El delantero del Barcelona Ferran Torres ha sido intervenido quirúrgicamente de urgencia este miércoles por una cuadro de apendicitis de forma satisfactoria, según ha informado la entidad azulgrana.
La operación ha sido realizada por los doctores Coroleu y Borras en el Hospital de Barcelona bajo la supervisión de los servicios médicos del club.
Así pues, el delantero barcelonista, que se había consolidado en la punta de ataque en las últimas semanas por los problemas físicos del titular habitual, Robert Lewandowski, causará baja en el derbi de este jueves frente al Espanyol en el RCDE Stadium en la antepenúltima jornada de LaLiga EA Sports. La victoria significaría el título liguero para el cub azulgrana.
Hace un mes, en ese simulacro del Tour que fue el Criterium Dauphiné tan contundentemente ganado por Tadej Pogacar, el esloveno se dejó un resquicio, una tarea pendiente, una pequeña y aparente debilidad. En la contrarreloj entre Charmes sur Rhone y Saint Péray, poco más de 17 kilómetros, perdió 28 segundos con Jonas Vingegaard (y 48 con el ganador Remco Evenepoel). «No es algo que me estrese nada. Estoy seguro de que cuando llegue el Tour de Francia no voy a perder tanto tiempo», despejó, son su suficiencia habitual. Profecía cumplida.
En tierra de calvados, en la normanda Caen donde Óscar Freire ganara a Tom Boonen al sprint en 2006, todo el ímpetu inicial de Vingegaard sufrió un zarpazo. Pogacar, casi al nivel de ese dios de la aerodinámica llamado Evenepoel, no sólo se acercó al danés, le golpeó con una desmesurada ventaja de 1:05 en los 33 kilómetros planos y soleados, sin dificultades técnicas y sin viento que influyera. Le vino a revivir los fantasmas del pasado Tour, donde también le tumbó en las dos ocasiones en que se las vieron contra el crono.
Tadej tortura sin compasión a su rival. En cualquier muro final de estos días, a la mínima ocasión de rascar una bonificación o, más duro, en el terreno donde menos se le espera. Pero el esloveno no es sólo genialidad y talento. Es también trabajo. Su mejora individual contra el reloj se explica en el pasado invierno, en su obsesión por el túnel del viento, en los detalles de su Colnago, en sus días en el velódromo valenciano Luis Puig, con la afrenta de Combloux 2023 clavada con chinchetas en su amor propio. El pasado mes de mayo, a pesar de la lluvia y el tráfico abierto, ya viajó a Normandía a inspeccionar el trazado de esta quinta etapa. Nada al azar. «En el Dauphiné acabé muy decepcionado. Miré todos los detalles que hice mal, probé material y creí en mí mismo. Tal vez Vingegaard no haya tenido su mejor día. Me sorprendió, no voy a mentir», confesó. En unas semanas, más de un minuto y medio de mejora.
Antes de imaginar el porvenir. El año pasado agarró el liderato en la cuarta etapa y ya no lo saltó. Quizá, por sus palabras, esta vez pretenda otro escenario. Porque este jueves, camino de Vire Normandie, otra 'clásica', «puede que sea un día para la escapada, que alguien se meta en ella y se haga el maillot amarillo...». El viernes, el Muro de Bretaña. Él decidirá si quiere calma o no. «Llevamos cinco etapas y todas han sido rapidísimas. El recorrido de este año es muy nervioso, y te obliga a estar atento todos los días. Estoy muy contento de haber cogido el amarillo, pero también sabemos que la carrera puede hacerse muy larga de aquí a París. A partir de ahora, nuestra prioridad será mantener la ventaja que tenemos respecto a los rivales de la general, y no necesariamente el maillot. Vamos a mantenernos lo más tranquilos posible», deslizaba el líder del UAE, que actualmente es primero en la general, en la montaña y en la regularidad.
