Tres años después, el líder de Honda saldrá desde la primera posición de la parrilla con Fabio Quartararo y ‘Pecco’ Bagnaia muy atrás
Marc Márquez, en el circuito de Motegi.TOSHIFUMI KITAMURAAFP
El debate era lícito, incluso obligado: ¿Cuál es el nivel de la nueva generación? Después de las retiradas de Valentino Rossi, Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa y de la lesión de Marc Márquez era imposible ponderar a Fabio Quartararo y ‘Pecco’ Bagnaia, su velocidad, su precisión, su valentía. Ahora el regreso de Márquez ha resuelto la duda. Pese a los dos años de lesión, de sus dolores en el brazo derecho, el seis veces campeón de MotoGP sigue siendo más rápido que los jóvenes y apenas ha necesitado un par de días para confirmarlo.
Este sábado, en su segunda clasificación después de tres meses de parón, Márquez consiguió la pole, el primer puesto en la parrilla. No importó que el circuito fuera a derechas, es decir, que exija más a su brazo maltrecho. No importó que su Honda sea con diferencia la moto más lenta del Mundial. Con la lluvia como amiga, el español volvió a la posición de honor .
La madrugada del martes, la mayoría de los jugadores de España ya dormían en sus habitaciones del Royal Hotel Carlton de Bolonia cuando Carlos Alcaraz confirmó que no podía jugar la Copa Davis por lesión, y algunos ni siquiera pudieron despedirse de él en persona. El número uno dejó un mensaje en el grupo de WhatsApp del equipo antes de marcharse a Murcia y, horas después, en el entrenamiento, los cuatro tenistas restantes -Pedro Martínez, Marcel Granollers, Jaume Munar y Pablo Carreño- se repetían una palabra de ánimo: «Marbella». Si alguien mencionaba la lesión de Alcaraz, «Marbella». Si alguien hablaba del primer rival, República Checa, «Marbella». Si alguien les daba por eliminados, «Marbella».
Hace dos meses, en Marbella, España -esta España, una España sin Alcaraz ni Alejandro Davidovich- eliminó a Dinamarca para clasificarse para esta Final a Ocho contra todos los pronósticos. Por eso los miembros del conjunto sienten que ahora, aquí, ya cualquier cosa es posible. «Creer ayuda mucho. En el tenis hay situaciones complicadas, momentos muy complejos de resolver, y creer es decisivo. La experiencia de Marbella ayudó a este grupo a creer. Seguiremos luchando y seguiremos soñando», proclamó el capitán, David Ferrer, después de completar este jueves la primera de las tres gestas necesarias para levantar la séptima Ensaladera.
Pese a la derrota de Pablo Carreño, Jaume Munar salvó la eliminatoria y el dobles formado por Marcel Granollers y Pedro Martínez completó la remontada ante República Checa en cuartos. El sábado, en semifinales, tocará la Alemania de Alexander Zverev, y nuevamente España parte como inferior, pero ya no hay que hacer suposiciones. ¿Por qué no soñar con la final del domingo? ¿Por qué no más?
El líder del equipo
«En la Davis un líder puede resolver eliminatorias. Es normal: un gran tenista es capaz de ganar dos puntos. Pero, normalmente, lo más importante es el grupo. Eso lo tenemos claro. Esto es un equipo y todos tenemos nuestro papel», asumió Granollers, que rechazó ser el líder del conjunto pese a ser el jugador más laureado. Esta temporada ha levantado dos Grand Slam en dobles, ahí es nada. «No me siento así. Yo no estuve en Suiza [la primera ronda clasificatoria, en febrero], yo no estuve en Marbella, y Jaume y Pedro sí estuvieron allí. Eso tiene que pesar», comentó.
TIZIANA FABIAFP
Con la ausencia de Alcaraz, dos tenistas han asumido el peso del equipo por encima del resto. Munar, el jugador con mejor ranking individual -es el 36 del mundo-, y Martínez, el héroe de Marbella, tiran del carro y el resto les sigue. En el Bologna Fiere, un recinto ferial gigantesco lleno de jóvenes invitados para ocupar las gradas, la pista de calentamiento de los jugadores está justo debajo de la sala de prensa y, afinando el oído, se pueden escuchar los diálogos previos a cada partido.
Las "ganas" de Munar
«Sé jugar al tenis para jugar aquí, en la Davis», pregonaba Martínez en una línea épica, emotiva, heroica, que más tarde compartía su colíder. «Somos un equipo juegue quien juegue. A eso nos aferramos, esa es nuestra fortaleza. Ya era así cuando jugaban Nadal y Ferrer y los dos estaban entre los cinco mejores del mundo. Y ahora es así con más motivo. Tenemos pasión, tenemos ganas, nos tenemos unos a otros», comentaba Munar, quien marcó la línea a seguir.
