En su cita con el cotidiano heroísmo triunfal o el martirologio perdedor, y viceversa, Rafa Nadal eliminó a Alex de Miñaur, en otro de esos partidos ambivalentes. De esos en los que cada movimiento, cada gesto suyo es auscultado, interpretado entre la angustia y la ilusión por todo un país que aún no sabe si pedirle que se retire de una vez o que continúe en persecución doliente pero decidida de un último milagro. Seguramente, desde la inmediatez
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La poderosa Italia, ya campeona de la Billie Jean King Cup, defenderá su título de la Copa Davis este domingo frente a Países Bajos. Como se presumía, el equipo que capitanea Filippo Volandri, dejó atrás a Australia con sendas victorias en los encuentros individuales. Matteo Berrettini superó a Thanasi Kokkinakis por 6-7 (5), 6-3 y 7-5. Jannik Sinner derrotó a Alex de Miñaur por 6-3 y 6-4. No se disputó el partido de dobles.
Nadie cuenta con los recursos del equipo transalpino, dispuesto a señalar una época si los jugadores mantienen su compromiso. El leve sobresalto de la primera jornada, cuando Lorenzo Musetti, un joven y talentoso jugador que no acaba de encontrar el punto a esta competición, cayó ante el argentino Francisco Cerúndolo, quedó pronto solventado con la aplastante victoria de Sinner frente a Sebastián Báez en el segundo single de la serie y su improvisado concurso junto a Berrettini para el decisivo encuentro de dobles. Volandri cambió la formación inicial para ir con todo en busca de las semifinales.
Escasa resistencia
Australia presentó poca oposición en un Martín Carpena aún huérfano de la presencia de Rafael Nadal, tras la temprana eliminación de España ante Países Bajos el pasado martes. Sólo aguantó hasta el desempate del primer parcial. Berrettini, un ex top ten que llegó a disputar la final de Wimbledon y cuya carrera se ha visto alterada por las lesiones, cuenta con un inesperado protagonismo en el equipo. La Copa Davis tiene estas cosas: puede comprometer a jugadores con buenos resultados en el circuito y rescatar a otros que pelean por buscan volver a sus mejores días.
Sinner ni se inmuta. Ganador del Abierto de Australia y del US Open, reciente campeón en las ATP Finals e indiscutible número 1 del mundo, tiene todos los visos de cerrar hoy el curso a lo grande, del mismo modo que lo empezó, cuando se llevó su primer major en Melbourne. De igual forma a cómo clausuró 2023, devolviendo a Italia al centro del escenario tenístico masculino 47 años después.
Hubo algunos momentos en los que Rafael Jódar alumbró la esperanza ante Jannik Sinner, como cuando creó dos pelotas de rotura en sendos juegos del comienzo del partido, mantuvo la cara en el segundo set y llegó a conseguir una imagen dubitativa del número 1 del mundo y ganador de cuatro títulos del Grand Slam. Pero será el italiano, mejor en el global, más certero a la hora de rentabilizar sus opciones, quien dispute las semifinales del torneo, tras imponerse por 6-4 y 7-6 (0), en una hora y 57 minutos.
Superado ese trance inicial, Sinner empezó a leer mejor el juego de un tenista al que nunca se había enfrentado y marcó las distancias lógicas ahora mismo entre uno y otro, entre el gran campeón consagrado que ya acumula 26 victorias consecutivas en Masters 1000 y el tenista emergente que sale más que fortalecido del torneo de Madrid y será 29º en el ránking la próxima semana.
Muy estable hasta esta instancia del torneo, capaz de demoler a Alex de Miñaur en su primera victoria ante un top ten y de vencer a Joao Fonseca en el choque entre dos ya afamados miembros de la nueva generación, el reciente semifinalista del Conde de Godó se encontró con un techo demasiado alto y unas exigencias a las que su tenis todavía no alcanza.
Pista cubierta
Con la pista cubierta, en condiciones desfavorables para él, fue fiel a sus principios, acudió a la disputa con su valentía natural, envidó en cada resto de segundo saque ganando metros sobre la línea de fondo y acertó en más de una ocasión con el saque abierto y la derecha cruzada. En el primer set, mantuvo la puja hasta el quinto juego, cuando dispuso de su segundo punto de break, para ver a partir de ahí como el ganador este año en Indian Wells, Miami y Montecarlo le quebraba en sendas ocasiones y parecía alejarse en el horizonte.
Aún con nostalgia de Rafael Nadal y huérfana por segundo año consecutivo de Carlos Alcaraz, la grada ha acogido a Jódar como un nuevo hijo pródigo, que sale de la Caja Mágica con un notable crédito añadido al que ya traía como ganador en el ATP 250 de Marrakech de su primer título en el circuito, además de su brillante paso por Barcelona.