Pogacar, con el maillot de líder del Tour.LOIC VENANCEAFP
Pero también hay detalles en sus rivales. Remco ha acreditado desde hace tiempo que no hay nadie como él en la especialidad. Pero el belga honra su maillot arcoíris y su oro olímpico. La temporada pasada, tras sus éxitos, quiso ir más allá y pidió a la marca que fabrica los cascos para Soudal Quick Step (Specialized) una mejora, concretamente en la visera. Junto con los técnicos, la ahuecó en la parte frontal y le dio mayor altura en los laterales, para que el flujo de aire penetrara por ahí. Una evolución mínima pero efectiva. «En EEUU, en Morgan Hill (California), donde los ciclistas vienen a realizar pruebas en el túnel de viento, contamos con un maniquí Remco, lo que nos permitió trabajar en esta visera durante 2024 y ofrecerle algunos prototipos cuando vino en noviembre», confesaba en L'Equipe, el ex ciclista Léo Menville, ahora técnico de Specialized.
«Necesitaba que las piernas respondieran. Creo que no podría haber ido más rápido de lo que he ido, así que nuestros planes han dado su fruto. He procurado ser muy regular en el esfuerzo, yendo un poco más fuerte en las subidas que en las bajadas. La estrategia ha sido perfecta y todo ha salido bien», explicaba Evenepoel, segundo ya de la general -tras la victoria número 21 en contrarreloj en su carrera-, en un panorama similar al de estas alturas en el pasado Tour, aunque hasta él mismo es consciente de que aún no es su tiempo en la Grande Boucle: «Algún año vendré a por la victoria en la general... pero todavía es un poco pronto».
Evenepoel y su esposa Oumi Rayane, tras la victoria en Caen.EFE
En el otro lado... Ni su director se explicaba la decepcionante tarde de Vingegaard, que un rato de antes de partir había seguido desde el coche del Visma Lease a Bike la (gran) actuación de su compañero Edoardo Affini (tercero). «Esperábamos más. Aunque esto no cambia nada, la lucha sigue mañana», pronunciaba Grischa Niermann, a la espera de poder hablar con Jonas, de intentar conocer las razones de su mala tarde, peor incluso que la de Primoz Roglic.
Aunque para penurias, las de Enric Mas. Todas las buenas señales mostradas por el balear en los primeros días fueron echadas por tierra en Caen, donde se dejó más que ninguno de los que optan al Top 10, casi tres minutos. «Tengo que analizar lo que ha fallado. He dado todo», admitía, tan lejos de sus compañeros, séptimo Iván Romeo en la primera contrarreloj de su vida en el Tour, décimo Pablo Castrillo.
El Valencia y el Betis no vivieron sólo un partido de fútbol, fue mucho más. Un homenaje, un ejercicio de orgullo, un refugio colectivo ante la desgracia. La catarsis de volver a casa, a Mestalla, ese lugar desde el que alzarse del barro y reconstruirse. Será un camino largo, y aunque al Valencia no le sobren puntos para dar consuelo, se ha propuesto no dejar caer a nadie.
Sacó del barro a más de 600 aficionados que lo han perdido todo menos su sentimiento valencianista para brindarles el calor de un Mestalla lleno y con los brazos abiertos. Se acompasó el ritmo de la previa y la banda sonora al aura, que no era la de un duelo liguero más, por mucho que cada punto sea oro para el equipo de Baraja. La grada repartió su aliento en dos fases y tuvo energía para todo.
No hubo solo camisetas y bufandas, la grada se pobló de banderas de la Comunidad Valenciana, al cuello de los abonados, como siempre ocurre en los grandes momentos en Valencia. Hoy lo era. El aliento ya se cortó en el calentamiento ya con cuando sonó Mi tierra de Nino Bravo, con el vídeo homenaje con que se iniciaron los actos y las manos se rompieron aplaudiendo a 80 voluntarios que salieron al terreno de juego en homenaje a las mareas de solidaridad que cruzaron puentes para auxiliar a sus vecinos de L'Horta Sud.
