Sentado junto al responsable de la editorial Última Línea, Luis Rubiales contestaba a las preguntas durante la presentación de su libro cuando observó cómo un huevo impactaba en el escenario. De inmediato, se levantó de su taburete y se giró para evitar otro impacto. No pudo evitarlo, el huevo lo hizo en su espalda. Hubo un tercer lanzamiento, mientras quien estaba a su lado intentaba protegerle, y entonces el ex presidente de la Federación Española de Fútbol se lanzó a por el agresor, un hombre con capucha y cascos. Fue su primer impulso, pero los responsables de seguridad del salón de actos, en el centro de Madrid, ya habían conseguido reducir al agresor. Rubiales pudo proseguir entonces con la esperada première de Matar a Rubiales. Alguien lo intentó con huevos.
“La suerte es que me han parado. No sé si tenía un arma o algo. He visto a una mujer embarazada con dos niños pequeños. He pensado en los niños. Si llego a cogerlo, estaríamos ahora en otra situación. Me he asustado mucho. Son amigos míos. Todos nos hemos criado juntos y me he asustado mucho. Que me tiren huevos me da igual”, dijo a continuación Rubiales, acompañado por familiares, amigos y algunos de sus antiguos colaboradores, mientras el agresor era retenido a la salida de la sala por agentes de policía.
“Pongamos a Rubiales delante de la opinión pública, que mientras se habla del ‘besito’ no se discute sobre la amnistía. Los de Sumar añadieron: y además le quitamos la bandera de la Igualdad a Montero“, explica Rubiales en el libro. El ataque al Gobierno y a la clase política, a la que considera responsable de haberle utilizado y vendido, es uno de los ejes de su largo testimonio, plasmado en más de 500 páginas.
La coartada de Pedro Sánchez
“Tanto el tacticismo de Pedro Sánchez, necesitado de los votos independentistas para su investidura, como el oportunismo de la felona Yolanda Díaz, hacen que les venga de perlas el caso del ‘besito'”, prosigue Rubiales, que recuerda la división en el propio PSOE e, incluso, se refiere a las palabras del presidente del Gobierno a las campeonas del mundo en la Moncloa, en el que volvió a decir que no concedería la amnistía.
En libro, Rubiales se refiere siempre al ‘besito’, con la intención de descargar la acción por la que fue condenado por agresión sexual, después de besar en el palco de forma no consentida, según la sentencia recurrida ante el Tribunal Supremo, a Jenni Hermoso en la entrega de premios del Mundial 2023, en Sidney. Mantiene lo que ha defendido, y es que el beso fue consentido. Según su relato, la jugadora fue presionada por sus compañeras, con las que el propio Rubiales había mantenido un pulso, al negarse a entregarles la cabeza de Jorge Vilda.
«Y Jenni tuvo dos opciones: mantener lo que ella creía (…) o plegarse a lo ‘revelado’ por su compañera, que no era cualquier compañera, sino la que tuvo que tragarse un sapo enorme al pedirme la destitución de Vilda», explica, para añadir: «Hermoso optó por asumir lo indicado por sus colegas y el tsunami mediático», mostrando de ese modo una “cierta volubilidad de carácter». Rubiales señala a Irene Paredes y Alexia Putellas como las compañeras que presionaron a Jenni, molestas con él, siempre según lo relatado, por el pulso que los sostuvo cuando el envío de los correos electrónicos para comunicar el plante de las 15.
Louzán, un “pelotas”
Javier Tebas, presidente de LaLiga, es otro de los personajes a los que observa detrás de las conspiraciones contra su persona, al que pone en conexión con Miguel Cardenal, ex secretario de Estado para el deporte. “Lo que incomodaba a Tebas era tener constancia de que yo no iba a ser un pele en sus manos ni en las de ningún otro dirigente (…) Tebas batallaría permanentemente para eliminarme del escenario futbolístico español”, explica el ex presidente federativo.
