”Más agua, más agua. Esto es un horno”. La Vuelta ardió camino de Sevilla. Los 38 grados provocaron un desgaste extra de energía. La deshidratación sólo se pudo evitar con un aporte extra de líquidos. Jornada llana, tediosa, agobiante por sol e inolvidable para el debutante Pavel Bittner. El checo sorprendió a Wout van Aert en un sprint larguísimo y resuelto, otra vez, con la foto finish. Fiesta para el equipo DSM y para un chaval de 21 años que nunca olvidará su victoria en el Paseo Colón de la capital andaluza.
En la abrasadora excursión por las carreteras pacenses y la entrada a Sevilla, el pelotón se protegió de la presión ambiental con un despliegue extraordinario de envases de agua y uso de prendas refrigerantes. Hasta 200 bidones y 80 kilos de hielo utilizó ayer el equipo Movistar. Hasta cinco litros de bebida tomaron cada uno de los ciclistas. Trabajo constante para los aguadores. Nunca una gran ronda se reforzó tanto para combatir los efectos de una temperatura extrema, una de las consecuencias de organizar una prueba en agosto y en la sartén de España.
En ese incómodo escenario, los supervivientes de la ronda se tomaron la etapa con tranquilidad, con un ritmo cansino. Tiempo de sopor. Llegaron a la meta con más de media hora de retraso. La jornada arrancó otra vez con una fuga protagonizada por Ibon Ruiz, tercera escapada en cinco etapas del rodador del Kern Pharma, que en esta ocasión estuvo acompañado por Txomin Juaristi (Euskaltel-Euskadi), que alcanzaron un renta máxima de cinco minutos y que fueron cazados a 38 kilómetros de la meta. Las escuadras de los sprinters no podían dejar escapar la que podría haber sido la última oportunidad para el lucimiento de los velocistas. Un día de transición para Sylvain Moniquet (Lotto), que estrenó el maillot de lunares como líder de la clasificación de la Montaña. El belga suma 16 puntos, cinco más que el italiano Filippo Zana (Jayco) y seis más que el esloveno Primoz Roglic (Red Bull-Bora), que mantiene el liderato.
Sevilla volvió a ser meta de La Vuelta 14 años después. La anterior fue en 2010, cuando acogió la salida oficial con una contrarreloj por equipos y se recuperó el maillot rojo para distinguir al líder de la prueba (la primera ocasión fue en 1945). El corredor que más veces ha llevado esta prenda es Roglic, con 38 jornadas. Un dato que desconocerá Bittner, que este miércoles sacudió la modorra del pelotón al imponerse en un sprint larguísimo, iniciado en una recta de tres kilómetros. El checo ya se anotó dos etapas en la última edición de la Vuelta a Burgos. Su triunfo junto en el centro de Sevilla precedió a la caída de Rui Costa, que tuvo que abandonar tras embestir a su compañero Owain Doull, que se cayó cuando iba en cabeza del pelotón a falta tres kilómetros para la conclusión.
Hoy, cambio de decorado, con regreso a las sendas empinadas. Jornada de media montaña que sale de Jerez de la Frontera y concluye en el Alto de la Abejas, un puerto de tercera categoría ubicado junto al pueblo blanco de Yunquera. La etapa también incluye una cima de primera y dos más de tercera. Oportunidad para los aventureros y para escaladores rápidos en finales en rampa.
Un Giro antológico, con registros de otros tiempos, que encumbra a un ciclista superlativo. Tadej Pogacar (25 años) arrasó en una ronda que terminó este domingo en Roma con la renta más amplia del presente siglo entre el primero y el segundo clasificado. El esloveno superó al colombiano Daniel Martínez en 9.56 minutos. La anterior plusmarca lo estableció Iban Basso, en 2006, con 9.18 respecto al español José Enrique Gutiérrez. La de Pogacar también es la mayor distancia en los últimos 59 años. En 1965, Vittorio Adorni aventajó a Italo Zilioli en 11.26. La mayor diferencia de toda la historia quedó registrada en 1914 (la sexta edición, la primera que se resolvió por tiempo empleado y no por puntos). Aquella fue una carrera durísima, hubo 81 participantes pero sólo terminaron ocho. En un recorrido de 3.162 kilómetros, el italiano Alonso Calzolari empleó 135 horas, 17 minutos y 56 segundos; una hora, 57 minutos y 26 segundos menos que su compatriota Pierino Albini.
