La implacable Euroliga no permite siestas, aunque si un rival algo más asequible tiene este año la competición es el debilitado Asvel. Los franceses, que opusieron lo que pudieron, acabaron sucumbiendo ante un Real Madrid falto de consistencia pero contundente como para un desenlace tranquilo y su tercera victoria de carrerilla en el Palacio. [85-72: Narración y estadísticas]
Con cuatro bajas importantes (Maledon, Garuba, Procida y Abalde) fue Chuma Okeke el protagonista, especialmente cuando los de Lyon todavía oponían resistencia. Desplegó su abanico de juego veloz y esta vez también de acierto. Si Hezonja falló sus seis triples, el de Atlanta atinó sus cuatro.
El Real Madrid amaneció con tres marchas más que su rival, teniendo bien claro dónde hacer daño. Primero, con Tavares en pintura. Después, con la versatilidad de sus exteriores. Antes de los dos minutos Scariolo había corregido su planteamiento, poniendo a Okeke en pista (por Lyles) y el ex de Magic y Cavaliers enhebró ocho puntos de carrerilla ante el llamativo Seljaas, que se fue el banco con faltas. En tres minutos, los blancos sumaban 14 puntos, ritmo frenético y ventaja temprana.
Con las rotaciones bajó algo el nivel de energía y el Asvel anotó cinco de sus ocho primeros triples para acercarse en el marcador. Pero un mate del debutante Izan Almansa cerró un primer acto que anticipaba una noche plácida en el Palacio. Aunque eso suele ser sinónimo de relajación, de sustos. Y los franceses, en manos del veteranísimo Edwin Jackson (que bien conoce esta pista de su paso por el Estudiantes) se metió en el duelo hasta cabrear a Scariolo.
El italiano sentó sin dudar a Hezonja tras dos triples mal tirados (y fallados). No le sentó bien al croata, que asumió la bronca con un choque de manos con su entrenador. De esa relación depende buena parte del éxito del equipo y ambos lo saben. Fueron Campazzo y Llull los que devolvieron la alegría al Madrid. Y los triples. Y la ventaja.
El largo descanso (el Madrid volvió a pista apenas a dos minutos de la reanudación) no fue sinónimo de activación. Fue una segunda parte de poca consistencia, de fallos individuales, de irregularidad y también de pinceladas de buen juego. Todo junto, con una ventaja que casi nunca peligró, siempre en torno a los 10. El hombre era Chuma Okeke, su primera gran noche, sin mácula desde el perímetro, activo y enérgico en cada rincón de la pista. Un jugador con clase y físico.
Al Asvel (sin los lesionados Heurtel y De Colo), con Pierric Poupet ahora en el banco, no tiene las estrellas de antaño. Empezando por Maledon, ya de blanco (aunque lesionado). Echó de menos el talento para meterse en una batalla que el Madrid no terminaba de cerrar. Aunque lo hizo mediado el acto final, con tres triples consecutivos de Kramer, que era el único que faltaba por anotar. Un desenlace, como todo apuntaba, plácido y hasta más minutos para Almansa y debut en Europa también para el letón Grinvalds.
Sobre el sofá, en el hall del Teatro Isabel la Católica de Granada, nueve títulos mundiales, tres medallas olímpicas, dos «privilegiados». Con EL MUNDO como testigo, María Pérez y Javier Gómez Noya, el deporte español en mayúsculas, dos leyendas encantadas con el encuentro mutuo -enmarcado en el Festival de cine, literatura y deporte Play Granada-, tan diferentes y con tanto en común, la marchadora y el triatleta, dos campeones del mundo abiertos en canal. El esfuerzo oculto tras la gloria, la tensión entre la disciplina y la motivación, el motor de la rivalidad y el vértigo entre atleta y persona. Una mirada dual de lo que implica sostener la excelencia. Sólo hay que dejarlos hablar e interrumpir lo menos posible.
