El tenista alicantino Aaron Cortés, que llegó a ser el 955 del ránking de la ATP, ha sido suspendido 15 años tras admitir 35 quebrantamientos del programa anticorrupción del tenis (ITIA), según hizo público esta misma organización.
Cortés cometió estas irregularidades entre 2016 y 2018 y entre ellas se incluye amañar el resultado de partidos, aceptar dinero por ello, no avisar a las autoridades de los intentos de soborno, apostar en partidos y dar dinero a los organizadores de los torneos para que le dieran invitaciones.
Además de los 15 años sin jugar que ha determinado la Agencia Internacional para la Integridad en el Tenis, le han impuesto una multa de 75.000 dólares (69.000 euros), de la cual no tendrá que pagar 56.250 si no reincide.
Cortés, de 29 años y que llegó a ser el 955 del mundo en septiembre de 2017, cooperó con la investigación de la ITIA y aceptó la sanción. El jugador queda inhabilitado desde el 27 de marzo de 2024 hasta el 26 de marzo de 2039.
Durante este período, Cortés no podrá jugar, entrenar ni asistir a cualquier torneo de tenis organizado por los miembros de la ITIA o por cualquier asociación nacional.
Barcelona - Alavés (16.15 h.)
AMADEU GARCÍA
@amd_garcia
Barcelona
Actualizado Sábado,
11
noviembre
2023
-
20:31El bajón del juego del Barça coincide con la...
Nasser Al-Khelaifi esperó a Joan Laporta en el hall del hotel, en Roma, como se espera a un matador de toros, al triunfador de la feria. A los abrazos siguieron las bromas con el presidente del Barcelona, acompañado por el vicepresidente Rafa Yuste. Los enemigos de Florentino Pérez, el Cid de la Superliga, confraternizaban con su gran aliado, que se mueve en un peligroso equilibrio. La realidad es que Laporta necesita las dos barajas por tres razones. La primera es porque, aunque aumenten los ingresos del Barcelona, nada supondría el fin de la crisis económica del club azulgrana como una Superliga, escindida o apadrinada por la UEFA. La segunda es porque necesita la benevolencia del organismo que preside Aleksander Ceferin por el cumplimiento del Fair Play, el Camp Nou y hasta el caso Negreira, en el largo plazo. La tercera es porque visualizarse en un decorado beligerante con el presidente del Madrid siempre suma en un curso que acaba con elecciones.
A Laporta no le asustan los ejercicios de funambulismo. Al contrario, es un especialista. Ya los ha practicado con LaLiga de Javier Tebas, condescendiente con sus palancas. Tebas desea la ruptura del Barça con la Superliga, incluso la ha dado por hecha, pero nada hace presagiar un posicionamiento oficial de ese tipo, no por ahora. Sobre todo, si existe un canal abierto entre la UEFA y A22 Sports Management, la sociedad que explota la Superliga, con la posibilidad de un acuerdo futuro. Lo único que podría provocar un giro radical de Laporta sería un horizonte electoral complejo, pero restan meses y no aparece un opositor amenazante. En el Madrid, pues, observan sus movimientos con calma.
Al-Khelaifi preside la Asociación de Clubes Europeos (ECA), que en su congreso de Roma cambia de nombre a Clubes de Fútbol Europeos (EFC). Integrada en la sociedad UC3, junto a la UEFA, el martes aprobaron la estrategia comercial para las competiciones masculinas durante el periodo 2027-33, como si la Superliga no existiera. Ese hecho no es óbice para que otras negociaciones continúen. Laporta es uno de los más interesados. Asistió anoche a la cena en Roma, pero no a las sesiones de la Asamblea, al no ser el Barcelona miembro del EFC. Una forma de estar sin estar.
Las 'palancas' y la UEFA
El dirigente acude después de presentar unas cuentas con dos caras, que deberán lograr el beneplácito de sus socios compromisarios, a los que Laporta seduce con facilidad. La buena cara es que han aumentado los ingresos en la temporada 2024/25 hasta los 964 millones, 100 más de lo presupuestado y 216 por encima de la anterior, gracias al nuevo contrato con Nike, el merchandising y el ticketing de Montjuïc. La previsión es alcanzar los 1.075 millones este curso, con la apertura del Spotify Camp Nou.
Aunque el club haya dado números rojos en 17 millones, la tendencia es buena. El problema es que Crowe, el auditor, ha corregido las pérdidas de 2023/24, que pasan de 90 millones a 180, por la pérdida de valor de Barça Studios, una de las mágicas palancas de Laporta. De una valoración de 400 millones en 2023 se ha pasado a 178, 226 millones menos.
