Con sólo 21 años y en los inicios de su carrera, tendrá este sábado en Nueva York su gran oportunidad. “Me gustaría vivir de esto, emanciparme”, dice aún sin sponsors ni otras ayudas. El boom del boxeo femenino le favorece
Vendrán otros tiempos, las vidas se vivirán de otra manera y quedará el recuerdo del ser humano que fue Dios en la tierra, en la tierra batida. Cada día se hace historia en el deporte y hay mucho de hipérbole, más de tópico, pero aparece Rafa Nadal en la Philippe Chatrier y pensar en el futuro es inevitable. ¿Su figura se difuminará cuando pasen las décadas? Parece imposible. En el 20 aniversario de su debut, este domingo, Roland Garros, uno de los cuatro torneos más importantes del planeta, se rindió a los pies del tenista que lo dominó hasta en 14 ocasiones.
Desde la presentación del 'speaker' Marc Maury hasta su salida con su hijo Rafa Jr. a hombros, hubo 48 minutos de honores al español allí donde fue cuestionado durante un tiempo, odiado alguna vez y querido finalmente, amado hasta las trancas. Como ya demostró el año pasado en su último partido, el público francés ha acabado abrazando a Nadal como si fuera propio porque al fin y al cabo es propio; la leyenda que se construyó sobre su arcilla.
Primero, discurso; después sorpresas
El acto empezó con una ovación, como no podía ser otra manera. Los aficionados presentes se vistieron con camisetas marrón tierra batida que había repartido la organización por las gradas -con el emblema ‘Merci, Rafa’ en la pechera- y todos se pusieron en pie para aplaudir durante más de cinco minutos la entrada de Nadal a la pista. Entonces cayeron sus primeras lágrimas, pero habría más.
En un largo discurso, el ex tenista agradeció su apoyo a la afición -en francés-, sus amigos, a sus patrocinadores y a su familia con momentos realmente curioso. Hubo mención especial para su tío Toni, hubo broma a sus primos -"a vosotros no os agradezco nada", se perdió la página con el discurso dirigido a su mujer Mery -"no pasa nada, no necesito la página"- y hubo un sentido recuerdo a sus abuelos fallecidos. En todas las paradas Nadal estuvo a borde del llanto, pero aguantó hasta el cierre. "Me habéis hecho sentir como si fuera francés. Aquí dejó mi corazón y mi alma", finalizó en francés dirigéndose al público, nuevamente conmovido.
Después llegaron las sorpresas de la organización. Primero aparecieron los recogepelotas para aplaudirle, luego todos los responsables del torneos con la misma misión y las gradas se vinieron abajo con el anuncio de sus rivales. Todos los presentes sabían que aparecerían Roger Federer, Novak Djokovic y Andy Murray -incluido el propio Nadal-, pero igualmente fue un instante precioso. Después de tanto, después de todo, los cuatro ahí, en la pista, trajeados, repartiéndose abrazos y bromas. "Hemos demostrado que podemos ser amigos pese a ser rivales", proclamó Nadal, que al final recibió un trofeo único y un último honor: una placa con su pisada quedará para siempre en la Philippe Chatrier. En el cierre, el homenajeado dio una última vuelta de honor y se marchó con su hijo en brazos.
La presencia de Gasol o Alcaraz
¿Fue el mejor homenaje posible ? Dirá cada uno. Fue emocionante, fue bonito y fue "sencillo", como él mismo había reclamado a la organización. Desde que le propusieron el acto el pasado diciembre en una visita a su casa en Mallorca, el español había pedido poca fanfarria y apenas hubo. Con toda su familia presente, Nadal sintió el amor de la afición francesa, de familiares, de amigos como Pau Gasol y Carlos Alcaraz y hasta del cielo, que quiso brillar después de horas de lluvia.
París, no hay que olvidarlo, no lo hizo Nadal en su discurso, ya hizo le hizo el mejor homenaje posible concediéndole el último relevo de la antorcha en sus Juegos Olímpicos. Sólo faltaba el tributo de la Philippe Chatrier y fue como tenía que ser. Vendrán otros tiempos, las vidas se vivirán de otra manera y quedará para siempre la historia de Rafa Nadal en Roland Garros, Historia en mayúsculas.
Mundial de atletismo
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado especial
@javisanchez
Budapest
Actualizado Sábado,
26
agosto
2023
-
21:19Ver 4 comentariosA sus 25 años, en plenitud, acaba cuarto...