Pregunta. De campeón a campeona del mundo. ¿Qué se siente en esas cumbres?
María Pérez. Empieza tú, que lo fuiste antes.
Javier Gómez Noya. Pues a veces fue casi alivio: 'Ha valido la pena, lo he logrado. Es una sensación muy bonita y a la vez, rápido, viene el '¿y ahora qué?'. Porque siempre tendemos a pensar en el futuro, en la siguiente carrera. Recuerdo que a veces, y me lo echo en cara mirando atrás, no he disfrutado de cada momento, de cada victoria. Porque siempre era la siguiente. A veces hay que parar un poquito más. Cuando quieres ser el mejor del mundo en algo, el equilibrio es complicado. La línea con la obsesión es delgada.
M. P. Estoy de acuerdo. El sistema, por las ayudas y demás, está enfocado a que no te de tiempo disfrutar, sólo a mirar a lo siguiente. En mi caso, yo esta segunda vez [doble campeona, 20 y 35 kilómetros marcha, el año pasado en Tokio], sí que lo estoy viviendo más. En 2023 no lo disfruté. Ahora he bajado el pistón de competir y he subido el de disfrutar de lo que se consigue y de la repercusión.
G. N. Disfrútalo. Porque cuando te retires dirás, 'ha sido la leche lo que he conseguido, tenía que haberme parado un poco más...'. No de entrenar, pero sí saborear un poco más.
M. P. Las medallas son efímeras, llegan, se meten en un cajón y se olvidan. Pasas página. Pero los momentos son eternos. No sé si a ti te pasa, que quieres recordar algo y tienes como flash.
G. N. Sí. Te vienen momentos de la carrera, sensaciones... Y a veces momentos que no son la competición. Esa preparación, una concentración, el ambiente que había con tus compañeros, cómo entrenabas... Siempre digo que los resultados te permiten ser profesional y es lo que te da de comer. El subidón de ser campeón del mundo es la leche. Pero a veces valoro mucho de mi carrera esa parte que no se ve, el día a día. Por eso ha sido tan larga. Porque esto es muy duro y como no te guste...
María Pérez y Gómez Noya, en el teatro Isabel la Católica de Granada.LUCIA RIVAS PAGAraba
Pregunta. Porque no todo es lo bonito que se ve en las redes sociales.
G. N. De malos momentos está lleno. Esto es una montaña rusa. Subirte a un podio es sólo la punta del iceberg de todo el trabajo que hay detrás. No hay que perder el Norte en los buenos momentos ni venirte muy abajo en los malos. Porque vives sensaciones fuertes que otra gente, en su vida normal, no las tiene. Y por eso muchas veces los deportistas cuando se retiran lo pasan mal cuando dejan la burbuja. Estás acostumbrado a una adrenalina y a unos subidones que luego te cuesta encontrar en la vida normal.
P. Te retiraste hace poco. ¿Qué consejo le darías a María en este tramo final?
G. N. Disfrutar, saborear bien y seguir trabajando. Todavía tienes mucho que ofrecer, aunque te hayas puesto esa meta de Los Ángeles. Es importante encontrar cuál es tu lugar en el mundo y qué es lo que te apetece hacer.
M. P. También estamos muy limitados en el mercado laboral por la edad. Si nos retiramos muy mayores... Aunque se ha demostrado que los deportistas saben trabajar mejor en equipo.
G. N. Te falta experiencia, pero puedes aportar cosas que muy poca gente puede. La capacidad de sacrificio, de organizarte, de cumplir con tus tareas. Pero entiendo que a muchos deportistas les de vértigo aterrizar en un mundo incierto. Cuando te retiras te das cuenta de que no era nada normal lo que hacías. Una vida extraordinaria. Y el equilibrio es difícil.
M. P. Es una realidad diferente y difícil. Pocos se pueden adaptar. Cuando te vas haciendo mayor y llevas mucho tiempo en el deporte de élite, ves cosas que dices 'esto no me gusta mantenerlo mucho tiempo'.
