Muriel Furrer, de 18 años, se halla en estado “muy crítico” después de haber sufrido una caída durante la carrera en línea júnior en los Mundiales, este jueves en Zúrich. La corredora suiza, que fue trasladada al hospital en helicóptero, sufre un “traumatismo craneal grave”, según confirmó la Unión Ciclista Internacional (UCI).
La caída de Furrer -que la pasada semana ya había competido en la prueba contrarreloj del Mundial de Zúrich, donde acabó en 44ª posición- se produjo en el tramo inicial de una prueba disputada sobre 73,5 kilómetros. Bajo una intensa lluvia, la española Paula Ostiz se colgó la plata, con el mismo tiempo que la británica Cat Ferguson (1:54.28).
Hace unos meses, Furrer logró sendas medallas de plata en contrarreloj y carretera en los campeonatos de su país. En categorías inferiors ya se había colgado la plata en ciclocross y el bronce en cross-country de bicicleta de montaña.
La UCI se mostró “extremadamente preocupada” por la situación de la joven corredora helvética, cuya experiencia en carreras de primer nivel en línea se reducía a la Omloop van Borsele, una prueba de tres etapas disputada el pasado abril.
Todas las miradas van para el niño, cómo no. También las atenciones de la prensa en la mañana nublada de Castellón, el comienzo de la temporada ciclista 2025. Marcos cumple los 19 años el 16 de julio, el mismo día que Miguel Indurain, aunque su apellido le emparenta con otra leyenda del ciclismo español. Nada menos que Freire. Viste los colores del UAE Team Emirates, los mismos que Pogacar. Todo son señales. Este sábado debutó profesionalmente, en la Ruta de la Cerámica, el Gran Premio de Castellón que cumplió su segunda edición con una preciosa victoria de su compañero Antonio Morgado en el rampón final de Onda.
"Estoy un poco nervioso, pero contento de debutar, tengo que disfrutar del día de hoy, que es un día especial", dice el chico antes de partir hacia su destino, inevitable desde que hace algunos años empezara a destacar en categorías inferiores, captado con premura por el cazatalentos Matxin. Habla con la misma soltura que pedalea y no esquiva la pregunta inevitable, la del consejo paterno, las comparaciones que nunca le podrán abandonar. "Me ha dicho que sufra mucho y que disfrute, que es lo más importante".
Y sufre. Y disfruta. Así lo dice su rostro, manchado por el polvo, a la llegada a Onda, un rato después que su compañero Morgado. Marcos quedó descolgado a 15 de meta. Este domingo volverá a la carga en la Clásica de la Comunidad Valenciana.
Marcos Freire, en la salida de Castellón.L. S. B.
Su padre, el ganador de tres mundiales (y tres San Remo, cuatro etapas en el Tour...), el mejor clasicómano del ciclismo nacional, no debutó profesionalmente hasta los 22 años, con los colores del Vitalicio, un modesto, sexto en la Challenge de Mallorca de 1998. Él lo hace en el equipo más poderoso del mundo, como perla que no se puede escapar. "Soy bastante rápido, en un grupo lo puedo hacer bien, pero tengo que mejorar en todo para aprender", cuenta, aún en edad juvenil.
Fue una lección para Marcos Freire en este recorrido quebrado y nervioso, salpicado de lluvia. La escapada del día murió justo antes de las rampas del último puerto del día, el Collado de Ayódar, a menos de 15 kilómetros de meta. Lo hizo por el trabajo de Jayco y Bahrein, que no iban a tener premio para Michael Matthews, ganador hace un año, ni Matej Mohoric, los dos favoritos.
En esa postrera subida, entre ataques y amagos, justo al coronar, Alessandro Covi se desmarcó unos metros. Con ese arreón iba a decidir la carrera, 15 kilómetros de bajada hasta Onda, pues le siguieron otros cinco. Entre ellos su compañero Morgado. También el uruguayo del Burgos Antonio Fagúndez y el francés Clément Champoussin, segundo y tercero, pues en el sprint para arriba no pudieron con el portugués. Pura clase, a unos días de cumplir 21 años, no es la primera carrera profesional que gana. Ya lo hizo en 2023 en el Tour de Rhodes y el año pasado en una etapa de la Vuelva a Asturias y en el Giro della Romagna.
Fiesta pasada por agua en la Via Caracciolo de Nápoles para sellar la etapa maratoniana y más accidentada de este Giro. La capital de Vesubio, en un día lluvioso, coronó al australiano Kaden Groves, el más veloz en un sprint en el que Mads Pedersen quedó sin opciones por una maniobra imprudente del italiano Matteo Moschetti. Un polémico final para una etapa controvertida. El velocista danés conserva la maglia rosa.
