El accidente se produjo en Caboalles de Abajo y dejó también herido al piloto del vehículo.
Barbara G. Oubel. la joven fallecida.FACEBOOK
Una mujer de 29 años ha fallecido a primera hora de la tarde de este sábado al sufrir un accidente en Caboalles de Abajo, en el municipio leonés de Villablino, cuando participaba en el II Rally Valle de Laciana como copiloto, mientras que el otro ocupante del turismo y conductor resultó herido, según informa el servicio de emergencias 112 de Castilla y León.
La sala de operaciones del 112 Castilla y León recibió poco después de la dos de la tarde una llamada que avisaba de la salida de vía de un turismo que participaba en el citado rally deportivo y que había chocado contra el pilar de la cancilla de la meta a la altura del kilómetro 6 de la carretera CL-626.
A consecuencia del impacto resultaron heridas las dos personas que ocupaban el vehículo, quienes además no lo podían abandonar por su propio pie.
El centro de emergencias activó a la Guardia Civil (Tráfico) de León, a los Bomberos de Ponferrada -que avisaron a su vez al parque de Villablino dependiente de la Diputación- y al centro coordinador de urgencias (CCU) de Emergencias Sanitarias-Sacyl, que envió una UVI móvil, una ambulancia de soporte vital básico y personal sanitario de Atención Primaria del centro de salud de Villablino.
En el lugar, el personal sanitario de Sacyl confirmó el fallecimiento de una de las personas heridas, una mujer de 29 años identificada como Barbara G. Oubel, y atendió a un hombre de la misma edad, Tinín Iglesias, a quien se trasladó más tarde en la UVI móvil de Emergencias Sanitarias al hospital del Bierzo de Ponferrada (León).
El próximo lunes Pedro Rocha tenía que ser proclamado presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) después de ser el único candidato en conseguir los avales suficientes, pero dos procesos judiciales podrían impedírselo en las próximas horas. Uno, ya conocido, es el paso de testigo a investigado en el caso Rubiales, que se ha producido esta misma mañana en el Juzgado de Majadahonda.
El otro, según informa el opositor Miguel Galán a este periódico, es que el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) le ha abierto expediente sancionador por no haber convocado elecciones durante los seis meses en los que dirigió la Comisión Gestora de la RFEF y por haber asumido funciones que no le correspondían. Siempre según su versión, el máximo órgano judicial deportivo aceptó este viernes la denuncia del propio Galán y dejó a Rocha a un paso de la inhabilitación.
Según pudo saber EL MUNDO, si se confirma esta decisión del TAD, el siguiente paso podría ser que el Consejo Superior de Deportes (CSD) se reuniese en las próximas horas para decidir si le suspende provisionalmente. Después, el propio ente del Gobierno podría intervenir la RFEF con el beneplácito de la FIFA para organizar un nuevo proceso electoral. En este sentido, fuentes del CSD han confirmado que ya han contactado con el organismo que preside Gianni Infantino porque el Gobierno "considera que esta situación agrava la crisis en la Federación".
La juez imputa a Pedro Rocha, único candidato a presidir la RFEF, y suspende su declaración como testigoEL MUNDO (Vídeo)
El presidente del CSD, José Manuel Rodríguez Uribes, ha sido quien ha contactado con FIFA, iniciando unas conversaciones que continuarán en las próximas horas. "El Gobierno garantizará el buen desarrollo de los compromisos internacionales que el fútbol español tiene por delante", dicen desde el organismo, lo que traducido quiere decir que el Gobierno se ha implicado directamente en salvaguardar la candidatura de España para el Mundial 2030.
Rocha fue citado por la mañana por la juez en el marco del caso Rubiales para que aclarara el grado de conocimiento de las operaciones que se están investigando, entre otras, el amaño de contratos a favor de la constructora Gruconsa, que, según la Guardia Civil, habría estado pagando comisiones a su antecesor en la presidencia de la RFEF, Luis Rubiales.
Pero el juzgado consideró que Rocha debía tener conocimiento de los hechos por los que estaba siendo interrogado y decidió variar su condición de testigo a la de investigado.
Hace algo más de un año, poco antes de cerrar la mejor temporada en la historia de la F1, Max Verstappen explicó el enfoque mental con el que aborda cada carrera: "Disfruto de lo que hago, pero tampoco me vuelvo loco. No me planteo muchas preguntas. Simplemente me dejo llevar y eso me funciona". Aquellas palabras se entendían mejor a la luz de la facilidad con la que había logrado 19 victorias, pero no con los sufrimientos a los que ha hecho frente en 2024. Un Mundial, cerrado con un quinto puesto en Las Vegas, donde tuvo que superar indecibles dificultades dentro y fuera del coche. Así que, para alzar su cuarta corona, el holandés no sólo ha demostrado ser el piloto más rápido, sino el de mayor fortaleza psíquica.
