Jupol ha acusado al Atlético de Madrid de “no dejar intervenir a la Policía Nacional” ante los incidentes en la grada del estadio Metropolitano por el lanzamiento de objetos al césped que obligó a paralizar más de 15 minutos el derbi contra el Real Madrid, así como de permitir desde el club la presencia de ultras del Frente Atlético, entre ellos algunos encapuchados “con simbología neonazi”.
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“No se dejó intervenir a la Policía Nacional porque son unas instalaciones privadas de un evento privado como es la Liga”, ha denunciado Ibón Domínguez, portavoz de Jupol, en declaraciones al programa ‘La mirada crítica‘ de Telecinco recogidas por Europa Press.
“Esto se debe a que un club lo permite”, ha continuado, censurando al presidente del Atlético, Enrique Cerezo, por sus “lamentables” declaraciones en la previa del partido y por “llevar mucho tiempo autorizando y apoyando a este grupo ultra”.
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Jupol ha apuntado a que la presencia de encapuchados en la grada del Frente Atlético, “un grupo ultra neonazi”, es algo “bochornoso y lamentable”, añadiendo que lo ocurrido ayer es “responsabilidad del club” porque son unas “instalaciones privadas” de una competición que organiza La Liga.
El sindicato de la Policía ha recordado que en los estadios, como ayer en el Metropolitano, hay un comisario coordinador de la seguridad y una sala UCO de monitorización que incluye cámaras en los aledaños del estadio.
“En las imágenes se ve personal de seguridad privada, junto a los capitanes y el entrenador del Atlético Madrid, pero no se ve a la Policía Nacional, porque el Atlético Madrid no quiso que se desplegara en ese momento la Policía Nacional”, ha insistido.
Según Jupol, durante el derbi “quisieron dar esa imagen sin que desalojaran esa grada” que inició el altercado que obligó al árbitro parar el partido.
En este sentido, el sindicato ha recordado que llevan tiempo denunciado que La Liga tiene que asumir el coste del dispositivo de seguridad de los partidos al ser un evento privado y que “no recaiga en el contribuyente”, en un contexto en el que, además, aumenta la violencia ultra en el fútbol.
Encapuchados con simbología nazi
“Las imágenes se han vuelto en contra porque hemos visto esos encapuchados, que algunos de ellos incluso bajaron de la grada, estuvieron a pie de campo, con simbología neonazi, una imagen que ha traspasado las fronteras y estamos dando una imagen al mundo que nos recuerda a otros tiempos o incluso a otros países”, ha continuado el portavoz de Jupol.
Desde el sindicato también han remarcado que la afición del Atlético es “muy grande” y va más allá de estos ultras que por parte de la Policía Nacional están “muy identificados y no tienen nada que ver con el resto que acude a ver el partido”.
“Esta gente no puede entrar a un estadio deportivo y tener el protagonismo que tuvo ayer, es absolutamente lamentable y hay que condenarlo”, ha concluido.
"Yo el que quiero ser es Giuliano". Nunca tan pocas palabras dijeron tanto. Era la reivindicación de la salida del cascarón de un futbolista meteórico. No por su calidad actual, que también, sino por su ascenso ininterrumpido desde una rotura de peroné que pudo ser el fin de su carrera. Giuliano Simeone (Roma, 2002) ya no es un canterano cualquiera que juega en el primer equipo del Atlético de Madrid. Tampoco es el hijo del entrenador que comparte un espacio en una plantilla que dirige su padre. "Él solo quiere ser Giuliano", reafirmó Diego Simeone las palabras del pequeño de su prole, unos días después de que las lanzara él en la rueda de prensa posterior al encuentro ante el Sevilla.
"El Cholo es muy exigente con sus hijos", explica la periodista Vero Brunati, muy cercana a la familia Simeone. En el Atlético aseguran que nunca se ha dirigido a él en un entrenamiento de manera diferente a otro jugador y están seguros de que en el campo, por momentos, se les olvida que son padre e hijo. "Puede que sea más exigente con él", secundan fuentes de dentro del vestuario. Pero esa frialdad que tienen en el césped es muy diferente fuera de él.
Giuliano nació en Roma el 18 de diciembre poco antes de que Roberto Settembrini, agente de Diego Simeone, retomara los contactos con el Atlético de Madrid para que su padre volviera al club de sus amores. Fueron apenas dos años, luego la familia se desplazó a Argentina para que el Cholo colgara las botas en Racing, equipo en el que también comenzaría su carrera de entrenador. Mientras, sus hijos ingresaban en la Escuela de fútbol Ángel Labruna, cantera de River Plate.
