La aventura londinense de Julen Lopetegui ha durado 22 partidos: víctima de los malos resultados (nueve derrotas y sólo 23 puntos en 20 jornadas), el exseleccionador español fue cesado este miércoles como entrenador del West Ham United.
Llegado este mismo curso al West Ham, el exentrenador del Real Madrid y Sevilla, entre otros, “no ha respondido a las ambiciones y objetivos del club”, explicó la entidad en un comunicado.
El objetivo del West Ham era luchar por Europa y para ello gastó más de 150 millones de euros en refuerzos para esta temporada con jugadores como el goleador alemán Niclas Füllkrug, el centrocampista español Carlos Soler, el defensa francés Jean-Clair Todibo y el lateral Aaron Wan-Bissaka, fichado al Manchester United.
Pero en 20 jornadas disputadas en el campeonato inglés, los ‘Hammers’ sólo han sido capaces de ganar seis partidos y ocupan actualmente una peligrosa 14ª posición, sólo siete puntos por encima de la zona de descenso al Championship.
Goleadas
El equipo de Lopetegui, además, cayó goleado, 5-1 ante el Liverpool, en la tercera ronda de la Copa de la Liga inglesa y la contundente derrota frente al Manchester City de Pep Guardiola el pasado sábado (4-1) supuso la puntilla para el técnico de 58 años.
Pese a que Lopetegui dirigió el entrenamiento del martes con aparente normalidad, la decisión del club de cancelar la conferencia de prensa prevista este miércoles había disparado los rumores de una inminente salida del técnico, que acabó confirmándose unas horas más tarde.
Pese a sus éxitos en los banquillos de Oporto y Sevilla, Lopetegui ha conocido aventuras cortas y decepcionantes en su paso por el Real Madrid (apenas 14 partidos) y por la selección española, donde fue cesado a dos días de iniciarse el Mundial-2018 tras hacerse público su fichaje por el club blanco.
También había tenido una aventura precedente en la Premier League, entrenando al Wolverhampton en la segunda parte de la temporada 2022-2023, que se rompió a seis días de empezar el curso siguiente por “diferencias de opinión” entre ambas partes.
El próximo partido del West Ham será el viernes, en la tercera eliminatoria de la FA Cup, contra el Aston Villa en Birmingham.
Según medios ingleses, el sustituto del español sería el antiguo entrenador del Brighton y Chelsea, Graham Potter.
Terminó la guerra de 36 minutos, acabó el segundo duelo de los Titanes y Oleksandr Usyk se arrodilló para agradecer a Dios y a su padre, que le observaba desde el cielo, por una nueva pelea en su cartilla. En medio del rezo, Tyson Fury se acercó al ucraniano y le besó en la cabeza. Un gesto de respeto entre ambos dioses de los pesados. "Es mi mejor amigo", bromeaba el de Simferopol en la rueda de prensa posterior a la pelea para luego admitir que el británico le hace más fuerte y que es "un gran boxeador".
Se retiró Fury del cuadrilátero tras escuchar las cartillas de los jueces, unánimes, crueles. Quizás, también, un poco polémicas. Triple 116 a 112 para el ucraniano que se sumaría la del cuarto y novedoso juez, un ordenador que analizó la pelea por inteligencia artificial y que decretó que la victoria de Usyk fue incluso superior, 118-112. "Que le den a los ordenadores, que sigan los humanos, más trabajo para ello y menos para las máquinas", expresó el británico en rueda de prensa que añade una segunda derrota a su palmarés (34-2-1).
Las máquinas fueron las que dieron el espectáculo de salida en el Kingdom Arena de Riad. Una tormenta eléctrica simulada y dos esculturas de arena gigantes proyectadas a través de un holograma anunciaban el segundo y, probablemente, último duelo de titanes. Un duelo en el que Fury se presentaba guasón, vestido de Papá Noel y bajo el éxito navideño de Mariah Carey a todo trapo. Usyk lo hacía con un atuendo tradicional, estilo un poco Aladin, y, en su cuello, su gran cruz. De la que no se separa, la que su equipo le colgó tras la victoria ante Fury.
Abrazo de los contendientes de Riad.AFP
Es Usyk un hombre tradicional y profundamente religioso, pero también muy dado a los símbolos. El sábado lució dos además de la cruz. Uno, tras alzarse de nuevo con la corona de los pesados, la que le sitúa entre los grandes de la historia aún sin derrotas (23-0-0). El único boxeador que ha unido los cinturones de las cuatro asociaciones y el primero indiscutido tras Lennox Lewis, una hazaña con más de 20 años de diferencia.
El símbolo que alzó desde el mismo cuadrilátero fue un sable de Ivan Mazepa, un general cosaco que luchó por restablecer la independencia de Ucrania frente al dominio ruso en el siglo XVII, historia que tristemente se repite actualmente y que Usyk sufre personalmente con su familia sufriendo las bombas del régimen de Putin en Kiev.
Usyk junto a Igor en rueda de prensa.Frank AugsteinAP
El segundo lo sacó en rueda de prensa. Era un peluche de Igor, un burro de los dibujos de Winnie de Pooh, que su hija le regaló para que le diera suerte en la revancha contra Antony Joshua justo cuando estalló el conflicto en su país y tuvieron que huir corriendo de las bombas rusas. "Siempre tiene que estar cerca de ti", le dijo Yelizaveta cuando le brindó el muñeco que compraron en un viaje familiar a Eurodisney. Y Usyk, que adora a su familia, especialmente a su mujer, Yekaterina, para la que pidió los principales aplausos en el Kingdom Arena de Riad, cumple puntualmente con la palabra que le dio a la pequeña.
Abrazado a él esquivó los golpes que la prensa le lanzó a través de las palabras de Frank Warren, promotor de Fury, que ponía en duda la victoria del ucraniano. "¿Cómo es que Tyson sólo tuvo cuatro asaltos en la pelea? Todos diferentes. Creo que ganamos la pelea", dijo sobre el cuadrilátero el empresario en representación de su pupilo. Palabras vacías después de que se revelaran las tarjetas de puntuación de los jueces en las que le dieron ganador al ucraniano en cinco rounds de manera unánime y luego con ligeras discrepancias en los otros siete.
Usyk conecta un directo de izquierdas.Frank AugsteinAP
Futuro
Terminado el reto, Usyk dijo que quería "descansar de boxeo" y no queda claro cuales son sus planes de futuro, aunque hay rumores de que podría volver al peso crucero para recuperar el cetro que dejó desierto, tras ser también campeón unificado en ese peso. Lo cierto es que la bolsa de la pelea 190 millones de dólares, esta vez un 55/45 en favor del campeón, le permitirá tomarse el siguiente reto con mucha más calma y retrasar su vuelta a Gandía, su refugio o guarida para preparar las peleas, lo máximo posible.
En la visita que El Mundo hizo a ese santuario, Usyk estaba acompañado de unos 12 miembros de su equipo entre preparadores, entrenadores, médicos y encargados de seguridad. Entre todos, había un amigo del campeón, cosaco, cuya ocupación era la música. Mientras el ucraniano ultimaba su último entrenamiento de cara a la pelea, el amigo bailaba por el gimnasio como una abeja. Precisamente, el símbolo del campeón. ¿Recuerdan quién flotaba como una mariposa picaba como ese insecto?