Es crítico, asimismo, con el que ostenta hoy su puesto, Rafael Louzán, del que dice que “su federación (gallega) ocupó el dudoso honor del primer puesto en el ránking de deudas. Lo califica de “pelotas” y lo reta a publicar sus mensajes, porque “así se verá el tipo de persona que es”.
Inmerso todavía en el caso Supercopa, en el que está investigado, al igual que Gerard Piqué, Rubiales dice que todo lo que ha ganado ha sido fruto de su trabajo, “al 100%”.
El primer oro de España llega volando, volando sobre las aguas en una embarcación reducida al mínimo para permitir la coreografía de dos hombres. Son Diego Botín y Florian Trittel, que no sólo están coordinados al centímetro en sus movimientos de este evolucionado 49er, también son complementarias sus personalidades. Diego, meticuloso y calculador; 'Flo', espontáneo. Sólo perdieron el equilibrio con el abrazo de la gloria que los llevó al agua. Los tripulantes españoles podrían haber realizado un ejercicio de cálculo, pero, al contrario, salieron a demostrar por qué merecen este oro, por qué son los más rápidos, por qué son los mejores del mundo y por qué, finalmente, son campeones olímpicos.
Lo españoles no necesitaban ganar la 'medal race', donde la puntuación es doble, dado el margen con el que llegaron, pero su victoria fue incontestable. Este primer oro para España en París llega en su deporte con mayor cosecha en la historia de los Juegos, 22 medallas, 14 del metal que más brilla, como el que alumbra, hoy, los rostros sonrientes de Botín y Trittel.
"Para nosotros no había otro cabía otro resultado que no fuera el oro", proclamaba 'Flo'. ·La clave ha sido mantenernos firmes hasta el último día, manejar esa presión", añadía el catalán. "Es una sensación indescriptible, después de una semana muy dura, debido a las condiciones meteorológicas", añadía Botín, para el que el oro es una "alegría indescriptible".
De popa y en ceñida
La salida de Botín y Trittel fue fulgurante, decidida y directa. Cualquiera de las tres primeras plazas les garantizaba el oro, con 68 puntos y un margen de cinco puntos sobre la embarcación irlandesa y 12 sobre los neozelandeses, terceros. Hasta la primera boya llegaron primeros para realizar un giro limpio, sin riesgos, dada su ventaja. Es importante evitar el tráfico en ese punto. Volaban, literalmente. De popa, con viento a favor, como en ceñida, con viento en contra, fueron incontestables y consiguieron ampliar aún más su ventaja sobre la pareja de Nueva Zelanda.
Jamás volvieron ya a perder la ventaja en las siguientes dos para dirigirse a la meta, a la que llegaron en solitario, por delante de holandeses y neozelandeses. En el podio les siguieron los terceros y los norteamericanos. La pareja española acabó con 70 puntos, por 82 y 88 del resto de medallistas. En la vela los puntos se invierten y se descuenta la peor de las regatas de cada pareja.
A la 'medal race' llegaron Botín y Trittel como líderes, pero después de dos días irregulares para los españoles, los peores. El miércoles, en la última jornada de regatas, hicieron su peor serie (decimoquintos, duodécimos y sextos), y el jueves, cuando debía disputarse la 'medal race', dos interrupciones, la primera cuando iban líderes, por la falta de viento devolvieron a los regatistas al hotel. Un mal asunto para la concentración. Las dudas las despejaron nada más darse la salida.
El final de las frustraciones
Botín, cántabro, y Trittel, catalán, ambos de 30 años, se encontraron después de Tokio, frustrante para los dos por separado, y de ese modo formar la pareja perfecta sobre una embarcación, perfecta y veloz. "¡Esto vuela!", decía 'Flo', como llaman a Trittel en el entorno de la vela, cuando empezaron a entrenarse a bordo del 'Skiff', que es el nombre técnico del barco. Cada cuatro años se decide cuál será, con las evoluciones pertinentes, y se dan las instrucciones al mismo fabricante. 'Flo' había practicado Kitesurf, por lo que estaba acostumbrado a volar sobre las aguas. El hecho de que no llegara a ser olímpico le hizo optar por la clase Nacra 17, en la que formó pareja con Tara Pacheco en Tokio. Hubieron de conformarse con el diploma, sextos. 'Flo' quería más.
