El estadounidense superó a Healy y Frigo, compañeros de fuga, en una etapa que transcurrió por zonas de la clásica de Lombardía y en la que el líder Armirail cedió medio minuto
Brandon McNulty celebra el triunfo de etapa en Bérgamo.L. BettiniAFP
Repetición de jugada en este Giro de Italia en el que el pelotón se muestra condescendiente con los aventureros ansiosos de notoriedad. Otra fuga acaparó protagonismo en una jornada que transcurrió por los quebrados dominios de la Clásica de Lombardía. Cita para el lucimiento de nuevos talentos, como el estadounidense Brandon McNulty (25 años), el gregario de calidad de Tadej Pogacar en el UAE, que este domingo se impuso en la 15ª etapa de la ‘Corsa Rosa’. Sin cambios notables en una clasificación general encabezada por el francés Bruno Armirail, que en la empinada llegada a Bérgamo cedió 30 segundos respecto a Geraint Thomas y Primoz Roglic.
McNulty, que destacó como notable contarrelojista en las categorías inferiores del ciclismo estadounidense, fue el más afortunado de una escapada en la que que también se metieron, entre otros, José Joaquín Rojas, su bravo compañero Einer Rubio, el italiano Ballerini, el neerlandés Mollema, el irlandés Ben Healy (22 años) y el italiano Marco Frigo (23). Estos dos últimos pugnaron con el norteamericano en un sprint a tres resuelto con claridad por el polivalente corredor nacido en Phoenix, que estrena palmarés en una gran ronda por etapas. En esta temporada, McNulty había firmado una etapa en París-Niza y otra en la Challenge de Mallorca.
Nuevo galardón para la escuadra de Xosean Fernández Matxin, que tiene a Joao Almeida como gran aspirante al podio de Roma. El portugués espera jugar sus cartas con astucia en este Giro sin dueño y con un entretenido baile de líderes. A falta de la última semana ya ha habido cinco traspasos de la maglia rosa. Remco Evenepoel portó el distinguido maillot en cuatro jornadas, luego lo cedió al noruego Andreas Leknessund (cinco días) antes de recuperarlo por una etapa y de retirarse por el covid y tomar su relevo Geraint Thomas (cuatro). El último en asumirlo, el franés Bruno Armirail.
Este lunes, jornada de descanso antes de afrontar la durísima del martes, con final en el coloso Monte Bondone, con sus interminables 21,4 kilómetros de longitud y su pendiente media de 6,7% . Última ocasión en la que Armirail se vista de rosa
Albania se abre al mundo, un país de sol aunque diluvie este lunes navideño en Tirana, día de presentación de la Grande Partenza 2025. El próximo 9 de mayo, el Giro arrancará, por primera vez en su historia, desde los Balcanes, en esta "pequeña Italia al otro lado del mar" como presume con entusiasmo y perfecto italiano Edi Rama, primer ministro de un país candidato a entrar bien pronto en la Unión Europea y que también aspira a albergar, antes de 2030, un Gran Premio de Fórmula 1.
Pero no hay escaparate turístico como el ciclismo. Serán "250 millones de personas" observando durante tres días ese país que deja atrás décadas de oscuridad y comunismo, tres etapas diseñadas por Mauro Vegni para mostrar playas y montañas y también las calles de Tirana, una Grande Partenza "poco propicia para velocistas". La segunda jornada, una contrarreloj individual de 13 kilómetros y la tercera, en Valona, con un tremendo puerto, el Qafa e Llogarase, de casi 11 kilómetros con rampas de hasta el 12%.
"Supone llevar la semilla del Giro a un nuevo país, ampliar la familia. Es un área con tradición, ya habíamos hecho una Grande Partenza en Atenas y ahora tocan los Balcanes. Creo que es un gran oportunidad, para nosotros, pero sobre todo para Albania", admite Paolo Bellino, CEO y director general de RCS Sports & Events, hacedor del acuerdo junto al presidente Urbano Cairo.
