Kylian Mbappé será jugador del Madrid para las próximas cinco temporadas. Con este paso soñado en su carrera, el delantero francés deja atrás unas cifras que demuestran la calidad de un jugador llamado a marcar una época en el vigente campeón de Europa.
Desde que debutó con el Mónaco en la Ligue 1, en diciembre de 2015, Mbappé acumula un total de 191 goles en 246 encuentros disputados en la competición doméstica francesa. Su irrupción fue tan espectacular que en apenas 41 partidos con el conjunto monegasco fue capaz de anotar 16 goles y repartir 12 asistencias.
Su mediático fichaje por el Paris Saint Germain, en el verano de 2017, le llevó directamente al estrellato. En París, la que ha sido su casa hasta el día de hoy, sus números son todavía mayores. En las 7 temporadas que ha permanecido bajo las órdenes del presidente Al-Khelaïfi, Mbappé ha marcado 175 goles en los 205 partidos de Ligue 1 que ha jugado.
Champions
En Europa, Mbappé todavía no ha logrado levantar su deseada Champions, pero sus números en la máxima competición continental pueden catapultar al equipo de Ancelotti directamente a la Decimosexta. En las 8 ediciones de Liga de Campeones que ha disputado, tanto con el Mónaco como con el PSG, el parisino cuenta con 73 partidos disputados, 48 goles y 26 asistencias.
En global, contabilizando todas las competiciones oficiales de clubes y según Transfermarkt, Mbappé ha anotado un total de 283 goles en 368 partidos.
Títulos
A nivel de clubes, el francés ha ganado un total de 7 ligas (6 con el PSG y 1 con el Mónaco), 4 Copas de Francia, 2 Copas de la Liga y 3 Supercopas Francesas.
Selección
Clairefontaine, donde se encuentra concentrado con su selección, siempre ha sido su segunda casa. Es el jugador franquicia del país y con él tocó la gloria en el Mundial de Rusia. Además, ganó la Nations League en 2021, falló el penalti decisivo en los octavos de la pasada Eurocopa ante Suiza y se quedó a las puertas en Qatar. Sus números a los mandos de Didier Deschamps también son claros: 46 goles en 77 partidos.
El entrenamiento de ayer en Valdebebas, abierto un cuarto de hora a la prensa, se inauguró con una conversación entre Álvaro Arbeloa y Vinicius. Un breve diálogo, justo delante de los numerosos micrófonos y cámaras que les apuntaban, donde el capitán y el entrenador del Real Madrid discutían sobre la conveniencia de las multas para acabar con algunos actos de indisciplina en el vestuario. Una hora más tarde, durante su rueda de prensa, Arbeloa quitó toda importancia a lo sucedido. «Ha sido una anécdota graciosa y nada más», zanjó, con una sonrisa, alegando que algunos de sus jugadores habían tardado más de la cuenta en saltar a la sesión preparatoria «porque estaban peinándose o echándose colonia».
Hubiese o no una excesiva dramatización por parte de Arbeloa, que en las horas previas de su debut frente al Levante ya había posado absorto junto a las 15 Champions, no parece buen momento para el excesivo celo en los cuidados faciales. Son días de aguas turbulentas y el Bernabéu sabe del poder de su dedo acusador. Hoy, frente al Mónaco, la afición no sólo volverá a pasar revista a sus futbolistas, sino que calibrará también el grado de responsabilidad de Florentino Pérez. Las escenas de máxima tensión vividas el sábado podrían repetirse en caso de que hoy vengan mal dadas frente al Mónaco. Sin embargo, Arbeloa no quiere saber nada de esa fractura en el madridismo.
«Sé cómo es el público del Bernabéu. Si hay algo que es, es justo y nos toca a nosotros cambiar esos pitos por aplausos. Que vean el esfuerzo, la calidad y el juego que les gusta. Estamos trabajando en ello y sabemos que van a estar de nuestro lado. El público quiere que su equipo transmita la emoción y pasión que siente por el Real Madrid», reveló el ex técnico del Castilla. Poco importa ahora que el Mónaco haya perdido siete de sus últimos ocho partidos en la Ligue 1. La única prioridad son los tres puntos con los que consolidarse en el top-8 y evitar una eliminatoria previa antes de los octavos de final.
