El apretón deportivo de los nacionalistas: pactos de Sánchez, independencia de la pelota vasca, oficina a la carta en la Generalitat y decorado del caso Olmo
El atxiki es la acción de atrapar levemente la pelota con la mano, acompañarla, en lugar de golpearla limpiamente, como exige el reglamento de la pelota vasca. Difícil de observar, es la argucia que utilizan, con disimulo, algunos pelotaris. El nacionalismo, en cambio, no necesita disimular ni esconderse, ya no. Los pactos de Gobierno de Pedro Sánchez le han dado instrumentos de los que carecía en el pasado, fuera con PSOE o PP en la Moncloa. Lo
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La vuelta de Xabi Alonso al Madrid no es como la del hijo pródigo en los Evangelios, porque no hubo pecado en su marcha al Bayern, pese a escoger el lado del anticristoGuardiola, sólo la voluntad de determinar su propio destino y buscar la ciencia hasta en el sacrilegio, pero sin avaricia. No necesita, pues, el perdón de Dios ni la misericordia de ser superior alguno. Estamos ante el regreso de un conquistador que siempre ha obedecido a su instinto, especialmente para decir «no». Dijo «no» a Rafa Benítez por quedarse junto a su pareja antes del parto, hecho que marcó el principio del fin de su balada en Liverpool, y dijo «no» a Hacienda, frente a la que temblaban e imploraban sus compañeros, los grandes héroes de Sudáfrica, bajo la amenaza de acabar en la cárcel. El Madrid sabe bien que ha sentado a todo un carácter en un banquillo donde se acostumbra a decir «sí», y el nuevo entrenador conoce el principio de autoridad que rige el lugar del mismo modo que el hijo que vuelve a la casa del padre. Hay cosas que no cambian ni la fama ni el dinero. Esa cohabitación es tan o más importante en esta nueva era que el encaje de piezas en el campo, porque entrenar al Madrid no es entrenar únicamente a un equipo. Es entrenar a un ecosistema compuesto de fútbol, poder y vanidades.
El primer «no» del entrenador acabó por ser un «sí», aunque sin llegar a la tensión de los extremos, porque la voluntad del tolosarra era empezar de cero, en la pretemporada. Es decir, después del Mundial de Clubes. A cambio, se acelera la llegada de jugadores, aunque no haya tiempo para el mercadeo llevado al límite, como gusta a Florentino Pérez. Ahí tenemos ya a Huijsen. Sin embargo, el «sí» que Xabi Alonso le habría dado a Modric, o eso dice el entorno del croata, condicionado a la última voluntad del club, fue un «no» cuando llegó a los despachos principales de la T4 del Bernabéu. El interés estratégico del Madrid, pues, ha prevalecido en el tanteo anterior y posterior a la firma del técnico, cuyo fuerte carácter no está reñido con su pragmatismo.
Xabi Alonso, durante un partido en Leverkusen.OSCAR DEL POZOAFP
Xabi Alonso es un tipo de decisiones firmes, no de estallidos, y de personas de confianza, pero sutil con las equidistancias. Se mantuvo fiel a su asesor fiscal, Iván Zaldúa, cuestionado por algunos de sus colegas en el sector, en el largo proceso del litigio con Hacienda que lo llevó a la tanda de penaltis, la sala del Tribunal Supremo. Mantiene a su agente de siempre, Iñaki Ibáñez, de sólida reputación y referencial para todos los futbolistas y entrenadores en Euskadi, pero deja cuestiones relativas a su imagen en manos de Best of You, agencia bien relacionada con la cúpula madridista. Xabi Alonso, simismo, llega con el staff técnico que tenía en el Bayer Leverkusen, pero su conexión y sintonía personal con Álvaro Arbeloa, consolidada especialmente en la era Mourinho, debería lubricar mejor la transición entre el filial y el primer equipo, al ser elegido el segundo como sustituto de Raúl.