Spada/LaPresseMUNDO
Será la 15ª ocasión en que la Grande Partenza se produzca fuera de las fronteras de Italia en 108 ediciones del Giro. Tirana tomará el relevo de Budapest 2022 y su nombre estará junto a los de Jerusalén, Apeldoorn, Belfast, Herning o Ámsterdam, últimas ciudades no transalpinas de una tradición que inauguró Grecia en 1996 para celebrar el centenario de los Juegos Olímpicos (aunque antes también hubo salidas desde San Marino y Montecarlo).
Una oportunidad de expansión y un gancho más para las estrellas, que aguardan al próximo 13 de enero para que en el Auditorio Parco della Musica Ennio Morricone de Roma se desvele el recorrido completo de la Corsa Rosa. Entonces, Jonas Vingegaard y Tadej Pogacar definirán sus caminos, destinados a colisionar únicamente en el Tour de Francia. El danés se estrenaría en busca de la maglia rosa y el esloveno buscaría revalidar la asombrosa hoja de ruta de 2024, el histórico y arrasador doblete. Lo segundo, que Tadej esté en la salida de Tirana, se antoja más improbable, aunque aún no se ha pronunciado oficialmente. Como tampoco Remco Evenepoel. "Será un Giro muy bonito. Habrá una etapa importante sobre sterrato, por supuesto etapas de montaña y tocaremos las principales ciudades de Italia, no sólo Roma, también Nápoles y otras. El año pasado fue un gran Giro y el próximo también lo será. El 13 de enero lo desvelaremos todo", confirma a EL MUNDO Bellino.
El que ya ha asegurado su presencia, primer atractivo, es el otro gran esloveno del pelotón. Primoz Roglic aplazará su intento de hacer historia ganando su quinta Vuelta a España para intentar sumar a su palmarés su segundo Giro tras el conquistado hace dos años por 14 segundos a Geraint Thomas. Daniel Felipe Martínez (segundo en 2024) y Jai Hindley (ganador en 2023) serán sus escuderos de lujo en el Bora. Después acudirá a su cita 'maldita' con el Tour.
También Juan Ayuso, acompañado de Adam Yates e Isaac del Toro en el UAE Emirates, estará en Albania en su debut en la Corsa Rosa (arrasó en el Giro sub 23 de 2021). "Parece que el podio ya está escrito", bromea Vincenzo Nibali, presente también en Tirana, capital de un país que recibe cada año un millón de turistas italianos, como embajador del Giro. La representación española la completará Pello Bilbao y probablemente Mikel Landa. Y Nairo Quintana, ganador en 2014, y Einer Rubio liderando el Movistar Team. Todos en Albania, un territorio que pretende descubrirse al ciclismo. "No sólo su país nos convenció, sino también su organización y su entusiasmo. Y sobre todo el impulso del presidente Rama. No pudimos decirle que no. Aquí dejaremos un gran legado, habrá un gran aumento del turismo y el nacimiento de nuevas profesiones, por ejemplo las vinculadas al cicloturismo", concluye Paolo Bellino.
Tres etapas eléctricas
Realmente será en Durazzo donde comience el Giro 2025. Una primera etapa, la del 9 de mayo, de 164 kilómetros con final en dos vueltas a circuito en Tirana en el que se subirá, también dos veces, el puerto de tercera de Surrel para sumarse al anterior Gracen, casi 14 kilómetros de ascensión al 5,2% de promedio. No es muy probable que un sprinter se capaz de enfudarse la primera maglia rosa, que en cualquier caso perdería al día siguiente, con la crono de casi 14 kilómetros por las calles de Tirana, que tampoco es para especialistas puros, pues cuenta con un duro repecho (Sauk) a la mitad. El tríptico albanés se completa con la más exigente de las tres etapas, con llegada y final en Valona, 160 kilómetros exigentes con el largo puerto de segunda Qaba e Llogarase (7,4% de pendiente media) tras cuyo descenso se llegará a la meta. El traslado a Italia será el lunes 12.
Tras levantar la persiana de la habitación se calza las zapatillas de running y sale a la calle para desentumecer los músculos. Primoz Roglic (35 años) rompe tópicos. La mayoría de los corredores ve contraproducente compaginar la carrera a pie con la bicicleta, pero él no prescinde de una actividad que le sirve para recargar energías y despejar la mente. El esloveno es un runner que, siempre que puede, sale a correr durante 15 minutos. Después de las etapas suele consumir un batido de zumo de cereza que favorece la recuperación. Antes de cenar, merienda dos veces.