"No me van a engañar"
Para alcanzar ese objetivo, Arbeloa tampoco va a renunciar a algunas maniobras de distracción, como las que ya apuntó tras el 2-0 del sábado, a propósito de quienes reclamaban la dimisión de Florentino. «Sé que hay campañas para debilitar al Real Madrid y sé por quién están organizadas. No me van a engañar. El máximo respeto y agradecimiento al Bernabéu, porque conmigo siempre se han portado excepcional y quieren lo mismo que yo, ganar títulos», subrayó ayer, sin hacer mención a las voces contra el presidente. Cuando le reclamaron más detalles sobre esa presuntas maniobras orquestadas optó por una excursión por la tangente: «Los periodistas sois vosotros».
Hoy, el preparador blanco no podrá contar con Rodrygo, aún renqueante de sus molestias musculares, Brahim Díaz, tras su derrota en la final de la Copa de África, el sancionado Álvaro Carreras, y los lesionados Trent Alexander-Arnold, Eder Militao, Antonio Rüdiger y Ferland Mendy.
Cuando vio el balón en la escuadra, Vinicius se giró como si nada, dio media vuelta y se abrazó con Aurelien Tchouaméni. A su lado, Kylian Mbappé reclamaba unidad en la piña, en el festejo del equipo. Una vez bien apretados todos, el autor del 5-0 acudió a la zona técnica para reunirse en el abrazo con Álvaro Arbeloa, que le recibió no como a un amigo, sino como al hijo pródigo. De la recuperación de Vinicius depende el futuro del técnico. Bien lo sabe el Bernabéu, que seguirá exigiendo cada noche lo suyo al astro brasileño.
Fue un martes feliz de Champions, que falta hacía por Chamartín. Una goleada vital para acceder al top-8, culminada por el clamoroso reconocimiento a Jude Bellingham, autor del 6-1. Quién lo iba a imaginar en la previa, cuando sólo cundía el desencanto. Desde las siete y media, mientras el autobús del equipo descendía por Concha Espina, se sentía ya el frío de este enero poco propicio para el gran torneo. El gélido ambiente derivó en la indiferencia cuando el equipo de Arbeloa inició el calentamiento. Entre el escaso público que ya se había acomodado apenas pudieron distinguirse los aislados silbidos de los tímidos aplausos.
Llegado el turno de las alineaciones, el atronador volumen de la megafonía dejó escaso margen para emitir un veredicto. Desde la grada de animación, situada en el Fondo Sur, se desplegó una pancarta en recuerdo de las víctimas del accidente de Adamuz, por las que además se guardó un minuto de silencio. No de los altavoces, por supuesto, que ni siquiera conocen el descanso en un instante tan sagrado.
Arbeloa, impávido
La resolución definitiva quedaba pospuesta, pues, a cuando echase a rodar el balón. Y desde ese minuto uno quedó en el olvido aquel ambiente hostil del sábado frente al Levante. Nada de broncas cada vez que recibían Fede Valverde o Bellingham. Apenas unos pitos para Vinicius, atenuados por el madrugador 1-0, por el que Mbappé pidió disculpas a la afición del Mónaco, que colmaba sus butacas en un rincón del Fondo Norte.
Desde una esquina de la zona técnica, las manos en el bolsillo del pantalón, Arbeloa asistía impávido a la victoria. En la misma actitud contemplativa de sus dos primeros partidos, economizando cada gesto, cada una de esas órdenes que dice guardarse porque no alcanzan en la lejanía a sus futbolistas. El más apartado de su zona era Vinicius, tan habituado últimamente a que le regalen los oídos.
El brasileño, para lo bueno y para lo malo, juega ajeno a todo. A su ritmo, sin importarle el qué dirán. Ni le pesó errar una buena ocasión en el minuto 8, ni se le vio eufórico tras servir el 2-0, ni pareció arrepentido tras su disparatado error que casi aprovecha Folarin Balogun. Quedaba poco para el descanso y el madridismo tuvo que dividirse entre la protesta y el aliento.
Bellingham, ante Caio Henrique, el martes en el Bernabéu.AFP
Por mucho que se empeñe el club, desde todos sus estamentos, la gente sigue sin comprender la falta de actitud de Vinicius en tareas defensivas. Sobre todo en comparación con Mbappé, a quien ahora se le ve en la obligación de dar ejemplo, como buen capitán in pectore. En más de una ocasión quiso animar el francés a sus compañeros de ataque a acompañarle en el esfuerzo. Sin ningún éxito, por otra parte.