Antes de marcharse de la pista, con su trofeo del Masters 1000 de Roma en una mano y una botella de moscato Asti en la otra, Carlos Alcaraz lanzó un brindis al cielo que parecía un agradecimiento al público italiano, pero no lo era. En la parte alta de las gradas del Campo Centrale del Foro Itálico, una zona llamada Tribuna Internazionale, había unos cuantos de sus amigos de El Palmar y a ellos iba dirigido el gesto. Luego, como siempre en estas ocasiones, todos juntos se fueron a cenar a un buen restaurante. Pagaba el campeón.
Desde el mismo momento en el que se impuso a Jannik Sinner en la final por 7-6(5) y 6-1, a Alcaraz quisieron situarle ya en París, peleando por su segundo Roland Garros consecutivo, y nuevamente tuvo que reivindicar su manera de hacer las cosas. Una victoria hay que celebrarla. Pensar ya en el Grand Slam sería una tortura. Su estreno en la Philippe Chatrier llegará el próximo domingo y hasta entonces quedan unos días para festejar, desconectar y volver a motivarse. El lunes y el martes estará en Murcia sin entrenar, el miércoles volará a París para atender compromisos como la presentación del torneo oun acto de Babolat y no volverá a coger la raqueta hasta el jueves. «Se qué todos los ojos ya miran a París, pero ahora me toca disfrutar de la victoria con la familia, los amigos y el equipo y tomarme unos días de descanso. Necesito asimilar lo que he hecho», reconoció.
FILIPPO MONTEFORTEAFP
Hubo preguntas sobre Roland Garros en todas sus entrevistas post-partido y en la rueda de prensa, pero es que incluso Sinner nombró la cita en la ceremonia de premios. En un diálogo de buen rollo pese al conflicto generado alrededor de la sanción del italiano -y la ausencia de mensajes de ánimos del español-, le soltó de primeras: «Definitivamente serás el favorito cuando vayamos a París, nos volveremos a ver allí». Quizá era estrategia, una manera de aumentar la presión sobre su rival, pero no dejaba de ser una certeza. «Ahora mismo eres el mejor en tierra batida», aseveró a continuación, otra verdad.
Los puntos decisivos
En el último año natural, Alcaraz ha dominado la arcilla con títulos en Roland Garros y los Masters 1000 de Montecarlo y Roma y finales en los Juegos Olímpicos de París y el Trofeo Conde de Godó. En la superficie que menos premia la potencia en el saque, su tenis poliédrico es inabordable si su mente no le falla. En el Grand Slam, aunque su margen es amplio a cinco sets, quizá pueda equivocarse en alguna ronda temprana, pero si alcanza los partidos decisivos se supone invencible .
En la final del domingo ante Sinner volvió a demostrar que hay días en los que levita. Todo se decidió en unos minutos en el desenlace del primer set y ahí llegó la magia. Hasta entonces, ambos jugadores marcaron sus fortalezas, el número dos del mundo con la derecha y el número uno con el revés. No se hacían daño, cada uno con lo suyo, a veces geniales ambos, a veces erráticos. El esquema de juego de Alcaraz pasaba por alargar los intercambios para molestar con bolas altas y la táctica de Sinner, mejor con su servicio, todo lo contrario. Pero con 6-5, el italiano alcanzó el 15-40 e deshizo la igualdad.
Alessandra TarantinoAP
El peligro era mortal para el español. Si fallaba, si se precipitaba, si no atinaba, llegaría su sentencia. Pero, al contrario, se abrazó a la tranquilidad, jugó, forzó a Sinner a que repitiera errores y salvó la situación. Entonces sólo quedaba el tie-break, donde clavó dos saques directos a la línea y dibujó una volea que merecía un marco. En ese mismo instante, Sinner se rindió: en el segundo set no hubo competencia. El título ya era de Alcaraz, su séptimo título de Masters 1000 y, si sumamos los cuatro grandes, su undécima final ganada de 12 disputadas.
«Estoy muy orgulloso de cómo he enfocado el partido mentalmente. Tácticamente todo ha ido bien, pero sobre todo no he tenido altibajos, me he mantenido en mi mejor nivel durante todo el partido», admitió el español al acabar el encuentro, con ganas de festejar y de volar de vuelta a casa para preparar Roland Garros a su manera.