Scariolo, frente a su primera final de cada verano

Scariolo, frente a su primera final de cada verano

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Scariolo protesta a los árbitros durante el partido ante Letonia.EFE

Ha llegado la primera final con f minúscula de cada verano para el Equipo Nacional de baloncesto masculino. En las horas previas del choque decisivo frente a Canadá, y dando por buena la reflexión filosófica de aquel norteamericano con pinta de oso que vino a Europa a desgana a mediados de los 80 para probarse un par de meses, y acabó no sólo siendo capitán de su equipo de baloncesto, sino entendiendo de jamón serrano como un paisano del Chamberí más profundo (“en España, tenéis un problema; los jugadores y los equipos, para vosotros siempre son tan buenos o tan malos como el último partido que juegan”), es muy probable que alguien a su alrededor haya realizado un comentario de este estilo: “vaya con Sergio Scariolo y sus chavales, parece que este año no son tan buenos, ¿no?”.

En los diferentes análisis nos encontramos con dos entornos muy evidentes: el primero es el del especialista en la estadística avanzada, para el cual la clave ha tenido que ver con un mal porcentaje en el tiro de campo, y sobre todo en el tiro libre, asociada a excesivas pérdidas de balón, con una selección de tiro muy mejorable en lo que llamamos el clutch moment (los dos últimos minutos habitualmente tan decisivos en un partido de baloncesto de alto nivel). Por tanto, la solución pasará por mejorar en todos esos aspectos del juego.

Los datos son los datos; y no hay manera de rebatirlos.

Ahora son ustedes Juan Núñez o Santi Aldama en estas horas previas: “¿qué tal, chavales, cómo va la cosa? Buff, hasta el partido con Letonia, inmejorable, pero creo que Sergio ha perdido un poco la confianza en nosotros para estos choques decisivos”. Ahí tenemos otro punto de análisis evidente. Frente a Letonia, España no manejó bien sus recursos humanos. Si damos por buena la reflexión de aquel oso de Chamberí, cuando se pierde siempre se podría haber evitado con otros jugadores en pista.

Pero el verdadero filósofo, el griego, el de toda la vida, nos avisó hace siglos que la virtud frente a cualquier análisis tiene mucho que ver con situarse en un punto medio. La victoria frente a Canadá, un equipo que parecía inabordable en la primera fase, y que llegará al partido con el mismo problema que nosotros (o gana se vuelve a casa), tendrá que ver con la mezcla compleja y muy de autor de ambos aspectos del juego; la pura estadística coral y la evidente presencia del bueno en el momento preciso.

Y es precisamente aquí, en esta presencia del jugador que te saca del problema, y del entrenador que es capaz de anticipar esa circunstancia, donde los aficionados españoles al baloncesto deberíamos al menos ofrecer el beneficio de la duda al profesional con mejor currículum de la historia de nuestro deporte; todo lo que apuntemos previamente, con nuestras filias y fobias (“¡entrenador; saca a los jóvenes”! fue el grito que inventado por el aficionado con la entrada más cara del antiguo Palacio de los Deportes, al que había que dar la razón como hacemos con cualquier cliente, porque casi nunca la tenía ni la tienen), debería quedar muy matizado por la confianza que este entrenador y su cuerpo técnico se han ganado a pulso estos últimos años.

“Deje de filosofar, y mójese un poco, que para eso le pagan”.

Cualquier profesional de este deporte, en las horas previas de un partido así, en un entorno así, con dos rivales así, sólo puede hacer un pronóstico medianamente lógico, ausente de toda visceralidad; Scariolo ha jugado este partido decenas de veces previamente; Jordi Fernández, el líder del equipo rival, se enfrenta a su primera vez. Ustedes mismos. Este que les escribe, no apostaría contra España. Por una cuestión de (deportivos) principios.

kpd