Era su momento. Daniil Medvedev volaba durante el primer set con su plan de ataque, disfrutaba sobre la hierba de Wimbledon. Carlos Alcaraz peleaba para llevarle al tie-break, pero en esos instantes iniciales el ruso dominaba el juego, la pista, el marcador. Era su momento. Pero su carácter es intratable.
Con 5-3 en el marcador y el saque de su lado, Medvedev defendía una bola de break cuando después de un corto intercambio Alcaraz le tiró una dejada rápida. Corre, corre a por ella; corrió el ruso, pero llegó a impactar a la bola justo cuando había dado su segundo bote. Entonces hubo cierta confusión. Medvedev hizo como si no hubiera pasado nada y Alcaraz, al ver la reacción de su rival, pensaba que el punto seguía así que golpeó de derecha. Sólo la jueza de silla, la griega Eva Asderaki, interrumpió el juego. Con acierto advirtió del segundo bote y cantó el nuevo resultado: “Game Alcaraz, 5-4”. Ahí Medvedev reaccionó a su manera.
Plantado en medio de la pista, sin aspavientos, miró a Asderaki y le soltó tres claros “¡Fuck you! [¡Que te jodan!]”. Luego dejó ir algún otro insulto -“Bitch [Zorra]”, según algunas televisiones- y se sentó en su silla sin más.
Alberto PezzaliAP
Asderaki, internacional desde 2001, con varias finales de Grand Slam a sus espaldas, llamó al supervisor del torneo y le explicó lo ocurrido. Según el reglamento de la Federación Internacional de Tenis (ITF), Medvedev podía haber sido descalificado, pero entre otros decidieron sólo apuntarle un warning por conducta antideportiva.
Unos días atrás, Jim Walmsley, estrella de las carreras por montaña, algo así como el Kilian Jornet estadounidense, miraba al lado mientras disputaba la UTMB, la prueba más importante del mundo, y alucinaba: «¿Qué haces tú por aquí?». A mitad del recorrido alrededor del Montblanc, completados unos 80 de los 176 kilómetros totales, se encontraba en el grupo de cabeza junto a él al francés Vincent Bouillard, con el que Walmsley llevaba años trabajando.
Para el diseño de las mejores zapatillas de Hoka, el corredor yankee, imagen de la marca, había dado su opinión sobre varios modelos a los ingenieros y entre ellos estaba Bouillard. Pero en plena carrera, éste no quería ayudar a Walmsley con el calzado, estudiar sus pisadas para próximos prototipos, tampoco animarle: Bouillard realmente quería ganarle. Y lo hizo. Pese a su empleo a jornada completa como diseñador de zapatillas en Hoka, el francés triunfó en la meca del trail running para sorpresa de todos, especialmente de los atletas profesionales patrocinados por la empresa.
«Quizá para ellos era raro, sí, pero yo no pensaba mucho en ello. En una carrera de ultra distancia, que dura unas 20 horas, te debes centrar mucho en ti mismo y en la gestión de tu propio esfuerzo. En los primeros kilómetros recuerdo que estaba feliz como un niño, disfrutando de poder correr con los mejores y hablando con ellos. Muchos de los corredores de Hoka, como Jim, son amigos míos y yo pensaba: 'Wow, soy capaz de correr junto a ellos'. Pero a medida que fue pasando la prueba me concentré mucho en mantener el ritmo y en hacer las cosas bien», explica Bouillard a EL MUNDO.
Probador del calzado que diseña
Con su triunfo cogió el relevo de dos leyendas francesas como François D'Haene y Xavier Thevenard y se quedó a unos minutos del récord de la prueba del propio Walmsley. Sólo le perjudicó un control de material algo accidentado en uno de los últimos avituallamientos y una pequeña caída al final del descenso de La Flégère, a la entrada de Chamonix. «Me hice un poco de daño, pero ya me quedaba muy poco. En ese momento lo más importante era disfrutar de la entrada a meta», comenta el corredor y diseñador de zapatillas o diseñador de zapatillas y corredor. Más o menos una cosa llevó a la otra.
De Annecy, mediofondista desde la infancia, mientras estudiaba Ingeniería en la Universidad de Lyon llegó a competir en los 800 metros de algunos meetings franceses, pero cuando se graduó dejó de soñar en un futuro como profesional. El tartán estaba olvidado; trabaja investigando sobre polímeros. Pero para mantenerse en forma empezó a correr por la montaña, consiguió una beca para trabajar en Hoka, una cosa llevó a la otra y encontró su sitio, su equilibrio, su vida.
