La maratonista ugandesa Rebecca Cheptegei falleció cuatro días después de ser quemada en Kenia por un hombre presentado como su compañero sentimental, anunció este jueves el presidente del Comité Olímpico de Uganda.
“Nos hemos enterado de la triste muerte de nuestra atleta olímpica Rebecca Cheptegei tras un violento ataque de su novio. Que su alma descanse en paz y condenamos enérgicamente la violencia contra las mujeres”, declaró Donald Rukare en un mensaje en X, lamentando “un acto cobarde y sin sentido que ha provocado la pérdida de una gran atleta”.
Fue un martes 13, la madrugada del martes 13 de julio de 2010, cuando el mundo de Maria Petit cambió. Volvía de fiesta en moto junto a una amiga, no pudo esquivar a un camión de harina mal aparcado y el impacto fue violento. Por suerte -y seguramente gracias al casco que llevaba puesto-, salvó la vida, pero perdió la vista. A los 17 años pasó de adolescente «que salía mucho» a...
«A buscar mi sitio de nuevo como podía. Con los estereotipos que tenía creía que o me ponía a vender cupones o me convertía en paralímpica», recuerda en conversación con EL MUNDO Petit que, al principio, optó por el segundo camino. O, mejor dicho, se lanzó de cabeza al segundo camino. Corrió, corrió y corrió hasta llegar a la final del Europeo de atletismo paralímpico de 2014, hasta completar los 100 metros en 14 segundos, hasta que se dio cuenta que se estaba equivocando. «Corría por inercia, para demostrar que seguía siendo válida, pero no era lo que necesitaba. No me había adaptado a la ceguera, no era independiente. Podía competir en el Europeo, pero no salía sola de casa. Decidí parar. Y, entonces sí, fue muy duro, pero llegó la adaptación real», rememora Petit, un torbellino, purito nervio, que ahora sabe dónde descargar toda su energía.
Su técnica en la montaña
Mientras estudiaba Integración Social y encontraba su sitio en el mundo laboral -hoy trabaja en la comunicación de Hallotex, una empresa textil de Mataró-, probó el yoga, probó el surf, probó el fútbol, probó la escalada en roca, probó el kayak y, entre otras muchas cosas, probó el trail running. Y ahí se enganchó. ¿En el trail running? Sí, sí, en el trail running. Correr por la montaña no parece lo más recomendable para una persona invidente, pero Petit ha hallado la manera. Con su método ha finalizado las pruebas cortas del Trail Moixeró o de la Gorbeia Suzien y recientemente completó los 44 kilómetros de los Tres Días Trail Ibiza en un tiempo destacable.
MATIAS NOVOARISTA
¿Cómo lo hace?
Correr en asfalto es relativamente fácil. Si las piernas te funcionan puedes incluso ir rápido con la ayuda de un guía. Pero en la montaña es diferente. Llevo dos guías, una delante y la otra detrás, y las tres vamos cogidas a una barra. La guía de delante es quien da las instrucciones, quien avisa de piedras, de raíces, de agujeros, de ramas, y la guía de detrás lleva el timón. Se necesita valentía, ganas de vivir emociones fuertes y mucha confianza en el equipo. En las bajadas vamos rápido y hay mucha tensión, pero es divertidísimo.
Petit confiesa que acaba las carreras con las piernas hechas trizas y que ha perdido la cuenta de las caídas sufridas, pero no va a parar. «No veo el paisaje, pero siento el paisaje. Lo distingo a través de mis pies. La tierra, la vegetación. Cuesta explicarlo, pero yo también siento que estoy en contacto con la naturaleza, vivo esa libertad, noto esos estímulos distintos», revela la corredora que sueña con correr un maratón de montaña, aunque es complicadísimo soportar el desgaste.
La dificultad de entrenar
Más allá del cansancio físico -de correr y de sostener la barrer-, la exigencia psicológica es alta y prepararse es casi imposible. Cada vez que quiere salir a correr por la Serralada Litoral que rodea Vilassar de Mar, su pueblo, a unos 25 kilómetros de Barcelona, Petit tiene que cuadrar la agenda de tres personas: toda una gesta. «Corro por asfalto, que es más fácil, y hago ejercicios de fuerza. Pero sé que será difícil. No pienso eso de 'si quieres, puedes'. Hay mensajes motivacionales que blanquean la discapacidad. Yo no soy una superheroína, ni tampoco un ser de luz. Tengo mucha empenta, pero llego donde llego y no soy ni más buena ni más mala que antes», aclara quien desde la Fundación Adecco lucha por favorecer la integración laboral de las personas con discapacidad.
