Pecco Bagnaia dio un nuevo golpe sobre la mesa. El italiano sumó en Austria su tercer doblete del curso con su séptima victoria en Gran Premio y retoma así el liderato de una competición en la que únicamente Jorge Martín parece capaz de pisarle los talones. El de San Sebastián de los Reyes, ahora segundo a cinco puntos en la tabla, firmó un arranque muy fuerte, pero acabó viendo como su gran rival imponía a la postre su estilo más cerebral para abrir un hueco que sería ya del todo insuperable.
El tercer puesto fue para Enea Bastianini y Marc Márquez, tras caer hasta la decimotercera plaza por un error en la salida, consiguió firmar una de esas remontadas marca de la casa para acabar finalmente la carrera en cuarta posición. “Me mostré agresivo, traté de permanecer cerca de Pecco y Jorge, pero fue muy difícil. Este tercer puesto significa que vamos mejorando vuelta a vuelta y me puedo dar por satisfecho”, aseveró Bastianini. “No hay excusas. Mejoramos en la salida y aspiraba a dar pelea hasta el final, pero, a medida que pasaba la carrera, vi que la temperatura del neumático delantero subía demasiado y él marcaba cada vez más distancia. Pensaba que podía lograr algo más, pero aún queda mucho campeonato”, apuntó Martín.
“Tanto Jorge como yo hicimos algo increíble a nivel de velocidad y regularidad. Traté de abrir distancias, porque al final puede pasar de todo, logré hacerme con el triunfo y quiero darle las gracias a Valentino, por el gran trabajo que hacemos en la academia”, señaló por su parte un Bagnaia que se acordó así de un Rossi que sufrió en Spielberg, en 2020, un accidente que a punto estuvo de costarle la vida. En cuanto al rendimiento del resto de españoles, Maverick Viñales fue séptimo, Aleix Espargaró, noveno, Álex Márquez, décimo, Pol Espargaró, con una wild card, duodécimo, Pedro Acosta, decimotercero, Augusto Fernández, decimocuarto, Alex Rins, decimosexto y Joan Mir, decimoséptimo, mientras que Raúl Fernández se retiró por problemas mecánicos.
«¡'El patillas' ha llegado!», proclamaba Álex Corretja en el escenario de la discoteca Luz de Gas de Barcelona en la celebración de la primera Copa Davis de la historia de España. 'El patillas', le aclamaban o incluso le vitoreaban, «¡Curro, Curro, Curro!», pero Joan Balcells se hacía el longuis. Al final no tuvo más remedio que subirse a la tarima, dar un discurso y abrazar una fama que le caía del cielo ya a los 25 años y con un look muy marcado: las patillas, ¡tremendas patillas!
En diciembre de 2000, Corretja, Juan Carlos Ferrero, Albert Costa y Balcells derrotaron a la Australia de Lleyton Hewitt y Pat Rafter en el Palau Sant Jordi para levantar la primera Ensaladera española y hacerse populares, seguramente los deportistas más populares del momento. Ferrero, Corretja y Costa todavía lo son como entrenador, comentarista y dirigente, pero Balcells... ¿Qué fue de Balcells?
David RamirezAraba
«Dos años después de aquella Davis, en 2002, me lesioné y en 2004 me retiré. Tenía 29 años. Me tomé un tiempo medio libre, alejado del tenis, y luego empecé a trabajar como entrenador en la academia Sánchez-Casal, que es donde me había formado yo», explica Balcells, ahora director de la academia WeTennisBcn de Badalona, donde dirige la carrera de varias promesas. En su caso, la fama se esfumó y el teléfono dejó de sonar, pero no fue un problema, en absoluto.
«Tuve unos años en los que no paraba de hacer cosas. Luego fue bajando, era lógico. Todavía hay gente que me reconoce, me da las gracias y yo siempre respondo: 'No las merezco, yo sólo hacía mi trabajo'. Nunca me tomé la fama muy en serio y tampoco llegó a ser molesto. Siempre pude ir al cine, por ejemplo», reconoce en conversación con EL MUNDO antes de que España vuelva a jugar, este noviembre, otra Fase Final de la Copa Davis en casa, esta vez en el pabellón Martín Carpena de Málaga. Allí se retirará Rafa Nadal, a quien Balcells y compañía enviarán una invitación especial justo después: «Tenemos un grupo de ex jugadores españoles de la Copa Davis. Están Gisbert o Arilla, estaban Santana y Gimeno, están Corretja, Costa y Ferrero, también Moyà o Ferrer y espero que esté Nadal, por supuesto».
¿Aquella Davis fue el mejor momento de tu carrera?
Sí, en aquella Davis viví las emociones más fuertes en una pista de tenis. A lo largo de mi carrera conseguí un título ATP, el ATP 250 de Bucarest, y jugué otra final, contra André Agassi, pero ya tenía que esforzarme para alegrarme muchísimo. Buscaba la misma sensación, aquella alegría loca, y ya era imposible. Me faltaba esa adrenalina.
Hijo de unos tenderos del mercado de Santa Catalina, en Barcelona, pupilo de Pato Álvarez, Balcells fue un currante del tenis, de challenger en challenger, de torneo pequeño en torneo pequeño hasta que en 1999 le llegó por sorpresa la llamada de Santana, entonces capitán español de la Copa Davis.