No hubo rivales de entidad para Pogacar, que dominó, sin emplearse al fondo, en todas las etapa de montaña. El gran animador durante toda la ronda y en la clausura de Roma, donde fue aclamado por un público que no se cansa de disfrutar con las exhibiciones de un chaval que aglutina admiración y simpatía. Vence sin humillar. El otro protagonista de la jornada de este domingo fue el belga Tim Merlier, que impuso su velocidad en el sprint de la Ciudad Eterna y sumó su tercer triunfo parcial en una ronda en la que Pogacar rubricó unos registros impactantes.
Seis etapas
El dominio absoluto del esloveno quedó reflejado en la conquista de seis etapas, una cosecha que le sirvió para igualar las marcas de los sprinters Mario Cipollini, en 2002, y de Alessandro Petacchi, en 2003. Se quedó a una de las siete conseguidas por Freddy Maertens, en 1977, y de Giuseppe Saronni, en 1980. Igualó las seis de Eddy Merckx en 1973, cuando el belga sumó su cuarto triunfo en la general de la Corsa Rosa. Entonces, El Caníbal ganó cinco en la montaña y una al sprint. El esloveno las consiguió todas en escalada. En la edición que terminó en Roma sólo hubo una victoria española, firmada por el asturiano Pelayo Sánchez (Movistar) en la dura jornada del sterrato, con meta en Rapolano Terme. El discípulo de Samuel Sánchez sobresalió por su coraje e inconformismo.
20 días de rosa
El fenómeno del equipo UAE llegó a Roma vestido con la maglia rosa durante 20 días, la cifra más alta de los últimos 34 años. La sorpresa de Jhonatan Narváez en la etapa inaugural evitó el pleno de Pogacar, un reto que sólo han completado Constante Girardengo (1919), Alfredo Binda (1927), Eddy Merckx (1973) y Gianni Bugno (1990).
General y Montaña
El nombre de Pogacar siempre figuró en los primeros lugares de todas las clasificaciones: General (maglia rosa), Montaña (azzurra) y Regularidad (ciclamino). El mejor debutante del ciclismo moderno se quedó a un paso del triplete, lo que sí consiguió Eddy Merckx en 1968. Pogacar se llevó las maglias rosa y azzurra. En la Montaña sumó 270 puntos, el segundo fue Giulio Pelllizari, con 206. El italiano, con sólo 20 años, fue uno de las grandes revelaciones, finalizó segundo en la etapa de Monte Pana y sexto en la jornada de la doble subida al Monte Grappa. Este domingo fue elegido el corredor mas combativo. La Regularidad fue ganada por Jonathan Milan, Pogacar terminó quinto.
20 triunfos
El bicampeón del Tour ya cuenta con 20 victorias en las grandes vueltas, superando a su compatriota Primoz Roglic, al que este domingo sucedió en el ránking del Giro de Italia. Pogacar es el segundo corredor en activo con más triunfos en las grandes rondas, sólo superado por Mark Cavendish, con 54.
Podio en todos los estrenos
El emblema del equipo UAE ha ingresado en los anales de la historia como el tercer ciclista en subir al podio de la clasificación general en los años de su debut en las tres grandes: En 2019 fue tercero en la Vuelta y en 2020, primero en el Tour. Los anteriores en esta selecta nómina fueron el francés Bernard Hinault y el italiano Felice Gimondi. En los últimos 30 años, sólo Alberto Contador (2008), Nairo Quintana (2014) y Egan Bernal (2021) ganaron el Giro de Italia como debutantes.
