El menor identificado como uno de los autores de los insultos racistas al jugador del Barcelona Lamine Yamal en el clásico jugado en el Santiago Bernabéu el 26 de octubre de 2024 admitió los hechos y aceptó la imposición de 30 horas de tareas socioeducativas, así como el no acceder a partidos oficiales durante un año.
LaLiga, que solicitó expresamente que el autor de los insultos no acceda a ningún estadio donde se celebren competiciones de fútbol oficiales durante doce meses, confirmó este martes estas decisiones, que son consecuencia del Expediente de la Fiscalía de Menores abierto tras los incidentes.
“Con esta actuación, LaLiga reitera su compromiso firme en la lucha contra el racismo y cualquier manifestación de odio en el fútbol”, señaló el organismo.
El menor también pidió expresamente y por escrito disculpas al jugador azulgrana.
Un minuto en la vida de Lamine Yamal son muchos minutos. Como los 90 del Bernabéu que decía en italiano Juanito. Cuando apenas tienes 18 años, un minuto es buena parte de tu vida. Ahora también es buena parte de la vida del PSG. Primer minuto, llega la pelota a Lamine, e hizo todo lo necesario para ganar el balón de oro en 2026, incluido que Dembélé no estuviera en el campo.
Está claro que, como dice Flick, Lamine «tiene que centrarse en esforzarse mucho». Y no como Cubarsí. Parte del esfuerzo supone no centrarse en lo que le preguntan a Flick los periodistas. Como que si Lamine es el jugador más determinante del fútbol europeo. O el mejor en «suposisión», que dijo, o supuso, en el descanso Figo. Algo que no podría decir de Valverde, que es el mejor en muchísimas. Los esfuerzos por ver descentrado a Lamine son dignos de elogio, o dignos de alguien que no ve partidos de fútbol: que si a su padre lo apuñalan, que si su madre se va de cena, que si los enanos, que si sus gafas de sol, que si sus cadenitas, que si su novia es mayor, que si se sube a un yate en la costa de Mónaco, y encima se pone a hacer deporte. A veces creo que acaba los partidos y vuelve sin ducharse a su fiesta de cumpleaños. Cualquier día acabarán consiguiendo que llegue tarde a un entreno, o que se pase el primer minuto de partido sin tirar un par de caños.
Tengo que reconocer que, por sus pintas, yo a Lamine lo veo descentradísimo. Y que sin ver las mías sueno a señor de casi 50 años. La vida de Lamine no puede ser más transparente. Demasiado incluso para mi gusto. Un día supimos que empezaba a salir con Nicki Nicole, y al siguiente que tenía una lesión de pubis que le ha tenido un mes de baja, sin que haya trascendido el tiempo de baja de Nicki Nicole, quien para más humillación, vio cómo culpaban a Luis de la Fuente y no a ella.
No es cierto que en Montjuic se viera a los dos mejores equipos del mundo. Quizá a uno. Eso es algo que sólo se puede decir en la final, o al final del partido de ayer, porque has visto un partidazo de dos equipos cargados de bajas, que sólo se estaban jugando los puntos de la liguilla. También porque incluso con Lamine descentrado, y Dembélé en Paris, Vitinha y Pedri consiguieron que los dos mejores jugadores del mundo siguieran en el campo.
El Barça de Hansi Flick tiene un aura especial cuando enfrente ve al Real Madrid. Puede tropezar en Liga o en Champions, incluso con algún estruendo, pero se convierte en una máquina letal en cada Clásico. Lo hizo en octubre en el Bernabéu con un 0-4 en la segunda mitad del duelo pero en Yeda ni siquiera tuvo que esperar. Arrancó el partido calentando a Courtois, que sacó dos manos magistrales, y se sobrepuso a la soberbia cabalgada de Mbappé para abrir el marcador en el minuto 5. Aún no habían hecho conexión los tres jugadores que electrifican a los azulgrana.