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«Era arriesgado convocarme a mí, no estaba entre los mejores españoles del ránking ni de lejos. Julián Alonso empezó a decirle a Santana que tenía que llevarme con él para el dobles y justo coincidió que gané a Moyà en un torneo en Mallorca. Fui a la eliminatoria contra Nueva Zelanda para mantener la categoría y al año siguiente estaba en el Sant Jordi en la final», recuerda Balcells, que en aquella final ganó un punto decisivo en el dobles contra Corretja.
«Lo recuerdo, pero no hablo mucho de ello porque no me gusta contar batallitas. De hecho, aún hay chavales que se sorprenden cuando les digo que gané a Federer. Él tenía 18 años, era mejor que yo, ya tenía fans que le seguían, pero coincidimos en el challenger de Espinho, en Portugal, y eso que me quedo», apunta el ex tenista de 49 años, que ya ha perdido la razón de su mote. El patillas ya no es El patillas porque uno puede derrotar a Federer, pero derrotar a la alopecia es otra cosa. «Me rapé un poco obligado hace unos 15 años. Empecé a perder pelo y ya quedaba raro lo de las patillas. Desde entonces me reconocen aún menos por la calle, pero qué le voy a hacer. Los años pasan», finaliza Joan Balcells, 'El patillas' que dio a España su primera Copa Davis.
El ex jugador los Wolverines de la Universidad de Michigan y seleccionado en el draft por Los Angeles Lakers, Darius Morris, ha muerto a los 33 años, según ha anunciado su familia.
No ha trascendido por el momento de la causa de muerte, aunque TMZ ha informado de que el cuerpo de Morris fue encontrado en Los Ángeles, de donde originario, el pasado jueves..
"Con gran tristeza anunciamos el fallecimiento de nuestro querido hijo, Darius Aaron Morris", ha dicho la familia de Morris a TMZ. "Durante este tiempo de transición, su familia les pide que respeten sus deseos de privacidad y gracia".
Morris fue una selección de segunda ronda de los Lakers en el draft de 2011. Promedió 3,3 puntos en 132 partidos de su carrera (17 como titular) con unos Lakers en los que compartió equipo con Pau Gasol y Kobe Bryant, y otros cuatro conjuntos en cuatro temporadas de la NBA. Luego jugó profesionalmente en China y Francia y su última temporada en activo fue la 2019-20.
Los Lakers han dicho en una publicación en X que están "desconsolados por el fallecimiento" de Morris.
Otro que ha querido despedirse de Morris ha sido el entrenador John Beilein "Me entristece saber sobre el fallecimiento del ex Wolverine Darius Morris. En 2010-11, Darius fue nuestro base titular. Fue un líder en ese proyecto que consiguió una temporada de 21 victorias y sentó las bases para una década de éxitos de Michigan. RIP DMo y mi más sentido pésame a la familia Morris", ha escrito en X.
Eran unos niños de apenas ocho o nueve años cuando Martín Landaluce y Rafa Jódar empezaron a medirse el uno contra el otro. Madrileños ambos, socios del Club de Tenis Chamartín, se encontraban una y otra vez en la pista, y Landaluce dominaba casi siempre. Rara era la vez que Jódar celebraba; quienes le conocen no recuerdan una sola victoria suya en aquellos años de infancia. Pero llegó la adolescencia, cambiaron los cuerpos, se nivelaron las fuerzas y, en los últimos meses... ¡Boom! El fenómeno Jódar irrumpía para asombro del propio Landaluce. Cabeza fría necesitó este para seguir su camino, pero en cuanto pudo respondió con hechos.
Tras alcanzar los cuartos de final del Masters 1000 de Miami, este jueves brilló como nunca para poner a Daniil Medvedev contra las cuerdas en los cuartos del Masters 1000 de Roma. Después de dos horas y 23 minutos de batalla, cayó por 1-6, 6-4 y 7-5, pero dejó su firma en uno de los escenarios más grandes del circuito.
Medvedev, exnúmero uno y ganador de un Grand Slam, no pudo más que aplaudirle cuando el español de apenas 20 años se despedía de la pista central del Foro Itálico. "Ha sido un partido muy duro", reconoció el ruso, que en semifinales se medirá a Jannik Sinner (este sábado, 19.00 horas), tras un esfuerzo que le resultó extenuante. Landaluce le llevó al límite, le obligó a ofrecer su mejor versión y no estuvo lejos de eliminarle.
Al español solo le fallaron las fuerzas en un partido larguísimo -como le ocurrió al propio Jódar ante Luciano Darderi- y le faltó experiencia en los momentos decisivos. En las jugadas clave, Medvedev intensificó la presión con el revés y movió, movió y movió al español en busca del error. "Ahora fuerte de cabeza", le reclamaba su padre, también llamado Martín -otra coincidencia con Jódar-, pero era muy difícil mantener el pulso. Después de avasallar a Medvedev con su derecha y su juego en la red en un primer set atípico, Landaluce fue perdiendo pie poco a poco y cediendo terreno al ruso. Medvedev apenas sufría con su saque mientras el español peleaba el suyo constantemente. En el set definitivo llegó a salvar tres bolas de set, pero pedirle más ya era demasiado.
Pese a la derrota, se marcha de Roma con el orgullo de haber exhibido su juego ante los mejores del mundo y de haber escalado del puesto 94 al 65 del ranking. Podrá debutar en Roland Garros sin pasar por la previa y allí ningún rival, ni el mismísimo Sinner, se alegrará de cruzarse con él. Tras la eclosión de Jódar, el salto a la élite de Landaluce está más cerca que nunca. Quién lo iba a decir cuando se retaban el uno al otro siendo niños.