Ello cuestiona uno de los ejes de la reconstrucción económica del dirigente, aprobada por LaLiga pero no por la UEFA, que multó al club por la palanca de la venta de derechos futuros. De 60 millones de sanción, el organismo de Ceferin la rebajó a 15 con la condición de cumplimientos futuros del Fair Play. Esa multa ha elevado las pérdidas del pasado ejercicio y podría lastrar el actual si el perdón del organismo decayera.
Laporta y Al-Khelaifi, el miércoles en Roma.EFE
Laporta se encontró de nuevo en Roma con el presidente de la UEFA, con el que ya estuvo la pasada semana, en el palco de Montjuïc, o en la gala del Balón de Oro, con el Barça en pleno. Donde no va Florentino, allí está el presidente azulgrana. El premio de France Football, con patrocinio de Qatar, tuvo en Ousmane Dembélé a su ganador y en Al-Khelaifi a su triunfador.
El sapo de Figo
Laporta estaba muy interesado en la presencia de Ceferin en Montjuïc, aunque eso implicara tragarse el sapo de Luis Figo. Pocos días después, la UEFA daba su aprobación al Barcelona-Villarreal en Miami, aunque en su razonamiento fuera crítica con el fondo y se acogiera a un vacío legal. El derecho puede ser muy creativo.
Ahí no acaban, sin embargo, los favores de Ceferin que puede necesitar el Barcelona. Con la apertura del nuevo Camp Nou pendiente, los criterios para disputar la Champions son más exigentes que en la Liga, por lo que la UEFA hará su propia peritación con vistas a la segunda fase de la competición, que se inicia en marzo.
En el largo plazo permanece, además, la amenaza del caso Negreira, aún en instrucción. Si hubiese condenas en el ámbito penal, la UEFA, a la espera de sentencia en España, podría activar el artículo 4.2 del Reglamento de la Champions y expulsar al Barça. En la partida de Roma, pues, había que estar con la baraja indicada.
Duelen las lágrimas, pero qué diferentes. Hace un año, en el Bercy Arena de París, Alba Torrens, ojos enrojecidos, abrazos de cariño y tristeza aquí y allá, mostraba una de esas derrotas que rompen el corazón, en cuartos de final de los Juegos, también Bélgica. "No en caliente", se concedió, lo que parecía tan obvio, su adiós a la selección. Ya en frío, el paso de los meses, la responsabilidad. Camino de los 36 años, el premio, su décima medalla con España. No se puede decir que sea la más asombrosa, aunque haya sido en mitad de un acelerado y casi obligado relevo generacional, con bajas a puñados (más la de Iyana Martín durante el torneo), cinco jóvenes debutantes y sin jugadora nacionalizada. ¿Cuál de todas las medallas fue la más insospechada, la más alucinante?
Alba es el paradigma de lo que Laia Palau bautizó como "la revolución". Hasta 2001, apenas un oro como un oasis, su plata de Los Ángeles, el de Perugia 1993. En 24 años desde entonces, 17 medallas, entre ellas, tres oros continentales más, una plata mundial y la plata olímpica en Río. Ayer Italia se colgó el bronce en el Pireo, habían pasado 30 años de su último éxito. Para poner en perspectiva.
La revolución es luchar contra molinos, siempre en inferioridad física. Es la garra, el esfuerzo, la solidaridad y, especialmente, el compromiso. La Familia. El trabajo de la Federación con las categorías de formación y la Liga. Es no darse "por satisfechas", como pedía en la previa Miguel Méndez, pese a que el ogro Meesseman estuviera de nuevo enfrente. ¿Pero es que las francesas no son más altas y más fuertes?
La revolución es levantarse tras golpes que pueden destruir imperios, que los hubo en el trayecto. El décimo puesto en Eurobasket 2011 que dejó sin billete para los Juegos de Londres. La vuelta, 2013, fue el oro en Orchies. O el más reciente, el que parecía poner fin a una época, el séptimo puesto en el Eurobasket patrio de Valencia, dolor infinito y adiós al Mundial. La vuelta han sido dos platas más. La revolución son 157.432 licencias (y subiendo cada año), el deporte femenino español, de largo, con más. Casi 50.000 más que el fútbol, goleada pese a todo. La revolución es una mujer, Elisa Aguilar, presidenta de la Federación, rareza absoluta y maravillosa en el deporte español.
Que la crueldad del desenlace en Atenas no empañe la realidad. La herencia es la enormidad de Raquel Carrera, el poderío de Awa Fam, el descaro de Ayna Ayuso, el talento y la calma de Helena Pueyo. Y las lágrimas de quien pierde con un amor propio infinito. Eso también es la revolución.