Lamine Yamal, Robert Lewandowski y el capitán Raphinha son un tridente que martiriza al Real Madrid. Los tres marcaron aquel sábado de octubre para desesperación de la parroquia de Chamartín y volvieron a hacerlo ante una grada menos apasionada que no pudo dejar de aplaudirles. En 17 minutos escoraron la final de la Supercopa, que empujó un poco más Balde antes del descanso de forma que ni la épica del Real Madrid para las remontadas parecía posible. Desde mayo de 2009 no recibían más de tres goles de los azulgrada en los primeros 45 minutos.
El tridente de ataque de Flick suma 52 goles en todas las competiciones y ocho al eterno rival en sólo dos partidos. Lamine Yamal abrió el marcador con un gol disfrazado de Leo Messi para empatar y desatacar el vendaval azulgrana. Era su segundo gol en el Clásico y el séptimo de la temporada. Mucho más habituado está Lewandowski, aunque anoche batiera a Courtois de penalti para sumar el tercero que le hace al belga este curso. Lleva 26 el polaco, que ya ha marcado en todas las competiciones.
A la fiesta se sumó Raphinha, elegido mejor jugador de la final. Para el brasileño el brazalete se ha convertido en una poción mágica que engorda sus estadísticas. Marcó el tercero cabeceando un balón cruzado de Koundé y volvió a desnudar a la defensa blanca nada más arrancar la segunda parte. 19 goles lleva en sólo media temporada, tres en los dos duelos contra el eterno rival. Los tres jugadores son veneno para el equipo de Ancelotti.
Mbappé y una expulsión
Endulzó el marcador Balde en el último minuto de los 10 que añadió Gil Manzano -muy necesitado de VAR en esta final- a la primera parte. El joven lateral se sacudió el pesar por haber salido en la foto del primer gol, quebrado por Mbappé.
Parecía que el francés iba a vivir su gran noche y olvidar aquellos ocho fueras de juego y los tres mano a mano con Iñaki Peña en el enfrentamiento de Liga. Lo logró con un gol que le convierte en anotador en todas las finales que han disputado los blancos, porque ya batió la portería del Atalanta en la Supercopa de Europa y la del Pachuca en la Intercontinental. Después llegó un pisotón de Koundé que le eclipsó y sólo apareció, de nuevo de manera decisiva, en el minuto 58 cuando se escapaba y Szczesny lo frenó en falta fuera del área. Expulsión del guardameta y gol de Rodrygo ante un frío Iñaki Peña.
Junto a él había saltado al campo Dani Olmo. Flick protegió al protagonista de la polémica en el arranque del año futbolístico y, cuando lo puso a jugar, ya nadie se acordó. Sólo él mandó un mensaje: el gesto del reloj, parado para él durante algunos días, y un beso al escudo demostrando que siempre estuvo dispuesto a esperar.
Este título, y de la manera que lo consiguió el conjunto azulgrana, es un espaldarazo para enchufarse de nuevo a la pelea por la Liga. "Es un plus de confianza. Estoy muy orgullo de lo que ha hecho el equipo porque hace tiempo nos costaba superar cuando nos hacían un gol. Incluso después de la expulsión dijimos que nos iba a tocar sufrir pese a la ventaja y lo hemos sabido hacer", aseguraba Koundé al final del encuentro, justo después de recibir un premio a la mejor asistencia de la final por su balón largo que Raphinha convirtió en el tercer gol.
Tenían muy claro los azulgranas cómo hacer daño a su rival: "Hemos aplicado el plan de partido, que era presionar porque si al Real Madrid le dejas espacios, se te complica. Luego hemos mantenido la calma y tenido paciencia para ganar el título, que siempre es especial y más en un Clásico".
Tan especial fue el partido que no recogieron el trofeo ni Raphinha, tras unas psicodélicas gafas de sol, ni Ronald Araújo. Fue Ter Stegen, lesionado, quien saltó al césped para recoge la medalla de manos del presidente de la RFEF, Rafael Louzán, y alzar el trofeo, que esperan que no sea el último de la temporada. Por si acaso, Joan Laporta no perdió la ocasión de festejar en el césped, Supercopa en mano, como si fuera un futbolista más.