La tibia de Asencio
Aunque en realidad sí hubo un instante, nada más sacarse de centro tras el 2-0, en que el Madrid se volcó en campo rival con esas ganas que le exige su gente. Un episodio aislado, anecdótico y que, por tanto, resulta aún más significativo. En la actual dinámica tanto da que sea Antonio Pintus quien active a los muchachos en el calentamiento. No hay piernas frescas, por mucho que sean jóvenes. De hecho, el once inicial de Arbeloa, con 24 años y 152 días de promedio, fue el más tierno del Madrid en Champions desde diciembre de 2018.
Esa edad media se elevó tras el descanso, por culpa de la sustitución de Raúl Asencio, víctima de un fuerte golpe en la tibia derecha. El rol de Dani Ceballos como mediocentro pasó más desapercibido que el primer gol de Mastantuono en Chamartín, saludado por el inevitable: "Franco, Franco". No hubo más coros cuando retiraron al argentino, sólo el inevitable runrún contra Ceballos por la absurda pérdida que facilitó el gol de Jordan Teze.
El estadio aún tuvo tiempo de lamentar el excesivo egoísmo de Vinicius, sólo él capaz de desperdiciar una clamorosa ocasión para el 7-1. Muchos desfilaron satisfechos camino al hogar cuando el '7' recogía el galardón de MVP. Mbappé, siempre atento a cada detalle, le premió con un formidable empujón para celebrarlo.
El regreso Champions, el martes ante el Mónaco (21:00 horas), servirá otra vez como termómetro para medir el nivel de furia del Bernabéu contra los futbolistas del Real Madrid y contra su presidente, Florentino Pérez. Un plebiscito que Kylian Mbappé comprende en su justa medida. "Es algo que entiendo. Entiendo a la gente. Yo mismo lo hacía de joven, cuando acudía a un estadio. La única oportunidad de expresar su sentimiento es ir al estadio y pitar. Pero si pitan, que nos piten a toda la plantilla, no sólo a algunos futbolistas", relató el delantero durante su rueda de prensa.
Se refería Mbappé a las broncas dirigidas contra Vinicius, Jude Bellingham y Fede Valverde durante el triunfo ante el Levante. "Antes que nada pienso en Vini. No es su culpa cómo jugamos. Es culpa de toda la plantilla. Entiendo perfectamente que piten, pero a toda la plantilla"; reiteró el '10'. Cuando le insistieron sobre si debía dar algún consejo a su compañero brasileño, optó simplemente por el elogio. "Mi responsabilidad es cuidarle y protegerle para que se sienta bien y feliz, porque cuando es así, es un jugador totalmente diferente".
Había salido Mbappé con las ideas muy claras ante los periodistas, sin rehuir el choque y muy consciente del mensaje de unidad que quería transmitir. De modo que cuando le preguntaron por la situación de Bellingham tampoco titubeó a la hora repetirse, aunque fuese en inglés. "Nadie duda de la calidad de Jude, es un momento complicado para él, como para todos. Podemos aceptar que no estén contentos con nosotros, pero tienen que tratar a todos por igual, que no se centren en uno", insistió, antes de lanzar un par de vaticinios. "Si la gente ve que nos estamos esforzando, van a volver con nosotros y en el futuro nos reiremos cuando recordemos estos momentos", presagió.
Respecto a la situación del vestuario tras el despido de Xabi Alonso, el capitán de la selección francesa admitió la crisis, aunque también lanzó sus pullas contra la prensa. "Claro que han pasado cosas, pero hay muchas también que no son verdad. A veces se dice algo que es cierto, pero el 90% restante lo inventan", advirtió.
Ese clima tan enrarecido con todo lo que rodea al vestuario también ha servido de argumento para Álvaro Arbeloa. Justo después del 2-0 al Levante, el nuevo técnico ya advirtió de que los pitos contra el presidente provenían de "gente que no quiere" al Madrid. Esta vez reincidió en su análisis, aunque sin extenderse en detalles. "Las pitadas debilitan al equipo. Lo que dije el sábado es que sé que hay campañas para debilitar al club y sé por quién están organizadas, pero no me van a engañar", expresó el ex preparador del Castilla.
Respecto a la situación de Vinicius y Bellingham, Arbeloa considera que ambos no deben hacer "nada diferente" al sábado, sino también "correr, esforzarse y mostrar una grandísima actitud como durante la segunda parte ante el cuadro granota. "Ellos también necesitan a la afición para sacar su mejor versión", subrayó.