G. N. El deporte te absorbe demasiado. A mí me hacía incluso cuestionar un poco mi identidad, separar quién eres del personaje, del triatleta. Escuchas tanto a la gente que opina de ti, de cómo eres. Casi te hacen dudar. A veces te cuesta verte fuera.
María Pérez y Gómez Noya.LUCIA RIVAS PAGAraba
M. P. Yo he intentado separarlo desde el principio y cuando vuelvo a casa, no se habla de deporte. Es necesario. Cuando mis amigos sacan el tema de María Pérez les digo: 'Yo a esa persona no la conozco. Es muy pesada, está en todos lados'. Mis vecinos pequeños me llaman María Pérez y no, soy María. Porque el deporte no lo es todo. Tengo unas pretensiones en la vida, quiero ser madre. Y no me gustaría que mi hijo estuviese 180 días viajando. Tú fuiste padre hace poco...
G. N. Cuesta mucho. Mis últimos dos años ya tenía a Olivia y se hace mucho más difícil viajar, estar fuera de casa... Te sientes mal por llevar la vida egoísta de 'como-entreno-duermo'...
Pregunta. ¿Sentís que os habéis perdido muchas cosas?
G. N. Sí. Pero ganas otras. Experiencias por todo el mundo, gente que si no fuera por el deporte, jamás habría conocido. Es lo que tienes que valora, poner en una balanza. ¿Te pierdes una boda, salir por la noche...? No se puede tener todo.
M. P. Es el precio que se paga. Los que te apoyan estarán contigo.
P. ¿Cómo se vence a esos días en los que no apetece ir a entrenar?
G. N. La clave es la disciplina. En las redes sociales se ve mucha gente motivada. Pero cuando llevas 15 años entrenando tres veces al día, hombre, hay días que la motivación... pues no. Pero ese compromiso que adquieres contigo mismo para esforzarte en conseguir un objetivo y luchar por él... Asumes que va a haber muchos días malos, que te duele todo, que no te salen los tiempos y esos son los días que tienes que seguir adelante. La disciplina, la capacidad de sacrificio. Es imposible ir feliz a todos los entrenamientos.
M. P. Y el compromiso con tu entrenador. Hacemos deportes muy solitarios, damos muchas vueltas a la cabeza y manda mucho más que el cuerpo. A veces recurro a pensar en personas que están enfermas, que luchan por su día a día, por sobrevivir. Y pienso que yo soy una privilegiada.
Pregunta. ¿En algún momento tuvisteis que recurrir a un psicólogo?
G. N. Yo en mi caso no, pero me parece estupendo que se pida ayuda. Te puede ayudar a gestionar mejor tus emociones.
M. P. Yo tampoco. En 2018, cuando gané mi primera medalla, intenté con Patricia Ramírez. Pero me dijo que no me hacía falta. Creo que en esto sí que se ha dado un avance importante. Somos personas que estamos sometidas a mucha presión en días concretos y es difícil gestionarlo. Hay que dar gracias a lo que hizo Simon Biles en los Juegos de Tokio, a gente como Ricky Rubio... Vivíamos en una sociedad en la que ir al psicólogo era ir al loquero, estaba mal visto. Afortunadamente eso está cambiando.
P. Habladme de vuestros rivales. Los Bronwlee y en tu caso, María, Antonella Palmisano, que, contrariamente, es tu mejor amiga.
M. P. Nos hacen mejorar, como deportistas y como personas. Cuando apareció Antonella, ella había ganado miles de medallas internacionales y yo era esa niña que soñaba con ser como como ella. Cuando te veía competir con los hermanos Brownlee...