Entrenar a cualquier hora
En su trabajo estudia nuevos materiales para la marca, siempre en contacto con los corredores profesionales, y en su tiempo libre prueba por los caminos los prototipos que diseña. Entre 2017 y 2022, sumó algunas victorias en carreras pequeñas y poco conocidas en Francia y el año pasado empezó a sonar el mundillo al ganar la Kodiak Ultra, una prueba modesta de 100 millas en Estados Unidos. Pero nadie esperaba que fuera a ganar la UTMB, una especie de Mundial de la especialidad. La retirada de muchos de los favoritos, entre ellos el mismo Walmsley o el español Pau Capell, y la maestría de Bouillard llevaron a la campanada.
«Muchos se sorprenden porque he ganado pese a tener un trabajo a jornada completa, pero sólo ha sido una carrera. Tengo mucho respeto por los corredores profesionales porque tienen que rendir mucho más, durante muchos años. Yo simplemente disfruto mucho de correr por la montaña y supongo que ése es el secreto. Saco tiempo para entrenar de dónde puedo, por la mañana, por la tarde y por la noche y, de momento, no tengo hijos así que no tengo muchas obligaciones familiares», resume Bouillard que ahora no quiere cambiar de vida.
Las marcas deportivas ansían fichar a nuevos talentos y Hoka lo tiene fácil, puede ofrecerle un contrato de corredor sin salir de la empresa, pero el francés quiere seguir trabajando como diseñador de zapatillas. «Hablaré con la marca y es posible que redefinamos mi posición, pero yo disfruto de mi trabajo, no quiero dejarlo», finaliza.
En su casa ya brillan los trofeos de los cuatro Grand Slam ganados, pero Carlos Alcaraz todavía tiene lecciones que aprender. Sus 21 años son 21 años para todo. La precocidad, tan celebrada cuando ganó su primer US Open o encadenó dos títulos en Wimbledon, también justifica derrotas como esta. Este martes en los cuartos de final del Open de Australia ante Novak Djokovic aprendió que el camino de las leyendas va más allá del juego, de la técnica, incluso va más allá de la razón.
Durante la mayor parte del partido, el español fue mejor, indudablemente más rápido, más agresivo y a ratos hasta más preciso, pero Djokovic fue Djokovic. Pesaron los 20 'grandes' de diferencia entre uno y otro y también los 16 años. Con una 'masterclass' de cómo disputar los momentos decisivos, Djokovic venció por 4-6, 6-4, 6-3 y 6-4 y se clasificó para las semifinales en Melbourne, donde el viernes se medirá a Alexander Zverev. Como le ocurrió el año pasado, Alcaraz se despidió demasiado pronto del primer Grand Slam del año y con esa decepción alimentará el resto de su temporada.
ADRIAN DENNISAFP
Antes, con la ayuda de su equipo, deberá asimilar lo ocurrido. Su crecimiento pasa por endurecerse del todo, por ganar en lo psicológico, por culminar su madurez. Desde su aparición en el circuito ATP ya ha avanzado mucho; queda el final. Porque frente a sus coetáneos quizá no necesita más, pero cada vez que se encuentre a Djokovic le puede ocurrir lo mismo. Este martes, en la Rod Laver, quiso imponer su juventud, su velocidad, su fuerza y fue insuficiente; el tenis también son otras cosas.
El tiempo muerto de Djokovic
Si incluso apareció en la pista más afeitado que de costumbre, subrayando la diferencia de edad entre ambos. En esos primeros juegos, durante la primera hora, Alcaraz fue superior a Djokovic: su derecha gobernaba por potencia y delicadeza, hubo varias preciosas dejadas para los 'highlights'. Ya se intuían algunos problemas del español con su segundo saque, pero el resto de sus golpes eran decisivos. Con 4-4 en ese parcial inicial, consiguió el primer 'break' sobre Djokovic y entonces éste forzó el parón.
Como tantísimas otras veces en su carrera, reclamó un tiempo muerto médico para curarse unas molestias en el aductor izquierdo y llegó incluso a marcharse al vestuario. Una pausa de 10 minutos que, en principio, no afectó a Alcaraz, que se llevó el primer set por 6-4 y que estuvo entero en el segundo, pero que cambió el partido. Djokovic empezó a jugar de otra manera, lento, raro, distinto, directo y el español no supo adaptarse. Quizá confío en exceso en su ventaja; quizá simplemente se sintió incómodo. En ese segundo periodo, de regreso al 4-4, fue Djokovic quien consiguió la ruptura decisiva y el 6-4 y en el tercer set el desequilibrio mental ya era evidente.