La jornada, la más larga de esta edición de la Corsa Rosa (227 kilómetros), tuvo un desarrollo accidentado, con una caída masiva a 71 kilómetros de la meta, en la que se vieron afectados una veintena de corredores, entre ellos el australiano Jai Hindley (ganador del Giro de 2022), gregario de primer nivel de Primoz Roglic, el checo Josef Cerny, ambos abandonaron la carrera. También resultados lastimados, pero continuaron en la carrera, el colombiano Nairo Quintana, el italiano Lorenzo Fortunato, el australiano Jay Vine, el francés Paul Magnier (el más joven de la carrera), el ecuatoriano Richard Carapaz o el español Jonathan Lastra. La dirección del Giro, tras charlar con los corredores, neutralizó durante 20 kilómetros la etapa por razones de seguridad, el traslado en ambulancia de los lesionados y para que los caídos se reincorporasen al pelotón.
A falta de 57 kilómetros, 14 después de la parada, se reanudó la etapa, pero con la advertencia de que no se contarían los tiempos para la general, los puntos y las bonificaciones. Una decisión adoptada por el director Mauro Vegni para minimizar los riesgos de caídas en el resbaladizo asfalto del Nápoles. Sólo se peleó por la victoria de etapa.
El pelotón emprendió la marcha con con el propósito de cazar a los fugados Taco Van der Hoorn (Intermaché) y Enzo Paleni (Groupama), que habían saltado mucho antes de la caída masiva y que llegaron a contar con una renta del más de dos minutos, pero que fueron neutralizados a falta de 2,5 kilómetros debido al empuje de los equipo Visma, de Van Aert y Olav Kooij, y del Alpecin, de Groves. Una labor que resultó muy rentable para el velocista australiano, que ya se anotó otra victoria en la edición de 2023.
Una jornada accidentada previa a una cita trascendente para el desarrollo de la prueba. Este viernes se producirá la primera gran criba del Giro, con una etapa con cuatro puertos y final en alto. El pelotón se fracturará en un recorrido de dientes de sierra y sinuoso por la cordillera de los Apeninos. Antes del ecuador de la jornada se afrontará una corta y dura subida a Monte Urano, con pendientes del 14 %. La clausura, en Tagliacozzo, con cerca de 12 kilómetros de subida, con un desnivel medio del 5,5% y tramos del 13%. Los últimos 200 metros presentan un firme adoquinado. Roglic está dispuesto a recuperar la maglia rosa. Juan Ayuso, a la expectativa de las maniobras del esloveno.
El aragonés Pablo Castrillo (Kern Pharma), uno de los grandes protagonistas de la última Vuelta a España con sus dos victorias de etapa, es una de las principales apuestas del seleccionador Pascual Momparler para el Mundial de ruta de Zúrich. La prueba, que se disputará el 29 de septiembre y que presenta un perfil montañoso, se acomoda a las característica del joven corredor de 23 años, que en la ronda española se impuso en las cimas de Cuitu Negru y Manzaneda.
El chaval nacido en Jaca, que destaca por su facilidad para la escalada y para elegir las escapadas buenas, forma parte de una expedición con corredores jóvenes ambiciosos y veteranos que atraviesan por un excelente momento de forma. En esa lista también figuran Enric Mas, Álex Aramburu (Movistar), Juan Ayuso (UAE), Mikel Landa (Soudal Quick-Step), Pello Bilbao (Bahrain), Carlos Rodríguez (Ineos) y Roger Adriá (Red Bull-Bora-Hansgrohe).
El esloveno Tadej Pogacar y el neerlandés Mathieu van der Poel parten como principales candidatos a conseguir la medalla de oro del campeonato
La prueba contrarreloj la disputarán David de la Cruz (Q36.5) y Raúl García Pierna (Arkea), que fue la semana pasada decimotercero en la lucha contra el crono de los Europeos de Limburgo.
La carrera élite masculina se disputará el domingo 29 desde las 10.30 horas sobre un recorrido de 274 kilómetros en los que los corredores tendrán que superar varias duras subidas, aunque no demasiado largas (Kyburg, 1,2 km-12%; Binz, 4,6 km-4,5%; Zurichbergstrasse, 1,1 km-8%; y Witikon, 2,3 km-5,7%).
La contrarreloj tendrá lugar el domingo 22 desde las 14.45 horas. Los ciclistas recorrerán 46,1 kilómetros con salida y llegada en Zúrich.