El serbio Novak Djokovic no disputará el Masters 1.000 de Madrid, que comienza el próximo miércoles, informaron fuentes cercanas al jugador. Tras esta baja, el italiano Jannik Sinner será el máximo favorito del torneo que se juega en la Caja Mágica.
El número uno del mundo, de 36 años, ha limitado mucho sus apariciones en el circuito esta temporada, en la que aún no ha ganado ningún título ni tampoco ha disputado ninguna final.
Cayó en semifinales del Abierto de Australia ante Sinner, en dieciseisavos de Indian Wells ante el italiano Luca Nardi, por entonces 123 del mundo, y en semifinales de Montercarlo, la semana pasada, ante el noruego Casper Ruud (10).
Ahora deberá poner su vista en el torneo de Roma, única cita anterior a Roland Garros, el segundo Grand Slam del año. Djokovic ha jugado en doce ocasiones el Masters 1.000 de Madrid y lo ha ganado dos veces, en 2011 y 2016.
El presidente de LaLiga, Javier Tebas, fue uno de los grandes protagonistas en la primera jornada de la VI edición de MARCA Sport Weekend, quien mantuvo, en el Centro Pompidou de Málaga, una conversación con el director del diario deportivo, Juan Ignacio Gallardo, centrada especialmente en la piratería y el fraude audiovisual. También habló del repunte de la violencia en el fútbol declaró, un aspecto en el que fue contundente: «Hemos hecho una política dura de persecución judicial y vamos a dar otro paso más, que es buscar la disolución de esos grupos violentos».
Javier Tebas también recalcó que aunque los aficionados no tengan nada que ver, en estos casos «el silencio cómplice es tan peligroso como la participación».
El presidente de la Liga quiso poner énfasis sobre la piratería: «Una parte fundamental de los ingresos de la industria del deporte, y del fútbol y la liga, está en la suscripción. Igual que pagas una entrada por ir a un campo a ver un partido, en el fútbol profesional para ver un partido en televisión hay que pagar una suscripción. Si llega otro y ofrece lo mismo gratis, la industria se irá a la ruina».
Para el presidente, el mundo audiovisual es otra taquilla más que tienen los clubes y esa taquilla está siendo robada. «Si queremos mantener nuestro nivel de jugadores y el nivel de empleados que genera nuestra industria, directa e indirectamente, que son 180.000 según un informe hecho con Price, entonces la gente tendrá que pagar por ver el contenido que sí abona cuando va a verlo en directo», añadió.
El papel de Google o 'X'
«Nunca puede ser excusa robar porque sea caro, pero es que, además, tampoco lo es tanto y el mensaje debe ser otro: si los piratas consumiesen legalmente, bajaría el precio. Tenemos estudios de todos los países y en México, por ejemplo, es la clase alta la que más piratea, porqué existe esa idea de porqué pagar si puedo verlo gratis», recalcó.
El presidente de LaLiga explicó cómo el consumidor accede al contenido pirata través de dos formas, por una web, o a través de aplicaciones que descarga de la Play Store de Google o Apple: «Google, por ejemplo, gana dinero con la piratería y tenemos interpuestas varias querellas contra él en diferentes países, como colaborador en la violación de la propiedad intelectual y por blanqueo de capitales, ya que se lleva una parte proporcional a través de los anuncios de Google Ads».
También se refirió al problema en la red social X: «Musk ha despedido a muchos trabajadores y en la lucha contra la piratería han quedado muy pocos. Lo fundamental de nuestros derechos audiovisuales se está viendo gratis. Yo ya tengo países donde me han dicho que me van a pagar la mitad. Pero no solo al futbol español, sino también al inglés y a todos igual».
Italia como ejemplo
El presidente puso como ejemplo de buenas prácticas la ley italiana contra la piratería y fue crítico con la situación en España. «Nuestra estrategia está en hacer lobby legal en los países y estamos intentando que en España haya modificaciones legislativas para que, si no es como en Italia, sea mejor de lo que es. Ahora la gobernabilidad es complicada y no es una prioridad del Gobierno. También parece que piratear está bien», aseveró.
Otro de los temas de actualidad tratados en el encuentro fue el del calendario de las numerosas competiciones y, sobre este asunto Tebas se mostró tajante: «Vamos a denunciar a la FIFA ante los órganos de la Unión Europea por el problema de esas decisiones unilaterales de calendario sin contar con las competiciones nacionales».
Nadia Comaneci (Onesti, Rumanía, 1961) tuerce el gesto cuando escucha la palabra sufrir. "Yo no he sufrido en la vida. ¿Te parezco alguien que ha sufrido?", pregunta mientras abre los brazos invitándome a mirarla. Está impecable. Con la melena rubia y un inglés con apenas acento parece más la mujer de negocios estadounidense que hoy es que aquella adolescente morena que se convirtió, en los Juegos de Montreal 76, en la gimnasta más grande de la h
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
En 2007, en la borrachera aperturista que para China supusieron los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el Gobierno entonces presidido por Hu Jintao presentó su proyecto estrella para el Everest. Primero construiría una autopista hasta el campo base norte de la montaña más alta del mundo y, después, un hotel con spa, un museo y un helipuerto. A 5.150 metros de altitud, una ciudad de vacaciones. Los vaivenes políticos en el país y las protestas en el Tíbet entre 2010 y 2012 hicieron que los planes se encogieran -ni siquiera se puso la primera piedra del resort-, pero igualmente se asfaltó una pista desde la ciudad de Shigatse hasta los pies del Himalaya. ¿El resultado?
