Durante casi una hora, Pau Echaniz estuvo sentado en una silla de plástico, al cobijo de una carpa de plástico, mirando la tele. A los 23 años, en su debut en unos Juegos Olímpicos, fue el primero en bajar a la final del K1 slalom, completó el recorrido del canal de Vaires-sur-Marne por una línea casi perfecta, a una velocidad vertiginosa, con la serenidad de los veteranos y se relajó viendo qué hacían sus rivales. Estaba tranquilísimo, una dulce tarde de verano en un pueblito floreado cerca de Disneyland. Ya no se jugaba casi nada. Si le superaban los rivales, chapeau, se podían marchar a casa con su diploma olímpico orgulloso del trabajo hecho, ¡menudo tiempazo! Y si nadie mejoraba su tiempo, ¡ay!
Poco a poco se acumularon los fallos, del vigente campeón olímpico, el checo Jiri Prsacek, del vigente subcampeón, el eslovaco Jakub Grigar, y así otro y otro y otro hasta que Echaniz miró abajo y descubrió que ahí, todavía sentado en la silla de plástico, aparecía un bronce colgado en su cuello. Sólo otros dos veteranos como el italiano Giovanni De Gennaro y el francés Titouan Castryck consiguieron superar su registro y lo hicieron por un pelo: los tres acabaron con los mismos segundos en el marcador, 88 segundos, y eso que Echaniz tocó una puerta.
Echaniz muerde la medalla de bronce.BERTRAND GUAYAFP
En otras circunstancias, con más experiencia, quizá en los próximos Juegos, Los Ángeles 2028, el español quizá hubiera maldecido la puerta 19, casi al final del recorrido de 23 puertas, que le costó el oro. Pero este jueves estaba eufórico. En cuanto acabó el último de los 12 participantes de la final, Echaniz se fue a abrazar a su padre, Xabi Etxaniz, y su madrastra, Maialen Chourraut, que no sólo le animaron durante todo el recorrido, también le gritaron, aplaudieron, enloquecieron. Tan tranquilos siempre en las tres medallas de Chourraut, con el pequeño Pau, vivieron una de las mayores alegrías de su vida, sin duda. En el pantalán del canal de Vaires-sur-Marne, bajo un sol de justicia, le abrazaron con todas sus fuerzas y recordaron cuando era un crío y cogía su primera pala, ¿Qué podía haber hecho si no?
En 2021, cuando ya había amasado un notable palmarés en categorías inferiores, Echaniz decidió mudarse a vivir al País Vasco con su padre, su madrastra y su hermanita, Ane, y desde allí impulsó su carrera. Estudiante de moda en la Escuela de Innovación Profesional de San Sebastián, de repente se sucedieron los logros: de clasificarse para los Juegos, a meterse a semifinales, cruzar a la final con el último tiempo y allí, un bronce. La medalla que no pudo conseguir Chourraut el pasado domingo ya es de Echaniz, todo queda en familia.
Mundial de atletismo
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado especial
@javisanchez
Budapest
Actualizado Martes,
29
agosto
2023
-
17:16La estadounidense, corredora de 1.500 metros, es la primera transgénero...
El pasado domingo de Ramos Carlos Alcaraz pisó de nuevo la tierra batida del Real Club de Campo de Murcia. Las mismas pistas donde aprendió a jugar de niño, la gente de toda la vida paseando por allí. Fue un momento simbólico. Aquí empieza todo. Otra vez. La gira europea de arcilla arranca este martes en el Masters 1000 de Montecarlo para elevar al español en la historia o ahondar en su crisis y lo hace con un dilema: ¿Jugar cuatro torneos consecutivos o reservarse para Roland Garros? La duda ronda a Alcaraz y a su equipo con argumentos para ambas opciones.
«En principio, siempre partimos con la idea de jugarlo todo, de hacer la temporada completa. Si las cosas hubieran ido mejor en Miami, se habría saltado Montecarlo», reconoció su entrenador, Samu López, días atrás en una entrevista concedida a Eurosport y admitió así que el calendario ideal no es el actual. Ahora mismo el número uno está confirmado para jugar esta semana en Mónaco, la semana próxima en el Trofeo Conde de Godó de Barcelona, las dos siguientes en el Mutua Madrid Open y dos más en el Masters 1000 de Roma. Un mes y medio sin descanso, hasta el 17 de mayo. Nadie nunca lo ha ganado todo, pero si lo hiciera jugaría 22 partidos en 40 días. Una barbaridad, más teniendo en cuenta los precedentes.
