Un éxito. Parece que no, pero es un éxito. El sueño de volver a Fernando Alonso en la pole no puede ocultar el éxito que supone que este domingo (16.00 horas, DAZN), en la primera carrera del Mundial en Bahréin, saldrá en quinta posición, sólo por detrás de los Red Bull y los Ferrari. Unos meses atrás, cuando fichó por Aston Martin, la escudería británica contaba con el penúltimo coche de la parrilla; hoy es el tercer monoplaza más rápido, por delante del Mercedes.
En unos meses Alonso y su equipo han conseguido colocarse a las puertas del podio y esta temporada lucharán por subirse a él en varias ocasiones. No es el cielo, pero casi. Es un éxito, un éxito a celebrar.
Más cuando las diferencias de Alonso con los mejores fue escasa, pequeña, hasta diminuta. Como la temporada pasada, Max Verstappen voló, otra pole, un tiempo vertiginoso y su compañero, Checo Pérez, se colocó justo, pero Charles Leclerc, tercero, sólo fue tres décimas más veloz que el dos veces campeón y Carlos Sainz necesitó una última vuelta de nervios para arrebatarle el cuarto puesto.
A Alonso le lastraron los nervios de la Q2, que le obligó a utilizar un juego nuevo de neumáticos blandos, y sólo tuvo un intento de vuelta rápida, en el ecuador de la Q3. Con otro intento quizá hubiera podido desafiar al crono, pero igualmente estaba feliz, feliz, feliz.
“Muy bien, muy bien, la verdad es que muy bien. Cuando pasaba la Q1, la Q2, no me lo acababa de creer, esperaba el golpe de realidad, pero realmente estamos ahí. Aún hay que pellizcarse. Cuando firmé por Aston Martin la cosa pintaba peor, en los test invernales todo iba bien, pero comprobarlo aquí es casi un sueño”, explicaba el español en la zona mixta del circuito de Bahréin.
Alexander Zverev arrastra un problema de confianza. A sus 28 años sigue siendo un tenista capaz de ganar un Grand Slam: mantiene la derecha, el revés, el servicio, la movilidad e incluso la inteligencia táctica; todavía tiene mucho a su favor, pero está siempre a punto de romperse. Carlos Alcaraz y, especialmente, Jannik Sinner —que le ha derrotado cuatro veces este año— le han robado la esperanza y transita por la pista sin creer que puede. Si le dicen que va a ganar un torneo grande, mira para otro lado. Su juego le mantiene en las grandes citas, pero cuando llegan los momentos decisivos se deshace.
El pasado miércoles ya le ocurrió ante Sinner: tuvo siete opciones de break, pero no se creyó ninguna y cayó en dos sets. Y ayer le pasó lo mismo ante Félix Auger-Aliassime. Disfrutó de oportunidades para la ruptura, en este caso cuatro, y falló en todas para perder por 6-4 y 7-6(4) en dos horas de juego. En los últimos puntos el alemán se desesperaba, gritaba, como ya había hecho en otros tramos del partido: de nada le sirvió.
Antonio CalanniAP
En semifinales, así, el rival de Alcaraz será Auger-Aliassime, un adversario complicado. Los precedentes sirven para lo que sirven: el español ganó en los últimos cuatro enfrentamientos, pero el canadiense se impuso antes en los dos únicos partidos disputados en las condiciones actuales, es decir, en pista dura bajo techo. En todo caso, es información no muy útil.
Auger-Aliassime fue un jugador tanto o más delicado que el actual Zverev, y ya no lo es. Esta temporada, el ex pupilo de Toni Nadal ha encontrado la continuidad que le faltó en otros cursos. En el pasado US Open alcanzó las semifinales, donde llegó a arrebatarle un set a Sinner, y también le peleó al italiano la final del pasado Masters 1000 de París. Alcaraz es favorito, pero Auger-Aliassime se presenta con la tranquilidad de quien ya lo ha hecho todo este año, todo en el presente torneo.
De hecho, pase lo que pase, el próximo lunes ascenderá hasta el número cinco del ranking ATP, su mejor posición de siempre, sólo por detrás de los grandes dominadores: el endeble Zverev y Novak Djokovic. Puede ser incluso el nuevo líder de la generación perdida que intenta plantar cara al nuevo Big Two.