En la senda de Pantani
Con su triunfo, Tadej Pogacar ha cerrado el primer asalto de un desafío de oro. Ha vencido sin exprimirse al máximo, guardando energías para el Tour de Francia que arrancará el 29 de junio. El reto del esloveno es imponerse en la Grande Boucle y sumar un doblete en un mismo año. El último que lo consiguió fue Marco Pantani, en 1998, precisamente el año de nacimiento del fenómeno esloveno.
Un póquer de osados derrota a un pelotón desquiciado por una pelea estéril entre los velocistas. El francés Ben Thomas se anotó la victoria en la amurallada Lucca tras aprovechar una escapada en el tramo final de la etapa en la que también se metieron Michael Valgren (EF Education-EasyPost), Enzo Paleni (Groupama-FDJ) y Andrea Pietrobon (Team Polti Kometa). El pistard olímpico galo otorga el primer triunfo al Cofidis en esta temporada.
En la espléndida primavera de la Toscana. Los equipos de los sprinters quedaron en evidencia. Los cuatros escapados se marcharon cuando sólo quedaban un puñado de kilómetros para la clausura, pronto sumaron 45 segundos de renta y a partir de ese momento apareció en descontrol en el grupo perseguidor. Jonathan Milan y sus lanzadores del Trek reclamaban a los integrantes del Alpecin, Soudal y Visma que les relevaran en la punta de lanza. Unos se hacían los sordos, otros se escondían. Cuando se pusieron de acuerdo ya era muy tarde.
Los fugados se compenetraron espléndidamente. Pietriobon lo intentó con un ataque a falta de 600 metros, pero el empuje de Thomas fue insuperable. Primer triunfo del curso para el corredor de 28 años, que el pasado logró una etapa en los Cuatro días de Dunkerque.
El francés acaparó notoriedad en la monumental Lucca, cuna de los compositores Giacomo Puccini y Luigi Boccherini. También es la patria de Mario Cipollini, uno de los sprinters más formidables de siempre, que atesora el récord de victorias en el Giro, 42, una más de Alfredo Binda. Fue el más astuto de una jornada etapa nerviosa, con varios enganchones que provocaron las caídas, entre otros, de Woods, Valter, Milesi y Foss.
Una etapa que precedió a la estresante cita de este jueves, con la presencia del temido sterrato, esa tierra prensada que acelera el pulso de los corredores. Un escenario incómodo en el que Tadej Pogacar siempre ofrece altísimas prestaciones, como ya demostró esta temporada con el apabullante dominio en la Strade Bianche. Un día para los clasicómanos y los rodadores más potentes.
La cita, que sale de Torre del Lago Puccini y finaliza en Rapolano Terme, consta de 180 kilómetros, con un trazado plano hasta el ecuador del ejercicio. Los tres tramos de pista sin asfaltar, con un total de 11,6 kilómetros, están situados en la última parte de la etapa. 50 kilómetros estresantes. El primer desafío aparece en el kilómetro 130 y tiene una longitud de más de 4.000 metros. Sin apenas descanso irrumpe el segundo segmento, en Grotti, que romperá la carrera debido a sus 4,8 kilómetros de subida. El tercero está situado sólo a 16 kilómetros de la meta y tiene una longitud de 2.400 metros, con subida y bajada. Martirizantes obstáculos del polvo y la grava. Trabajo extra para los mecánicos.
Un territorio comanche en el que Pogacar amenaza con divertirse y martirizar a sus enemigos. Un día divertido en el que algún aspirante al podio podría despedirse de sus opciones. Este Giro no ofrece tregua.
El mejor mecánico del mundo empezó a trabajar a los nueve años. Acudía todos los días al taller, sólo paraba los domingos, a las 12 del mediodía, para ir a misa. Alejandro Torralbo (Villanueva de Córdoba, 1962) creció entre arandelas, alicates, tuercas y lubricantes de cadenas. «Salía corriendo de la escuela de mi pueblo y me iba a ayudar a mi tío, que tenía un local de reparación de bicis y motos. Allí estaba siempre, incluidos los fines de semana; de eso hace más de 50 años. Aquellos tiempos nada tienen que ver con los de ahora», advierte el técnico de UAE, formación liderada por Tadej Pogacar y Juan Ayuso.