«Internamente sabíamos cómo llegábamos a Miami. [Alcaraz] tiene que tratar de controlar esos impulsos que él tiene, pero más allá de eso, es una forma de expresarse y quitar tensiones. No hay que darle más importancia», comentó López sobre la desesperación de Alcaraz en su último partido, la derrota ante Sebastian Korda, que mostró la necesidad de parar más. Si el español intenta disputar las cuatro competiciones podría agotarse mentalmente de nuevo de camino al segundo Grand Slam de la temporada o, lo que es peor, romperse.
La presión de Sinner
El año pasado venció en el Masters 1000 de Montecarlo, llegó al límite a la final del Godó y allí sufrió un tirón en el muslo derecho ante Holger Rune que le impidió jugar en Madrid. Para su fortuna después pudo encarar Roma y Roland Garros, pero el riesgo asumido fue alto. Un año antes, en 2024, solo pudo jugar en el Mutua por culpa de una lesión en el brazo derecho, en 2023 renunció a Montecarlo y en 2022 no fue a Roma. Esta temporada la idea era no presentarse en el Principado, pero la derrota en Miami le obliga a hacerlo y a mantener la incertidumbre. Sobre la mesa, ahora, están las opciones de saltarse el Godó para descansar pronto o de esperar a ver qué pasa y apartarse más tarde de Roma.
EFE
La aritmética del ranking ATP es despiadada. En esta gira de tierra batida, si se cuenta Roland Garros, Alcaraz defiende 4.330 puntos por los 1.950 de Jannik Sinner y actualmente cuenta con 1.190 puntos de ventaja. El margen de error es mínimo. Después de vencer en los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, Sinner depende de sí mismo para volver al número uno en Montecarlo, donde reside. Si es campeón del torneo regresará a la cima haga lo que haga Alcaraz. Para llegar a París como el mejor tenista del planeta, el español necesita retener el título y seguir adelante; un torneo más, un partido más.
En toda la gira, Alcaraz solo puede sumar puntos en el Conde de Godó por su derrota en la final del año pasado y en el Mutua, por su ausencia. El resto es defender lo conquistado en el extraordinario 2025, es decir, Montecarlo, Roma y Roland Garros. Pero ser número uno no sirve de nada si se lesiona antes incluso de presentarse en la pista central Rafa Nadal de París.
Los cuatro Grand Slam de este año
Bien lo sabía precisamente Nadal. El ganador de 20 Grand Slam pudo dominar la gira de tierra batida al completo, pero también tuvo que parar. En 2010, ganó Montecarlo, Madrid, Roma y Roland Garros. Cuatro títulos sobre arcilla en una misma temporada. Nadie lo ha repetido desde entonces. De hecho, nadie lo había logrado antes: es el único jugador en ganar los cuatro grandes torneos de tierra batida en la misma temporada. Pero incluso él afrontó renuncias. Ese año se saltó el Godó -donde fue 12 veces campeón- para preservar su cuerpo.
La ambición de Alcaraz, que estando sano rara vez ha desistido de nada, empuja a jugarlo todo, pero su técnico, Samu López desveló cuál es el objetivo de máximos este curso: «Soñar es legítimo, siempre con los pies en la tierra. El sueño sería ir a por los cuatro Grand Slam en una misma temporada. Es ambicioso, pero posible». La gira de tierra batida empieza este martes en Mónaco para Alcaraz, pero el dilema ya ha empezado.
En 2007, en la borrachera aperturista que para China supusieron los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el Gobierno entonces presidido por Hu Jintao presentó su proyecto estrella para el Everest. Primero construiría una autopista hasta el campo base norte de la montaña más alta del mundo y, después, un hotel con spa, un museo y un helipuerto. A 5.150 metros de altitud, una ciudad de vacaciones. Los vaivenes políticos en el país y las protestas en el Tíbet entre 2010 y 2012 hicieron que los planes se encogieran -ni siquiera se puso la primera piedra del resort-, pero igualmente se asfaltó una pista desde la ciudad de Shigatse hasta los pies del Himalaya. ¿El resultado?
El pasado viernes, una tormenta sorprendió a más de 500 senderistas en los caminos entre el Everest y el Cho Oyu, y durante varios días se realizaron labores de rescate, con un fallecido que lamentar. Fue una tragedia, una concatenación de adversidades, pero sobre todo fue la demostración de que no hace falta hollar el techo del mundo para estar en peligro. Basta con acercarse.
