El pívot, escogido mejor jugador de la final, elogia a su compañero, autor de la canasta decisiva para la Undécima Euroliga del Real Madrid
Tavares, contra Fall, durante el partido.Enric FontcubertaEFE
Walter Tavares, el hombre de la Euroliga, el hombre de la final, escogido MVP después de haber anotado 13 puntos y haber capturado 10 rebotes.
En la celebración de su segundo título europeo, con una enorme bandera de Cabo Verde a sus espaldas, el pívot alabó la canasta decisiva de su compañero Sergio Llull, la canasta que dio la victoria al Real Madrid ante el Olympiacos
“No puede existir ninguna duda de que Sergio Llull es el mejor jugador del mundo en el último segundo”, elogió Tavares.
En declaraciones a DAZN, también calificó de “increíble” la victoria y realizó un pequeño análisis: “No nos hemos venido abajo en ningún momento. Sabíamos que si nos daban una oportunidad la íbamos a aprovechar”.
Con 19 segundos por jugar y empate a 80, Scariolo podría haber elegido que el último balón estuviera en las manos de cualquiera de los que tantas veces se vieron en estas situaciones. Campazzo, la apuesta segura de Llull... Lo dejó, sin embargo, en las de Andrés Feliz. Y la respuesta del dominicano fue sobresaliente. Un canastón sobre la bocina para alivio blanco en Gran Canaria. Un duelo que no supo cerrar y casi le cuesta un disgusto. [80-82: Narración y estadísticas]
Utilizó su cuerpo, su habilidad forjada en las canchas de Guachupita, el barrio dominicano del que escapó. Un tipo cada vez más importante en este Madrid en busca de sí mismo. Una canasta callejera. Un precioso colofón a un choque intenso en el que el Dreamland Gran Canaria -todavía no pudo contar con su refuerzo de lujo, el ex del Barça Chimezie Metu, de más a menos y de menos a más, casi se da una alegría ante el líder.
Del sopapo de la Copa el Real Madrid ha escapado de la única forma posible: con tres victorias. Sin alharacas, sin dramatismos y también sin conclusiones precipitadas. La reacción deberá seguir siendo refrendada. En Gran Canaria, a domicilio donde más le está costando (especialmente en Europa) y con bajas, lo de Scariolo sudaron más de la cuenta. Un mal arranque, después un rodillo y el enredo final.
Y eso que... La puesta en escena del Real Madrid fue tan impropia como contundente iba a ser después la reacción. Perezoso, fuera de onda, desbordado por un solo jugador. Mike Tobey, quien precisamente no atraviesa esta temporada por sus mejores días, torturó el amanecer blanco. Sacando de cacho a Tavares, aprovechando los bloqueos, anotando con una soltura sonrojante. En un momento, el estadounidense (con pasaporte esloveno), anotó 14 puntos y los de Jaka Lakovic, que tampoco andan en su curso más pleno (ni billete para la Copa lograron), se vieron 13 arriba (25-12).
Wong dobla el balón ante Tavares, en el Gran Canaria Arena.ACB Photo
El Madrid no sabía leer lo que estaba pasando en el Gran Canaria Arena. Las rotaciones apartaron a tres jugadores clave (ni Hezonja, ni Deck ni Garuba), tipos que se manejan entre el tres y el cuatro, pero que, sobre todo, se caracterizan por la energía que ofrecen al colectivo. Sin ellos, el resto no pareció agarrar la oportunidad. De nuevo frío Trey Lyles. Tampoco Alex Len iba a brillar demasiado. A los blancos les iba a tocar remar.
Lo que ocurre es que son tantas las virtudes que maneja Scariolo, que apenas tardó un bostezo en dominar el escenario. Paso adelante defensivo y algo de lógica en sus ataques. La sabiduría de Llull. El ímpetu de Okeke. La electricidad de Campazzo. Como sin darse cuenta, un parcial de vuelta de 7-29 para ver (muy por arriba).
Un dominio para ya no dejarlo escapar, entre las carencias locales y la seriedad blanca. Otro tripe de Campazzo puso una distancia enorme (42-58), ya en el tercer cuarto. Pero la noche no estaba rota en las islas. Al Madrid le quedaba otra desconexión. Coincidió la entrada a pista de Carlos Alocén, de vuelta de su segunda grave lesión de rodilla, y el bajón con la segunda unidad blanca (la entrada de Procida por un conmocionado Kramer y de Izan Almansa con la cuarta de Len), para que Wong lo aprovechara y dejara a los amarillos con vida en la entrada del acto final.
Más cerca todavía cuando Tobey volvió a penalizar desde el perímetro (68-69), cuando el Granca se lo empezó a creer de verdad. El parcial había sido de 26-11 y a Scariolo no le quedó más remedio que recurrir a sus seguros de vida. Volvieron Tavares, Campazzo y Feliz para apagar el incendio. Pero el duelo estaba ya en el abismo. Feliz, al que antes habían señalado una dudosa falta sobre Albicy, sofocó la caldera amarilla. Una acción de pizarra, un canastón sobre la defensa de Wong.