"Si te va bien no te veo más"
Giovani, Gianluca y Giuliano fueron quemando etapas en el fútbol base del club millonario. No obstante, aunque el amor por ellos era similar, el abuelo Carlos, padre del Cholo, "siempre pensó que Giuliano era el que llegaría más lejos en el fútbol", revela Brunati. Sin embargo, y la edad fue un factor importante, Giuliano nunca consiguió debutar en el primer equipo de River Plate como tampoco lo conseguiría Gianluca y sí Giovanni.
"Giuliano comenzó jugando como 5 y su familia creía mucho en él por su capacidad de aprendizaje y ambición", cuenta la periodista argentina. El Cholito menor lo máximo que llegó fue a Octava División, categoría que ganó junto a su Banda (futbolistas como Santiago Simón, Francisco Petrasso, Manuel Cocca, Franco Alfonso y Sebastián Sánchez) tras marcar un gol en el último minuto.
De esa progresión no pudo ser testigo el Cholo, que en 2011 tuvo que dejar Argentina para tomar las riendas del Atlético. "Uy, pa, vas a jugar contra Messi... Vas a jugar contra Cristiano Ronaldo... Es espectacular", le dijo Giuliano a su padre según reveló el técnico en su documental. "Después se hizo un silencio y me dice: 'Pero, pa, si te va bien no te veo más'. Cuando te lo dice un pibe de ocho años, que tenía él en ese momento, es muy duro", añade Simeone senior.
Giuliano, en un partido con el Atlético.Denis DoyleMUNDO
Quizás esas palabras calaron en la cabeza del Cholo que, cuando el joven Giuliano cumplió 16, decidió traerlo de River al Atlético de Madrid antes de que firmara su primer contrato profesional aprovechando una figura legal que se denominaba "patria potestad", hoy "responsabilidad parental". "Aquello no sentó nada bien en River", explica Maxi Grillo, periodista que sigue al club millonario. De hecho, cuando firmó Giuliano su primer contrato con el Atlético, el club apenas percibió 185.000 euros por derechos de formación de un futbolista al que veían "gran futuro".
Era la reunificación de dos "locos" por el fútbol. Giuliano tiene la misma pasión de su padre por el deporte que ambos practican y es habitual que vea muchos partidos de fútbol incluyendo los de sus hermanos cuando tiene ocasión. A medida que iba destacando en las categorías inferiores del Atlético (marcó 24 tantos en su última temporada en el filial) surgió la oportunidad de fichar por primera vez por un club profesional. "Es muy profesional, muy disciplinado y siempre con muchas ganas de aprender", apunta Brunati. Su salida la decidieron entre el hijo y el padre en la piscina de la casa familiar. Abrieron Wyscout (una plataforma de scouting) y analizaron el estilo de juego de los equipos que le querían, que eran muchos, hasta que decidieron que fuera el Zaragoza, de Segunda División.
Fueron nueve goles y tres asistencias que le valieron su primera experiencia en Primera, en el Alavés. La llamada de Luis García Plaza terminó por convencer a Giuliano que, antes casi de enfundarse su camiseta blanquiazul, ya le habían partido el peroné en un amistoso ante el Burgos. Su padre, que acababa de volver de la gira norteamericana de pretemporada, cogió su coche en el Cerro del Espino y se marchó a acompañar al Cholito en su operación.
Lesión y recuperación
Otro de sus grandes apoyos fue Carlos Martín, su 'hermano' futbolístico. Su amistad con él, con quien comparte un tatuaje de una celebración que ambos hacen habitualmente juntando los dedos, viene del filial donde también coincidieron con Pablo Barrios. "Se llevaba muy bien con los argentinos, pero a Barrios lo ve muy parecido a él", revelan desde el vestuario. Menos de un año después de ese palo, Giuliano entraba por la puerta de la titularidad del Atlético de Madrid para ya no salir nunca. "El Cholo siempre vio ese potencial, pero no quiere decir que no le haya sorprendido como ha pasado en el club", cuentan fuentes rojiblancas.