Un año, un tenista. Carlos Alcaraz vive de ambiciones históricas, como el recuento de Grand Slam, pero no escapa del simbolismo de acabar una temporada en el número uno del ranking ATP. Este 2025 es suyo, ya lo es. Fue el mejor en determinados momentos -la remontada de Roland Garros, el dominio en el US Open-, pero también fue el mejor en general. Más de una vez proclamó que la lista mundial y sus puntos no le importaban, pero sólo apartaba tanta exigencia. Es un éxito importante. Un éxito reivindicativo.
Hasta ahora le sobrevolaba una crítica a su regularidad: un genio intermitente, el asombro que no dura. Pero este curso ha acabado con la misma. Después de derrotar a Lorenzo Musetti por 6-4 y 6-1 en el último partido de la fase de grupos de las ATP Finals, Alcaraz se aseguró acabar el año en lo más alto del ranking mundial y confirmó su camino como leyenda. Si llega o no llega a las cifras de quienes le precedieron, ya no se podrá decir que fue por inconsistencia.
Antes sólo una vez había cerrado una temporada como número uno, y fue muy distinto. Fue el 2022 del descubrimiento. Era un adolescente impactando al mundo. Ahora este 2025 es otra cosa. Sigue siendo joven, por supuesto, pero ya no es una promesa: es quien manda. Sólo su histórica rivalidad con Jannik Sinner puede poner un asterisco: el italiano faltó tres meses -aunque lo hizo por dopaje-. En todo caso, esa duda también tiene solución
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Este domingo, Alcaraz y Sinner podrían enfrentarse en la final de las finales y, con todo a favor para el italiano -la pista y el público-, una victoria del español sería definitiva este curso. Antes, ambos deberán pasar las semifinales, pero... ¿quién puede derrotarles? El sábado, Sinner se medirá a Alex De Miñaur, su víctima preferida -el balance entre ambos es 12-0-, y Alcaraz, al vencedor del duelo entre Alexander Zverev y Félix Auger-Aliassime. En otras circunstancias los dos serían adversarios considerables en una superficie dura bajo techo, pero en este torneo, el número uno es realmente el número uno.
El público italiano, muy en contra
«Esto significa un mundo para mí. Si soy sincero, al principio de año me parecía un objetivo muy difícil, muy lejano, pero conforme avanzaba la temporada lo veía más cerca. Torneo a torneo me acerqué a Jannik en el ranking y al final he podido conseguirlo. Estoy muy orgulloso de mí mismo y de mi equipo», comentaba tras el partido Alcaraz, que este viernes recibirá el trofeo que le acredita como el triunfador del curso. Ante Musetti no dejó duda de que lo era.
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Aunque los nervios le agarrotaron, en los instantes clave supo abalanzarse sobre el triunfo como debía. En el primer set, en la primera media hora, sumó más errores de los deseados, pero se centró en mantener su servicio frente a un rival que hizo más cosas de lo habitual. Musetti corrió más, atizó más con su derecha, subió más a la red; en definitiva, buscó el éxito.
Tampoco le funcionó. Alcaraz estaba decidido a clausurar el ranking ATP del año y aprovechó sus debilidades. Ninguno de los dos había disfrutado de oportunidades de break cuando, con 5-4 en el marcador, el español se agigantó en la pista para hacerse con el primer set y, en realidad, con todo el partido. Incluso se pudo permitir el lujo de fallar una bola de set: resolvió con la segunda. Al acabar el encuentro, su celebración enrabietada guardaba la tensión por su lucha con Sinner en la lista mundial y, al mismo tiempo, la incomodidad sufrida durante el partido.
Pocas veces se vio Alcaraz en una situación así; pocas veces existió algo parecido en la historia de las frías ATP Finals: el público estaba encendido en su contra. En el calentamiento de la tarde ya escuchó tímidos silbidos, un leve abucheo, pero durante el partido la afición italiana se volcó en todo momento con Musetti y no dudó en abroncar al español cuando tuvo oportunidad. Celebraba sus errores tanto o más que los aciertos del italiano. «Lorenzo, Lorenzo, Lorenzo», y así hasta el último punto. No era grave -podía recordar el último Masters 1000 de Roma, cuando derrotó a Sinner en un ambiente similar-, pero era extraño. En todo caso, tampoco cambió nada: este 2025 es, de todas todas, de Alcaraz.