Más cruel fue el desenlace en los pasados Juegos para Botín, asentado ya en la clase 49er. Junto a Iago López alcanzaron la 'medal race', pero una mala salida les condenó. Acabaron empatados a puntos con la pareja alemana, pero en el cuarto puesto. El rostro entonces fue el de la desolación. Muy distinto al que mostraba en Marsella. "Llevamos muchos años preparándonos y hemos fallado muchas, pero sin esos fallos y experiencias no estaríamos aquí, celebrando este oro", se sinceró el cántabro.
Esas frustraciones les llevaron, pues, a encontrarse para formar una de las mejores parejas del mundo de la vela. En realidad, no son dos, sino tres, porque Álvaro del Arco es mucho más que un entrenador. Ya trabajó con 'Flo' en la clase Nacra 17. Entre todos han conseguido crear una atmósfera que atempera la presión, por lo que es habitual verlos gastar bromas poco antes de la competición.
Desde que ambos decidieron competir juntos, los resultados fueron inminentes. Campeones de Europa en 2022, un año después de Tokio, lograron la plata mundial ese año y el bronce en 2023 y 2024. Botín y 'Flo' no se han dedicado únicamente al 49er. Ambos se han integrado en las tripulaciones de SailGP, a bordo de los catamaranes voladores. Con Botín como patrón, el equipo español fue campeón absoluto del Circuito Mundial SailGP, al imponerse en aguas de San Francisco en la Gran Final, el 14 de julio, menos de dos semanas antes del inicio de los Juegos. Lo suyo es volar sobre las aguas, camino del primer oro para España, a la que nunca falla la vela.
De pie, apoyado sobre la barandilla metálica, Oriol Tort saludaba con un leve movimiento de cabeza desde la distancia a los periodistas que salían de presenciar los entrenamientos del primer equipo del Barcelona. No existía ciudad deportiva alguna y en los campos de tierra que se ubicaban dentro del recinto del Camp Nou solían entrenarse los juveniles del Barcelona. Con su cigarro en la mano, podía confundirse con el guarda del recinto, pero en realidad era el guarda del talento. Discreto pero irónico, le gustaba alejarse del protagonismo y el ruido, aunque dejaba frases con retranca en algún corrillo: «Si hacemos bien nuestro trabajo, uno de estos juveniles podría jugar ahí, en el primer equipo, sin que notarais la diferencia». «Pero tenemos que hacerlo bien...», insistía, con su media sonrisa. El tiempo ha mejorado la sentencia del bueno de Tort, con Lamine Yamal, de 17 años, y Pau Cubarsí, que acaba de cumplir 18, dos juveniles, asentados en el Barça de Hansi Flick y en la selección de Luis de la Fuente. En algo se equivocaba: la diferencia se nota.
Para saber más
Tort había llegado al Barcelona en 1959, como entrenador de infantiles, antes de que existiera la Masía, y desde 1980 hasta su fallecimiento, en 1999, fue el director de la cantera azulgrana. Cuarenta años en el club, más de la mitad de su vida. Recorría los campos de Cataluña, porque decía que había que ver jugar a los niños en su ambiente, para descubrir potenciales talentos. Guardiola, Sergi, Amor,Iván de la Peña, Pujol o Xavi fueron algunos de los que captó para el club azulgrana, aunque le gustara relativizar su trabajo: «No somos descubridores, sólo ayudamos a los jugadores a descubrirse a sí mismos».