Porque si España ganó porque creyó, nadie cree más que Munar. Quien fuera un especialista en tierra batida que luchaba y luchaba es hoy un tenista capaz de vencer a cualquiera en cualquier situación. A los 28 años, en la mejor temporada de su vida, venció a Jiri Lehecka por 6-3 y 6-4 en el segundo partido y salvó al grupo del abismo después de la derrota de Carreño ante Jakob Mensik por 7-5 y 6-4 en el primer encuentro.
Su determinación fue clave para derrotar al número 17 del mundo, igual que lo fue para la pareja de dobles. Después de vencer a Carreño, Mensik se presumía como el hombre fuerte de la dupla checa, pero pronto afloraron sus nervios y la pareja española fue a por él con toda la fe.
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado especial
@javisanchez
Silverstone
Actualizado Domingo,
9
julio
2023
-
18:35Ver 21 comentariosEl líder de Aston Martin acaba séptimo gracias a un...
Hacía mucho tiempo que Ana Peleteiro no se presentaba así ante los medios de comunicación: cabreada, silenciosa, frágil. Después de su sexto puesto en el triple salto de los Juegos de París, en las entrañas del Stade de France ya de medianoche, la saltadora era otra. "Estoy triste, hoy he visto la otra cara de la moneda", comentaba sin ningunas ganas de hablar.
Desde que cayó a la arena en su último intento, su rostro lo decía todo. Tanto que en lugar de acercarse a su entrenador, Iván Pedroso, para valorar el salto, se fue a buscar directamente a su marido, Benjamin Compaoré, para recibir consuelo. Compaoré, ex saltador, la abrazó mientras Peleteiro digería lo ocurrido y luego hicieron lo propio uno por uno sus amigos.
Siempre dijo Peleteiro que lo único malo de su bronce en los Juegos de Tokio 2020 fue la ausencia de público, la imposibilidad de celebrar el éxito con todos a los que quiere, y por eso este sábado en las gradas del estadio parisino no faltaba nadie. Frente al foso del triple salto, ninguna saltadora tenía tanto apoyo como Peleteiro. Tanto que en su cuarto intento, aquel que marcó sus 14,59 metros finales, se desató una celebración: creían que había superado los 14,70 metros, que el bronce era suyo.
"Tenía miedo de resbalarme"
"He hablado con ellos y me han dicho que igualmente están muy orgullosos de mí. Qué me van a decir", reconocía Peleteiro. "El factor lluvia me ha tocado psicológicamente porque me veía capaz de pelear por la medalla, pero la pista estaba fatal y tenía miedo de resbalarme en la tabla porque no conseguían secarla completamente. Me he quedado muy cerquita y eso da coraje", analizaba y no le faltaba razón.
JUANJO MARTINEFE
Su primer intento fue notable (14,55 metros), pero sus rivales pronto respondieron. La cubana Leyanis Pérez, por ejemplo, lo hizo en el primer salto (14,62) y al siguiente vendrían las grandes marcas de la finalmente campeona, la dominiquesa Thea Lafond (15,04) y la jamaicana Shanieka Ricketts (14,87). Ahí, cuando tocaba un momento Peleteiro, es decir, sacar la furia, asustar al miedo, empezó a llover. Y la lluvia dificultaba su misión. El viento reducía su velocidad y el agua impedía el agarre. En esas circunstancias necesitaba superar la mejor marca de su vida para colgarse el oro o la plata. En esas circunstancias lo único posible era el bronce. Y no pudo ser.
La marca del bronce
"Este año he hecho varios saltos por encima de la marca del bronce. Quizá el esfuerzo hecho desde diciembre me ha pasado factura. He tenido algún problema en el isquio, pero he llegado bien. Estoy disgustada porque quizá no estoy para 15 metros, pero sí para 14,70. Claro que da rabia no ganar una medalla olímpica cuando sabes que estás para saltar más de lo que ha costado", comentaba Peleteiro que pese a la furia, pese al dolor, soltaba alguna frase que invitaba a la esperanza.
"No se acaba mi carrera deportiva aquí. En un abrir y cerrar de ojos llegará Los Ángeles", aseguró y con "suficiente" finalizó la comparecencia más corta de los últimos años, quizá de su vida. A sus 28 años, después de su maternidad, Peleteiro había puesto todo el corazón en colgarse otra medalla olímpica, lo había hecho todo, lo había organizado todo, y no pudo ser. Habrá otras.