MATIAS NOVOARISTA
«Para mí es más fácil subir al Kilimanjaro o al Aneto que bajar a la calle a tirar la basura. Sigue habiendo obstáculos, pero puedo cumplir con mi trabajo sin problema. Utilizo el móvil, el Whatsapp, las redes sociales, ha habido muchos avances en eso», expone Petit, que asegura que ha vuelto a subir a una moto y que, en realidad, apenas piensa en el martes 13 de julio de 2010 en el que su mundo cambió.
Cada mañana en las carreteras que rodean el campamento donde entrena Eliud Kipchoge, en una zona rural del valle del Rift en Kenia, aparecen al alba decenas de mujeres corriendo en grupo. La mayoría no son profesionales -se intuye en sus zapatillas, se supone por su forma física- pero comparten el sueño con estrellas del atletismo como Faith Kipyegon, que también se prepara en la zona. Como tantos kenianos corren por una vida mejor, como tantas kenianas anhelan su libertad. Para las hombres del lugar lograr una medalla en unos Juegos Olímpicos o un Mundiales es una de las pocas vías para prosperar -las otras son la política y algunos negocios en la ciudad de Eldoret-, pero para las mujeres es la única salida. Cuando ganan carreras, viajan, se independizan, pueden vivir sus propias vidas. Aunque igualmente es difícil que escapen del machismo que les rodea.
Este jueves, la maratoniana ugandesa Rebecca Cheptegei, que vivía en la zona, cerca de Eldoret, falleció después de que su marido, el keniano Dickson Marangach, la rociara con gasolina y la quemara viva a su regreso de los Juegos Olímpicos de París. Durante 48 horas estuvo en el Hospital Universitario Moi de Eldoret luchando contra las graves quemaduras que cubrían el 80% de su cuerpo, pero finalmente no pudo sobrevivir. La investigación de los hechos no ha hecho más que empezar, pero los padres de la corredora, Joseph Cheptegei y Agnes Ndiema, ya indicaron a medios kenianos como 'The Daily Nation' que su hija, que había ganado en crosses internacionales como el de Granollers y finalizado entre las mejores en maratones como los de Abu Dhabi o Firenze, estaba construyendo una vida en solitario lejos de Marangach.
Su caso puede parecer un hecho aislado, pero en realidad se asemeja a otros, a muchos otros. Días después de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la Policía encontró muerta a la fondista Agnes Tirop en su casa de Iten, muy cerca de Eldoret, donde había recibido varias puñaladas en el abdomen por parte de su esposo, Ibrahim Rotich. Plusmarquista mundial de los 10.000 metros y doble medallista mundial, el asesinato de Tirop sacudió a la sociedad keniana por su relevancia, su violencia y porque al mismo tiempo hubo dos casos más. Dos atletas con menos palmarés, Edith Muthoni y Hosea Mwok, fallecieron a manos de su pareja en circunstancias parecidas pocos días después. El Gobierno de Kenia empezó entonces una campaña de concienciación para combatir la violencia machista en la zona, aunque para erradicarla se requieren años y un profundo cambio cultural.
Desde los años 70, con Keitany como referencia
"Él quería decidir qué hacer con mi dinero, comprar un coche... Así que decidí que lo mejor era quedarme sola con mis hijos", explicaba su divorcio Agnes Kiprop, vencedora de maratones y medias maratones por todo el mundo, en el documental '01:05:12 'The Longest Race' realizado por dos periodistas españoles, Javier Triana y Rubén San Bruno. En la pieza se relata cómo desde la llegada al valle del Rift del irlandés Colm O'Connell, el hombre que en los años 70 impulsó el atletismo keniano, las mujeres fueron incorporándose al tartán hasta llegar a copar todos los podios y romper con las imposiciones en su país. Si en la vecina Etiopía, en un proceso parecido, Derartu Tulu, campeona de los 10.000 metros en los Juegos de Barcelona 1992, fue la primera en construir un hotel y un centro comercial con el dinero obtenido de los premios, en Kenia fue la pionera en los negocios fue Mary Keitany, vencedora de los maratones de Londres y Nueva York y plusmarquista mundial en medio maratón -de ahí el 01:05:12 del titular del documental-.
