El mallorquín aún continúa recuperándose de la lesión que sufrió en el Abierto de Australia, mientras el murciano acabó el Masters de Miami con molestias.
Rafa Nadal y Carlos Alcaraz han anunciado este martes que no acudirán al Masters 1.000 de Montecarlo (del 9 al 16 de abril) . El mallorquín, que no ha vuelto a jugar desde que se lesionara en el Abierto de Australia,aseguró que aún no se encuentra preparado para “competir al más alto nivel”. Por su parte, el murciano desveló que terminó con molestias en las semifinales de Miami y tendrá que parar.
“No podré jugar en uno de los torneos más importantes de mi carrera, Montecarlo. No estoy aún en condiciones de jugar con las máximas garantías y continúo mi proceso preparación, esperando volver pronto”, afirmó Rafa Nadal en su cuenta de Twitter.
El mallorquín, que ha retrocedido hasta el puesto 14º del mundo lastrado por las lesiones que ha sufrido en los últimos meses, ya adelantó la pasada semana al entregar de premios de la Fundación que lleva su nombre en Palma que desconocía cuándo iba a regresar a las pistas.
A la espera de recuperar su nivel de juego, Nadal, que sufrió una lesión en el psoas ilíaco el pasado 18 de enero en el partido que le enfrentaba al estadounidense Mackenzie McDonald en la segunda ronda del torneo de Melbourne, sigue entrenando en las pistas de su academia de Manacor.
Poco después del anuncio de Nadal, llegó el de Carlos Alcaraz. El murciano desveló en su cuenta de Twitter que sufre molestias desde la derrota ante Sinner en las semifinales de Miami. A su regreso a España, visitó al doctor Juanjo Martínez y descartó su presencia en el Principado.
“Tengo una artritis postraumática en mi mano izquierda y molestias musculares en columna que necesitan de descanso para afrontar todo lo que está por venir”, escribió en su cuenta de Twitter.
Ya pueden gritar por injusticia. Ya pueden gritar de alegría. Porque lo visto en Balaídos no tiene término medio. Tras un terrible partido rojiblanco, Julián Álvarez, la estrella que reclamaba la parroquia colchonera, apareció para rematar un pase de Griezmann, que no había hecho nada en toda la noche. Verlo para creerlo. Aspas se agarraba la cabeza en el banquillo después de las clarísimas ocasiones que habían tenido y marrado. Quién sabe si iba a tener otra igual para ganar al equipo de su amigo Koke. [Narración y Estadísticas, 0-1]
Uno veía el saludo entre Iago Aspas y Koke y pensaba en que ya no les quedan muchas ocasiones de abrazarse. Hablamos de 1.165 partidos vistiendo la camiseta de su equipo entre ambos, 500 para el capitán celeste y 645, el rojiblanco. Casi nada. Para los nostálgicos será una pérdida irreparable cuando decidan retirarse pero, a sus 37 y 32 años respectivamente, parecía en Balaídos que a ambos les quedaba cuerda para rato.
Aspas ha recuperado su presencia en un ataque vigués que con Giráldez ha recuperado el vigor perdido en la época de Rafa Benítez, de la que pocos jugadores celestes quieren acordarse. Koke lo ha jugado casi todo este año y, cuando partió del banquillo, decidió aportar un gol, suerte poco habitual en su juego.
Y es que los rojiblancos necesitaban ganar para no perder el tren de cabeza, algo que, a juzgar por la historia entre ambos conjuntos, debía de producirse, como finalmente ocurrió. Toda vez que el Atlético no sólo ha ganado los seis últimos encuentros entre ambos, sino que lo ha hecho en cuatro de las cinco últimas visitas a Balaídos.
No obstante, el duelo de anoche fue un encuentro de poder a poder entre dos equipos que, esta temporada, buscan dominar el juego desde la posesión. El Celta lo hace desde la llegada de Giráldez y el Cholo sigue en su evolución de los últimos años apoyada en unos fichajes que son más técnicos que fajadores. Aunque Gallagher tenga un poco de todo para alegría de su entrenador.
Otro nombre propio del duelo de Balaídos fue el de Giuliano Simeone. Hacía casi 20 años que un Simeone no era titular con la rojiblanca. No obstante, la actuación del pequeño no fue la mejor. Defensivamente dejó bastante libre a su espalda a Carreira, que realizó varios centros peligrosos. Uno de ellos, en el minuto 10 de la primera parte, que Swedberg, con todo a favor, disparó a la derecha de la portería de Oblak.
Salvación de Oblak
Estuvo soberbio el cancerbero en un chut de Aspas a la base del poste. El esloveno puso una mano firme que se mereció el halago en el campo del delantero. "Vaya parada, chaval", se le entendió al celeste. Y aún hizo otra milagrosa a un remate a bocajarro de Borja Iglesias tras una gran jugada colectiva del Celta.
Cambió el Cholo a Koke por Julián Álvarez con el derbi en la mirilla y la necesidad de los tres puntos. No era el partido de Griezmann, pero lo mantuvo en el campo. El Atlético no había hecho ni un remate a puerta hasta el minuto 80. Abrió la lata Riquelme, que obligó a Guaita a hacer una gran parada. Y, cuando poco después perdonaba el Celta el gol de la victoria, picó La Araña. Menuda presentación para el derbi.
