Noche de récords en el Metropolitano. Empezó y terminó festiva. Efemérides, trofeos, rachas y resultado, ¿qué más se puede pedir? Los rojiblancos son el único equipo en 95 años que han inaugurado el marcador en las primeras catorce jornadas. Oblak es el único portero con seis zamoras y Koke es un hombre récord en sí mismo. Fue un partido plácido para todo el mundo, incluido el atormentado Sorloth, que muchas veces necesita cuatro ocasiones para hacer un gol y ante el Oviedo convirtió dos de tres. [Narración y estadísticas, 2-0]
Había incertidumbre en el Metropolitano tras los ocho cambios que ordenó Simeone del once del Inter. Julián y Giuliano, las dos mayores armas ofensivas de este equipo, fuera. No se les echó en falta. El martillo noruego, en su conexión con Hancko, se valió para encontrar un duelo plácido ante el colista, que no había ganado en sus últimos siete encuentros. El Atlético llevaba casi la racha contraria, seis seguidos venciendo. La quiniela parecía clara.
Bastaba ver los primeros 45 minutos de partido para preguntarse por qué Marc Pubill apenas había dispuesto de los minutos de la basura hasta esta jornada 14 de Liga. El lateral de Terrassa, ayer central derecho, es intenso, fuerte, potente y anda siempre bien colocado. Ante el Inter se proyectó más en ataque ya que salió para buscar el duelo y por el carril derecho, aquí le tocó bailar con Viñas y Rondón, y cumplió con nota.
También lo hizo Nico, cuya pareja, Hassan, era, a priori, la más complicada. La energía del argentino es muy del gusto de Simeone y del Metropolitano. No ceja en su empeño tanto defensivo como ofensivo. Secó al francés y no será porque el 10 del Oviedo no lo intentara y sus compañeros le buscaran insistentemente. No fue la noche del peligroso extremo azulón.
A quien se le vio algo apagado aunque sacaba la varita cada vez que retrasaba su posición es a Cazorla. El ovetense tiene algo en esas botas que no tienen muchos futbolistas actuales: teledirige los balones. Puso uno a Viñas y otro, precisamente, a Hassan, que a punto estuvieron de costar un disgusto a un frío Oblak. Lo hizo, eso sí desde lejos, los rojiblancos le asfixiaban cada vez que se acercaba a su área. Salió con una merecida ovación.
La segunda mitad empezó extraña. El Atlético se sentía tan superior que dio un paso atrás para esperar las contras de Giuliano, que había salido por Baena y tardó casi 10 minutos en salir de su campo. Lo hizo cuando Griezmann bajó el cuero y lo movió con criterio. Y con el primer susto de Sorloth volvieron las tornas a su punto inicial, aunque con menos presión rojiblanca que la del primer tiempo.
Para apuntalar la victoria, Simeone puso en el campo a Barrios y a Julián, probablemente titulares ante el Barça el próximo martes. El equipo dio un paso adelante, no para tirar cohetes, pero al menos para no sufrir por algún susto que le pudiera dar el equipo de Carrión de cara al final. Y eso que sería raro, no es sólo el equipo menos goleador de Primera, con siete, es que en 10 duelos se ha quedado sin marcar.
Fue un segundo tiempo ramplón, conservador y con un Oviedo incapaz de hacer daño. El Atlético contemporizó, siempre lejos de Oblak. Ni siquiera apareció la electricidad de Giuliano, algo fallón en las entregas y más pendiente de su labor defensiva que de atacar el espacio, aunque encontró una contra en la que le habilitó Barrios, pero falló ante Escandell, uno de los mejores porteros de la categoría.
Final tranquilo
Julián, en cambio, se movió cómodo entre líneas, pero claro, nadie ocupaba el espacio del 9 en el que antes habitaba Sorloth. Conclusión, el estadio, en el que de presentaron 61.000 almas en una noche gélida en Madrid, se fue vaciando paulatinamente a diez minutos del final. Los valientes, muchos del Oviedo que quisieron disfrutar de la vuelta de su equipo a la máxima categoría en un gran escenario, cantaban para calentar el cuerpo y la garganta.
Simeone despidió el partido sacando a Giménez, el héroe ante el Inter, por Nico, desfondado. Había poco que rascar a este partido. Los récords habían sido antes y luego quedaba la resaca. El Oviedo se mete en un lío y el Atlético sigue feliz.