Hoy retirada, Keitany pasó de vivir en un casa sin agua y electricidad a construir varios de los mejores hoteles del valle del Rift, entre ellos el Hotel Winstar de Eldoret y el Hotel Chamastar de su pueblo natal, Kabarnet. Eso sí, lo hizo a partes iguales con su marido, el ex corredor Charles Koech, en un esquema clásico en la zona. "En Kenia aún hay desigualdades que reparar para las jóvenes. Yo espero ser un modelo para las chicas, para que vean hasta dónde pueden llegar. De eso hablo con mi hija", confesaba Kipyegon, triple campeona olímpica de los 1.500 metros, hace un año en conversación con EL MUNDO. La keniana confesaba que le ayudaba que su marido, Timothy Kitum, también hubiera sido atleta, medallista olímpico, y que varias compañeras suyas vivían realidades complejas. Pese a ser las más rápidas del planeta es difícil que escapen del machismo que les rodea.
Eliud Kipchoge recibe a EL MUNDO en el campamento del NN Running Team de Kaptagat, al oeste de Kenia, sentado en una silla blanca de plástico en medio de una tranquilísima charla con sus compañeros de entrenamiento. De lunes a sábado -el domingo visita a su familia en la ciudad más cercana, Eldoret- así pasa las muchas horas muertas cuando no corre o duerme. Dedica algún rato a leer, pero el wifi no funciona desde hace días por culpa de las lluvias, la única televisión del centro apenas se enciende para ver algún DVD antiguo -el último, el documental de escalada Free Solo- y jugar a cartas, bueno, jugar a cartas no entra en sus planes. «No sería mala idea, pero no tenemos tiempo», comenta entre la seriedad y la sorna.
Antes, en ayunas y a las 06:00 de la mañana, ha corrido 30 kilómetros en una hora y 40 minutos, ha desayunado porridge, un par de huevos hervidos y algo de fruta y se ha pegado una ducha. El secreto del mejor maratoniano de la historia, doble campeón olímpico, ex plusmarquista de la distancia, está aquí: tan calmado lugar, tan simple vida y tanta compañía.
Durante el entrenamiento le he visto corriendo como si compitiera en Berlín, en Londres o en Nueva York: mirada al frente, silencio. ¿En qué piensa?
Hay muchas cosas que pasan por mi mente, pero intento deshacerme de esos pensamientos. Dejo de pensar en lo que me deparará la vida, en el entrenamiento que tengo que hacer mañana e incluso en el ritmo que estoy siguiendo. Simplemente me concentro en el camino. No hablo mucho, es verdad, pero a veces sí lo hago para escuchar a mis compañeros, sentir que todos estamos haciendo lo mismo.
En todo el campamento hay muy pocos empleados, sólo un par de masajistas y un cocinero. Del resto, incluso de la limpieza, se ocupan ustedes mismos. ¿Por qué?
Así nos convertimos en lo que somos, así aprendemos que todos somos iguales. Aquí no hay nadie por encima de nadie, somos un equipo, nos ayudamos los unos a los otros. Este es mi ejemplo [enseña la palma de la mano derecha abierta]. Con la mano extendida algunos dedos son más largos que otros, pero con el puño cerrado todos los dedos son iguales. Nosotros siempre corremos con los puños cerrados.
NN RUNNING TEAM
¿Alguna vez se ha sentido cansado de esto? De vivir aquí aislado, de la sencillez de esta vida.
¿De vivir del atletismo? No, no. ¿Cómo me voy a cansar de esto? Llevo mucho tiempo corriendo, nunca me cansaré del deporte. A veces me canso en los entrenamientos, pero ésta es una buena manera de vivir. He disfrutado de muchas experiencias en el atletismo, llevo la mochila cargada gracias a él y cuando deje de competir espero seguir vinculado de alguna manera.
En este tiempo he aprendido que la clave es saber qué quieres, es marcarte un objetivo. El objetivo te lleva a la disciplina y la disciplina te salva cuando vas a fallar. En estos 20 años nunca me ha faltado un objetivo y creo que gracias a eso siempre he sabido qué camino seguir. Incluso cuando no he conseguido un objetivo, cuando he fallado, he encontrado rápido otro objetivo para seguir.
Viene de un mal momento en el maratón de Tokio [fue décimo con su peor resultado de siempre]. ¿Incluso en estos momentos no duda?
Nunca he dudado, nunca he variado mi plan. Para mí fallar, perder, es simplemente un desafío. Así es la vida. Hoy te despiertas y mañana quizá no. Como eres español estoy seguro que conoces a Ilia Topuria. Sigo su carrera, me gusta como luchador. Nunca lo he conocido personalmente, pero le sigo. Pues un domingo, precisamente viendo la UFC, encontré inspiración en este sentido. Un luchador se había preparado durante seis meses, llevaba mucho tiempo entrenando, y cayó noqueado en apenas unos segundos. Así es la vida. Hay que saber aceptarlo. No te puedes aferrar a lo que has hecho en el pasado, debes dejarlo ir y encontrar algo que te mueve y que te emocione de nuevo.