El ajedrez es un deporte mágico y complejo, también brutal, que se puede decidir en el último segundo, más aún cuando los nervios son el factor esencial. El drama vivido este jueves en Singapur, con los dos grandes maestros llorando por motivos muy diferentes, es el más grande que se recuerda en un Campeonato del Mundo. Como si necesitara aditivos. Gukesh Dommaraju, de 18 años, se ha coronado con una precocidad nunca vista en el tablero, con cuatro años menos que un mito como Garry Kasparov. Para ello tuvieron que ocurrir muchas cosas, que se resumen en una: Ding Liren, el vigente campeón, tiró la corona, la estampó contra el suelo en un único movimiento, cuando menos cabía esperar un desastre así.
Fue un error de principiante, en posición muerta, cuando todos los cronistas y aficionados se relamían ante la emocionante jornada del viernes, que ya nunca veremos, en la que se debían jugar las partidas rápidas de desempate. Nadie pensaba ya en otra posibilidad. La partida 14 transcurría plácida por los caminos esperados: ligera presión de las blancas, conducidas por Ding, quien por supuesto no quiso arriesgar. El gran maestro chino podía verse por primera vez ligeramente favorito en un ritmo de juego que le favorece más que el clásico, donde quizá hay demasiado tiempo para pensar.
Cualquiera que haya jugado al ajedrez sabe lo devastador que es perder una partida por un error tonto. Hacerlo en la partida decisiva de un Campeonato del Mundo supone un dolor inimaginable, sobre el que es preferible no hacer comparaciones porque mucha gente no lo comprendería. Ding Liren reconoció que tardó unos instantes en darse cuenta de su pifia monumental. Todos pudieron entonces ver a un hombre destruido. La partida siguió unos segundos, pero ya no había la menor esperanza para él. «No me arrepiento de nada. Di lo mejor de mí», acertó a decir en la rueda de prensa, de la que salió entre aplausos de admiración y compasión, porque todos intuyen el infierno por el que ha pasado el campeón en los últimos dos años, acosado por problemas de salud mental.
Gukesh: «Ding es un verdadero campeón»
Al otro lado del tablero, el aspirante tardó un poco más en derrumbarse, él de forma incontenible, pero feliz. «Es el mejor momento de mi vida», «el final de un viaje de diez años». Gukesh confesaba que había cumplido su sueño mucho antes de lo que cabía esperar. Hace nada veía estas competiciones desde fuera y, sentirse dentro por primera vez, en la primera partida, ya fue algo muy especial.
Las primeras palabras del indio fueron para reconocer la calidad de su rival, sin embargo: «Todos sabemos que Ding es uno de los mejores jugadores de la historia. Aquí he podido ver cómo soportaba la presión y era capaz de luchar a un altísimo nivel. Es un verdadero campeón. En los últimos meses no estaba en su mejor forma, pero ha venido aquí y ha luchado como un auténtico campeón. Lo siento mucho por él». Un día más, campeón y aspirante, ahora reconvertido también en campeón, han dado una lección de deportividad y de espíritu de lucha, dejando en evidencia a sus detractores.
Fue precisamente esa lucha constante la que le dio el premio inesperado a Gukesh. Él fue quien tuvo más problemas en la partida número 14, como suele ocurrir con las piezas negras. Logró resolverlos y, en lugar de buscar rápidamente las tablas, siguió presionando y haciendo las jugadas que podían prolongar un poco más la batalla, como ha hecho un día tras otro, con una tenacidad y una valentía que a la postre le han dado el título.
A su favor jugó que Ding se mostró demasiado ansioso por llegar al empate, hasta el punto de consentir entrar en un final con peón de menos, sabedor de que las tablas eran cuestión de técnica. Y técnica no le faltó, pero su cabeza, todavía lejos de su mejor estado, lo traicionó cuando parecía imposible que ocurriera. El menos confiado de los ajedrecistas, que siempre se apuraba de tiempo por su empeño en repasar todas las posibilidades, cometió un descuido imperdonable que entra en los libros de historia por la vía directa, sin trámites ni discusiones.
La caída de Ding
Este final del campeonato será aún más recordado que su mayor momento de gloria, aquel final contra el ruso Nepomniachtchi, en abril del año pasado. No han pasado ni dos años, pero en la vida de Ding ha supuesto un viaje mucho más largo que el de Gukesh, del cielo al infierno. Ojalá se recupere y siga jugando, como prometió.
FIDE
Sobre el tablero, si acaso importa un análisis final, Gukesh D fue capaz de hacer las mejores jugadas, pero Ding entendió mejor que el ajedrez es un juego de planes y estrategia. Se vio sorprendido una y otra vez por la preparación de su rival y, sin embargo, fue capaz de desactivarla luego sobre la marcha. No le sirvió de nada, porque en toda competición el mayor nivel intervienen otros factores, pero demostró que, incluso herido, puede competir al mayor nivel.
De Gukesh se esperan ahora grandes cosas e incluso la consecuencia indirecta de poder ver un duelo contra Magnus Carlsen, si el número uno considera que el reto está a la altura. El indio solo tiene 18 años y está aún lejos de su mejor nivel, por lo que quien quiera derrocarlo haría bien en darse prisa. Dentro de dos años sabremos quién es el próximo aspirante para un título que vuelve a la cuna del ajedrez, al lugar donde Vishy Anand, primer campeón indio, creó una tradición que tiene visos de seguir viva durante mucho tiempo.