Nadie ha logrado borrar del todo la imagen del jugador de póker que apuesta de forma compulsiva en una sala mal iluminada y llena de humo, puede que con un as en la manga e incluso con un revólver en la cintura. Podría decirse que David Sklansky, fallecido este martes en Las Vegas a los 78 años, fue quien luchó con más acierto contra el tópico, aunque su victoria está lejos de ser definitiva. Matemático de formación, fue una de las personas más influyentes en la historia del juego, un autor consagrado y una figura habitual en los programas de televisión especializados.
El libro Theory of Poker es una obra fundacional sobre el enfoque científico del juego. En él y en sus otros textos expuso principios teóricos que desafiaban las intuiciones más elementales del ser humano. Su mayor mérito fue adelantarse a la llegada de los solvers, primos hermanos del Deep Blue que derrotó a Kasparov. Por supuesto, las máquinas confirmaron sus teorías, al igual que los modernos programas de ajedrez han validado las ideas geniales de Bobby Fischer.
Sklansky no ganó en las mesas tanto dinero como podría pensarse, al menos en los torneos. Consiguió tres brazaletes en las Series Mundiales de Las Vegas (dos en 1982 y el último en 1983), pero sus recompensas nunca fueron escandalosas. La mayor ascendía a poco más de 400.000 dólares, para un total 1,4 millones en competiciones en vivo. En realidad, le gustaba más jugar partidas “de dinero” y dedicó muchas horas a construir casi desde cero una nueva forma de afrontar el juego, que rompía de forma radical con la tradición. Los jugadores más jóvenes quizá ni siquiera lo conozcan, pero seguro que aplican sus enseñanzas sin saberlo, al menos los que tienen éxito.
Teorema fundamental del póker
Nacido el 22 de diciembre de 1947 en Teaneck, Nueva Jersey, Sklansky llegó al póker a través de los números y desde un trabajo como evaluador de riesgos. Dicha formación, que como ahora sabemos era la idónea, chocaba de forma frontal con el estilo de juego de su época, en la que predominaban el instinto y la experiencia, aderezados con todos los faroles posibles.
Cuando llegó a Las Vegas en los años setenta, los grandes jugadores no sabían explicar muchas de sus decisiones. Sklansky, apodado El Matemático, fue capaz de convertir en números los pensamientos más abstractos o los impulsos que a otros les salían de las tripas. Esa virtud no era incompatible con tener un don para las palabras. Su teorema fundamental del póker decía algo así: “Cada vez que juegas una mano de forma distinta a como lo harías si pudieras ver las cartas de tu rival, él gana. Y cada vez que él juega su mano de forma distinta a como lo haría si pudiera ver tus cartas, tú ganas”.
Puede parecer un trabalenguas, pero Sklansky explicó algo contraintuitivo y genial, válido en casi cualquier actividad humana. En la vida también puedes tomar una decisión equivocada y ganar, o hacer lo correcto y perder. Lo difícil es desligar la decisión del resultado. En una frase, El Matemático cambió la forma en la que los profesionales empezaron a analizar sus jugadas, pero su sistema iba mucho más allá, por supuesto.
Las fórmulas de Sklansky funcionaban a largo plazo, como demostraron luego los programas informáticos. Asimismo, enseñó a varias generaciones a distinguir entre errores explícitos, los que se ven porque cuestan dinero de inmediato, y errores implícitos, que suponen ganar menos de lo posible. Él demostró que estos últimos, que parecen irrelevantes, son tan importantes como los primeros, aunque mucho más difíciles de detectar.
Autor prolífico
En total, Sklansky escribió en solitario o con otros autores un total de 18 libros sobre póker y juego. Durante el boom de comienzos del milenio, llegó a tener tres títulos a la vez entre los cien más vendidos de Amazon. Seguía trabajando a buen ritmo y su última obra apareció en diciembre de 2023, firmada junto con Mason Malmuth, su colaborador habitual.
Sklansky no fue un personaje sin aristas. El pasado mes de enero fue detenido en Las Vegas, acusado de violencia doméstica, aunque fue liberado poco después sin cargos. Por otro lado, rechazó hasta en dos ocasiones la posibilidad de entrar en el Poker Hall of Fame, porque no comulgaba con todos los jugadores ya elegidos.
Otra de sus frases podría servirle como epitafio: “En el póker, si eres mejor que los demás, ganas dinero de inmediato”. En la letra pequeña, una enseñanza más: “Si sé algo del juego que el otro no sabe, y si no está dispuesto a aprenderlo o no puede, me llevo su dinero”. Como saben ahora todos los buenos, el póker no es un juego de cartas, sino de personas.