G. N. Ha habido momentos de tensión, pero esa rivalidad fue muy buena para mí. Dominaba mundialmente y de repente aparece Alistair , con un nivel... Y luego un hermano pequeño. Eso ayudó a mi deporte a crecer en España. Y ellos me han dicho que también en Inglaterra. Estuve con Alistair hace unos meses y me decía que todavía le preguntaban por el español ese... Eso atrajo público al triatlón. Y todos mejoramos. ¿Habría ganado más competiciones? A lo mejor sí, pero no lo cambiaría porque fueron momentos muy intensos que me hicieron dar lo mejor de mí mismo. He tenido otros rivales y, como en tu caso, amigos. Mario Mola en mis últimos años. Los dos estamos muy orgullosos de cómo lo llevamos, porque siempre nos querían enfrentar. Y con Mario es imposible llevarse mal. Recuerdo cuando gané el quinto mundial, que me la jugaba con él. Un periodista que estaba con nosotros se sorprendió porque el día antes radomos juntos media hora. Mañana, pues claro, cada uno a muerte.
M. P. Yo voy a preparar el Europeo con ella. Me hace la coña todos los días: 'No te puedes relajar porque si no viene alguien por atrás y te mete un peperoncino por el culo'. Tenemos ese cachondeo que es lo más bonito del deporte. Si eres el mejor y nadie te aprieta las tuercas... Si no hubiesen estado los hermanos no hubieses llegado a tu límite. La droga que nos engancha es adrenalina. Nos ponemos al límite y queremos más.
G. N. Hay carreras que no gané y de las que estoy muy orgulloso porque sé que hice lo mejor para lo que estaba capacitado. Y otras las gané cometiendo errores. En Londres, que creo que fue la carrera de unos Juegos Olímpicos con más nivel de siempre, quedé segundo, sin errores, Alistair fue ocho segundos más rápido. No haría nada diferente. En los últimos dos kilómetros, los dos a muerte y no pude. Ya está.
Pregunta. Si no fuera por el deporte, ¿dónde os imagináis que estaríais?
M. P. Mira, yo me voy a mojar. Creo que, como muchos españoles, tendría un trabajo en el que no sería feliz. A mí no me cuesta levantarme a las tres de la mañana cuando tengo que competir, cuando está todo el mundo de fiesta. Soy una privilegiada.
G. N. A mí me cuesta mucho imaginarme fuera del deporte porque he tenido esa pasión desde pequeño. Y si no hubiera tenido las condiciones o el talento, lo habría hecho como complemento de mi trabajo, el que fuera.
M. P. Pero creo que no hubiéramos sido tan felices.
G. N. No, creo que no. Todos los momentos malos y todo lo que te pueda decir un deportista, poder dedicarte a lo que te ha gustado...
M. P. Esos momentos malos que hemos hablado antes merecen la pena. El deporte nos ha hecho mejores personas, nos ha llevado al límite en todos los sentidos. No todo en la élite es bonito, pero es que merece la pena pagar todo ese peaje. No lo cambiaría.
María Pérez y Gómez Noya, durante la entrevista.LUCIA RIVAS PAGAraba
Pregunta. Cuándo viajáis por el mundo, ¿cómo se percibe al deporte español?
G. N. La sensación desde fuera es que el deporte español tiene mucho prestigio, sobre todo en los últimos años. A mí me hace sentir orgulloso ver que no somos la mayor potencia mundial, pero sí una potencia, respetados y reconocidos.
M. P. Pienso lo mismo. La manera en la que se trabaja en España, con muchos menos recursos que otros países, el nivel de medallas es muy alto. Hay más medallas que recursos. Lo que se invierte en Oceanía, Estados Unidos...
P. La última, ¿qué os preguntaríais el uno al otro?
G. N. Yo soy bastante friki del entrenamiento y me gustaría saber un poco tu forma de entrenar María.
M. P. Pues soy de las que menos kilómetros hago... Macrociclos, microciclos... Llego a 130 a la semana como máximo.
G. N. ¿Todas tus rivales entrenan bastantes más kilómetros que tú?
M. P. Sí, sí. Yo te preguntaría por tu transición a la retirada. Pero ya me has aclarado bastantes cosas.
Final Four
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Madrid
Actualizado Viernes,
12
mayo
2023
-
08:31Ver 18 comentariosEl técnico blanco, sobre el que siempre se posó la...