Roglic es diferente por hábitos y formación. Destacó en el esquí como saltador de trampolín, pero tras sufrir una grave caída se decantó por el ciclismo. No comenzó a entrenar en serio hasta poco antes de los 20 años y en 2014, con 25, debutó en el profesionalismo, una edad tardía entonces y más ahora, cuando los chavales dan el gran salto poco después de cumplir la mayoría de edad.
Ese retraso en acceder a la élite y las energías no quemadas explican el rendimiento de un veterano que no pierde la costumbre de ganar y se atreve a plantar cara a esa osada generación centennials que lideran su compatriota Tadej Pogacar y el neerlandés Mathieu van der Poel. Roglic tiene 35 años, pero en el ciclismo es como si tuviera cinco menos. Su perspectiva del ciclismo también es distinta al resto. Es difícil que pierda los estribos por una acción puntual en las carreras y es ambicioso como pocos. Thomas Gloag, uno de sus gregarios en el Visma durante el Giro de Italia de 2023, le definió así en el podcast How to become a Pro: «Primoz es un asesino absoluto sobre la bicicleta, es increíble. Tiene una concentración que rara vez se ve».
Roglic, además de inconformista, atesora una experiencia que supone un valor añadido, como ratificó el domingo con su magistral triunfo en la Volta a Catalunya, con el que frenó la espectacular proyección de Juan Ayuso (22 años). El viejo lobo doblegó a ese aspirante que pelea por arrebatarle el mando de la manada.
Miedo a la emboscada
El esloveno, tras un entretenido intercambio de golpes con español en los sprints bonificados en la etapa de clausura de la ronda catalana, derrotó a su rival con una sorprendente iniciativa: atacar de lejos. En teoría, él es más rápido de Ayuso en sprints cortos, por lo que le hubiera valido apurar hasta el final. Pero consciente de que su equipo era inferior al UAE y que podría caer en una emboscada, atacó a falta de 20 kilómetros para la meta. Un acelerón que descolocó a sus enemigos y dejó en anécdota el segundo de ventaja que tenía Ayuso en la salida de la última jornada. Durante 20 kilómetros, el pelotón fue incapaz de neutralizarle y se presentó en la meta con 19 segundos. «Después del segundo sprint intermedio no tenía otra opción. Si quería ganar, tenía que hacer algo y por eso ataqué. He tenido piernas y he disfrutado mucho», dijo el esloveno. «Roglic ha sido superior. Me voy bastante tranquilo, porque sé donde he fallado», recalcó Ayuso
Nuevo éxito para Roglic, que ya suma 91 victorias, entre ellas cuatro Vueltas a España, un Giro de Italia, un oro olímpico en contrarreloj, dos Tirreno-Adriático y dos Voltas a Catalunya. El triunfo de ayer supone un golpe para la moral de Ayuso, que buscará la revancha en el Giro de Italia del próximo junio.
Mientras llega la Corsa rosa, el pelotón se centra en las electrizantes clásicas de primavera. Esta semana comienzan los desafíos en los adoquines. El miércoles se disputa A Través de Flandes y el domingo, el segundo Monumento de la temporada: Tour de Flandes, donde Pogacar defiende título. La París-Roubaix, con una nueva pugna entre el esloveno y Van der Poel, se celebrará el 13 de abril.
El Tour abandona el Norte, poco a poco hacia el macizo central, en nada ya en los Pirineos, donde la batalla se enciende el jueves en Hautacam. Lo hace pidiendo tregua, al fin un par de días de (supuesta) calma, de escapadas largas y equipos de sprinters afilando el cuchillo. Porque las siete etapas iniciales, en las que no se ha subido ningún puerto superior de tercera categoría, han resultado tan extraordinarias como exhaustas.