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Alcaraz nunca llegó a girarle la cara al encuentro, pero ya lo hizo por detrás. Con sus armas de siempre, como el mejor resto de la historia, Djokovic le presionó y le llevó a la desesperación. En ese tercer parcial, de hecho, el español sumó más errores no forzados (11) que golpes ganadores (nueve). No hubo manera. Hasta el final Alcaraz mantuvo la esperanza y utilizó sus piernas para aguantar más allá de las tres horas y media -hubo incluso un espectacular rally de 36 golpes-, pero Djokovic ya dominaba. Fue una lección psicológica que el español deberá aprender si quiere seguir el camino de las leyendas.
Hay días en los que dar un paso atrás es un acierto; el cementerio está lleno de valientes. Carlos Alcaraz lo entendió este martes ante un gigantesco Taylor Fritz, en su mejor versión de siempre: un tenista superlativo que le tumbó desde la defensa. Cuando su rival sacaba, él se alejaba de la pista hasta casi salir de la misma y así le obligaba a pensar. Empotrado contra las vallas del fondo, encontró el camino al éxito. Una arriesgada estrategia conservadora acabó en su victoria por 6-7(2), 7-5 y 6-3 en el segundo partido de la fase de grupos de las ATP Finals, y en su clasificación virtual para las semifinales del torneo.
El próximo jueves, si vence a Lorenzo Musetti, no sólo pasará como primero de grupo —y así presumiblemente evitará a Jannik Sinner—, sino que también se asegurará el número uno hasta final de año. El triunfo de Alcaraz fue una demostración de su versatilidad y de que, aunque los resultados no le han acompañado en superficies duras bajo techo, también puede ser campeón. ¿Hay que aguantar un bombardeo? Se aguanta.
Si este Fritz no le venció este martes, no le vencerá nunca. Si este Fritz no le venció este martes, sólo Sinner es candidato a hacerlo. Si este Fritz no le venció este martes, Alcaraz puede ganar la antigua Copa de Maestros todas las veces que haga falta. Siempre agresivo, divertido, jugón, su cambio de táctica a mitad de partido para ponerse a la defensiva debe considerarse una virtud. Otras veces se perdió en el intercambio de golpes, en la tozudez, en sus errores; esta vez, no. En las casi tres horas de juego hubo dos partes diferenciadas: cuando Alcaraz quiso mandar y cuando quiso ganar.
Ni un golpe sin respuesta
En el quinto juego del segundo set, con 2-2 en el marcador, cambió todo. Hasta ese momento Fritz había dominado con su derecha y Alcaraz andaba perdido. No le funcionaba la táctica de otros días ante el estadounidense, como en la reciente final del ATP 500 de Tokio. En ocasiones anteriores bastó con moverle, llevarle de un lado a otro, hacerle dejadas, marearle, pero este martes no era suficiente. Más rápido que nunca, Fritz llegaba a todo y, además, lo hacía con acierto. En la red no siempre tomaba la mejor decisión —su punto débil—, pero al final no fallaba.
Con sus golpes y su velocidad de piernas, era un rival de verdad, una amenaza auténtica. En el tie-break del primer set, de hecho, Alcaraz tuvo poco que hacer. Pero fue ahí, en ese quinto juego del segundo set, cuando decidió cambiar. Para evitar el break se tiró quince minutos en la pista, mientras Fritz solventaba el siguiente juego con cuatro saques demoledores. Y el español se echó atrás. Se acabó lo de jugar de tú a tú: poner tanto el cuerpo era una tontería.
Alcaraz le entregó la iniciativa a Fritz. Si quería derrotarle, tendría que hacerlo él, punto a punto, a base de ganadores. Con mucha confianza en su físico, el número uno decidió devolver todas las pelotas, pasar, pasar y volver a pasar; y así desmontó a su adversario. Con toda la pista para él, Fritz empezó a errar, a perder la confianza y, en definitiva, a perder.
"Estoy muy feliz, he sabido remontar y encontrar mi buen tenis. Ha habido un momento en el que estaba muy cansado y no sabía qué tenía que hacer. Taylor estaba sacando muy bien, jugando muy bien. Solo podía aprovechar las oportunidades que me daba. Ha sido un nivel alto, físicamente; y creo que la gente se ha divertido", resumió Alcaraz al final del encuentro, tan exhausto como orgulloso.