«China construyó infraestructuras con la intención de controlar el Tíbet, empezó a llevar allí a vivir población de la etnia mayoritaria y a montar una especie de parque temático turístico alrededor del Everest, el Cho Oyu, el Makalu y el Lhotse, los cuatro 'ochomiles' de la zona. En festividades como la Golden Week, su Semana Santa, miles de senderistas chinos sin experiencia ni aclimatación se plantan a 5.000 metros de altitud con un cortavientos y unas zapatillas de ciudad. Y luego caen dos metros de nieve en una tormenta y pasa lo que pasa», cuenta Sebastián Álvaro, montañero, escritor y director de Al filo de lo imposible en TVE durante 27 años, que conoce bien la zona porque allí rodó un documental sobre la mítica expedición de George Mallory y Andrew Irvine en 1924.
DEPARTAMENTO DE BOMBEROS DEL TÍBET.EFE
Según sus cálculos, las informaciones oficiales que hablan del rescate de cientos de personas en apenas 48 horas tienen que ser imprecisas porque «allí no hay equipos de alta montaña». «Nunca sabremos qué ha ocurrido de verdad», apunta. «Desde Tingri, el poblado más cercano, enviaron a unos cuantos bomberos que no tienen experiencia y que están superados por toda la gente que acude al campo base norte del Everest», analiza Álvaro. Y los datos le dan la razón.
Medio millón de visitantes
Tal y como se vanagloria el propio Gobierno chino, el año pasado se superó por primera vez el medio millón de visitantes en lo que llaman la «zona escénica del Everest», una cifra exagerada. Aunque tiene una superficie que duplica la española, el Tíbet apenas cuenta con tres millones de habitantes y sus servicios públicos son mínimos. No hay cifras de accidentes -mucho menos de fallecidos- pero es muy posible que haya habido desgracias anteriores en la región.
AFP
Lejos de la indignación mundial que provocan las colas en el techo del mundo, en los últimos años se han multiplicado las caminatas alrededor de la base y, con ellas, los peligros. «En el lado chino del Himalaya hay un altiplano que apenas tiene vegetación y en las agencias de turismo del país se vende como una zona amable para hacer caminatas. Los chinos van allí con muy poca conciencia y muy poca preparación. Y, de repente, se encuentran a 5.000 metros. Hay que pensar que el pico más alto de la Unión Europea es el Mont Blanc, que tiene 4.800 metros», subraya Sergi Unanue, dueño de la agencia Mundo Recóndito, vecino de Pekín durante un año y autor del libro Un sendero entre las nubes, sobre la Gran Ruta del Himalaya. «Hay un riesgo muy evidente al hacer que zonas tan extremas del mundo sean tan accesibles. De la parte china no se habla tanto porque no viajan tantos extranjeros, pero también ocurre en la parte nepalí», añade Unanue.
Mover el campo base, misión imposible
En el sur del Himalaya, en Nepal, también se ha intensificado la actividad a los pies de las grandes montañas, aunque no se han lamentado tragedias desde la avalancha que en 2015 causó la muerte de 22 personas en el campo base sur del Everest. Cada año se informa de entre tres y cinco fallecimientos por edemas cerebrales causados por el mal de altura, pero la siniestralidad es baja si se tiene en cuenta que anualmente unos 30.000 montañeros visitan la zona. Aunque ya son muchos, en Nepal difícilmente se vivirá la turistificación extrema que se da en China. Los presupuestos de los dos países no tienen nada que ver, la orografía de ambas zonas es muy distinta y los turistas proceden de lugares diferentes.
En la zona nepalí, mientras las agencias de viajes que dirigen los sherpas consideran que el negocio está en las alturas, los trekkings al campo base sur son mayoritariamente organizados por compañías extranjeras y sus clientes llegan más preparados. Suelen estar bien informados, contar con consejo y ayuda de estas empresas en cuanto a material o comida y normalmente invierten tiempo suficiente para aclimatarse -entre 10 y 12 días para hacer la ruta-.
Este invierno, el Gobierno de Nepal, presidido por Ram Chandra Poudel, anunció que había acabado la llamada «autopista al Everest», y numerosos medios internacionales así lo publicaron, pero no dejaba de ser una pista entre Katmandú y Surke, cerca de Lukla, un trayecto que los turistas ya solían hacer en avioneta. En principio, la zona es más segura, aunque la amenaza se cierne sobre el campo base sur en forma de deshielo. Por culpa del calentamiento global, el glaciar de Khumbu sigue fracturándose y eso aumenta el peligro sobre el campamento. Hay un proyecto para moverlo 300 o 400 metros más abajo, pero falta presupuesto y logística. No hace falta hollar el techo del mundo para estar en peligro. Basta con acercarse.