Jorge Martín (Madrid, 1998) responde con simpatía y sin rastro de pereza, a pesar de la ajetreada jornada de entrevistas que acumula. «Llevo ya seis horas, pero estoy disfrutándolo, también es parte de la victoria. Estas son mis vacaciones», bromea. En un rato acudirá a El Hormiguero y La Revuelta, para zanjar la polémica que ha llevado su nombre a más titulares incluso que cuando hace 15 días ganó el título mundial de MotoGP. La premisa es que nada de preguntas sobre el asunto, a ningún medio. Y EL MUNDO cumple. No así la otra parte, quizá la misma falta de profesionalidad de su entorno que le llevó a incumplir su pacto con el programa de Antena 3.
¿Qué se siente al ser el mejor del mundo en lo suyo?
Eso justo es lo difícil de asimilar. No es sólo ser campeón de MotoGP, es que soy el mejor de motos que hay ahora mismo. Es un orgullo estar en este punto después de todo lo que he pasado. Yo y mi familia, hemos pasado por mucho. No acabo de creérmelo. Cada vez que lo digo... 'Ostras, campeón del mundo'. Se me hace difícil. Pero sí, sí, ya lo tengo.
¿Supone un alivio, una meta o un punto de partida hacia más?
Todo a la vez. Siento que me he quitado un peso de encima. Porque tenía un pensamiento: '¿Y si me retiro y no lo consigo?'. Cómo iba a vivir con eso. Y soy joven aún, 26 años, tengo mucho recorrido en MotoGP. Más que el título, para mí es importante el legado, que se recuerde a Jorge Martín.
¿Y cómo quieres que se te recuerde?
Como alguien que lo ha dado todo en la pista. Un luchador que ha sabido sobreponerse a situaciones difíciles. Y bueno, un piloto rápido.
Quinto español y primer piloto de un equipo privado (Pramac Racing) en lograr el título de MotoGP en toda la historia.
Este título tiene mucho de romper barreras. Más que ser español, que es donde naces, la bandera que llevas y con orgullo, el hecho de haberlo hecho en un equipo satélite, esto marca mucho MotoGP, porque va a ser difícil volver a verlo. Nadie lo hizo nunca. Para la gente que no entienda tanto, es un equipo de 12 personas contra una fábrica de 200. Eso significa que cada miembro de mi equipo valía por 10. Está claro que éramos Ducati, pero Ducati quería que se ganase en el equipo oficial. Toda la información va en un sentido y no es recíproco. Tiene mucho mérito.
¿Hay algo de rebeldía en este título?
Toda mi carrera ha sido a base de crecerme ante las adversidades. A mí el hecho de ir o no ir al equipo oficial de Ducati no me hubiese cambiado mi forma de pilotar (rechazado, ha acabado fichando por Aprilia). Yo doy el 100%, lo que tengo, me vacío en el circuito. Pero sí que puede ser que nos ha unido más como equipo a estos 12 que te digo, nos ha hecho ser más piña. Y esto nos ha dado un motivo más para ganar. Un motivo positivo.
Jorge Martín, en las instalaciones de su patrocinador.Angel NavarreteMUNDO
¿Cómo es vivir permanentemente con el riesgo cerca?
A ver... Vives mucho más intenso todas las cosas. No sólo por las lesiones. Obviamente, te juegas la vida, pero es muy difícil que pase algo grave. No vives con ese pensamiento. Pero es verdad que todo lo que haces lo haces con mucha intensidad. Si un día sales con tus amigos, si te vas de vacaciones, si te saltas la dieta... Y esto creo que también es guay. Porque así disfrutas mucho más de pequeñas cosas.