La captación era, pues, el momento clave, mágico, según Tort, en el que había que observar los pequeños detalles que podían hacer a un jugador especial. En Jordi Roura observó un desborde eléctrico, cuando jugaba en su pueblo, Llagostera, en Girona. La Masía fue su destino, donde coincidió y trabó amistad con Guardiola, Tito Vilanova y Aureli Altimira, que acabaron por formar la peña 'Els golafres', los glotones. El desborde le llevó hasta el primer equipo, el incipiente 'Dream Team' de Johan Cruyff, pero una grave lesión durante la Supercopa de Europa contra el Milan, en 1989, acabó con su carrera. Con 25 años estaba retirado y empezaba su andadura como técnico. De segundo de Carles Rexach en Japón, a asistente de Guardiola en el primer equipo azulgrana, segundo de Tito Vilanova y, finalmente, entrenador interino tras la terrible muerte de su amigo. Con la llegada del Tata Martino al banquillo, el club presidido entonces por Josep Maria Bartomeu lo nombró director del fútbol formativo, en 2014. Estaba en el sitio de su descubridor, donde se convertiría en el padre de la nueva generación, la 'Quinta de Lamine'.
FC BARCELONA
"Qué raro corre este niño"
«Cuando lo fiché tenía siete años. Fuimos a verlo y primero que pensé fue: 'Qué raro corre este niño'. A esa edad, todos corren detrás de la pelota, es difícil ver cosas, hay que captar los detalles. Todos menos Lamine, que se apartaba, no iba al bollo. Era como si quisiera desmarcarse, como un profesional. Hacóa cosas extrañas. Me llamó la atención. Después hizo un control distinto a los demás, y le dije a Aureli: 'Lo fichamos'», explica Roura, en conversación con este periódico. Altimira, uno de sus inseparables desde los tiempos de la Masía y persona de confianza, compartía con Roura y otros técnicos las sesiones de captación.
«Son la piedra angular de este trabajo. Nosotros no buscábamos las condiciones físicas ni nada de eso, sólo el talento, las cosas que pueden hacer a un jugador diferente y que a esa edad ya puedes observar, porque son innatas. Todo los demás, el físico y el trabajo táctico, ya lo pondremos nosotros después», continúa, como si todavía lo viviera, porque «esto es una profesión, un trabajo, pero también es pasión»
Cambios con Laporta
Roura ya no hace ese trabajo, porque el regreso de Joan Laporta provocó un cambio en la estructura técnica. «Estábamos renovados, pero de pronto estábamos fuera. Puedo entender que un nuevo presidente ponga a gente suya, de confianza, pero creo que fallaron las formas, se podría haber hecho de otra manera», recuerda, aunque sin darle más importancia. Con Roura también salieron Altimira y García Pimienta, entrenador del filial, además de Carles Folguera, director de la Masía durante más de 20 años. Un año después, dejó el club el director deportivo Ramon Planes, hombre clave en las llegadas de Pedri y Araujo.
Además de Deco y Bojan Krkic, Laporta nombró director de la cantera a Alexanko, siempre en la sintonía de Cruyff y después de Laporta. Sin embargo, promocionó y protegió a dos figuras esenciales en la estructura de las categorías inferiores, Sergi Milà y Marc Serra. Una forma de hacer política y amiguismo, pero sin perder el método. Entre ambos, suman más de 30 años en el club. Milà es responsable de la metodología del fútbol base y el coordinador de fútbol 11. La responsabilidad le ha apartado de los banquillos, después de dirigir al juvenil A, y en la Ciutat Esportiva hay quien se pregunta si no se ha cortado la carrera de un gran entrenador. Serra, por su parte, es el coordinador de fútbol 7, el fútbol-probeta que todos, Roura el primero, consideran esencial en el éxito de la cantera azulgrana. «Lamine, Cubarsí, Bernal o Gavi proceden del fútbol 7», recuerda. Los tres primeros ganaron la Liga Promises de 2019, en Nueva York, con un 6-1 al Madrid.
