Con el minuto de silencio pertinente en recuerdo a las víctimas de Adamuz, secundado por pancartas en Salónica que recordaban también uno muy similar hace 3 años en Tesalia, el Betis inició sus encuentro para asegurar el top’8, pero la inesperada derrota le dejó deberes para la última jornada.
El Betis comenzó titubeante e impreciso ante un PAOK de Lucescu que tuvo la primera ocasión del partido bien atajada por Pau López. Los sevillanos tenían la posesión, pero el peligro estaba en las contras griegas. Muchos no habituales en el once de Pellegrini sin contar con las importantes ausencias como la de Isco o el Cucho que mermaban considerablemente las posibilidades ofensivas de los verdiblancos.
El referente era Fornals, que vive un momento dulce en el equipo y era el que comandaba todos los ataques de los verdiblancos. Un amague suyo valió para que Ruibal tuviera la primera oportunidad clara para inaugurar el marcador, pero tapó bien Tsiftstis. Al filo del descanso, tras un saque de falta, fue Pablo García el que estuvo a punto de marcar, pero el balón, desviado por un defensor, se fue lamiendo el poste.
Sin embargo, tras la salida de los vestuarios, los griegos hicieron valer su papel de locales y empujaron hasta que lograron adelantarse en el marcador en un despiste de la defensa del Betis. Zivkovic transformó una asistencia acrobática de Giakoumakis. Y unos minutos después a punto estuvieron de doblar la distancia con otro centro lateral, pero el VAR anuló el tanto del delantero griego.
Sin embargo, un penalti de juventud de Morante, hijo del famoso torero, que transfromó Giakoumakis convirtió la remontada del Betis en un imposible. Los deberes de los de Pellegrini quedan para la última jornada en la que tendrán que ganar al Feyenoord, que se juega estar entre los 24.