El álbum de Torralbo es un tesoro, con fotos de Indurain, Rominger, Olano, Ullrich, Juan Fernández, Chava Jiménez, Valverde, Contador, Sastre, Sagan, Basso... También hay recuerdos de su paso por los equipos Clas, Mapei, Banesto, Festina, Coast, Bianchi, Cervélo, CSC, Saxo Bank, Tinkoff o Katusha. Desde hace cuatro años trabaja para el UAE. Ha cubierto 43 Vueltas a España, 28 Tours de Francia y 24 Giros de Italia. Es un fijo de la selección española, ha sido testigo directo de tres Juegos Olímpicos (Atlanta, Londres y Río) y de 29 campeonatos del mundo. Por sus manos pasaron las bicicletas de los campeones Olano, Freire y Valverde.
«Comencé en el ciclismo a los 16 años, con Miguel Moreno, primo de mi madre, que era director del equipo Peña Manzaneque. En mi casa no querían que siendo tan pequeño estuviera por ahí con los ciclistas, pero al final me dejaron salir. En 1980 me fui a la Vuelta a España con el equipo Chocolates Hueso. Luego me llamó José Manuel Fuente, Tarangu, para el equipo Clas y desde ahí hasta ahora. Al principio trabajaba a diario, sólo descansaba el domingo para ir a misa. Creo me equivoqué, tenía que haber estudiado. Empecé BUP y lo dejé por las bicis. Llevo en este mundillo desde siempre... Es lo que hay», dice.
Torralbo, con Olano.T. Torralbo
Y lo que hay es un cúmulo de vivencias impagables. A sus 61 años es un emblema del ciclismo. En Facebock han creado la página Fans de Alejandro Torralbo. «Eso es cosa de unos gallegos que me quieren mucho. Ellos aseguran que soy el mejor mecánico del mundo, pero yo no soy el mejor, solo soy el más viejo», incide el técnico que vive en La Fresneda (Asturias).
Torralbo asegura que ahora el ciclismo es menos familiar: «Antes te ocupabas de la limpieza de las bicis, de la puesta a punto, de la presión de las ruedas, de la altura del sillín, etc. Ahora todo es diferente, trabajamos con los biomecánicos que te aconsejan en el uso de manillares, bielas, retroceso... Los mecánicos españoles siempre teníamos buen cartel, pero ahora los fabricantes nos miran de reojo, porque dicen que nosotros reparamos todo, no como otros, que cuando una pieza se rompe la tiran y buscan otra nueva. En el UAE hay más de 100 personas, con gente de 22 países, es como una empresa. Somos 11 mecánicos, parecen muchos, pero no es así, porque, a veces, hay dos carreras por semana y, además, tenemos que preparar el material en un centro que el equipo tiene cerca de Milán».
Torralbo, Torrontegui y Rominger.A. Torralbo
Ahora, todo está medido y planificado para obtener el máximo rendimiento. Una labor que ha situado al UAE en la cima. «Pogacar es un fenómeno. Nunca he conocido a nadie igual. Él dice una cosa y la hace. Trabajo con él desde 2021. Está muy pendiente del mantenimiento, pregunta por la presión de las ruedas, por los desarrollos... Es un campeón en todos los aspectos, tanto dentro como fuera de la carretera. El año pasado estuve con él en Tirreno-Adriático, París-Niza, Strade Bianche y Tour de Francia. Hicimos la última Volta a Catalunya y le acompañaré en la concentración de Sierra Nevada», señala.