«El fútbol 7 es más interactivo, favorece la asociación, se toca más el balón y nos permite empezar a trabajar en el entendimiento del juego. Que los niños pasen de jugar a la pelota a jugar al fútbol. Queremos que se perfilen para recibir, que anticipen en su cabeza el pase que darán antes de que les llegue el balón, que sean mentalmente rápidos. El fútbol moderno es velocidad, pero no sólo de piernas», continúa Roura, que pone en valor el trabajo de Serra. El Barcelona rechazó, cortésmente, el ofrecimiento de este periódico para que tanto Serra como Milá ofrecieran sus impresiones acerca de su trabajo.
Esperando a Toni Fernández
A diferencia de otras épocas, en las que el Barça creaba centrocampistas que parecían clonados, una endogamia que llegó a preocupar a nivel interno, la generación de Roura tiene de todo: portero, defensas, centrocampistas o delanteros. «Pues claro... Es que cuando oigo hablar del ADN Barça me pregunto: ¿Y esto que quiere decir? ¿Qué no podemos contraatacar? ¿Qué no podemos jugar en largo cuando nos presionen arriba? El Barça tiene su identidad, asociada a la técnica y a la posesión, pero para ganar hay que ser vertical. Flick lo ha entendido bien», insiste el técnico. Algunos de los frutos de su trabajo están todavía por llegar, como Toni Fernández, de 16 años, un delantero de poderoso desborde, que comparte las categorías inferiores con su primo Guille. El portero del filial, el estadounidense Diego Kochen.
«Un buen ejemplo es Cubarsí, un central que es vertical y supera líneas con sus pases -continúa Roura-. El puesto es muy difícil en el Barcelona, porque si tienes espacio a tu espalda y has de iniciar el juego, casi nada. Lo fiché con 10 años, del Girona. Era agresivo, con carácter. Su progreso táctico al llegar con nosotros fue impresionante. Tiene cara de niño, pero es duro, con mala leche. A veces le decía: 'Pau, ríete un poco, esto sólo es fútbol'».
"Balde, hay que apretar"
Recorrer los campos era el día a día de Roura, como antes lo fue de Tort. «En la captación has de ser rápido. Ver, decidir y fichar, todo en el momento. Si no, llega otro club y lo hace». Le ocurrió con Marc Casadó. «Estaba en el equipo de la Damm, uno de los que mejor trabaja la formación. Tenía 13 años y me llamó la atención por su colocación, siempre iba a la cobertura. En cambio, no pensaba que llegaría a un nivel físico como el que tiene ahora, brutal». A Alejandro Balde, en cambio, le tuvo que insistir para dar ese salto. «Jugaba en el San Gabriel y lo trajimos muy pequeño para el fútbol 7. Era técnico, hábil, pero un día le llamé y le dije: 'Con jugar bien no vale, hay que apretar'».
«El método es común, pero cada chico necesita sus tiempos y tiene sus circunstancias. Lamine vivía en Mataró, podía seguir en casa, pero como el entorno del barrio podía ser complicado, lo llevamos a la Masía», continúa Roura. Más protección necesitó Fermín, al que decidió fichar al presenciar un torneo de infantiles en Tarragona. «Jugaba en el Betis y, nada más verlo, me di cuenta de que tenía cosas, pero también un problema: era muy pequeño. No obstante, me dije: 'Es igual, lo fichamos'. Pasaba el tiempo y no crecía, no rompía. Las dudas crecían entre los técnicos y hasta su familia, que se planteó si debía volver a casa. Yo les pedí a todos un poco más tiempo, tenía esa intuición. Finalmente, dio el salto que yo esperaba», recuerda Roura, para el que cada jugador necesita sus tiempos. «Es necesario un trato personalizado, es otro de los secretos», aclara.
Mientras ahora intenta traslada todo ese conocimiento a los jóvenes entrenadores a través del proyecto 'Best Version 1', Roura dice estar «orgulloso» por el trabajo realizado. «A partir de ahí -finaliza-, todo depende de que el primer entrenador les de la alternativa. Koeman, Xavi y Flick lo han hecho. En eso el Barça también es diferencial». Diferencial y, en una de las épocas más difíciles de su historia, también una prueba de vida.