Quizá serán 10, 15, 20 o incluso quizá se acercarán a 50 o 100 seguidores. El caso es que el próximo lunes a las 14.00 horas, el Open de Australia ha convocado a todos los aficionados que crean que se parecen a Nick Kyrgios a un concurso de imitadores. Antes de la jornada, los valientes se colocarán en el centro de la mismísima pista central del Melbourne Park y el público decidirá el ganador. ¿El premio? En realidad, ninguno. La gracia está en ser parte de la broma, aunque habrá un peluquero que peinará a los candidatos como lo hace el tenista australiano.
«¿Por qué? Menuda pérdida de tiempo». «Nadie quiere parecerse a ese payaso». «Qué locura, vais en la mala dirección». «¿De verdad?¿Después de todo lo que ha hecho? Eso quiere decir que el Open de Australia apoya su actitud». El pasado lunes, en cuanto el Grand Slam, anunció el concurso, sus cuentas en Instagram, TikTok, Facebook y por supuesto X se llenaron de comentarios negativos: la idea no le gustó a nadie. Los 'look-alike Contest' están de moda y funcionan para animar al público, pero sigue sin haber tenista más controvertido que Kyrgios. Su conversión en un personaje para todos los públicos realmente no ha funcionado.
Inactivo desde el verano de 2023, el australiano, cuya cima fue el número 13 del ranking ATP y aquella final de Wimbledon ante Novak Djokovic, dedicó toda la temporada pasada a labrarse una imagen distinta fuera de las pistas. Genial con una raqueta en las manos, también había protagonizado mil polémicas como tenista -escupitajos a la grada, insultos a jueces y rivales e incluso una masturbación simulada-, pero se estaba reciclando como un preciado comentarista de televisión.
El chiste sobre Kalinskaya
Su talento le permitía leer los partidos con precisión y su locuacidad, explicarlos como pocos. En el pasado Open de Australia trabajó para Eurosport -llegó a hacer entrevistas en la pista-, en Wimbledon para la BBC y en el US Open, para ESPN.
Con sólo 29 años y mientras se recuperaba de sus lesiones de muñeca y rodilla, Kyrgios se estaba convirtiendo en una estrella televisiva hasta que se descubrió el positivo de Jannik Sinner. Como muchos otros, el australiano fue muy crítico con el número uno del mundo y con la gestión del caso realizada por la ATP, pero eso no fue lo que le perjudicó.
Alastair GrantAP
Sus opiniones se mezclaron con un chiste sobre Anna Kalinskaya, ex novia del propio Kyrgios y actual pareja de Sinner, y en las últimas semanas se han convertido en un acoso constante. Por ejemplo, hace unos días Cruz Hewitt, hijo de Lleyton Hewitt, completó un entrenamiento en Melbourne junto a Sinner y Kyrgios llenó su Instagram de comentarios desagradables. "Pensaba que éramos amigos", le soltó al chaval de apenas 16 años entre emojis de jeringuillas.
La guerra con Roddick
Por ello, Kyrgios, que como comentarista estaba ganando adeptos, ha regresado a la polémica. De censor a censurado. A la espera de saber si podrá disputar este Open de Australia, para el que está clasificado con ranking protegido pese a las molestias que aún arrastra, el pasado martes fue el protagonista del último episodio del podcast del ex número uno del mundo Andy Roddick. Kyrgios había insinuado que el propio Roddick se dopó porque éste defendió a Sinner y su respuesta fue inequívoca.
"Nick necesita los me gusta, necesita las interacciones. Ahora mismo es un influencer de tenis. Vive por y para los me gusta, por y para la sección de comentarios. Se siente guay, claro. Es uno de los tenistas más talentosos que he visto en mi vida, pero es un hipócrita cuando juzga a la gente", apuntó Roddick que no dudó en recordar que años atrás Kyrgios se declaró culpable de agredir a una ex novia, Chiara Passari: "Es alguien que se ha declarado culpable de agredir sexualmente a tu novia, y quiere que la gente entienda su contexto, diciendo que estaba en un mal momento, que tomaba drogas. Siempre será el tipo que se declaró culpable de agredir a una mujer".
El próximo lunes a las 14.00 horas, quizá 10 o quizá 100 seguidores se acercarán al concurso de imitadores de Kyrgios, pero seguirá siendo el tenista más controvertido del mundo.