Si hay una imagen que explica el cuarto título de Verstappen es la de su entrada triunfal en meta durante el GP de Brasil, donde había partido decimoséptimo. Y si hay un dato para cifrar el descalabro de Lando Norris son sus 90 puntos perdidos por el camino. Desde las poles desperdiciadas en Montmeló y Hungaroring, al error durante un pit-stop en Silverstone, la excursión por la grava en Spa, el enganchón en Austria o las cinco posiciones perdidas en Interlagos. La diferencia entre los dos aspirantes estribó en el modo con el que abordaron las dificultades.
"Los verdaderos campeones poseen un conjunto de herramientas mentales más completo que otros que simplemente pueden conducir rápido", arranca Kerry Spackman, uno de los hombres que, desde 2003, empezó a guiar los pasos de Lewis Hamilton. En conversación con EL MUNDO, el neurólogo neozelandés estima que "al menos el 95% de quienes alcanzaron la cima lo hicieron gracias a sus habilidades mentales" y ofrece un análisis que explica tanto el éxito de Mad Max como la frustración del líder de McLaren. "Los campeones siguen mejorando cada día, mientras que los de mayor talento natural se topan a veces con un muro y no logran mejorar debido a su falta de herramientas".
"Una caja completa de herramientas"
En todas las ramas de la competición se pueden enumerar ejemplos de quienes, con un talento natural innato, no pudieron paladear la gloria. Un capítulo, teñido por el malditismo, que el profesor Spackman denomina "el caso de los campeones desaparecidos". "Lo que la mayoría de la gente no aprecia es que un piloto de F1 necesita una amplia gama de recursos mentales para estar constantemente en la cima. Esto se debe a que la se trata de un deporte muy complejo, con miles de aspectos diferentes. Por lo tanto, no se trata solo de esta o aquella herramienta, sino de una caja completa de herramientas".
"Un aspecto interesante de nuestro cerebro es que cuenta con diversos módulos diferentes o unidades de procesamiento. Un poco como una computadora, con múltiples CPU y tarjetas gráficas. Sacar el máximo provecho de todos estos módulos mientras se compite es muy complicado. Los mejores pilotos aprenden a hacerlo, aunque lo que funciona para uno puede ser diferente para otro", desarrolla Spackman, cuya labor pionera encuentra hoy numerosos sucesores en el paddock.
Uno de ellos, Greg McColl, también ofrece sus conclusiones a este diario. "Cuando pienso en Max y sus cualidades, hay una palabra que me viene a la mente: implacable. Una cualidad que cualquiera puede incorporar a su vida", sostiene el británico, en cuya nómina figuran algún nombre de la actual parrilla. Verstappen mostró su carácter en el GP de Austria, superando una sanción de 10 segundos para acabar cuarto, mientras Norris, víctima de un pinchazo ocasionado por su duelo ante el líder del Mundial, no podía alcanzar la bandera a cuadros. También en Austin, cuando tras otra colisión con el McLaren, acabó por delante en la meta.
Verstappen, durante la carrera en Las Vegas.RED BULL CONTENT POOL
Para ilustrar la ferocidad de Verstappen, McColl recurre a dos figuras de la cultura popular. "Walt Disney dijo una vez: 'La diferencia entre ganar y perder reside, en la mayoría de los casos, en no rendirse'. Hay que saber lo que se quiere conseguir y adaptarse para ello. Hay que seguir adelante y levantarse. Se trata de la frase de Arnold Schwarzenegger en Terminator 2: 'Debo seguir funcionando hasta completar mi misión. Lo demás no importa". Tampoco lo que suceda en el garaje, ni en las ruedas de prensa, ni en lo relativo a su futuro.
"Sistemas con los que aislarse"
Nadie debería pasar por alto que el Mundial 2024 arrancó con el escándalo sexual en torno a la figura de Christian Horner, team principal de Red Bull. Un cataclismo que iba a poner en cuestión la propia continuidad de Verstappen, enfrentado después con la FIA a propósito de su lenguaje malsonante. Por no mencionar las sospechas en torno a su equipo, a quien obligaron a retirar un dispositivo aerodinámico con el que podía variar la altura del coche. "Estos asuntos pueden afectar realmente a un deportista de élite. Hay muchos ejemplos en otras disciplinas. Sin embargo, Max tiene la capacidad de apagarlo para que el ruido tenga poco efecto sobre él. Este es un ejemplo de una de sus habilidades mentales", relata el doctor Spackman.
