Un éxito. Parece que no, pero es un éxito. El sueño de volver a Fernando Alonso en la pole no puede ocultar el éxito que supone que este domingo (16.00 horas, DAZN), en la primera carrera del Mundial en Bahréin, saldrá en quinta posición, sólo por detrás de los Red Bull y los Ferrari. Unos meses atrás, cuando fichó por Aston Martin, la escudería británica contaba con el penúltimo coche de la parrilla; hoy es el tercer monoplaza más rápido, por delante del Mercedes.
En unos meses Alonso y su equipo han conseguido colocarse a las puertas del podio y esta temporada lucharán por subirse a él en varias ocasiones. No es el cielo, pero casi. Es un éxito, un éxito a celebrar.
Más cuando las diferencias de Alonso con los mejores fue escasa, pequeña, hasta diminuta. Como la temporada pasada, Max Verstappen voló, otra pole, un tiempo vertiginoso y su compañero, Checo Pérez, se colocó justo, pero Charles Leclerc, tercero, sólo fue tres décimas más veloz que el dos veces campeón y Carlos Sainz necesitó una última vuelta de nervios para arrebatarle el cuarto puesto.
A Alonso le lastraron los nervios de la Q2, que le obligó a utilizar un juego nuevo de neumáticos blandos, y sólo tuvo un intento de vuelta rápida, en el ecuador de la Q3. Con otro intento quizá hubiera podido desafiar al crono, pero igualmente estaba feliz, feliz, feliz.
“Muy bien, muy bien, la verdad es que muy bien. Cuando pasaba la Q1, la Q2, no me lo acababa de creer, esperaba el golpe de realidad, pero realmente estamos ahí. Aún hay que pellizcarse. Cuando firmé por Aston Martin la cosa pintaba peor, en los test invernales todo iba bien, pero comprobarlo aquí es casi un sueño”, explicaba el español en la zona mixta del circuito de Bahréin.
En los descansos entre juegos, Carlos Alcaraz observaba las repeticiones que ofrecía los videomarcadores de la Philippe Chartrier y analizaba las jugadas previas. No decía nada, claro, o no se le escuchaba, pero en su rostro se podía entender el golpe del que estaba orgulloso y el golpe que desaprobaba. En esos ratos lo habitual es que los tenistas observen el infinito, un punto inconcreto de la grada, y se tranquilicen, o se fustigan, o simplemente dejen la mente en blanco. Pero Alcaraz estaba estudiándolo todo, lo que había pasado y lo que iba a pasar. Estaba metido en el partido. Muy metido. Sumergido en él.
Y así le fue: en su mejor partido desde que se proclamara campeón en el Masters 1000 de Indian Wells en marzo, venció a Sebastian Korda por 6-4, 7-6(5) y 6-3 y se clasificó para octavos de final de Roland Garros. Allí se encontrará a un rival duro, tan joven como él, el vencedor del duelo entre Ben Shelton y Félix Auger-Aliassime -pospuesto por la lluvia, debe decidirse este sábado-, pero si mantiene la concentración será complicado pararle.
Durante las dos horas y 40 minutos que duró el duelo se mantuvo en él, robusto, siempre brillante. Si acaso se despistó a mediados del segundo set, entregó su saque una vez y lo pagó con un tie-break, el momento más tenso del encuentro. Ahí se lo notaban los nervios, las celebraciones eran tímidas, ni un grito, ni un puño al cielo. Pero lo resolvió con maestría. Un saque prodigioso a 217 km/h -su segundo más rápido esta temporada- le adelantó en la muerte súbita y resolvió con un derechazo potente que llevaba semanas guardando. Entonces sí llegó un festejo propio, el puño cerrado, el rugido al aire. En el tercer set, resuelto rápido, confirmó su predisposición en el Grand Slam parisino.
"He estoy muy contento con mi actuación durante todo el partido, creo que he estado muy sólido, que he subido el nivel. También he podido jugar sin miedo con la derecha, de hecho en el tie-break, con ese 'winner', he pensado: 'Lo echaba de menos'", confesaba Alcaraz al finalizar el encuentro.
El peligro de Korda
La propuesta de Korda realmente podría haberle causado muchos más problemas. El estadounidense es un especialista en el saque, un dinamitero, y en tierra batida se debilita, pero igualmente es peligroso. Aunque este viernes estaba desafinado con su derecha, exigía solidez. Ante la dificultad para romperle el servicio, un mal juego situaba a Alcaraz ante el abismo, como ocurrió en el segundo set. El ahora número tres del mundo respondió a toda esa fuerza con dos argumentos.
