La cena acabó en borrachera y agresión. El jugador fiyiano Masivesi Dakuwaqa se enfrenta a una acusación que puede llevarle a la cárcel por morder en la cara a su compañero Pierre Pagès tras una reunión nocturna de los jugadores del Biarritz Olympique aprovechando el parón en la liga ProD2 francesa, la segunda división de ese país.
Los hechos ocurrieron a primera hora de la madrugada del viernes 31 de enero, cuando la mayoría del grupo se había marchado tras cenar en un local de Anglet y sólo quedaban los últimos jugadores. De acuerdo con la información del medio Sud-Ouest, se habría producido un enfrentamiento en el que el Pagès intervino para pedir calma y recibió el mordisco de su compañero Dakuwaqa.
El comunicado que emitió el club a la mañana siguiente, y que cita el medio francés, confirmó que la agresión “ocurrió mientras un segundo jugador intentaba calmar la situación”. Tras la investigación interna, en un segundo comunicado el club Biarritz Olympique anunciaba el 10 de febrero que “las acusaciones contra Masivesi Dakuwaqa han imposibilitado la continuidad de su vinculación con el club”.
“Me gustaría pedirle perdón”, manifestaba días después el fiyiano Dakuwaqa, de 1,90 y 122 kilos, en una entrevista con L’Equipe, en la que aseguraba no recordar nada debido al consumo excesivo de alcohol y manifestaba su completo arrepentimiento por el mordisco a su compañero de equipo. Se encontraba en el primero de sus tres años de contrato.
De acuerdo con la información de este medio, el fiyiano se puso agresivo después de que varios compañeros de equipo le aconsejaron que no cogiera el coche porque había bebido. En la discusión habría roto el cristal de una ventanilla y, al acercarse Pagès a tratar de tranquilizarlo, se habría producido el mordisco. El agredido tuvo que ser evacuado a un hospital de Bayona donde se le dieron 20 puntos de sutura.
Tras la llegada de los equipos de emergencia, la Policía se llevó a Dakuwaqa, que estaba borracho y muy agitado. En unos meses se enfrentará en los tribunales al cargo de agresión agravado por el alto consumo de alcohol, que le puede suponer una pena de cárcel.
El destino obsesiona al ser humano desde el principio de los tiempos. Ni siquiera para todos los creyentes lo resuelve un «si Dios quiere», un «in sha'a Allah». La filosofía, la literatura y también la teología, con perdón del ser superior, se preguntan por el devenir que nos espera. Uno de los pensadores de culto actuales, el japonés Haruki Murakami, define al destino como una tormenta de arena que cambia de dirección sin patrón alguno. Cuando crees haberla esquivado, la tienes a tu espalda, en cambio constante, como la propia naturaleza. Sobre esos cambios escribió siglos atrás Heráclito de Efeso para concluir que el único destino posible es el carácter. Es decir, la capacidad que tenemos de determinarlo, ya que aguardarlo es inútil. Carácter es lo que define a Raúl González, que ha esperado demasiado tiempo a un destino para el que parecía señalado, el banquillo del Madrid, como un príncipe heredero. Ni siquiera las monarquías lo garantizan, como bien supieron Juan de Borbón y otros nacidos para ser reyes. El Madrid no es una monarquía, no se hereda, se gana. Es un club, pero también una fe que el antiguo capitán representa en carne y hueso. Tras esperar largo tiempo el «si Dios quiere», es momento del carácter, de Heráclito, de Raúl, de hacer madridismo en el exilio para seguir en pie tras la tormenta de arena.
Es la prueba que necesita Raúl y la prueba que necesitan los demás para saber si uno de los futbolistas que mejor ha representado lo que significa el Madrid, está capacitado para dirigir algún día al primer equipo. Quienes han estado cerca lo creen, y es lo que cuentan los futbolistas de la cantera que se han marchado en busca de minutos. Esa información maneja un puñado de directores deportivos, incluso de presidentes, que pensaron en Raúl durante estos últimos años. La respuesta fue siempre la misma, vehiculada a través de su fiel e inseparable agente, Ginés Carvajal. No.
Espanyol, Sevilla, Leeds...