"Además de ser capaz de 'entrar en la zona' y eliminar las distracciones, un campeón necesita ser un capitán e influir en el diseño y la configuración del coche. Necesita lidiar con la prensa, los patrocinadores, el jet-lag...", abunda quien también hubo de asesorar al tricampeón Jackie Stewart y los All Blacks. McColl, uno de sus discípulos, profundiza en esta idea. "El piloto debe reconocer y ser consciente de lo que le afecta y lo que no. Desarrollar, en definitiva, sistemas con los que aislarse de las distracciones y centrarse 100% en su trabajo".
"En algún momento, incluso a bordo del mejor coche y en su mejor momento físico, cualquier piloto va a sufrir un percance, sea por una respuesta emocional vinculada al enfado o la frustración o simplemente por pura distracción. La clave para mejorar tu rendimiento es tomar conciencia de lo que experimentas con tus emociones, dedicar el mismo tiempo a tu desarrollo psíquico y tomar el control, en lugar de convertirte en un simple pasajero. Todo gran campeón llega en algún momento a la conclusión de que el factor más importante en las carreras es su enfoque mental", concluye McColl.
Cuando Sergio García era un niño de verdad -pecoso, desafiante y divertido- apuraba los fines de semana en el Club de Campo Mediterráneo, en Castellón, ganando coca-colas a los socios en el putting green. Por allí pululaba desde el amanecer hasta el último rayo de sol mientras su madre, Consuelo García, atendía la tienda del club y su padre, Víctor García, impartía clases de golf. Entonces le llamaban coloquialmente McEnroe, por los rizos, las pecas y un espíritu competitivo tan indómito como el del tenista que acabaría confesando haber roto cerca de 300 raquetas a lo largo de su carrera.
Sergio lleva instalado en la élite del golf mundial desde 1999, cuando plantó cara a Tiger Woods y el mundo se enamoró de un chico de 19 años, rebosante de desparpajo, al que bautizaron como El Niño. Desde entonces acumula cerca de 40 victorias profesionales en todos los continentes, ganó el Masters de 2017 y es el jugador con más puntos en la historia de la Ryder Cup. A sus 46 años, asentado como capitán de los Fireballs en el LIV Golf, García acapara hoy más portadas por sus recurrentes ataques de ira que por sus éxitos sobre los campos.
El Masters de 2026 ha sido el último capítulo de una historia que parecía escrita de antemano. Desde el primer día se intuía que algo terminaría sucediendo. El sábado, tras un mal drive, se enzarzó con unos arbustos en la salida del hoyo nueve, golpeando con furia el driver contra el suelo sin lograr su propósito. Durante la ronda final del domingo aprovechó una mala salida en el hoyo dos para destrozar primero una de las marcas de salida y, segundos después, partir su propio palo contra una de las neveras de bebidas situadas en el tee. La imagen se viralizó en cuestión de segundos. "Obviamente no estoy muy orgulloso de ello, pero a veces sucede", se justificó.
La respuesta ante la prensa estadounidense que aguardaba a García tras completar los 18 hoyos no ayudó, sino que echó gasolina al incendio. Su actitud, calificada por muchos como altiva y prepotente, encendió aún más los ánimos.
En el propio campo, tras el incidente, Geoff Yang, presidente del Comité de Competición del Masters, se acercó para advertir al español por su comportamiento en el tee del hoyo 4. "No te lo voy a decir", respondió Yang cuando otro periodista le preguntó por el contenido de la conversación. "Siguiente pregunta, gracias", zanjó ante un nuevo intento. Ni disculpa ni atisbo de autocrítica.
El problema es que no se trata de un hecho aislado. García es reincidente y ha demostrado a lo largo de su carrera una incapacidad persistente para controlar la ira en el campo de golf. En su primer año en Wentworth, en 1999, ya acaparó titulares tras lanzar un zapato al público; en 2007 escupió dentro de un hoyo; ha roto putters y drivers, los ha arrojado a lagos -como sucedió en 2012 en Tailandia- o los ha enterrado en arbustos; se ha encarado con el público y en 2019 fue incluso descalificado en Arabia Saudí tras dañar hasta cinco greenes. "Como fruto de la frustración he dañado un par de greenes y pido disculpas por ello", llegó a escribir entonces en un comunicado.
A lo largo de su carrera se ha ensañado con micrófonos ambientales, marcas de salida, bunkers y todo lo que se cruzara en su camino. Una actitud difícilmente justificable en un profesional que aspira a ser referente para futuras generaciones. En Estados Unidos, parte de la prensa reclama hoy un castigo más ejemplar para El Niño, que a sus 46 años debería haber dejado de serlo, aunque sus actos sigan diciendo lo contrario.