«¿Te cuento la verdad? Hay un año de mi vida que apenas recuerdo. Sé lo que me han explicado: que me desperté en el hospital y no podía hablar o que no identificaba los números de los relojes. Tuve que reaprender muchas cosas. Pero yo no lo recuerdo. Sufría muchísimos mareos, tenía sensibilidad a la luz, fue un año durísimo. Y hoy en día me quedan secuelas, no me he curado. Me medico cada día y hago vida normal, pero sin la medicación volverían los mareos».
Michael Mawn habla de la lesión cerebral que sufrió hace ocho años y cualquiera diría que ahora tiene un empleo tranquilo. A las nueve de la mañana se sienta ante un ordenador y se levanta a las cinco de la tarde. Pero no es así. Mawn, estadounidense de 25 años, es snowboarder y no sólo eso, es un especialista en el freeride, es decir, en el descenso fuera de pistas. En 2022 y 2023 ganó la prueba del Freeride World Tour (FWT) de Baqueira-Beret y en los próximos días buscará una tercera victoria en el valle de Arán. Otro golpe en la cabeza sería realmente crítico para él, pero asegura que en su especialidad se siente seguro. El accidente que le causó tantos problemas tuvo lugar cuando competía en halfpipe, la disciplina que en España popularizó Queralt Castellet, y ahora ya no necesita hacer tantas volteretas en el aire, aunque sigue haciendo.
En busca de la seguridad se pasó al snow fuera de pistas. Es una decisión osada, sin duda.
Es verdad. Mis amigos se ríen de mí cuando lo cuento porque es un poco loco. Pero es así. En el halfpipe siempre tienes que ir al límite, buscar el truco más difícil, y en el freeride, aunque las bajadas son complicadas, también se juzga el control o la técnica. Hay otros peligros, pero los saltos son más seguros.
«Quizá haya gente que piense que soy un inconsciente, pero no es así. Desde la lesión mi toma de decisiones es muy distinta. No me puedo permitir otra contusión cerebral. Si hay un acantilado por el que no debo saltar, no salto. Hay riesgo al hacer snow fuera de pistas, pero es un riesgo que sólo asumo cuando me siento preparado físicamente y mentalmente. Llevo varios años en el circuito mundial y puedo decir que no. Eso sí, cuando es mi día, lo tengo clarísimo».
Su faceta de empresario
Mawn creció en Denver, en el centro de Estados Unidos, y empezó a esquiar en estaciones como Aspen, pero pronto se pasó al snow para imitar a su hermana mayor. Después del accidente en el halfpipe, se centró en los estudios y se graduó en Negocios en la Universidad de Montana, pero tan cerca estaba su facultad de la nieve que... Hace cinco años se profesionalizó como uno de los protagonistas del FWT y así sigue, aunque nunca ha abandonado la rama empresarial. Ha creado dos start-ups, Posted Campus y Standby, y aún trabaja en ellas. De hecho, Standby, una plataforma que conecta negocios de hostelería con empleados, ya ofrece sus servicios en seis estados. «Combinar el trabajo con la competición a veces es difícil, pero también es muy interesante. Lo he hecho siempre, desde que estaba en la universidad, así que lo tengo muy normalizado. Sólo lo lamento si estoy compitiendo en Europa y se me complican los horarios», admite Mawn en conversación con EL MUNDO desde Baqueira, donde ya lleva unos días instalado.
¿Por qué se le da bien Baqueira?
Si te soy sincero, no lo sé. Es una montaña que me encanta. Antes de ganar aquí en 2022 ya pensaba que podría pasar una temporada viviendo en Baqueira. Veo a la gente muy tranquila aquí, disfrutando de la vida. Además, el ambiente de la competición es único porque los aficionados pueden estar muy cerca de la bajada y los escuchas. Eso no pasa en la mayoría de pistas del FWT.
En el freeride la organización propone una bajada y cada competidor puede realizarla libremente, sin señalizaciones ni límites de pista. No gana el más rápido, si no quien lo hace mejor. O mejor dicho más guapo. Del 0 al 100 los jueces valoran la línea escogida, el control, la técnica, la fluidez y el estilo en el aire. En Baqueira-Beret la prueba se desplaza hasta el Tuc de Bacivèr, al este del Pla de Beret, donde debe nevar en los próximos días para que todo transcurra con normalidad. Hay margen entre el 18 y el 23 de este enero, Mawn buscará su tercer triunfo, confiado en evitar otra lesión cerebral.