Menos el pasado sábado en Lille, victoria al sprint de Jasper Philipsen, y en la siesta que se permitieron hacia Dunkerque (Tim Merlier), la nómina de ganadores ha sido de quilates: dos victorias de Pogacar, una de Van der Poel, otra de Ben Healy y la contrarreloj de Evenepoel en Caen. El amarillo se lo han repartido entre el propio Van der Poel y Pogacar, que sólo dos días desapareció de los 10 primeros puestos de la etapa. Es tal el despliegue que se presenta este sábado en la salida de Saint-Méen-le-Grand como líder de la general y de la regularidad... y a un solo punto de su compañero Tim Wellens en la montaña. El décimo en la general está ya a casi cuatro minutos, por ejemplo. Primoz Roglic se ha dejado 3:06, Enric Mas (que ayer se vio involucrado en la dura caída final) 4:35, Carlos Rodríguez 4:51, Ben O'Connor 8:10...
Casi todo son buenas noticias para Pogi, casi todo parece encaminado hacia su cuarto Tour (sin cumplir los 27 años), el segundo consecutivo. Pero, llegando al Muro de Bretaña, aproximándose a la segunda de las ascensiones a la icónica colina, el esloveno tuvo la peor noticia de lo que va de Tour. En una velocísima transición, Joao Almeida -quien, como el propio Mas y otros, marchaba innecesariamente atrás del pelotón-, su gran escudero, el hombre llamado a escoltarle en las etapas de montaña, en esas «maratones de los Alpes» donde Vingegaard «puede marcar la diferencia» (como avisa su compañero Jorgenson), el luso se vio involucrado en una espeluznante montonera. Pudo retomar la marcha y en meta se dejó más de 10 minutos. «No todo ha sido perfecto: Joao se está sometiendo a rayos X tras su caída. Por supuesto, es bonito ir de amarillo y ganar la etapa, pero como Tim [Wellens] me acaba de decir, era un lujo tener a Joao tan cerca en la general. También era una buena oportunidad para él, porque está en una gran forma física. Espero que no se haya roto nada y pueda continuar», se lamentaba Tadej tras el triunfo 101 de su carrera: en el arreón definitivo alcanzó una velocidad de 55 kilómetros por hora... con el viento en contra.
Después, las pruebas supusieron un alivio. El UAE Emirates descartó fracturas, pero el estado de Almeida, que sería sin duda uno de los grandes favoritos al podio de competir para otro equipo, era preocupante. En las imágenes de la llegada se le vio repleto de rasguños, sangre en las manos y cojeando. Tiene un fuerte golpe en las costillas (fractura costal izquierda sin complicaciones), aunque lo que más preocupaba era la mano.
Pogacar y Vingegaard, en el sprint del Muro de Bretaña.Tour de Francia
Si no hay nada raro, Pogacar llegará al lunes con 1:17 de ventaja sobre Vingegaard. Ese día, reservado habitualmente al descanso, coincide con la fiesta nacional francesa (16 de julio), así que el Tour ha preparado su propia fiesta. Una etapa nunca vista: entre Ennezat y Monte Dore, poco más de 160 kilómetros y hasta ocho puertos, casi todos de segunda categoría, para un desnivel acumulado de 4.400 metros. Como una jornada pirenaica o alpina. «Será duro, de mucho sufrimiento, con altas temperaturas y muchas subidas durante todo el día. Puede haber algunos movimientos... pero ya veremos», advertía Pogacar, con la mosca detrás de la oreja por la actitud que está teniendo estos días el equipo Visma Lease a Bike de Vingegaard y su «carrera extraña».
Parece una buena renta, pero el pasado confirma que se encuentra en las distancias normales que los dos han mantenido en los comienzos del Tour. Porque sólo la contrarreloj (1:05 a favor de Pogacar), marcó diferencias: el resto es gracias a las bonificaciones. En 2022, el esloveno llegó a le etapa 11 con 39 segundos a su favor, dilapidados en la recordada jornada del Granon. Un año después, en la quinta etapa gozaba de 11 segundos, pero Vingegaard le golpeó con 1:04 en Laruns. Y el año pasado, cuando Jonas acudía tras su fatal caída en la Itzulia, al Galibier, cuarta etapa, acudieron igualados y allí Pogi le distanció en 50 segundos.