Este miércoles ha fallecido Geoff Capes, uno de los atletas británicos más queridos de la década de los 80. Fue lanzador de peso olímpico por Gran Bretaña y además obtuvo dos veces el título de Hombre más fuerte del mundo. El ex atleta ha muerto a los 75 años.
“La familia de Geoffrey Capes quiere anunciar su triste fallecimiento hoy, 23 de octubre. El mejor lanzador de peso de Gran Bretaña y dos veces el hombre más fuerte del mundo”, dijeron en un comunicado.
Nacido en 1949 en Holbeach, Lincolnshire, Capes destacó pronto en atletismo, representando a Gran Bretaña en tres Juegos Olímpicos entre 1972 y 1980, y estableciendo el récord nacional de lanzamiento de peso de 21,68 metros que se ha mantenido durante 44 años. Aunque su mejor resultado olímpico fue el quinto puesto en 1980, ganó dos medallas de oro de la Commonwealth y varios metales en campeonatos europeos.
Capes trabajó como policía y era un entusiasta de los periquitos. Tanto que en 2008 fue nombrado presidente de la Sociedad de Periquitos como criador de primera clase y su experiencia le permitió aparecer regularmente en publicaciones especializadas.
Con una altura de 1,97 m y un peso de 170 kg, Capes ganó los títulos de Hombre más fuerte del mundo en 1983 y 1985. Conocido por sus hazañas de inmensa fuerza, Capes era un nombre muy conocido en Gran Bretaña en la década de 1980, admirado por su capacidad para romper guías telefónicas y doblar barras de acero con facilidad.
Capes tuvo una fuerte presencia en la cultura pop británica, apareciendo en anuncios publicitarios, uno en el que, memorablemente, volcó un coche con sus propias manos. Sus apariciones en televisión abarcaron desde el programa infantil Blue Peter, donde competía contra otros forzudos, hasta la peculiar serie de los años 80 Supergran.
LUCAS SÁEZ-BRAVO
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Esta sí es España, su amor propio, su baloncesto de carácter pese a las complicaciones, pese a tener un monstruo enfrente y un abismo debajo. La selección, con un Santi Aldama majestuoso (19 puntos y 12 rebotes), mirando a los ojos de Giannis Antetokounmpo (frustrado pese a su despliegue, 27-11), tumbó a Grecia y, de repente, sueña en los Juegos, medio billete hacia la fase final de París.
Fue un mal comienzo, un precioso despertar y una segunda parte de pura resistencia. Fue un ejercicio de coraje, tan propio de lo que siempre fue España y de lo que no se vio el primer día ante Australia. Fue una bonita mañana en Lille, con Aldama confirmándose como héroe y un colectivo en el que todos tienen algo que aportar, hasta un heroico Jaime Pradilla.
La obsesión, era evidente, se llamaba Giannis. Lo que genera para él, con ese inabarcable físico, y lo que da al resto, aunque Spanoulis, de inicio, no le rodeara precisamente de tiradores. No podía ser una labor individual su defensa. Y el amanecer fue otra vez raro, a remolque, con los despistes desesperantes como síntoma (12-20).
Sólo Santi Aldama lucía, pletórico su debut olímpico, de tú a tú a una estrella NBA. Anotó 10 de esos 12 primeros puntos. Pero faltaba una chispa que hiciera despertar a España, volver a ser ella misma, devolver la alegría, la agresividad... Primero la zona defensiva, pero en el otro aro, quien mejor revolucionario que Sergio Llull.
Llull, ante Antetokounmpo, en el Pierre Mauroy de Lille.SAMEER AL-DOUMYAFP
Su irrupción en cancha fue un torrente de energía. Enhebró 11 puntos de carrerilla, triples imposibles de los que desesperan a cualquiera. Y todos se contagiaron de su magia. Porque compartía cancha con Rudy, Alberto Díaz y Garuba, que oscurecieron el panorama a una Grecia que no era consciente de que lo peor estaba por llegar. Porque nadie les había advertido de quien iba a ser el siguiente en golpear, un secundario con amor propio por las nubes, Jaime Pradilla.
En contraste con Juancho Hernangómez, el maño se comió la cancha. Sin complejos, un triple desde la esquina, rebotes y más puntos del invitado sorpresa. Para osadía la de Brizuela, más madera a una España desatada, al fin ella, volando en el Pierre Mauroy. El acierto de golpe y Grecia quebrada, salvada por la campana del descanso, 14 abajo tras un parcial de 16-3 y 11 triples como puñales a su baloncesto.
Fueron 16 después, pero faltaba un mundo y Grecia volvió, tres marchas más tras el descanso, al límite de la intensidad. Y para España cada canasta ahora suponía un Everest. La zona le dio otro poco de aire, pero se estaba condenando a la agonía. Y eso que Aldama tiró de carácter ante Anteto. La resistencia no era un buen plan. Un triple de Tolioupoulos -el héroe griego inesperado- sobre la bocina puso toda la carne en el asador con un round por disputar.
Y la selección era un flan, derretida ante las virtudes de Giannis, que asestó cinco puntos más para llegar a la orilla. Había dejado escapar España un tesoro y ahora ya era una moneda al aire. Tres triples seguidos, algunos asombrosos (dos de ellos de un Rudy que después se retiró con un mal golpe en el cuello) y el descanso de la estrella NBA fueron aliento, oxígeno clave después.
Volvió Giannis y Grecia empató (71-71). Pero España supo transformar el miedo en acicate, tiró de corazón y experiencia, se vino arriba con ocho puntos seguidos, cuatro de ellos de un Aldama todo cara dura, mostrando al mundo su dimensión. Quedaban poco más de dos minutos y en ese abismo supo manejarse la selección, con los tiros libres de Willy y una canasta sobre la bocina de Alberto Díaz que quizá sea un diamante para el basket average. Ahora todo serán cábalas para intentar llegar a París, aunque un triunfo ante la temida Canadá el viernes sería definitivo.