La Policía Nacional ha tenido que dispersar a un grupo de aficionados radicales del Barça que provocaron algunos incidentes en el centro de Sevilla. Los seguidores azulgranas, con cánticos, material pirotécnico y bengalas, tomaron la calle Laredo, cercana a la Plaza de San Francisco y generaron un ambiente de tensión que hizo intervenir a las unidades de antidisturbios que vigilan la ciudad ante la final de Copa del Rey de esta noche en el estadio de La Cartuja.
Los incidentes no fueron a mayores, salvo por el riesgo que generó la aglomeración, pero hubo otros puntos calientes del centro de la capital donde se registraron incidentes que acabaron con un detenido, según confirmó la Subdelegación del Gobierno en Sevilla. Un aficionado del Real Madrid resultó herido, con la nariz rota, en una pelea con aficionados del Barça, que fueron amplia mayoría por las calles de la ciudad desde primera hora de la mañana.
Las camisetas azulgrana llenaron terrazas y calles, mientras que el goteo de madridistas, con un viaje más cómodo, fue constante. Se prevé que hoy en el estadio haya 30.000 aficionados en las gradas de cada equipo.
Estarán vigilados por un dispositivo de más de 2.000 personas, de ellos 1.400 de la Policía Nacional y 230 de la Policía Local, con especial atención a las fan zone y a los accesos al estadio, pero también custodiando desde primera hora en la zona monumental de la capital hispalense.
No hay peor invasión que la esperada. Ésa fue a lección que aprendió Italia en su debut en esta Eurocopa. La campeona tuvo que revolverse para domesticar a una Albania descarada que le buscó problemas hasta el último suspiro. Tuvo que tirar de oficio y de templanza para amansar la alegría feroz que desató a los 23 segundos Bajrami con un gol que enloqueció a un estadio teñido de rojo. Albania en su segunda Eurocopa deja para la historia el gol más rápido de la competición. [Narración y estadísticas (2-1)]
El puñetazo lo dio el jugador del Sassuolo aprovechando un incomprensible error en un saque de banda de Di Marco que cogió desprevenido a Bastoni. Fusiló a Donnarumma y corrió a fundirse con una grada enloquecida. 23 segundos para recordar, celebrar y después pensar que había que hacer más para enterrar a Italia.
No podían los azurri rendirse tan pronto. No lo pueden permitir. Recordaron las palabras de Spalletti: son héroes y no se les perdona un tropiezo. No todavía. No ante una selección que no pasa de aseada. Por eso fueron emergiendo uno a uno para enmendar el mal arranque y no tardaron en lograrlo. Quienes erraron se redimieron. Di Lorenzo sacó en corto un córner buscando a Pellegrini que la puso al segundo palo para la entrada letal de Bastoni. Todo empezaba de nuevo y, esta vez, ya no se querían dejar sorprender.
Costuras defensivas
Italia se arremangó y, en cinco minutos, sacó parte de su el talento para darle la vuelta. Lo hizo Nicolo Barella con un golpeo mágico desde la media luna del área. Era la duda que torturó en la últimas semanas a seleccionador y dejó claro que, sin estar en su mejor momento físico, no se entiende esta Italia sin él. Los dos goles habían enseñado las costuras defensivas de Albania, que no podía jugársela sólo a cazar una contra.
Los italianos fueron gobernando el juego con los minutos. Se agigantó el joven Calafiori iniciando y saltando líneas con descaro. Jorginho, Pellegrini, Barella y Chiesa atascaban en su cuadrado a Ramadani y Asllani y arriba Scamacca se convirtió en una fiera. Obligó a lucirse a Strakosha para desviar a la base del poste su disparo y, cuando le rodearon, se mostró generoso abriendo segundas jugadas a sus compañeros. Le costó a Albania volver a asomarse al área de Donnarumma mientras el azul que no dominaba la grada se decicaba a hacer rondos en el césped sin que Silvinho pudiera sacar a su equipo del congelador. Probó Asani, pero también a Pellegrini no alcanzó a cabecear la enésima asistencia de Scamacca.
Sin nada que perder refrescó Albania su frente de ataque tras el descanso y se encontró con una Italia resabiada, sí, pero con un marcador demasiado corto. Y entonces aparecieron las dudas. Las acrecentó Manaj tímidamente primero a Donnarumma y después burlando a Calafiori y obligando al portero a desviarla con el costado cuando la pelota lloraba hacia la portería. A falta de fútbol, el oficio tenía que ser suficiente para aguantar los tres puntos aunque, una vez más, sea aprentado los dientes.
