Pedro Camus, primer futbolista cántabro en disputar unos Juegos Olímpicos (Montreal, Canadá, 1976), ha fallecido a los 70 años.
El Real Racing Club ha lamentado el fallecimiento del exfutbolista, que defendió la elástica verdiblanca en 107 encuentros oficiales, 75 de ellos en Primera División, entre 1972 y 1977.
Según ha informado el club en un comunicado, Pedro Camus nació en Santander el 13 de julio de 1955 y se estrenó con el primer equipo racinguista, en Segunda División, con solo 17 años ante el Hércules CF en el Rico Pérez.
El futbolista cántabro, que actuaba como central, también militó en el Real Zaragoza y el Club Deportivo Tenerife y en 1985 colgó las botas con 237 encuentros en su haber, en los que anotó cuatro goles.
La alcaldesa de Santander, Gema Igual, también ha lamentado la muerte de Pedro Camus, que era vecino de Cueto. “Su trayectoria forma parte de la historia del deporte y de la ciudad”, ha subrayado en un mensaje publicado en redes sociales.
El vicepresidente económico del Barcelona, Eduard Romeu, uno de los hombres fuertes de la entidad azulgrana ha renunciado a su cargo, según anunció este jueves el club catalán en un comunicado.
La dimisión se debe a "incompatibilidades con la plena dedicación" de su tarea profesional. El presidente Joan Laporta ha aceptado su renuncia y le ha agradecido su trabajo al frente del área económica de a entidad.
Romeu era el responsable del desarrollo del plan de viabilidad puesto en marcha desde el inicio del mandato. Su renuncia se produce en medio de una compleja situación económica de la entidad y de la construcción del nuevo estadio.
La llegada como vicepresidente económico de Romeu al club se produjo pocos días después de la victoria de Joan Laporta en las últimas elecciones celebradas en marzo de 2021 después de la inesperada renuncia de Jaume Giró, el hombre fuerte del área económica de la candidatura.
Entró en la entidad de la mano de José Elías, propietario de Audax Renovables, que aportó 17 millones de euros al aval de 124,6 que el Barça entregó a LaLiga para poder ser investida como el nuevo órgano de dirección del FC Barcelona. En esas fechas, Romeu era el vicepresidente económico de esta compañía dedicada a las energías renovables.
Con su aval, Elías permitió cumplir el sueño vital de Romeu -ser directivo del club de sus amores-, quien se convirtió en vicepresidente económico también de la entidad azulgrana.
En los primeros tres años del mandato de Laporta, este culé de cuna se erigió en uno de los principales responsables para intentar darle la vuelta a la difícil situación económica que atraviesa el club azulgrana.
Trayectoria
Eduard Romeu (Barcelona, 1968) es licenciado en Ciencias Económicas y trabajó anteriormente en el Banco de Santander y en Bankia. En 2015 se convirtió en el director corporativo de Audax y, posteriormente, fue vicepresidente del consejo de administración del citado grupo.
El vicepresidente decidió dedicarse a tiempo completo a su tarea en el Barcelona el verano pasado, debido a la envergadura de los diferentes retos económicos que tiene la entidad, inmersa en una compleja situación y con la remodelación del 'Espai Barça' en marcha.
De hecho, él ha sido el hombre clave en el proyecto y sobre todo en la estructura financiera de la operación del nuevo Camp Nou. El adiós de Romeu es una despedida más en el área económica desde el inicio del mandato de Laporta.
El primero de ellos fue Ferran Reverter, que dejó su cargo de director ejecutivo en febrero de 2022, once meses después de acceder al mismo, por divergencias en la gestión del contrato con Spotify.
Hace un mes, la directora corporativa y pieza fundamental en la financiación del Espai Barça, Maribel Meléndez, presentó su renuncia también aduciendo "motivos personales".
En el área del Espai Barça anteriormente habían causado baja el directivo Jordi Llauradó, así como el director del área de Patrimonio, Ramón Ramírez.
El presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, ofrecerá una rueda de prensa este jueves para explicar los cambios en la estructura del club que se producirán.
El oro lo albergaban los pies y el amor propio de dos atletas de época. María Pérez y Álvaro Martín, los dioses de la marcha, una pareja que recordará la historia, campeones olímpicos en París en la novedosa prueba del relevo mixto. Completaron una mañana impecable a los pies de la torre Eiffel, un maratón de éxtasis dividido en cuatro en 2:50:31, para la octava medalla de la marcha atlética nacional, el semillero de leyendas.