Son ya 19 triunfos ligueros por apenas dos derrotas para el Madrid. Cada vez más encarrilado ese primer puesto que ansían y que les garantizaría factor cancha a favor en todos los partidos de playoff. En Gran Canaria, ante un Dreamland peleón, había sido Campazzo el nombre propio (18 puntos). Un partido mayúsculo del base argentino. Una guinda tremenda de Feliz.
No recuerda el baloncesto español un episodio semejante, un culebrón repleto de giros de guion, de requiebros dialécticos, de rumores y hasta de contratos firmados... para que todo acabe en el punto de partida. Sin tener todavía el sello oficial, Mario Hezonja, genio y figura, un misterio hasta para él mismo, seguirá en el Real Madrid pese a que firmó por el Barça. Por muchos años. O no.
Habría que poner orden para entender lo insólito. Hezonja, un talento indiscutible, fue fichado por el Real Madrid hace dos veranos en una oportunidad de mercado. Salía del UNICS Kazan ruso (sancionado el club por la guerra en Ucrania), en el que había brillado en Euroliga tras un breve paso por el Panathinaikos en lo que suponía su retorno de una NBA en la que no lo pasó demasiado bien pese (o por) las altas expectativas de todo un número cinco del draft.
Mario había sido canterano del Barça, tres años, de 2012 a 2015, de formación y debut oficial como azulgrana a las órdenes de Xavi Pascual, pero en Madrid encontró un hábitat estupendo para explorar su mejor versión y ganó la Euroliga a la primera. Este periódico le preguntaba justo antes de la reciente Final Four por ese cénit, por esa madurez. "Gracias al staff y a mis compañeros, especialmente a la vieja guardia, me han calmado mucho, en temas de liderazgo y madurez. Estoy lejos de mi mejor versión de baloncesto, eso llegará en el futuro. Creo que esto sólo podía llegar en el Real Madrid, no en otros equipos", explicó, la misma mañana en que dio la primera pista de su futuro, de las intenciones de seguir de blanco pese a los rumores (y sus malas caras, sus cortocircuitos...) en muchos momentos previos de la temporada. Un titular citando a las altas esferas: "El señor Florentino me amenaza cada vez que me ve en el comedor con que tengo que quedarme aquí. Ojalá. Estoy hablando con Juan Carlos (Sánchez), con Alberto (Herreros). Tenemos todos el mismo pensamiento".
Hezonja, con el trofeo de la ACB.ACB Photo
Fue un mensaje de calma justo antes de la gran batalla de Berlín. Donde el croata, siempre una montaña rusa, volvió a ser protagonista, esta vez para mal. 18 triples lanzados, sólo cuatro anotados y una sensación de permanente precipitación en la Final Four. Y un mea culpa -"He perdido un título muy importante para mi equipo. Absolutamente"-, que tampoco sentó demasiado bien a la dirección deportiva, pues se entendía que el foco, incluso en la derrota, debía ser colectivo y así lo admitió Chus Mateo días después.
Mario recuperó la sonrisa en la final de la ACB ganada al Murcia y allí, a pie de pista, en plenos festejos, volvió a dejar otro mensaje que parecía definitivo. "Siento que son mi familia. Me gustaría devolver el cariño con más años aquí y más títulos para el Real Madrid", anunció apenas unas horas después de la bomba, desvelada por el diario Marca: Hezonja había firmado unos días atrás un preacuerdo con el Barça para un futuro contrato de cuatro años, a razón de tres millones de euros, uno de los sueldos más altos de todo el continente. "Yo (mi futuro) lo sé desde hace tiempo. Faltan detalles. Ojalá muy pronto", llegó a decir a Tirando a Fallar ese mismo miércoles en el Palacio de los Deportes murciano. Dijo eso, que a su futuro le faltaban "detalles", que lo sabía "desde hacía tiempo", cuando negociaba con el Madrid y había firmado con el Barça.
Entre las palabras y los hechos había un abismo que desconcertó a todos en cuestión de horas. Las palabras, las promesas de amor al Madrid, hicieron descarrilar al Barça, desde su directiva a sus aficionados. Josep Cubells, directivo responsable de la sección de baloncesto, echó abajo la operación y en pleno calentón se fue a por Kevin Punter, un escolta anotador de perfil completamente diferente. Los hechos, sin embargo, no elevaron la temperatura de un Madrid siempre frío en los despachos.
Y el domingo, la reconciliación. Y el acuerdo, por cifras económicas alejadas de las que ofrecía el Barça, pero también de las primeras ofertas blancas que rechazó Hezonja hace meses. Sigue quedando el papel firmado, un preacuerdo que seguramente incluya consecuencias en caso de no llegar a firmarse el contrato, como así va a ser. Podría acabar en un juzgado aunque, aparentemente, ni al Barça ni a Hezonja les interesa ya lo pactado.