Mateo y Jara también ganaron el Mundial de Australia y Nueva Zelanda, aunque no aparecieran en las fotos oficiales con el trofeo. Fueron el primer gran triunfo de las jugadoras de España, que lograron algo inédito hasta entonces: poder estar acompañadas por sus hijos en las largas concentraciones de estos torneos. En Suiza no está Jara -porque no está su mamá, Ivana Andrés- pero sí Mateo. Su madre, Irene Paredes, capitaneará a España en la semifinal ante Alemania y él será el único hijo de una futbolista. Entre las 92 jugadoras -españolas, inglesas, alemanas e italianas- no hay ninguna madre que pueda beneficiarse de una lucha que ha sido global.
En el hotel Royal Savoy de Lausana él es la alegría de la concentración. La RFEF acordó en mayo de 2023 crear un fondo económico para el desplazamiento de familiares directos a los torneos y, en especial, para que las jugadoras con hijos menores de tres años pudieran compartir tiempo diario de calidad con ellos durante las concentraciones. Mateo está con su otra mamá, Lucía Ybarra, ex jugadora de hockey internacional, en otra zona del hotel, pero tienen un espacio para encontrarse con Irene con comodidad, con juegos, pequeños cochecitos azules y dibujos para colorear, entre ellos el de un león que ya han acabado. «Nos hemos preocupado mucho por que sea un espacio muy accesible para las jugadoras, en este caso para Irene. Que lo tenga cerca y que no tenga que perder tiempo en ir a otro hotel, porque eso no es conciliación», explica a ELMUNDO Reyes Bellver, la directora de Fútbol Femenino.
Es un logro que ya disfrutaron las alemanas durante la Eurocopa 2022, cuando la actual guardameta del Wolfsburgo, Almuth Schult, estuvo acompañada por sus gemelos. Ella, junto a la ex madridista Melanie Leupolz y Tabea Sellner fueron las tres futbolistas que apostaron por la maternidad gestante. Las tres están ahora retiradas y nadie en la selección germana les ha tomado el relevo.
¿Por qué se aplaza la maternidad?
La razón de por qué las jugadoras no tienen hijos hay que buscarla en una combinación de factores. El primero, la edad. En la Unión Europea, la media de edad a la que las mujeres deciden vivir su primer embarazo estaba en 2023, según el Instituto de la Mujer, en 31 años. Cada vez se retrasa más la maternidad. En Alemania se acercan a esa cifra e Inglaterra la tiene en 30 años, pero en España e Italia aún se eleva más: 32 años y medio. Cuando el promedio de las jugadoras de estas cuatro selecciones no alcanza ni los 28 años de las italianas y se rebaja a menos de 26 en las alemanas, no es extraño concluir que no sienten que ha llegado su momento para tener hijos.
Irene Paredes, con su hijo Mateo en el Mundial de 2023.I. PAREDES
La élite lo complica todo. La exigencia física, anímica y el saturado calendario de competiciones, que obliga a continuos viajes, hace que muchas esperen al final de sus carreras. «Será otro capítulo emocionante de mi vida», reconocía la británica Alessia Russo en declaraciones a la BBC. «Hay quien espera a terminar su carrera para quedarse embarazada. Y a mí me parece una pena, porque en otro trabajo te quedarías embarazada antes. Pero ves la hostilidad de la situación... El embarazo se asocia a tener una lesión o peor, porque lo estás eligiendo. Si te rompes el cruzado es qué pena, y si te quedas embarazada, te juzgan», decía Irene Paredes en Mother&Footballer, un podcast realizado por el FC Barcelona.
«Debería tener un hijo y volver a jugar?»
La inglesa Ella Toone, que tiene un novio con un hijo, puso sobre la mesa ese debate antes de esta Eurocopa. «¿Debería tener un hijo y volver a jugar? ¿Podré volver? ¿Y si trato de tener éxito y luego dejo el fútbol?», se preguntaba en voz alta por cuestiones que rondan la cabeza de las jugadoras. No siempre es fácil volver de la maternidad si está en la élite.
«Se confía más en una jugadora lesionada que en una que regresa de una baja por maternidad», reflexionaba la alemana Almuth Schult, que en 2024 tuvo su cuarto hijo y sigue en activo. No siempre es así de fácil. El ejemplo español es Marta Corredera, que tuvo un embarazo complicado cuando era jugadora del Real Madrid y ha confesado muchas veces que se sintió «abandonada».
Y es que el trabajo para facilitar que las jugadoras puedan tomar una elección personal está en los clubes. Las selecciones visibilizan, aunque cueste cada vez más que haya madres en activo.