El mecánico andaluz también valora la gran progresión de Ayuso. «Juan es muy completo. Recuerdo que la primera vez que coincidí con él me sorprendió que llevara las manetas de la bici hacia dentro y para abajo. Yo le decía que no entendía porqué las llevaba así, pero él me contestaba: ''Así tengo cinco vatios menos por la aerodinámica''. Ahora la UCI ha cambiado las normas y no permiten que se inclinen más de 10 grados. Ayuso no ha sido el primero en meter las palancas, recuerdo que Sastre ya lo hacía. Ayuso está pendiente de todos los avances, se preocupa de la mecánica y de la nutrición para mejorar».
En sus 45 años en el ciclismo ha presenciado historias de todos los colores, éxitos grandiosos, escándalos de tramposos y hasta el denominado dopaje mecánico. «Eso del motor escondido en las bicis no lo he visto. No es cierto, es un invento. Me acuerdo que en una ocasión decían que Lance Armstrong había utilizado un motor en una cronoescalada en Alpe d'Huez. Yo no estaba en su equipo, pero pude ver que su bici ni siquiera pesaba 6,8 kilos, que era lo permitido. Los mecánicos tuvieron que poner unas placas para llegar a ese peso. Si hubiera utilizado un motor, su bici pesaría más»..
Con Alejandro ValverdeA. Torralbo
Torralbo, que ha conocido a lo más granado del pelotón de las últimas cuatro décadas, tiene especial cariño a Olano, Tony Rominger y Carlos Sastre. «Con Abraham me entendía muy bien, él venía de la pista y eso se notaba en los aspectos técnicos. Estuve con él en el Mundial de Duitama, en 1995, el que ganó con la rueda pinchada. Todavía mantenemos contacto. Tony presentaba dos caras, como corredor tenía una mentalidad suiza, pero fuera de la carrera era muy atento, le encantaba correr con lluvia. Con Carlos tengo una gran relación, tiene muchos valores, es una persona acojonante, siempre ha estado muy atento con mi familia. En mi casa guardo una bicicleta suya. Su triunfo en el Tour ha sido lo más guapo que me ha pasado en el ciclismo. Casi nadie creía que podía ganar un Tour, pero lo ganó. Puedo presumir de haber inflado las ruedas de su bici», bromea.
El técnico cordobés también destaca la profesionalidad de Contador. «Con Alberto coincidí en el Saxo Bank. Se preocupaba de todos los detalles, de cómo mejorar la aerodinámica y aumentar la velocidad. Sabía mucho de mecánica y se interesaba hasta por las cintas del manillar. Era como un piloto de motos. Si en los entrenamientos escuchaba un ruido raro de la bicicleta me lo contaba para solucionarlo. El ciclismo era y es su pasión. Para mí, Alberto es un ejemplo».
La empatía de Contador contrastaba con la frialdad de Jan UIllrich: «Estuve con él en 2003, en el equipo Bianchi, que heredó la estructura del Coast de Juan Fernández. Era un corredor que hablaba poco, un tanque».
Torralbo sólo coincidió con Indurain en los Mundiales, llegó al Banesto por petición propia de Abraham Olano, cuando el navarro ya se había retirado. «Estaba con Miguel sólo una semana al año, con la selección, el resto del tiempo era nuestro rival. Es buena gente y de eso te das cuenta nada más verlo. Proviene de una familia trabajadora y eso se nota en su capacidad de sacrificio. Recuerdo que no le gustaba mucho el manillar de las bicis de contrarreloj», señala.
El corredor más singular con el que ha trabajado fue José María Jiménez: «Chava era capaz de lo mejor y de lo peor. Cuando me decía: ''Alejandro, mañana ponme las ruedas voladoras'', ya sabía que iba haber tarde toros. Era un genio. El Curro Romero del ciclismo. Cuando estaba bien no había nadie que lo parara. Yo le decía que era un escalador con un cuerpazo de rodador. No podía con las contrarrelojes, yo le ponía un manillar de cabra, pero él me insistía en que se lo quitara porque para lo que iba hacer no le merecía la pena».
Alejandro Torralbo, el incomparable mecánico de manos prodigiosas.