Como auxiliará el Valencia a las once escuelas de fútbol conveniadas afectadas por la DANA que saltaron al campo de la mano de sus ídolos cada uno con la equipación que visten cada fin de semana, y que en cuatro de los casos, Aldaia, Algemesí, Sedaví y Catarroja, tardarán mucho en volver a hacerlo.
No hay momento histórico en Valencia sin Senyera. En este caso, el césped de Mestalla se cubrió con la gran bandera donada por el Real Madrid al tiempo que se proyectaba un vídeo en homenaje a todos aquellos anónimos que se han volcado en dar amparo.
El corazón se arrugó de nuevo cuando Rei Ortolá, guitarra y chelo, interpretó 'Voces de Valencia', esa canción que arrancó lágrimas con las primeras palabras: "Cuando el agua rompió el suelo...". Nadie se movía. Ni siquiera los jugadores. Tárrega, de Aldaia, que achicó agua como sus vecinos, apenas podía contener la emoción. Los 22 jugadores y los colegiados fueron los encargados de poner el crespón negro en homenaje a las 221 víctimas de la DANA y los miles de damnificados.
El broche lo puso el Himno Regional, con tabalet y dolçaina, mientras todas las gradas enmudecieron durante un minuto y se convirtieron en una gran bandera gigante. Una gran pancarta se desplegó con los nombres de todos los pueblos afectados bajo un lema: "Amunt Valencians".
Después llegó el fútbol y emergió la justicia poética. Ese jugador que se había emocionado en los actos, que quitó barro en Aldaia, que sufrió por sus padres aquella noche del 29 de octubre, se vengó recogiendo una pelota suelta en el área en un saque de córner y enviándola a fondo de la red. Segundo gol de César Tárrega en la temporada, el más importante de su carrera.
Mestalla se encendió, incluso gritó pidiendo la dimisión de Sánchez y Mazón, pero el partido ya era raro. Tanto que el Betis se volcó y Ruibal, en una falta que tocó en Hugo Duro, hizo un empate que celebró también con la bandera valenciana.
La carga emocional del partido hizo que se parada dos veces por sustos de aficionados en las gradas y que fuera cambiando de dueño a cada poco. Se estiró el Betis tras el empate y se estampó en Mamardashvili, pero se sobrepuso el Valencia y Diego López remató un centro de Gayà a la base del poste de Rui Silva.
La federación camerunesa de Fútbol (FECAFOOT), presidida por Samuel Eto'o, ha suspendido a 62 jugadores de su liga por irregularidades administrativas, principalmente por identidades dobles y fraude de edad. Entre ellos se encuentra Wilfried Nathan Douala, un jugador que acudió a la Copa África en Costa de Marfil.
Antes del torneo, en el que Camerún cayó en octavos de final, sorprendió en la convocatoria del entrenador Rigobert Song la presencia de Duala, un jugador desconocido del club de segunda división Victoria United sin experiencia internacional y que supuestamente tenía 17 años.
También hubo muchos comentarios en las redes sociales sobre si realmente era un adolescente cuando aparecieron las primeras imágenes del jugador.
Una investigación del diario francés Le Monde afirmó que Douala había jugado anteriormente en la liga de Camerún usando el nombre de Alexandre Bardelli y tenía más de 21 años. Le Monde dijo que había pedido a la federación de Camerún que explicara la irregularidad antes de partir hacia Costa de Marfil, pero que FECAFOOT se había negado a comentar. Douala no jugó en la Copa de Naciones pero fue miembro registrado del equipo.
Las regulaciones del torneo establecen que si se ha cometido un fraude o falsificación, la asociación nacional correspondiente será suspendida de participar en las siguientes dos ediciones de la Copa de África.
Para cualquier error administrativo en el registro de jugadores, la asociación nacional correspondiente será suspendida de participar en la próxima edición, agregan las reglas.