Fueron un martillo, la perfección. El temple y la calma cuando tocó, el sufrimiento en el momento oportuno. Mientras el resto padecía con la parte técnica, a ellos ninguna sanción en las casi tres horas de prueba. Cuando María cruzó la meta llegó el abrazo emocionante, las lágrimas. Justo asomaba el sol en el Trocadero. Son bicampeones mundiales, plata y bronce olímpicos individualmente y ahora también oro. Oro puro.
Había amanecido París con grisura, algo más fresco y lluvioso, con esta humedad que se va tornando en insoportable. El asfalto mojado, la brisa en un escenario idílico en el que marchar, en el estupendo circuito diseñado en los alrededores de la Torre Eiffel. Álvaro Martín, con su competir matemático y pulcro, cumplió en la primera posta (la más larga de todas, 11,45 kilómetros), sin abandonar la cabeza, sin entrar en pánico con los tempraneros intentos de fuga del japonés Kawano y del canadiense Dunfee.
María Pérez cruza la meta primera en la marcha mixta.Vadim GhirdaAP
El extremeño iba a llegar, limpio de amonestaciones técnicas, en el quinteto de cabeza que dio el relevo tras 43 minutos y 32 segundos, con una pequeña ventaja sobre los chinos que pronto remontó la campeona olímpica Jiayu Yang y su llamativo ombligo tapado, esta vez con el rojo de su bandera. No fue frenético el ritmo femenino, cómoda María Pérez, y el grupo se amplió a ocho con la llegada de la australiana, la mexicana (que, con problemas, hacía la goma una y otra vez) y la peruana.
La alarma saltó en esos últimos metros finales, cuando la granadina cedió con el pelotón de cabeza, menos grave los segundos, siete, que las sensaciones. Quizá sólo era un respiro. Porque Álvaro iba a recuperar enseguida. Y en ese comienzo de su relevo fue cuando todo se empezó a resolver.
Primero, por el tirón del ecuatoriano Daniel Pintado que sólo el español consiguió aguantar. Por atrás, un reguero de víctimas, entre ellos el italiano Stano, pero también el chino Zhang, que, además, iba a arruinar todas sus opciones con hasta dos tarjetas rojas.
Álvaro Martín, en acción en París.MIGUEL GUTIÉRREZEFE
Pintado era cada vez más agresivo pero también navegaba en los límites. Vio la segunda roja, a una ya de la sanción de tres minutos. Sobre aviso hasta los restos. Martín, que paladeaba la gloria, sufría. Perdió unos metros, pero sin venirse abajo. Todo lo contrario, puro coraje, remontó, adelantó al campeón olímpico, se dejó la vida y le dio tres segundos que eran un diamante para María, con 10800 metros hasta la meta.
Los dos estaban asegurando la medalla, casi 40 segundos con el italiano. Y todo iba a quedar en manos de María y Glenda Morejón. La ecuatoriana fue sexta en la plata de la española el pasado jueves. Esa era la esperanza de oro. Y pronto voló María, con su marchar rítmico, espoleada por las banderas españolas que poblaban el corazón de París. En su mente todos los peajes del éxito, la operación de este invierno, los kilómetros y kilómetros en la altitud de Sierra Nevada. Ese cuarto puesto de Tokio. Los problemas pretéritos con la técnica. Hasta el cielo se llega por caminos insospechados. Pero María tuvo tiempo para saborear todo eso, clavando parciales como un metrónomo, sonriendo ya al otear la meta, porque su ventaja con la ecuatoriana se fue ampliando sin prisa pero sin pausa.
La dupla ecuatoriana se quedó con la plata, a 51 segundos de los españoles. El bronce fue para Australia, con Jemima Montag y Rhydian Cowley. La otra pareja española - Miguel Ángel López y Cristina Montesinos- terminó en novena posición.
Es la octava medalla de la historia olímpica de la marcha española -que se había estacado desde Atenas 2004 y esa plata de Paquillo Fernández-, la punta de lanza del atletismo nacional desde el pionero Jordi Llopart. Es el segundo oro también, después del único de Daniel Plaza en los 20 kilómetros de Barcelona 92.
