Royston Drenthe, ex jugador del Real Madrid, el Feyenoord o el Hércules, entre otros, se encuentra hospitalizado tras sufrir el viernes un derrame cerebral, según informó en las redes sociales el grupo de ex profesionales del FC de Rebellen, del que forma parte el neerlandés.
Según el comunicado del colectivo, Drenthe, de 38 años, su familia “pide tranquilidad y privacidad durante este periodo para que puedan brindarle el apoyo que necesita para su recuperación” y añade que “está bien atendido y en buenas manos”.
Drenthe tuvo una irrupción estelar en el Feyenoord y su gran actuación en el Europeo juvenil de 2007, en el que logró el título, le permitió llegar al Real Madrid, en el que no pudo triunfar. Después comenzó una carrera sin éxito en el Hércules, en la 2010-11, Everton, Alania Vladikavkaz, Reading, Sheffield Wednesday, Kayseri Erciyesspor, Baniyas, Sparta Rotterdam, Kozakken y Racing Murcia.
Al Barça solo le faltó algo más de efectividad para llevarse un triunfo escandaloso de su visita al Martínez Valero. Los azulgrana se llevaron al final una victoria clara frente a un correoso Elche, capaz a pesar de todo de no perderle nunca la cara al partido, gracias a los tantos transformados por Lamine Yamal, el jugador más eléctrico de los de Hansi Flick sobre el terreno de juego, Ferran Torres y Marcus Rashford. [1-3: Narración y estadísticas]
Álvaro, por su parte, se encargó de poner el momentáneo 1-1 en el marcador para los locales, que tuvieron que multiplicarse también en tareas defensivas para evitar que el balón besara en más ocasiones la red de su portería. Y, de hecho, el hispano-uruguayo tuvo también una oportunidad muy clara para volver a poner otra vez la igualada en el marcador, en los primeros instantes de la segunda parte, que acabaría finalmente por marcharse al limbo. Con su victoria, los azulgrana se aseguran mantenerse una semana más en lo más alto de la tabla, haga lo que haga el Real Madrid en su choque frente al Rayo Vallecano de este domingo.
Que el marcador del Martínez Valero indicara un 1-2 al descanso era poco menos que sorprendente. Tal y como le pasó en Anoeta, el Barça acumuló un buen número de llegadas ante la portería de Iñaki Peña. Ferran Torres fue quien más podía maldecirse. El de Foios tuvo por lo menos cuatro acciones clarísimas para dar más lustre a su estadística de goles marcados, pero solo acertó a enviar el balón al fondo de la red una de ellas. Fue, de hecho, la acción que permitió a los suyos volver a ponerse por delante en el marcador, a cinco minutos del final del primer tiempo. Mucho antes, en los compases iniciales, Lamine Yamal, tras un gran pase de Dani Olmo, se había encargado de poner por delante a los suyos frente a un rival que trató en todo momento de jugar de tú a tú con los de Flick. Una actitud digna de elogio que encontraría premio en el tanto de la momentánea igualada transformado por Álvaro, quien le ganó la espalda a a zaga barcelonista rompiendo su siempre arriesgada táctica del fuera de juego.
La manera en que Frenkie de Jong se revolvió para aprovechar la asistencia de Ferran y la sangre fría con la que acarició el balón ante la salida de Iñaki Peña para devolvérselo acto seguido al Tiburón en la jugada del 1-2fue también más que elogiable. El holandés, de hecho, estuvo entre los más destacados de los primeros 45 minutos, tanto por sus buenas elecciones a la hora de desplazar el esférico como en sus bajadas para recibir entre los centrales e iniciar la jugada. En la reanudación, Rashford entró por un Raphinha que acusó algunas molestias musculares, pero eso no cambió ni un ápice la apuesta del entrenador barcelonista. Fue el Elche, quizás espoleado por verse aún con vida en el partido, no obstante, el que tuvo una gran ocasión para que el marcador volviera a moverse. El disparo de Álvaro, con todo, se perdió lejos del marco defendido por Joan García.
En el otro extremo del campo, mientras, Ferran volvió a marrar una opción aparentemente clara de echar más tierra de por medio. Y las cosas no cambiaron tampoco, al menos inicialmente, con la entrada en el campo de Robert Lewandowski. El Elche, por su parte, se apuntó aparentemente también al juego de errores en el que parecía encasillarse el Barça desaprovechando quizás su opción más clara de poner de nuevo el empate en el luminoso. Tampoco acertó Rashford, quien se plantó solo ante el arquero local tras conducir en carrera durante un buen rato, a la hora de enviar el balón al fondo de la red. El inglés, en cambio, no marró el remate tras una acción en la que Lamine Yamal salvó aparentemente al límite el fuera de banda para plantarse en el área rival y dar una asistencia que, un poco a trompicones, acabaría por convertirse en el 1-3. Los locales, pese al mazazo, no renunciaron a seguir buscando sus opciones en ataque, mientras que los visitantes pudieron levantar levemente el pie del acelerador pensando, por ejemplo, en los cuartos de final de la Copa del Rey frente al Albacete. Con la mala noticia, eso sí, de la postrera lesión de Koundé. El francés se lesionó aparentemente solo, sin que nadie más interviniera en la acción, y tuvo que ser sustituido en la recta final del duelo por un Araujo que, poco a poco, va entrando en los planes de Flick para la zaga barcelonista. Tanto Eric García como el recientemente retornado Joao Cancelo, eso sí, pueden tomarle perfectamente el relevo al galo.