Su segundo será el argentino Sebas Parrilla, al que conoció ya en Valdebebas, en su paso como técnico por las categorías inferiores. También estuvo vinculado a la cantera blanca Beñat Labaien, junto a Fernando Morientes en el Juvenil B, aunque Xabi Alonso lo conoció en la Real Sociedad, donde era analista. Alberto Encinas, por su parte, llegó al Bayer Leverkusen desde las categorías inferiores del Barcelona, crianza que también tuvo el nuevo preparador físico, Ismael Camenforte, vinculado al fútbol sala azulgrana, y que es considerado pieza clave en la reconstrucción, tanto para el entrenador como para el club. Si Antonio Pintus, al que siempre se apoyó desde la cúpula, sigue o no por Valdebebas, será sin molestar, únicamente como observador.
Pintus, al que trajo al Madrid Zinedine Zidane, regresó por petición expresa del club, pero su conexión con Carlo Ancelotti y su hijo Davide no era, precisamente, la ideal, pese a tratarse de compatriotas. En el entorno del staff se le observaba algo «anticuado». Camenforte es partidario de una preparación más individualizada en función de los puestos y las demarcaciones, y suya es una frase definitoria: «No trato a los futbolistas como a atletas». Atletas fue la palabra que utilizó Guardiola para definir al Madrid de Mourinho en el que jugaba Xabi Alonso, y con el que se sintió en muchas cosas identificado.
"Mou era el técnico que necesitábamos"
«Era el entrenador que el Madrid necesitaba en un momento determinado», confesaba el Xabi Alonso jugador en conversación con este periodista. Era el momento de mayor esplendor del Barça de Messi, lo que llevó al madridismo a una crisis de autoestima. No estamos en un momento semejante, no al menos todavía, pese a la optimista proyección del nuevo Barça de Lamine Yamal y del 4-0 sufrido esta temporada en los clásicos. En los 10 años transcurridos desde que el Barcelona levantó la última Champions, en 2015, el Madrid ha conquistado cinco, la última hace un año, con el entrenador saliente. El Madrid no está ante una urgencia histórica, pero sí ante la urgente necesidad de cambiar una tendencia.
El fútbol del Bayer Leverkusen, campeón de la Bundesliga y la Copa la pasada temporada, ha dejado claro qué quiere Xabi Alonso de sus jugadores: alto ritmo de juego, presión y adaptabilidad para cambiar de sistema, a partir de un inicio con tres centrales. Eso no quiere decir que vaya a repetir los dibujos tácticos en el Bernabéu, pero lo que sí va a exigir son las mismas constantes vitales. El Madrid que viene va a ser un equipo de autor, para lo bueno y para lo malo, hecho que confiere a su entrenador, de 43 años, un liderazgo mayor en un momento en el que el líder supremo se desgasta en muchos frentes a campo abierto, la Superliga, Tebas y los árbitros, sin aliados ni relevo ante un futuro no ajeno a las incógnitas.
Problemas para Xabi Alonso, problemas de verdad. Tres partidos sin ganar donde se gana la Liga, Vallecas, Elche y Girona, crean ya una tendencia negativa. El liderato se esfuma en beneficio del Barça, el mismo Barça que se diluyó en el Bernabéu, en el que su entrenador se deprime en el banquillo y que ha crecido menos de lo que le ha hecho crecer el Madrid. Atenas, en la Champions, fue como el paso por un balneario, pero la vuelta a la Liga ha sido como la vuelta a Esparta, donde no se necesitan únicamente buenos generales, también guerreros entregados desde el primer minuto, determinados. Los finales del Madrid no son suficientes para este Madrid. Los problemas están repartidos, pero las cuentas se le piden a uno solo. [Narración y estadísticas (1-1)]
Si en Atenas era ganar o ganar, como dijo Xabi Alonso, en Girona no había otro remedio, porque la secuencia negativa prevalecía en la Liga. Ese mensaje cargó el técnico con una alineación titularísima, salvo por la lesión de Huijsen. La única salvedad era Carreras. Fran García apareció en la izquierda con la voluntad de ser profundos, tanto como lo puede ser Trent en la derecha. Dos laterales muy ofensivos, carrileros, en una palabra, para crear superioridades en campo contrario y provocar situaciones de dos contra uno en bandas.