ANNE-CHRISTINE POUJOULATAFP
Para empezar, enfoque en el resto. Aunque algunas bombas de Korda eran imposibles de devolver, el español lo intentaba y, en ocasiones, lo conseguía. El estadounidense apenas pudo apuntarse puntos con su saque-volea. Ya unas horas antes, en el calentamiento, Alcaraz reclamaba a su hermano Álvaro más dureza en el servicio y practicaba y practicaba y practicaba para lo que le vendría en el encuentro. Su segundo argumento fue su creatividad. Al contrario de lo que le ocurrió ante De Jong, Korda no le arrebató la red, su red. Con dejadas y contradejadas, ofrecía intercambios chisporroteantes, esos 'highlights' de los que tanto goza.
El amor de París
El público de la Philippe Chatrier se lo agradeció con varias ovaciones, aunque también estuvo animando a Korda, especialmente en el tie-break, cuando los espectadores soñaban con un duelo épico. Alcaraz tiene ya muchos fans en París, más incluso que un Novak Djokovic todavía controvertido, pero todavía le queda mucho para alcanzar el ánimo unánime que recibió Rafa Nadal en sus últimas participaciones. Es el heredero, o así se lo considera, pero le faltan galones
De entrada necesita dominar por primera vez un torneo que a las puertas de la segunda semana sigue sin sorpresas, ni en el cuadro masculino ni en el cuadro femenino. Siguen adelante los cinco mejores hombres y las cinco mujeres, con la segunda, Alyna Sabalenka, enfrentándose este sábado (14.00 horas, Eurosport) a Paula Badosa en tercera ronda. Habrá un desenlace de altura. Más si Alcaraz continúa tan concentrado.
Ya declinaba la final del Masters 1000 de Roma cuando Jannik Sinner, hombre impasible, se permitió algunos gestos de desesperación: un suspiro, una mirada al cielo. No había nada que hacer. En rondas tempranas de torneos lejanos, Carlos Alcaraz a veces se ensimisma, pero con un título en juego y en coliseos como el Campo Centrale, se torna invencible. Su talento se agiganta, sus piernas se precipitan y, sobre todo, su cabeza se endurece. Cuando eso ocurre, no hay jugador en el circuito que pueda responderle, quizá no lo haya en la historia.
Este domingo ante Sinner, dominador del ranking mundial, campeón de los dos últimos Grand Slam, rival para la próxima década, volvió a demostrar que manda si quiere hacerlo. Al final, 7-6(5) y 6-1 en una hora y 43 minutos de juego. Sobre cemento, entre cañonazos, aún puede sufrir, pero en tierra batida, donde siempre gana el mejor, no quedan dudas. En esta gira ha ganado en Montecarlo y Roma y ha llegado en la final en Barcelona y en la edición de Roland Garros que empieza el próximo domingo si no es campeón sería una sorpresa.
El momento decisivo
La final ante Sinner se decidió en apenas cuatro o cinco puntos, todos en el desenlace del primer set, fueron sólo unos minutos. Hasta entonces, ambos jugadores marcaron sus fortalezas, el español con la derecha y el italiano con el revés. No se hicieron daño. El esquema de juego de Alcaraz pasaba por alargar los intercambios para molestar con bolas altas y la táctica de Sinner, mejor con su servicio, buscaba todo lo contrario. Hasta el 6-5, cada uno hizo lo suyo, a veces genial ambos, a veces erráticos. Pero entonces, Sinner ameritó dos bolas de set con n 15-40 y decantó la balanza.
Andrew MedichiniAP
El peligro era mortal. En un encuentro a cinco sets, ceder el primero no es un drama; en un partido a tres sets, hacerlo es sentencia. Alcaraz tenía que hacer lo que hizo. Al contrario que en otras ocasiones, se abrazó a la serenidad, jugó y forzó a Sinner para que repitiera ciertos errores. Entonces sólo quedaba el tie-break, donde clavó dos saques directo a la línea y cerró el periodo con una volea magistral. En ese mismo instante, convirtió el segundo set un disfrute ante rival ya rendido. El título ya era suyo.
"No he tenido altibajos"
"Estoy muy orgulloso de cómo he enfocado el partido mentalmente. Tácticamente todo ha ido bien, pero sobre todo no he tenido altibajos, me he mantenido en mi mejor nivel durante todo el partido", admitió el español al acabar el encuentro, antes de felicitar a Sinner por haber llegado a la final después de su sanción y de aceptarse como favorito para la próxima cita en París: "Ganar aquí en Roma superando a Jannik es un éxito que me da mucha confianza para Roland Garros, aunque ahora lo único que quiero es celebrar con mis amigos, mi familia y con los amigos que han venido desde España. Después descansaré y ya me podré centrar en el Grand Slam".
Con su triunfo, Alcaraz sumó su séptimo Masters 1000, el primero en Roma, pero sobre todo agigantó una estadística de aquellas que asustan a sus adversarios. A sus 22 años, ha jugado 12 finales entre 'grandes' y Masters 1000 y sólo ha perdido una. En los días decisivos, bajo los focos, se vuelve de mármol, como ocurrió este domingo.