Hora de volver a casa. Neymar pone rumbo al Santos brasileño, su club de origen, después de acordar su salida del Al-Hilal saudí. Es el regreso de un jugador que aspiró a competir la gloria a Leo Messi o Cristiano Ronaldo pero que se quedó a medio camino en una carrera guiada más por sueldos y traspasos millonarios que por los títulos deportivos.
En el palmarés del brasileño de 32 años aparece la Champions que conquistó con el FC Barcelona, tres Ligas y tres Copas del Rey, un oro y una plata olímpicos y un sinfín de campeonatos en Francia con el PSG. Sin embargo, lo que más reluce es su capacidad para moverse en el mercado. Neymar es el líder del mercadeo y sigue luciendo el título de traspaso más alto de la historia del fútbol mundial por los 222 millones de euros que el PSG abonó al Barça en el verano de 2017.
Neymar eligió el club azulgrana cuando explotó en el Santos y su salida era inminente. Pese al intenso interés del Real Madrid, con Florentino Pérez a la cabeza, escogió jugar en el Camp Nou con Leo Messi y Luis Suárez. Todo previo pago de 88 millones al Santos y el pacto de comisiones con su padre que acabarían provocando hasta tres procesos judiciales.
En Barcelona se vio al mejor Neymar, especialmente en la temporada 14/15, con la llegada de Luis Enrique al banquillo. Había superado la temporada de adaptación de la mano de Messi y acabó jugando 51 partidos para marcar 39 goles y ganar el triplete (Champions, Liga y Copa del Rey). Ese rendimiento le llevó al tercer escalón podio del Balón de Oro en 2015, lo que redondeó en el verano del 2016 con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Brasil, su mayor logro con la selección.
Pareció que Neymar había digerido la presión por el coste de su fichaje y proponerse como escudero ideal del '10' argentino, lo que acabaría por ser un problema. En marzo de 2017, su entorno entendió que viviría siempre a su sombra. La remontada 6-1 ante el PSG, liderada por el brasileño, acabó recordada por una icónica imagen de Messi, lo que abrió la puerta a dejarse querer. Apareció el PSG con una propuesta millonaria que el brasileño barajó durante meses.
Con Ernesto Valverde en el banquillo, el verano fue un continuo rumor sobre su marcha al conjunto parisino, estirado por su entorno para sacar tajada y no perder el pago de 40 millones por una prima de renovación pactada con el Barça que caducaba en agosto. Hasta Gerard Piqué contribuyó al desconcierto al publicar una foto con Neymar con el texto "Se queda".
No ocurrió porque el jugador presionó para marcharse y el PSG aceptó pagar los 222 millones de la cláusula. Nunca un club había pagado tanto por un futbolista y, además, le puso un contrato de 44 millones de euros sobre la mesa. Iba a ser el líder de un proyecto que aspiraba a ganar la Champions y que no lo logró.
De Messi a Mbappé
Si en España tuvo que hacer frente a tres procesos judiciales por su fichaje (dos acabaron en pacto y en el tercero, por corrupción y presunta estafa, fue absuelto junto a su padre, Sandro Rosell y Bartomeu), en la capital francesa apareció un calvario mucho más preocupante: las lesiones. Los tobillos se convirtieron en un quebradero de cabeza y empezó a perder minutos. Si huyó de la competencia con Messi, ahora tenía la del ídolo francés: Mbappé. Al tiempo, sus fiestas y otros escándalos lo llevaron a los titulares.
Sólo era cuestión de tiempo que buscara otros aires y, como siempre en su carrera, eligió el campeonato que más llenaba sus bolsillo. La temporada pasada firmó por el Al-Hilal, que pagó 90 millones de euros por su traspaso. La rotura del ligamento cruzado de la rodilla le ha impedido jugar con los saudís, que han tomado la determinación de rescindir su contrato de 100 millones de euros por temporada pagando una indemnización de 64 (lo que totaliza 464 millones entre traspasos e indemnizaciones).
El jugador que en enero de 2018 tenía una valoración de mercado de 180 millones, en diciembre valía 15 millones. Era el momento de intentar volver a casa. Será la primera vez que Neymar cambie de equipo sin ganar más dinero, pero es el precio que paga para vivir su ocaso en un entorno amable con la esperanza de llegar con Brasil al Mundial de 2026.