¿Qué objetivo conseguido le ha emocionado más?
Creo que el Breaking 2 [cuando superó la barrera de las dos horas en un maratón no homologado en Viena]. Es lo que me hizo poner un pie en la historia del deporte mundial.
INEOS 1:59
Su primer Mundial fue precisamente en París, en 2003, logró el oro en los 5.000 metros con sólo 18 años por delante del marroquí Hicham El Guerrouj y el etíope Kenenisa Bekele. Hay quien dice que fue la mejor carrera de la historia. Ahora vuelve al mismo escenario. ¿Ahora recuerda aquel momento con nostalgia?
No, no, de hecho no recuerdo mucho de aquella carrera, tendría que volver a ver el vídeo [sonríe con gracia, realmente bromea]. Para mí París fue donde nací en el atletismo, un lugar importante en mi vida, pero no me aferro al pasado. Ni para lo bueno ni para lo malo. Ahora sólo pienso en conseguir otro oro en París, que sería mi tercer oro olímpico en maratón, un nuevo punto álgido en mi trayectoria.
Como aquella vez en 2003, en estos Juegos Olímpicos se enfrentará a Bekele. ¿Ha sido su mayor rival?
Será bueno volver a verle y competir juntos para demostrar al mundo la importancia de la longevidad, de mantenerse a lo largo de los años, pero no miro mucho a mis rivales. En el atletismo no necesitas estudiar a nadie, sólo creer en ti y dedicarte en cuerpo y alma. En el boxeo, por ejemplo, sí es necesario conocer a tu adversario, saber cómo atacarle y cómo defenderte, pero en el atletismo no lo es. Respeto a todo el mundo, pero estoy centrado en mí mismo.
El dolor y la paz del correr
Correr, a veces, duele. ¿A usted también le pasa?
Sí, por supuesto, pero ese dolor es valioso. La gente a veces olvida el valor del dolor. Aprendes a través del dolor, aprendes desde el dolor. Es difícil afrontar el dolor cuando sabes que llegará, en un entrenamiento o en la vida, pero más tarde, cuando el dolor desaparece, aparece el éxito.
¿Qué piensa cuando ve a los últimos que llegan en un maratón?
Me encanta lo que hacen. El maratón no es sólo competir, lo más importante en un maratón es que todo el mundo está corriendo. Corre el que acaba en dos horas y el que acaba en ocho horas. Están haciendo lo mismo. Completan la misma distancia, sienten la misma libertad, simplemente van a otra velocidad. Y el deporte sirve para encontrar el camino correcto en la vida, no sirve para ser rápido.
El mundo, en muchas formas, es un caos, es injusto, incluso es malvado. ¿Cree que va calando su mensaje de lograr un mundo mejor simplemente corriendo?
Completamente. Mucha gente me ha visto y me ha escuchado a lo largo de estos años. Me gusta repetirle al mundo que la única manera de ser libre es hacer deporte. Cuando no haces deporte eres un prisionero; el deporte te da la libertad, paz interior, goce. Cuando te sientes libre estás en el mejor lugar posible, aunque todo falle a tu alrededor. Insisto para que todo el mundo lo pruebe.
NN RUNNING TEAM
Como mínimo sus hijos ya corren. ¿Le gustaría que compitieran?
Por supuesto. El deporte es muy bueno y puedo enseñarles a competir. Además estoy seguro que lo aprenderán porque les interesa. Pero lo que realmente quiero es que hagan algo, no me importa si corren, si juegan al tenis o a fútbol o si hacen natación. Lo que ellos quieran, pero que hagan deporte. Les ayudará en la vida.
«Nunca te mientas», se lee en la entrada del campamento. Es una frase de Paulo Coelho. ¿Lo escribió usted?
Sí, me gusta lo que escribe. Me gusta mucho la lectura. ¿Sabes cuál es el libro que más he leído de ahí [señala a la pequeña biblioteca del centro]? Es ¿Quién se ha llevado mi queso? Lo he leído varias veces. Habla sobre los cambios y a mí me gusta encarar los cambios. También me gusta escribir. Cada día escribo mis pensamientos en mi diario. Hoy quizá escriba sobre esta entrevista.