¿Es inevitable la ruptura entrenador-deportista?

¿Es inevitable la ruptura entrenador-deportista?

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La ruptura entre entrenadores y deportistas es más habitual de lo que parece, aunque sólo trascienden los casos de élite. El ejemplo más reciente es el de Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero. Estas desvinculaciones se producen cuando se dan varias de estas condiciones: deporte individual, rendimiento que depende mucho de especialización técnica y precoz, que la relación comenzase antes de la adultez del deportista y que dure algunos años.

Condiciones que se cumplen en separaciones como la muy reciente del luchador Ilia Topuria, y en las rupturas con el entrenador y padre, como las de los atletas de 1500 metros, el plusmarquista mundial Jakob Ingebrigtsen (con denuncia por violencia) o Jake Wightman, campeón del mundo en 2022; se separaron, aunque gradualmente, los tenistas Stefanos Tsitsipas y las hermanas Williams, o el golfista Tiger Woods.

Una relación entrenador-deportista conlleva una inevitable tensión persistente entre la necesidad de disciplina y control en procesos y conductas de entrenamiento y de vida deportiva y el objetivo de potenciar al máximo la emancipación progresiva del deportista. Tampoco es que esta situación sea exclusiva del deporte de rendimiento, se da en la vida en general, con menor o mayor intensidad, entre educadores o progenitores con sus educandos.

Junto a grandes pensadores clásicos, Fernando Savater habla de la tensión inherente entre los condicionamientos educativos y la autonomía deseable. No hay autonomía sin pautas, marcos y normas iniciales, es decir, la libertad se logra a través de la disciplina, cuando el educando o deportista ya puede, interiorizadas las normas, transformarlas ejerciendo su formada autonomía crítica.

El reto para el entrenador está en cómo ir reforzando la satisfacción progresiva de las necesidades de autonomía, competencia y autoeficacia percibidas por el deportista, niño, adolescente o adulto temprano, tanto en entrenamientos o competiciones como en otras facetas de su vida. Se trata de la difícil transición, no lineal, desde las regulaciones externas impuestas por el educador, entrenador (y/o progenitor) hacia la autorregulación interiorizada (Ryan y Deci, 2000) del alumno, deportista (y/o hijo).

Los rasgos de controlador de un entrenador educador implican supervisión constante con imposición de reglas e instrucciones, seguramente eficaces en la formación de menores, pero pueden cronificarse cuando el deportista ya ha adquirido mayor autonomía (Cushion y Jones, 2006). La iteración de control en la relación de entrenador y deportista viene reforzada por cómo fue su prematura instauración, por el contexto de exigencia de rendimiento deportivo y por la obligación de resultados.

Estas relaciones del entrenador con una persona desde su niñez, preadolescencia o adolescencia, hasta la adultez temprana, tienen mucha dificultad adaptativa. Casi nunca hay culpables, no se falla individualmente, es muy difícil cambiar de rol, evolucionar en y con la relación, desde un necesario gran control hacia más autonomía y emancipación, es un reto difícil en la vida, pero mucho más acelerado y presionado en el deporte.

Alcanzados importantes objetivos deportivos y un alto estatus competitivo ¿Se vuelve inevitable la ruptura de la relación entrenador-deportista?

Rafael Martín Acero

Catedrático de Metodología del Rendimiento Deportivo (UDC). Fue responsable de atletismo en CAR de Sant Cugat y del Atletismo de Mujeres de España para los JJOO de Barcelona’92.

kpd