Cuando parecía que estaba a punto de conseguir su pase a para la final del Open de Australia por primera vez en su carrera, llegaron los problemas físicos. Carlos Alcaraz había ganado los dos primeros sets a Alexander Zverev, el marcador lucía un 3-3 en el tercero y entonces el murciano dio la voz de alarma: “He vomitado, no sé si tengo que tomarme algo”.
A partir de ese momento, al número 1 le fallaban las piernas. Escaso de movilidad, empezaron los calambres y tuvo que pedir la asistencia del fisio, lo que provocó el enfado de su rival.
Ante el bajón físico el encuentro se igualó n el marcador, el alemán se llevó el tercer y el cuarto set en el tie-break. Y así el pase a la final se decide en el quinto.
Van a cumplirse dos años del advenimiento de Lamine Yamal y siguen buscándole. Los defensas y los otros. Los otros, los de siempre, los del odio, los del ruido, los mediocres, los que en vez de admirar lo nunca visto prefieren perseguir unicornios con escopetas. De fogueo en este caso. Porque por más que disparan no logran rozarle.
Aseguraron que la celebración del 304 en honor a Rocafonda, su barrio, le convertía poco menos que en un pandillero, como si la conciencia de clase fuera un delito. Interpretan como un insulto a España que en sus botas luzca las banderas de Marruecos y Guinea Ecuatorial, los países de sus padres, mientras el chaval nos regala una Eurocopa con la edad en que sus haters pedían la paga a mamá para comprarse unos castellanos. Aplauden las chorradas viejunas de Van der Vaart, uno de los futbolistas más frustrantes y disolutos de su generación, como si bailar, vestir o peinarse acorde a la edad que uno tiene fuera una señal de alarma y no un indicador de normalidad.
Y como el ídolo no muestra grietas se le busca el barro en pies ajenos. Los de Mounir Nasraoui. Lo curioso es que aquí se juntan el deseo de unos y el miedo de otros. "Sólo su padre puede salvarnos de otro Messi", escucho a madridistas, aterrorizados ante la amenaza de otros 15 años con el mejor vestido de azulgrana. "Sólo su padre puede estropearlo", musitan esos culés que viven temiendo que el cielo se derrumbe sobre sus cabezas. No sé, nadie sabe, qué dirá Nasraoui al oído de su hijo, pero tengo clarísimo que si fuera sueco, alto y rubio no estaríamos hablando de esto ni habrían convertido a un personaje secundario de la película en la clave de la trama.
En cualquier caso, esa supuesta mala influencia no se refleja por ningún lado. ¿Han escuchado hablar al chico? ¿Le han visto comportarse en el campo? ¿Atisban el menor indicio de que se le esté yendo la cabeza? ¿Les parece un chaval al que va a poder la presión y a corromper la fama? ¿Creen que puede un adolescente llevar de mejor manera una situación absolutamente extraordinaria y antinatural?
Seamos serios, todo lo que muestra el Lamine persona es el mejor escenario posible, no augura drama por ningún lado y firmo que mis hijos tengan a los 17 años la madurez que está demostrando él. Aunque como soy alto y (era) rubio, tampoco me echará nadie la culpa, si no...
En la plaza de Felipe II, los gritos contra Israel, las protestas por el genocidio, las banderas Palestinas. "¡Maccabi Tel Aviv, fuera de Madrid!". A unos metros, en la cancha del Movistar Arena, la rareza de un partido de baloncesto sin público, con el chirriar de las zapatillas como banda sonora, tristes memorias de la pandemia, cuatro años y medio después (el último fue en junio de 2021, de playoffs ACB). Otra vez la política como arma arrojadiza con el deporte de por medio. Unas 800 personas se concentraron ayer en los minutos previos al partido entre el Real Madrid y el Maccabi, correspondiente a la jornada 21 de la Euroliga, llamadas por las más de 250 organizaciones sociales vinculadas a la comunidad palestina en Madrid, que habían hecho público un manifiesto unitario en el que reclamaron la suspensión del encuentro.
El despliegue policial impresionaba. Llegar al Palacio suponía una gymkhana de calles cortadas. Y, una vez en la puerta, el cacheo era exhaustivo. El duelo sí se disputó, como todos los del equipo hebreo, que incluso desde el pasado mes de diciembre ya juega sus partidos en Tel Aviv (y no en el exilio de Belgrado donde ha pasado más de una temporada), en el icónico Menora Mivtachim Arena (la Mano de Elías), siempre a reventar. Aunque, la Delegación del Gobierno, tras una reunión el lunes con Policía Nacional, Policía Municipal, Samur, Bomberos y Movilidad del Ayuntamiento y seguridad del Real Madrid, decidió que fuera a puerta cerrada tras declarar la Comisión Antiviolencia el choque de "alto riesgo".
A las siete en punto, desafiando al frío helador que caía sobre Madrid, los manifestantes se desplegaron frente a la puerta principal del Palacio, donde una doble barrera policial les impedía acercarse. Hubo algún conato inicial de incidentes, cuando dos sujetos proisraelíes tuvieron que ser desalojados al ser increpados por los reunidos. Entre los presentes, Ione Belarra y Pablo Rodríguez, de Podemos.
Imagen del despliegue policial en el Movistar Arena.FERNANDO VILLAREFE
Porque las protestas en la calle habían llegado precedidas por el choque político. Los llamamientos desde Podemos a "impedir que se juegue", en palabras de la diputada. Y la respuesta del alcalde de Madrid, quien acusó al delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Francisco Martín, de usar «la seguridad como un reclamo político en vez de como una garantía de convivencia». "El hecho de que venga un equipo israelí no tiene que ser distinto a que venga un equipo de cualquier otra nacionalidad. Es lo mismo que hizo con la Vuelta Ciclista a España", se quejó José Luis Martínez-Almeida. "¡Ayuso, sionista, estás en nuestra lista!", fue otra de las proclamas que más se escuchó, contra la presidenta de la Comunidad.
Ione Belarra, de Podemos, en la manifestación.FERNANDO VILLAREFE
En Barcelona, el martes, sin llamamiento en este caso de Podemos, las concentraciones fuera del Palau Blaugrana fueron menos numerosas y sin incidentes. Aunque el choque entre el Barça y el Maccabi se disputó también sin público. No así, por ejemplo, en los dos anteriores encuentros europeos del equipo de Oded Kattash. El pasado 26 de diciembre había más de 10.000 espectadores en el Belgrado Arena, como el 2 de enero los hubo en el SAP Garden de Múnich. El enorme dispositivo en la capital de España, recordando lo acontecido a comienzos de septiembre durante la Vuelta a España (boicoteada finalmente en las calles de Madrid durante la última etapa), fue el equivalente al de un partido de fútbol de alto riesgo y contó con presencia de la UIP, medios aéreos, guías caninos, una zona de seguridad ampliada, vallado perimetral en el entorno del Palacio, cortes de tráfico y restricciones de acceso al aparcamiento del Movistar Arena. En total, se movilizaron 400 efectivos de la Policía Nacional, además de agentes de la Policía Municipal, personal de seguridad del club y del recinto, Bomberos y efectivos de SAMUR-Protección Civil.
Todos los encuentros de baloncesto disputados en España con equipos israelíes han sido a puerta cerrada (La Laguna Tenerife-Bnei Herzliya, Valencia-Hapoel Tel Aviv, Baxi Manresa-Hapoel Jerusalén o Joventut Badalona-Hapoel Holon...). Pronto, en marzo, se volverá a repetir esta situación en Vitoria, Barcelona y Madrid, donde tiene que acudir, también en partidos de Euroliga, el Hapoel de Tel Aviv.