En cambio, si de algo careció un Madrid dominador en la mayoría de los tramos fue de profundidad, la que conceden los desmarques al espacio, pero también las acciones individuales, las conducciones, los desbordes. Hay condiciones del juego de las que debe responder el entrenador, claro, pero de otras hay que preguntar a los jugadores. Todos tienen que contestar. Vinicius, errático en el arranque, lo hizo en el el campo en la segunda mitad, desatado, con una entrada en el área en la que fue objeto de penalti. Lo justo para un empatito, nada más.
El plan de Míchel
Míchel sabe lo que todos saben, y es que al Madrid no se le puede regalar un error ni un metro. Por eso se enfureció con fallos en la salida de balón o entregas al contrario, especialmente una de Tsygankov, y ordenó un repliegue marcial cuando los de Xabi Alonso recuperaban el balón. Pocas oportunidades tuvo el Madrid de hacer lo que le gusta, de correr, con la igualada en el marcador. A Vinicius le faltó claridad y Mbappé se emborrachó de balón.
Obligado a un ataque posicional, el Madrid se mostró activo y dinámico, pero en exceso horizontal, como un parabrisas, sin encontrar la ruptura o el desmarque, con un sentido de la posición que puede conducir al estatismo si se lleva al extremo. Güler es quien mejor los ve, pero el turco no tenía el periscopio levantado como otras veces, y eso le costó ser el primer cambio en busca de un cambio, después del descanso, ya por detrás en el marcador. Xabi Alonso eligió entonces a Camavinga, eligió el dinamismo, un ritmo de juego más alto, el físico. No le alcanzó para ganar.
Tampoco habían sido una alternativa hasta entonces las cabalgadas de Valverde, capaz de avanzar como lo hace un quitanieves, o el desenfreno de Bellingham. Mbappé intentaba hacer su pequeña revolución en su espacio, pero es un espacio reducido. El francés necesita que otros la hagan para situarlo al pie de la Bastilla.
Güler, ante Witsel, el domingo en Montilivi.AFP
La falta de soluciones ofensivas llevó una y otra vez a Militao al área de Gazzaniga, fuera para rematar o para no saber qué hacer. Junto al reaparecido Rüdiger, fueron los mejores del Madrid, además de Courtois, con una mano baja ante Vanat que fue como una prueba de vida. La última solución fue la solución Gonzalo. Cuando eso sucede es que muchas cosas han fallado, lo que es particularmente grave si recordamos que el Girona es el equipo que más goles había recibido en lo que va de temporada.
Ha mejorado el equipo de Míchel, es evidente, pero lejos del Girona que tuteaba y ganaba a los grandes. Lo que está claro es que a su entrenador le funcionó su plan de partido más que a Xabi Alonso, hecho que le llevó a elevar la intensidad y entrar en un carrusel de cambios de nombres y posiciones. Ya le pasó al tolosarra frente a Íñigo Pérez o Eder Sarabia, entrenadores de su quinta, y eso está en su debe.
Ounahi, una aparición
Ounahi es la nueva perla en manos del City Group, hoy en el Girona, un futbolista diferencial, que todo lo que toca tiene sentido, siempre el pase preciso y a un compañero desmarcado. Lo que tocó el marroquí frente a Courtois le hizo convertir la pelota en un tesoro, después del pase, no menos valioso, de Tsygankov. Plata y oro.
El marroquí acabó reventado, como todo su equipo frente al asedio que siguió al penalti hecho a Vinicius, hiperactivo y hablador en el desenlace, y transformado por Mbappé. Otro pudo pitar De Burgos Bengoetxea sobre Rodrygo, pero el colegiado y el VAR interpretaron insuficiente el contacto. Polémico, cierto. La que no es polémica es la secuencia de estos tres partidos de Liga sin ganar ante modestos que apea al Madrid del liderato. Eso tiene otro calificativo. Es preocupante.