Con todo, el campeón júnior del US Open 2024 no se dejó ir. Hizo asomar dos bolas para situarse 4-2 y saque e interactuó con el público, entre cuyos integrantes se encontraba Ion Tiriac, antiguo propietario del torneo, con la apariencia de un gigante intocado por el tiempo. Frustrada la tentativa, volvió a la carga en el octavo juego, aprovechando la debilidad de Sinner con el servicio a lo largo de toda la tarde. Ahí, en las seis bolas de rotura que no pudo aprovechar, también se definió el partido.
Ya en la orilla del desempate, se ampliaron los márgenes entre uno y otro. Tirando de trienios y de oficio, de las muchas y venturosas experiencias acumuladas, Sinner solo tuvo que esperar los errores de precipitación de quien se marcha, sin duda, como la sorpresa más grata del torneo.
Antonio se marchó al hostal con la camiseta de Carlos Alcaraz y la sonrisa del hombre más feliz del mundo. Él y sus colegas llegaron a Melbourne hace dos días desde Sidney, donde se buscan la vida, y desde entonces no han parado de seguir al número uno con sus cánticos futboleros. Cuando llega a un entrenamiento, cuando se va, cuando va al comedor, en pleno partido... Tan entregados están que, después de su victoria en cuartos de final del Open de Australia ante Alex de Miñaur (7-5, 6-2 y 6-1), Alcaraz les regaló su camiseta, una toalla, una muñequera y una pelota.
«Son espectaculares. Me han hecho mucha gracia. Sus cánticos son adictivos y me ayuda tener esa vibra cerca. No sé si vendrán a otros partidos, pero estaría encantado», dijo Alcaraz, que por entonces no sabía que Antonio y sus colegas ya habían comprado entradas para la final. «Me he vuelto loco, pero no podía perdérmelo», afirmaba a EL MUNDO el fan, que se gastó más de 600 euros en una entrada. Recuperará el dinero cuando vuelva a Sidney, «de repartidor de Uber, de camarero o de lo que sea; aquí pagan bien». Y Alcaraz lo agradecerá. Nada le gusta más que pasarlo bien y que los demás también lo pasen bien.
Ante De Miñaur disfrutó, y eso que era un partido para sufrir. El australiano propone el mejor tenis defensivo del circuito: no es un pegador, no busca el golpe ganador, pero lo devuelve todo y lo hace a toda velocidad para complicarle la vida a quien tenga enfrente. Ante él, Alcaraz podría haberse frustrado. En el primer set, cada vez que De Miñaur llegaba a una bola que parecía perdida, Alcaraz se reía, juguetón, mirando a su equipo. Tuvo que ganar los puntos una vez y otra, y otra vez, y lo hizo sin rechistar, incluso pasando un buen rato. Luego, en el segundo y tercer set, todo fue ya más sencillo.
«He estado trabajando mucho la concentración para no tener altibajos. Quizá ha sido lo que más he trabajado en los últimos tiempos. He hecho entrenamientos de dos horas y media o tres horas jugando con la misma intensidad cada punto», desvelaba el español, que el viernes se medirá a Alexander Zverev en sus primeras semifinales del Open de Australia. En la semana previa al inicio del torneo, ambos disputaron un set de entrenamiento y venció el alemán por 7-6 en más de una hora y media de sesión. La lección está aprendida. «Sé en lo que está trabajando. Quiere salir de su zona de confort, ser más agresivo, no tirar bolas fáciles. He visto sus entrenamientos, he visto sus partidos. Tengo claro cómo enfocar el partido», comentaba Alcaraz, confiado.
El mensaje a su hermano
Le preguntaron qué nota se daba en lo que va de torneo y respondió que «un 8,5»; una puntuación justa. Después de dos partidos con ciertos errores ante Adam Walton y Yannick Hanfmann, y del extraño duelo ante el artista Corentin Moutet, el número uno del mundo recuperó su versión más demoledora sobre superficie rápida frente a Tommy Paul y De Miñaur, y lo hizo a su manera. Al acabar el partido lanzó a su hermano Álvaro un mensaje a cámara que solo entenderán los muy tuiteros: «M.B.H.», «Método Blessed Hands», una broma recurrente de la cuenta @Alcatraz, y luego elogió a su familia.
Dita AlangkaraAP
«Es bueno tener a mi padre y a mi hermano conmigo. Mi equipo es la razón por la que juego bien. Era el sueño de mi padre cuando era jugador y lo vivimos juntos», dijo. Tan feliz estaba que no necesitó reivindicar nada. Su separación de su exentrenador Juan Carlos Ferrero sigue dando que hablar, más aún tras el anuncio del técnico de su paso al golf, y su clasificación para semifinales podría interpretarse como un alivio. Pero él no lo ve así. «He aprendido a no escuchar y a seguir el camino que creo correcto. Aunque hubiera perdido, tendría claro el camino a seguir. Estoy en semifinales y estoy contento por ello. Pero no es que me haya quitado presión de encima. Juego por mí, por mi equipo y por mi familia; no juego por el qué dirán».