 años, después de toda una vida jugando en individuales, de ganar un torneo ATP 500 y tres ATP 250 y de alcanzar el número 19 de la lista mundial, en la pandemia decidió ya jugar solo en pareja y le va muy bien: este año han celebrado en el Masters 1000 de Roma y han sido finalistas del Masters 1000 de Indian Wells. Este miércoles debuta en Roland Garros, pero lo hará en una pista exterior, lejos de la Philippe Chatrier donde Carlos Alcaraz disputará la segunda ronda ante el holandés Jesper de Jong, un rival procedente del torneo clasificatorio (14.00 horas, Eurosport).
En atención y expectación el dobles parece el hermano pequeño del tenis. ¿Cómo lo vive?
Lo entiendo perfectamente. Lo que más satisfacción me ha dado ha sido mi carrera individual. No cambio ninguno de los títulos que logré solo por lo que he conseguido en dobles. Cuando era pequeño no soñaba con ser número uno en dobles, la verdad. Estar en esta posición es una satisfacción muy grande, es la recompensa a mucho trabajo, me siento realizado. Pero no era mi sueño, es una manera de alargar mi carrera.
¿Qué es más difícil: jugar solo o coordinarse con otro tenista?
Jugar solo, sin lugar a dudas. Ahora cuando voy a ver partidos de individuales siento una gran admiración por los tenistas, por todos, de verdad. Es muy duro estar solo en la pista y enfrentarte a todo. En el dobles, si hay buena compenetración, te sientes acompañado, apoyado, reforzado.
El dobles, además, reparte excelentes premios. Ya ha sumado más -7 millones de dólares- que en su carrera individual -6,7 millones-.
Es cierto, pero también hay menos plazas en los torneos. Un tenista en el número 80 del ranking individual se gana muy, muy bien la vida. Un tenista en el número 80 del ranking de dobles sólo cubre gastos. A mi me está compensando, está claro, porque en los grandes torneos hay muy buenos premios.
Nadal y su camino hacia el dobles
De Barcelona y criado en el Real Club de Tenis Barcelona, es decir, asiduo al Trofeo Conde de Godó con sus padres, Granollers formó parte de la generación de tenistas españoles que creció a la sombra de Rafa Nadal. De hecho, ambos solían entrenar juntos de pequeños en las instalaciones de Sarrià y fueron pareja de dobles en infantiles y cadetes hasta ganar la Davis junior de 2002. Especialista en la red, si hubiera sido británico quizá toda su vida se hubiera dedicado al dobles, pero como español, sin tradición en la especialidad, lo intentó en individuales hasta una excelente racha entre 2011 y 2013, donde se proclamó campeón en Gstaad, Valencia y Kitzbuhel. Llegó entonces al Top 20 de la ATP.
Pero aparecieron dolores y dudas, numerosas dudas, y a partir de 2014 ya no volvió a una final él solo. En 2017, cuando dejó de ser uno de los 100 mejores tenistas del mundo ya amagó con la retirada, pero no abandonó hasta 2020. Le rescató entonces el dobles que le había dado gloria en las Copa Davis de 2008, 2011 y 2019, aunque suele puntualizar que «en 2008 fui reserva y en 2011 y 2019 sólo jugué los cuartos de final».
¿Le costó renunciar a jugar solo después de tantos años?
Sí, sí, no fue fácil. Pero pasé por años complicados, no encontraba la ilusión de nuevo, y vi en el dobles una manera de seguir. Además, ya había compaginado ambos circuitos y con Horacio hubo conexión desde el primer torneo. Ahora somos los número uno del ranking, pero ya había tenido otras rachas a un nivel parecido.
¿Cómo empezó a jugar con Zeballos?
De casualidad. Yo había jugado muchos años con Marc [López, ahora parte del equipo técnico de Rafa Nadal], había cambiado varias veces de compañero y en el verano de 2019 Horacio me llamó porque su pareja se había lesionado durante la gira americana. Antes casi no nos conocíamos, sólo habíamos coincidido en el circuito, nos saludábamos y ya está. Pero empezamos a jugar juntos y todo fluyó. De hecho nos llevamos el primer torneo, el Masters 1000 de Montreal.
¿Ha jugado cinco finales de Grand Slam, dos con López y tres con Zeballos, y aún no ha levantado ningún grande. ¿Le preocupa?
No, no. No he podido conseguir un Grand Slam, pero no me obsesiona. Ojalá lo pueda hacer aquí o el mes que viene en Wimbledon. Estoy orgulloso de haber jugado cinco finales de Grand Slam, para mí es lo más importante.
Este verano, en los Juegos Olímpicos, parece que Rafa Nadal hará pareja con Carlos Alcaraz. Queda una plaza para otra pareja española. ¿Con quién le gustaría jugar?
Me gustaría jugar los Juegos, sea con quien sea. Rafa y Carlos van a jugar juntos y, en la otra pareja, veremos qué pasa con los restantes, qué opina el capitán [David Ferrer]. Después de Roland Garros se acabará de concretar. Creo que mi experiencia en dobles podría servir porque los Juegos Olímpicos son raros. Hay pocas parejas del mismo país en el circuito o, por lo tanto, no hay muchos especialistas. Vaya que vaya, España tendrá opciones, seguro.