Tampoco ha pasado desapercibido su crecimiento para la selección Argentina, donde también es un fijo, y en la que coincide con Leo Messi, uno de sus ídolos. "Cuando Messi habla hay que escucharlo porque es el mejor. Me dijo que estuviera tranquilo, que me tomara un tiempo más en el área porque siempre iba a encontrar a alguien libre para asistir", expresó Giuliano sobre otra de las cosas que le ha permitido encadenar tres MVPs seguidos de los cuatro últimos encuentros del Atlético: la pausa.
Con uno de los sueldos más bajos de la plantilla, apenas tres millones brutos (parecido al de Javi Galán). La llegada de Mateu Alemany ha retrasado una de las renovaciones más esperadas para los rojiblancos, aunque parece que empieza a acelerarse. La del niño que superó la exigencia de su padre-maestro. El joven "maravilloso, muy humano, cariñoso, divertido y muy alegre", como le describen los que le conocen. El que sólo quiere ser Giuliano.
Salió el Atlético con las orejas tiesas avisado por su técnico. Y lo cierto es que en un once plagado de suplentes y grandes nombres, los rojiblancos fueron desde el minuto 1 a resolver el duelo ante el conjunto isleño de Segunda RFEF. Tienen esos peligros estos primeros compases de Copa, la relajación. El Barça tardó 74 minutos en perforar la portería del Guadalajara, pero a Griezmann le costó menos hacer lo propio con la meta defendida por Rivas. [Narración y estadísticas, 2-3]
Tuvo varios toques excelentes la jugada del primer tanto colchonero. El primero, el pase de Almada entre líneas a Gallagher. El segundo, el control orientado del británico, exquisito y luego, como no, la calma de Griezmann para definir abajo y sin prisas. Está de dulce el máximo goleador de la historia rojiblanca. Un tanto que plasmó lo que estaban mostrando los menos habituales en el once del Cholo: presión, agresividad e intensidad.
El gol no relajó a los rojiblancos que mantuvieron lejos de Musso a los chicos del Atlético de Baleares. Su único acercamiento había sido un error grosero de Molina que despejó a la cara de un jugador isleño y el rebote dejó sólo ante el guardameta argentino a Juanmi Durán. Resolvió con el pie el cancerbero una jugada que podría haber causado un disgusto inicial ya que se produjo unos minutos antes del tanto de Griezmann.
No obstante, salvo por errores propios, el trabajo corría a cargo de la zaga de Luis Blanco. De hecho, a los 20 minutos de juego, Molina realizó el quite del perdón. El defensa, que va mucho mejor hacia delante que hacia atrás, puso un centro tenso a la cabeza de Raspadori que el italiano sólo tuvo que colocar entre los tres palos. Ese tanto parecía alejar definitivamente el sueño del equipo mallorquín hasta que una jugada a balón parado reinició las esperanzas.
Nada como un córner para igualar fuerzas entre equipos de diferentes categorías. Un saque de esquina refleja más voluntad que la calidad técnica y los blanquiazules se tiraron al balón como lobos, primero para peinarlo al primer palo y después para entrar al segundo. Bonet fue el que metió el puntín en el barullo que se formó en el área pequeña de Musso. Más allá del tanto, la peor noticia para Simeone fue la temprana lesión de Lenglet en una jugada tonta. Un giro de la rodilla le obligó a abandonar el terreno de juego cuando sólo llevaba nueve minutos en el campo.
La segunda mitad comenzó con dos ocasiones por bando cada una más clara que la anterior. Carlos Martín falló sólo al segundo palo a la salida de un córner, mientras que en una contra blanquiazul, Tovar perdonó un mano a mano ante Musso. Y apenas dos minutos después ambos protagonistas se volverían a encontrar con idéntico resultado. El Atlético jugaba con fuego pensando que con 45 minutos buenos, valía.
Tensión y paradas
Pero los mallorquines fueron creciendo en la segunda mitad y las apariciones de Musso fueron bastante más habituales que las de Rivas. El Cholo movió el banquillo para agitar a los suyos y metió a Barrios, Giuliano y Koke para refrescar el medio y crecer en intensidad. Y sin llegar a conectarse del todo, apareció Griezmann para dar un toque de tranquilidad tras un gran centro de Galán.
Pero Musso, que había mostrado un gran nivel durante todo el encuentro, quiso dar picante al duelo con una salida que provocó un penalti absurdo. Como Molina, el argentino se desquitó parando la pena máxima. A cinco del final realizó otro paradón a un cabezazo franco de Catalá. No pudo, sin embargo, con otro penalti que esta vez transformó Keita. Fue casi en el 90 y el sueño del Baleares murió por falta de minutos.