De niño, Jannik Sinner nunca se soñó a sí mismo en París besando una copa enorme. En el refugio de sus padres en los Alpes, allí arriba, muy arriba, solo podía jugar sobre sintético y bajo techo y, por eso, cuando fantaseaba, se imaginaba como un tenista triunfante en Nueva York, si acaso en Melbourne. Pero ninguna leyenda se construye de un único material.
Hace un par de años, en su violento ascenso en el ranking ATP, comprendió que la grandeza pasaba por brillar también en hierba y en tierra batida, y ahora ya domina ambas superficies. Wimbledon cayó el verano pasado. Roland Garros, donde perdió la final ante Carlos Alcaraz, quedó como una deuda pendiente. Esta primavera ha venido a saldarla.
Este domingo, en la final del Masters 1000 de Montecarlo, Sinner venció por 7-6(5) y 6-3 al español, levantó su primer trofeo grande en tierra batida y recuperó el número uno del mundo. Con ese resultado en el bolsillo, París ya no es una quimera: es el siguiente paso lógico. Para Alcaraz, en cambio, las próximas semanas serán de examen. Antes del Grand Slam parisino debe rearmarse, adaptarse y mejorar. Este Sinner es otro, con otro juego, con otro físico, incluso con otra mentalidad. Ahora le toca evolucionar a él.
VALERY HACHEAFP
"Vine aquí para encontrar el feeling sobre tierra batida para los torneos que vendrán y me he sentido muy bien durante toda la semana. En la final las condiciones eran duras: bajó la temperatura, había viento, pero el resultado ha sido magnífico. Estoy muy contento de haber ganado un gran trofeo en esta superficie", resumía al acabar Sinner. En 2022 ya había ganado el ATP 250 de Umag ante el mismo rival, pero aquello era un torneo menor y la deuda con la arcilla seguía viva. Ya no lo está. Solo le queda la conquista de París.
Alcaraz, que en la derrota encontró palabras generosas, le tendió la mano con un dato: "Es increíble que hayas encadenado los títulos en Indian Wells, Miami y Montecarlo. Eres el segundo tenista que lo consigue [el primero fue Novak Djokovic]. Sé lo difícil que eso puede llegar a ser. Enhorabuena". Una frase que dice tanto del campeón como del derrotado.
El viento y el revés
La final, en realidad, no fue un partido excelente para ninguno de los dos. Después de toda una semana de sol, Montecarlo se despertó con nubes y viento, y eso ensució el duelo. El espectador esperaba vértigo y precisión, y hubo de todo; a ratos se encadenaron los fallos. Tanto uno como otro acabaron con el doble de errores no forzados que de golpes ganadores. Tanto Sinner -un 51 %- como Alcaraz -un 58 %- sufrieron para acertar con el primer servicio e incluso se enredaron en dobles faltas. Un desacierto raro en ellos; la culpa era del día.
Si Alcaraz celebraba un break de inicio, Sinner se lo devolvía, y ambos caminaban todo el rato sobre el abismo. En el intercambio de fondo, empate. El español dominaba con la derecha; el italiano, con el revés cruzado. Pero en los momentos clave ya se observaba quién acabaría celebrando. Como le había pasado en otros partidos durante la semana, a Alcaraz le faltó alegría, incluso se le notó irritado, y Sinner se mostró más agresivo.
EFE
El tie-break que decidió el primer set -y el encuentro- fue perfecto para enseñárselo a los críos que quieran dedicarse al tenis. Tanto Sinner como Alcaraz se transformaron de repente para sacar de manera excelente, pero ambos se equivocaron por culpa de los nervios. El italiano estrelló una volea contra la red y, a cambio, Alcaraz le cedió el set con una doble falta. Se suele decir que estos títulos se deciden por los detalles: ahí hubo dos.
El éxito se ponía cuesta arriba para el español, que igualmente intentó escalar. En los primeros juegos del segundo set exhibió su mejor versión y firmó su mejor punto: un pasante de contralejada para conseguir una rotura. Pero justo después reaparecieron sus males y, con ellos, la derrota. Sinner insistió en su dominio de revés y Alcaraz no arriesgó en el resto, siempre demasiado lejos. En cuanto recuperó el break, el italiano se abalanzó a por todos los honores y ya no hubo más discusión.
Queda Roland Garros. Si quiere mantener su reinado en París, Alcaraz necesita sanar algunas heridas de su tenis -el revés, sobre todo- y encontrar de nuevo esa alegría desbordante que le hace diferente. Sinner, mientras tanto, llega a la Philippe Chatrier como lo que ya es: el mejor jugador del mundo en cualquier superficie. Un niño de los Alpes que aprendió a soñar también en ganar sobre tierra batida.