Tuvo caídas graves, especialmente la de Portugal 2021. ¿Compensa?
Sí, este título compensa. Ya el año pasado compensó el subcampeonato, poder pelear por un mundial de MotoGP. Pero ahora ya estoy en la cúspide y es cerrar el círculo, como cumplir un sueño. Y ya no puedo pedir nada más. Estoy muy feliz. De los malos momentos también se aprende y de Portimao aprendí mucho. Me destrocé. Y gracias a esa caída ahora estoy donde estoy.
¿Con los años aumenta la percepción del riesgo?
Es una balanza. Cuando eres joven es puro instinto, pura velocidad y ya está. Después vas ganando experiencia y vas perdiendo ese instinto y se compensa. Hay que mantener ese equilibrio, entender hasta donde puedes llegar. Aleix Espargaró hace dos años estuvo peleando por el Mundial hasta que quedaban dos carreras, y ya era muy mayor. Cuando ya no compense, es hora de irte.
Este año por primera vez acudió a un psicólogo deportivo.
Parece un signo de debilidad, pero nada más empezar entendí que me estaba viniendo muy bien. Todos tenemos muchos miedos y situaciones complicadas. Y sobre todo, para manejar las emociones. Estás ansioso, agobiado, triste.. Saber por qué te pasa, entenderlo y poder vivir con eso. No agobiarte y que se haga una bola mucho más grande. He aprendido a confiar mucho más en mí y eso me ha ayudado mucho este año. Al final de la temporada pasada no estaba disfrutando, no dormía por las noches.
Jorge Martín.Angel NavarreteMUNDO
Lleva compitiendo desde niño. ¿Siente que no tuvo infancia?
Creo que tuve una gran infancia. Pero sí que he perdido algo, me hubiera gustado vivir la Universidad. Siempre he mantenido mis raíces, mis amigos de toda la vida. Y la época en la que ellos estaban en la Universidad yo estaba entrenando. Pero no me arrepiento. No me falta de nada, tengo una vida increíble. Y es un privilegio estar en mi posición con mi edad. Incluso si no hubiese ganado el Mundial. Pero si echase para atrás, me hubiese gustado vivir esa época. Pero no lo cambiaría por lo que soy ahora. Eso está clarísimo.
¿Cómo les va la vida a sus amigos?
Ya están todos trabajando. Han estudiado sus carreras, ADE, Marketing... Y están intentando progresar. Tienen un vida totalmente diferente. Pensando ya hasta en formar una familia. Es otro estilo de vida. Pero cuando estoy con ellos intento que ni se hable de motos. Sólo disfrutar de ese momento, de echarnos un pádel, de lo que sea. Igual les veo una vez cada seis meses, pero al final son los de siempre.
Se ha hablado de sus orígenes humildes, del sacrificio familiar para que pudiera dedicarse al motociclismo.
Todo lo que mis padres ganaban iba para las motos. Es imposible devolverles lo que hicieron por mí. Querían que su hijo cumpliese su sueño. Y es de admirar que una familia lo diese todo, en vez de pensar en ellos o de gastarlo en vacaciones. Éramos una familia de clase media, no éramos pobres, pero era insostenible a largo plazo, no teníamos tanto dinero. Había muchísimos gastos en material, en viajes, me consiguieron llevar hasta donde pudieron y yo conseguí enseñar mi talento y alcanzar el siguiente nivel. Nunca podré agradecerles lo que han hecho. Que ya trabajen conmigo que, básicamente, no tengan jefe... O sea yo, eso es un orgullo.
Entonces tenía 13 años, estaba en la Rookie Cup y era ganar o dejarlo.
Cuando eres tan niño no te das cuenta. Pero el año de la Rookies yo sí me enteré, me di cuenta de que o ganaba o me iba a casa. Esa presión me ha servido este año. Recordándolo. O gano o dejo las motos... Ahí sí que había presión de verdad. Fueron momentos duros.