Han sido años de repetirlo. Al Espanyol, en la etapa de Rufete como director deportivo; a este Sevilla a la deriva; al Leeds que dejó Marcelo Bielsa, y al Schalke, donde militó como jugador, aunque el hecho de estar en Segunda es un freno. Raúl busca un proyecto, por eso le tentó la idea del Villarreal, no una urgencia. El Getafe, donde Ángel Torres sabe de la visibilidad que ofrece un gran nombre del pasado en el inicio de su carrera como entrenador, desde Quique Sánchez Flores a Laudrup, Schuster o Míchel, que bien sabe cómo se siente Raúl, le permitiría mantener a su familia en Madrid, pero eso, con sus hijos criados, no es ya una prioridad, salvo por María, la pequeña, de 15 años, que sigue sus pasos como goleadora del cadete del Madrid.
Raúl González, en Valdebebas.Angel MartinezMUNDO
Raúl esperaba una transición natural, la de un ex canterano, ex capitán y estandarte de una época, al que se da la oportunidad después de dirigir al filial. Quizás faltó el ascenso a Segunda del Castilla, pero en ninguna de las dos promociones que disputó en sus seis años lo consiguió. La caída más dura, ante el Eldense. Guardiola, en el Barcelona, ascendió al filial de Tercera a Segunda B, la actual Primera RFEF, pero no a Segunda, algo que sí hizo Luis Enrique. Los madridistas no están en la categoría de plata desde la temporada 2013-14; los azulgrana, desde la 2017/18, hecho que habla de las dificultades.
Esta temporada los azulgrana han caído a Segunda RFEF, algo que puede parecer contradictorio con su cantera, pero los frutos están en el primer equipo. En el Madrid, apenas Asencio, aunque Raúl preparó a otros para probar el salto, Rafa Marín, Mario Gila, Jacobo Ramón, finalmente utilizado, o Joan Martínez, que sufrió una larga lesión. Al técnico le gustaba jugar con tres centrales y carrileros largos, un equipo sólido y vertical, vertiginoso en el despliegue, con jugadores como Peter, y delanteros de potente remate, para lo que reconvirtió a Gonzalo. Puro Madrid. Lo recuerdan como un «entrenador didáctico, que nos hacía mejorar», y estricto en el comportamiento.
El objetivo del ascenso tampoco lo consiguieron Zidane ni Solari, pero tuvieron sus oportunidades. Raúl, nunca. La querencia de Florentino Pérez por el francés, uno de sus grandes fichajes estratégicos, su galáctico preferido, nunca fue la que tuvo por Raúl, cuya mejor conexión en el Madrid fue siempre Jorge Valdano, que lo hizo debutar a los 17 años para sentar a Butragueño. Dentro y fuera del club, como demuestra que pusiera Jorge a su primogénito.
Xabi Alonso, en su presentación.MUNDO
La prueba definitiva
La contratación de Xabi Alonso fue definitiva para el adiós de Raúl. Un ex jugador, aunque no formado en la casa, que dirigió en categorías inferiores en Valdebebas, pero decidió hacer el recorrido que Raúl tiene pendiente. Ni siquiera cuando el tolosarra planteó su idea de incorporarse después del Mundial de clubes, el Madrid pensó en Raúl. Antes estaba Solari. Era imposible tener más pruebas y, a la vez, sentir más desconfianza.
"Estoy preparado para cualquier reto. Y cuando digo cualquier reto, es cualquier reto", dijo Raúl en sala de prensa. No hacía falta ponerle nombre. Podría haber seguido en otro cargo en la cantera que no dirige un ex jugador, sino Manu Fernández, el hijo de un histórico gerente. También antes podría haber entrado en el 'staff' del primer equipo con Ancelotti, con el que tenía una excelente relación. Nada de eso era lo que quería, y menos al final.
La salida tiene, pues, un efecto liberador para Raúl, aunque también para el club, porque el movimiento permite ascender a entrenadores. Arbeloa ocupará su puesto en el Castilla, quizás el compañero que mejor conectó con Xabi Alonso, y bien anclado a los poderes en el entorno del club. Raúl no regala sonrisas ni frecuenta despachos. Recluido en su trabajo y su familia, mitad monje, mitad guerrero, como los templarios, su pasado es el único poder al que puede sujetarse para vencer a la tormenta y, a sus 47 años, ganarse el futuro.