El pasado viernes, una tormenta sorprendió a más de 500 senderistas en los caminos entre el Everest y el Cho Oyu, y durante varios días se realizaron labores de rescate, con un fallecido que lamentar. Fue una tragedia, una concatenación de adversidades, pero sobre todo fue la demostración de que no hace falta hollar el techo del mundo para estar en peligro. Basta con acercarse.
«China construyó infraestructuras con la intención de controlar el Tíbet, empezó a llevar allí a vivir población de la etnia mayoritaria y a montar una especie de parque temático turístico alrededor del Everest, el Cho Oyu, el Makalu y el Lhotse, los cuatro 'ochomiles' de la zona. En festividades como la Golden Week, su Semana Santa, miles de senderistas chinos sin experiencia ni aclimatación se plantan a 5.000 metros de altitud con un cortavientos y unas zapatillas de ciudad. Y luego caen dos metros de nieve en una tormenta y pasa lo que pasa», cuenta Sebastián Álvaro, montañero, escritor y director de Al filo de lo imposible en TVE durante 27 años, que conoce bien la zona porque allí rodó un documental sobre la mítica expedición de George Mallory y Andrew Irvine en 1924.
DEPARTAMENTO DE BOMBEROS DEL TÍBET.EFE
Según sus cálculos, las informaciones oficiales que hablan del rescate de cientos de personas en apenas 48 horas tienen que ser imprecisas porque «allí no hay equipos de alta montaña». «Nunca sabremos qué ha ocurrido de verdad», apunta. «Desde Tingri, el poblado más cercano, enviaron a unos cuantos bomberos que no tienen experiencia y que están superados por toda la gente que acude al campo base norte del Everest», analiza Álvaro. Y los datos le dan la razón.
Medio millón de visitantes
Tal y como se vanagloria el propio Gobierno chino, el año pasado se superó por primera vez el medio millón de visitantes en lo que llaman la «zona escénica del Everest», una cifra exagerada. Aunque tiene una superficie que duplica la española, el Tíbet apenas cuenta con tres millones de habitantes y sus servicios públicos son mínimos. No hay cifras de accidentes -mucho menos de fallecidos- pero es muy posible que haya habido desgracias anteriores en la región.
AFP
Lejos de la indignación mundial que provocan las colas en el techo del mundo, en los últimos años se han multiplicado las caminatas alrededor de la base y, con ellas, los peligros. «En el lado chino del Himalaya hay un altiplano que apenas tiene vegetación y en las agencias de turismo del país se vende como una zona amable para hacer caminatas. Los chinos van allí con muy poca conciencia y muy poca preparación. Y, de repente, se encuentran a 5.000 metros. Hay que pensar que el pico más alto de la Unión Europea es el Mont Blanc, que tiene 4.800 metros», subraya Sergi Unanue, dueño de la agencia Mundo Recóndito, vecino de Pekín durante un año y autor del libro Un sendero entre las nubes, sobre la Gran Ruta del Himalaya. «Hay un riesgo muy evidente al hacer que zonas tan extremas del mundo sean tan accesibles. De la parte china no se habla tanto porque no viajan tantos extranjeros, pero también ocurre en la parte nepalí», añade Unanue.
Mover el campo base, misión imposible
En el sur del Himalaya, en Nepal, también se ha intensificado la actividad a los pies de las grandes montañas, aunque no se han lamentado tragedias desde la avalancha que en 2015 causó la muerte de 22 personas en el campo base sur del Everest. Cada año se informa de entre tres y cinco fallecimientos por edemas cerebrales causados por el mal de altura, pero la siniestralidad es baja si se tiene en cuenta que anualmente unos 30.000 montañeros visitan la zona. Aunque ya son muchos, en Nepal difícilmente se vivirá la turistificación extrema que se da en China. Los presupuestos de los dos países no tienen nada que ver, la orografía de ambas zonas es muy distinta y los turistas proceden de lugares diferentes.
En la zona nepalí, mientras las agencias de viajes que dirigen los sherpas consideran que el negocio está en las alturas, los trekkings al campo base sur son mayoritariamente organizados por compañías extranjeras y sus clientes llegan más preparados. Suelen estar bien informados, contar con consejo y ayuda de estas empresas en cuanto a material o comida y normalmente invierten tiempo suficiente para aclimatarse -entre 10 y 12 días para hacer la ruta-.
Este invierno, el Gobierno de Nepal, presidido por Ram Chandra Poudel, anunció que había acabado la llamada «autopista al Everest», y numerosos medios internacionales así lo publicaron, pero no dejaba de ser una pista entre Katmandú y Surke, cerca de Lukla, un trayecto que los turistas ya solían hacer en avioneta. En principio, la zona es más segura, aunque la amenaza se cierne sobre el campo base sur en forma de deshielo. Por culpa del calentamiento global, el glaciar de Khumbu sigue fracturándose y eso aumenta el peligro sobre el campamento. Hay un proyecto para moverlo 300 o 400 metros más abajo, pero falta presupuesto y logística. No hace falta hollar el techo del mundo para estar en peligro. Basta con acercarse.