Antes que lo hiciera Valentín Vacherot, hace ya casi 30 años un español vivió una historia de película de esas que tanto gustan en el tenis: procedente de la previa y situado en el puesto 146 del ranking ATP, ganó el Masters 1000 de Hamburgo en 1996 tras derrotar a un futuro número uno, Yevgueni Káfelnikov, y a un futuro número dos, Álex Corretja. Era Roberto Carretero.
Apenas tenía 20 años. Antes ya había sido campeón júnior de Roland Garros y su físico imponía: era una bestia, bombardeaba con la derecha. Nadie dudaba sobre su futuro. Pero ahí acabó su carrera. En las temporadas posteriores, una mezcla de lesiones, frustraciones y fiestas lo llevaron a una retirada temprana. Por suerte, supo reciclarse como comentarista en Movistar, donde ya acumula 18 años. Y también, por suerte, cuenta su experiencia con humor en el libro El tenis desde dentro. Del vestuario a la cabina: un viaje al corazón del tenis, recientemente editado por Mauri Spagnol.
La mayoría de aficionados al tenis le conocen como comentarista y apenas le recuerdan como tenista.
Es normal. Han pasado muchos años y antes era muy complicado conseguir visibilidad. No se emitían todos los partidos, ni siquiera todos los torneos. Y era imposible entrar en la Copa Davis, que era la competición más seguida, porque había 14 españoles en el Top 100 de la ATP. Siempre hay algún tuitero que dice: "¿Éste con quién ha empatado?". Pero la mayoría del público es más amable y cambia la pregunta: "¿Qué te pasó?".
¿Y qué le pasó?
Tenía mucho potencial, y lo sabía, pero necesitaba tiempo y no supe dármelo. Me falló la cabeza. Tuve lesiones, especialmente en el hombro, y las lesiones siempre son difíciles, pero eso es solo una excusa. Era muy blando mentalmente. Con las derrotas me fui desinflando, y mi cabeza dijo basta muy pronto. A día de hoy todavía quiero las cosas cómodas, lo quiero todo fácil. Con los años he ido curando la frustración por no haber alcanzado mis objetivos, pero en su momento fue duro.
Póngase en valor.
En mis tiempos había muy pocos jugadores que jugaran con mi explosividad, que saltaran para pegar, que golpearan tan fuerte. Hoy se juega más recto, pero yo jugaba con mucha velocidad pese a usar parábolas y efectos. Quizá me parecía a Fernando González. Me da apuro, pero a veces me comparo con Carlos Alcaraz. Me veo reflejado en su tenis: la derecha, los apoyos, las dejadas... aunque mi revés era mucho peor que el suyo y mi físico... bueno, yo estaba todo el día lesionado.
También es cierto que entrenaban como burros. En el libro cuenta que llenaban carros del Pryca con bolas y que golpeaba más de 200 derechas seguidas con una tensión en la raqueta de 40 kilos. Es una animalada.
Nací antes de lo que me tocaba. Con mi físico -pesaba 92 kilos y no era muy alto- necesitaba entrenar menos y hacer más prevención de lesiones. ¿Cómo iba a aguantar mi cuerpo machacándome así? A mí el tenis me reventó. A día de hoy me levanto y me duele todo. Estoy jodido por todos lados. Y eso que ahora me cuido. El problema es que, como jugador, no me cuidaba nada.
Alcaraz no se inventó la fiesta.
Alcaraz es un amateur de la fiesta comparado con lo que salíamos en nuestra época. En aquellos tiempos también estaban Pato Clavet o Beto Martín, que se cuidaban muchísimo, pero el resto... Se salía más que ahora, eso está claro. Si estábamos en casa, en Barcelona, salíamos cada semana, cada sábado, era una rutina. Y si estábamos fuera, los propios torneos organizaban fiestas. Alcaraz saldrá seis o siete veces al año, se tomará un par de copas y se lo pasará en grande. Pero lo nuestro era otra cosa. La diferencia es que antes no se hablaba, y ahora él lo muestra en un documental. Me parece fantástico que lo haga.
Habla en el libro de la soledad del tenis.
Hay muchos viajes, muchas noches de hotel... tienes que estar muy bien rodeado. A los 20 años mandas sobre tíos de 50: entrenadores, preparadores físicos o fisioterapeutas. Tú les pagas, tú eres el jefe, y dependen de ti. Eso no pasa en otros deportes. Si destacas en el fútbol o el baloncesto, el que manda sigue siendo el entrenador.
Es un deporte para quien sabe sufrir.
Totalmente. Y eso es muy duro. Te paseas por los clubes y apenas ves a niños disfrutando. Todos están cabreados. Y lo mismo pasa con los veteranos. En cambio, pasas por las pistas de pádel y la gente se lo pasa bomba. En el tenis te enseñan a jugar con amargura, a sufrir, a pasar penas. Espero que eso cambie algún día. Alcaraz me parece un pionero en ese sentido: ojalá normalice sonreír en la pista.