Después del partido, en las tripas de 'La bañera', que es como se conoce el estadio del Feyenoord, una frase corría como la pólvora de un lado a otro. "En Valencia les vamos a pintar la cara". La pronunció Nico Williams, una chaval de 22 años que utiliza esa expresión como el resto de los de su generación: muy habitualmente. No tiene la connotación negativa que la gente de más edad pueda apreciar, pero el caso es que, de tan sonora, llamó la atención. Los periodistas, claro, le fueron con el cuento a los rivales. Por ejemplo a Xavi Simons, otro niño. "¿Ha dicho eso? Bueno bien bien, el domingo cuando pite el árbitro veremos". Y también a Koeman, un señor ya mayor. "¡Vaya!", sonrió cuando le dijeron la frase del jugador del Athletic, que se tomó la molestia de matizar lo obvio: que no tenía ninguna mala leche.
Para saber más
A otro al que le llegó la frasecita fue a Mikel Merino. Se rió. "Bueno, yo seré un poco más diplomático que Nico, aunque conociéndole seguro que no lo decía con ninguna maldad", dijo el futbolista del Arsenal, protagonista de nuevo con la selección marcando, en el descuento, el gol que evitaba una derrota oficial dos años después.
Cuando todavía no se han apagado los gritos que provocó otro tanto suyo, aquel ante Alemania en los cuartos de final de la Eurocopa, el centrocampista... Un momento. ¿Centrocampista? "Bueno, este año me está tocando tener un rol más goleador. Es algo que llevaba tiempo intentando mejorar, intentando crecer en este aspecto. Esta temporada estoy teniendo la suerte de ver portería más que nunca, tanto en mi club, en la posición de delantero, como aquí, que me ha tocado con la selección meter gol", responde él.
Porque, efectivamente, en el penúltimo capítulo de una metamorfosis llamativa, Mikel Merino, uno de los ojitos derechos de Luis de la Fuente, está empezando este año a jugar como delantero centro. O como falso delantero. Tanto da. La idea cabe atribuírsela a Mikel Arteta, su técnico en Londres, que hace poco más de un mes, en un partido contra el Leicester, tiró de él en ese lugar del campo porque tenía un montón de bajas.
Un olvido por San Valentín
El resultado fueron dos goles y un triunfo que, además, 'salvó' el matrimonio de Mikel. Porque aquel partido fue el 15 de febrero, y ante la prensa inglesa, con un estupendo manejo del idioma, explicó: "Le dedico los goles a mi mujer, que además ayer se me olvidó regalarle algo por San Valentín. Seguro que le gustan más que unas flores o unos bombones". Ese fue el primero de unos cuantos ratos como delantero centro en el próximo rival del Madrid en Champions.
Merino ha jugado en casi todas las posiciones de un campo de fútbol. En el Dortmund, muy al principio de su carrera, Tuchel llegó a ponerle de central. En la Real y en la selección ha actuado de medio centro y de interior. Y ahora es delantero, al menos a tiempo parcial. No es una cuestión menor esta teniendo en cuenta que, si en algún puesto hay carestía en esta selección es ahí (con permiso del lateral derecho).
Merino anota el jueves el gol del empate ante Países Bajos.EFE
Álvaro Morata, el capitán, tiene 32 años y se ha ido a jugar a una liga menor como la turca. Ayoze es el otro que rebasa la treintena en esta concentración. Samu, el chico del Oporto, es una opción, pero parece algo verde. A 15 meses del Mundial, una aparición así no hay que despreciarla, y De la Fuente lo sabe. Merino acumula 31 partidos con España, y el del jueves fue su tercer gol.
"Es un empate que nos da mucha vida de cara al partido de vuelta. Sabemos que es un rival muy duro pero contaremos seguramente con toda la afición allí. Necesitamos ahora que Valencia sea una caldera y con ese vínculo estamos con confianza en poder ganar esta eliminatoria", respondía él antes de marcharse al hotel y descansar. La selección tuvo la noche libre y voló después a Valencia para entrenar.