Marta Xargay, la vida después del baloncesto y el abuso: “No le deseo a nadie pasar lo que yo pasé”

Marta Xargay, la vida después del baloncesto y el abuso: "No le deseo a nadie pasar lo que yo pasé"

Hace tres años, Marta Xargay (Girona, 1990) se bajó del deporte de elite en plena cresta de la ola. Porque, confesó, “no es oro todo lo que reluce”. Tenía 29 años, era una de las mejores jugadoras del mundo, líder de la selección campeona de Europa, plata olímpica y mundial, pero miraba atrás y sólo recordaba baloncesto. No sólo se retiró, también denunció públicamente haber sufrido episodios de abusos por parte de Lucas Mondelo que la llevaron hasta la bulimia.

Marta pulsó F5 y amaneció una nueva vida de la que ahora forman parte Breanna Stewart, su esposa (MVP de la WNBA) y Ruby Mae y Teo. Después de todo aquel terremoto de 2021, de experiencias vitales tan únicas como el nacimiento de sus hijos y tan duras como el fallecimiento de su padre a causa del cáncer el pasado mes de agosto, Xargay rompe su silencio en EL MUNDO, al que recibe en Madrid tras recibir el premio de la revista Gigantes a su carrera de Leyenda.

Para saber más

¿Cómo es su vida después del baloncesto?
Si soy sincera, mi vida es una revolución. Vivimos entre Nueva York y Girona. Ya no tengo un horario para entrenar, pero ahora tengo que llevar a la niña al cole, cuidar de Teo… Y me gusta seguir rodeada de baloncesto, compartir los nervios previos con Breanna.
¿Qué echa de menos y qué no?
Acabamos de llegar de Amberes del Preolímpico de la selección de EEUU y se echan de menos esos partidos importantes, las finales, ver un pabellón lleno… Pero el día a día… Cuando veo que ella tiene que entrenar doble o alargar un entrenamiento, eso no lo echo de menos. Sé que era mi momento. Cuando un deportista de elite ya no quiere hacer horas extra, es que ya no estás disfrutando de lo que haces.
¿Qué sensaciones tiene cuando ve un balón?
Cuando anuncié mi retirada, tardé un montón en volver a tocar un balón. No me apetecía. Cuando la gente se retira por cansancio… Y yo lo tenía muy claro, se cerraba una etapa y se abría otra. Ahora ayudo a Breanna puntualmente en algún entrenamiento, cuando estamos en Girona. Pero en Nueva York sólo juego con mi hija en la canasta de juguete que tenemos en casa.
Ahora vemos carreras que se extienden hasta los 40 años. Tuviste claro que era el momento del adiós con 29.
Estaba contenta y tranquila con mi carrera. Juegos Olímpicos, Mundiales, Europeos, la WNBA, gané una Euroliga… Es verdad que aquí empezamos mucho más jóvenes y supongo que el cansancio mental y físico llega antes.
¿El mejor recuerdo?
Río me viene un montón a la cabeza. Cualquier medalla cuesta un montón, pero una olímpica… Ese fue uno de los momentos que más me ha marcado y que se quedará para siempre.
¿Siente que formaron algo especial en esa selección?
Íbamos a la selección a pasárnoslo bien. Íbamos a competir, pero siempre decíamos: ‘Vamos de campamento’. Era un grupo con mucha química y muy buen rollo. Disfrutábamos fuera, pero también disfrutábamos dentro, donde salía el carácter. El saber competir, el no rendirte. El orgullo. El domingo iban 22 abajo y remontaron en Hungría. Te sientes orgullosa, aunque ya no formes parte. Significa que algo has dejado, que ese carácter no se pierde.

Xargay, tras recibir el premio Gigantes.JUANJO MARTINEFE

También hubo momentos malos.
Hace poco estuve con Laia Palau y recordamos el último verano, el de 2019, el Europeo en Serbia. Ese verano fue muy duro. Yo llevaba todo lo que llevaba encima y para todas fue muy duro. Si te soy sincera, no sé ni cómo ganamos. Bueno, con la sangre española.
Ese torneo se celebró después de su temporada en Kursk (Rusia), donde sucedieron esas “cosas inasumibles” que denunció con Mondelo. ¿Fue una liberación?
Sentía la responsabilidad de hacer público mi caso. Yo, que era quien era en ese momento, podía ayudar a alguien. Era mejor hacer eso que ganar una medalla. Como deportista de elite, hay muchas niñas que te siguen. Eres un ejemplo para mucha gente. De todo ese proceso me quedo con la gente que me escribió, dándome las gracias. Porque seguramente, estaban pasando por lo mismo. Me escribieron madres y niñas, dando las gracias. Hay que dar visibilidad a las cosas. No quieres que a nadie le pase eso, no se lo deseo a nadie. Fue duro, no te voy a engañar. Pero también se puede salir de ello. Yo estoy recuperada y al final, fue una anécdota, por decirlo así.
No ha vuelto a hablar del tema ni de Lucas Mondelo.
No quise hablar más porque al final es algo que quise quitarme de encima. Breanna me ayudó un montón, ella también contó su historia para ayudar a otras niñas. Sobre Lucas, cada uno elige su camino. Yo estoy muy tranquila con mi vida, con mi carrera. No voy a hablar con él. Si me lo encuentro, no le voy a girar la cara, somos personas adultas.
Además de su caso, ¿vio o intuyó más casos de abusos cerca?
Estoy convencida de que casos así hay muchos, en todos los ámbitos. Hay gente que no tiene ese poder para denunciar o tiene miedo a contar su historia porque no le puedan creer. Ojalá quien esté sufriendo acoso o algún tipo de maltrato pueda pedir ayuda y acabar con ello.
Como deportista de elite, ¿qué sintió con el caso Rubiales?
Fue duro, mucho. Me acuerdo de emocionarme de rabia y de tristeza. Cuando habló (en la Asamblea de la RFEF) y todos le aplaudieron… eso es lo que más me dolió de todo. Pasan cosas y todo el mundo puede cometer un error, pero lo que viene después del error es peor que lo que ha pasado antes. Cuando vi esos aplausos se me cayeron las lágrimas. Pensé: ‘Aun así, aplaudimos’. Eso es imperdonable.
¿Qué le diría a sus hijos si le dijeran que quieren dedicarse al baloncesto?
Algo que mis padres me dijeron desde el principio: ‘Disfruta y pásatelo bien’. Y que sean conscientes de que habrá momentos duros. Tenía compañeras de equipo que sus padres iban detrás con las estadísticas. A mí nunca me regañaban. Si no lo has hecho bien pero has luchado y has disfrutado, ya vale la pena.
Formó su familia después de su carrera. ¿Valoró ser madre siendo jugadora profesional?
En ese ámbito queda mucho por aprender. En el deporte vamos muy atrasados. Avanzamos poco a poco, pero aún hay casos llamativos. Hace unos días veía que una mujer hacía una entrevista de trabajo y lo primero que le preguntaban era si tenía planes de quedarse embarazada. Como deportistas de elite lo tenemos bastante más difícil. En la WNBA es diferente, las jugadoras pueden viajar con los niños, a nivel económico te ayudan desde la liga… Ojalá llegue un momento en que ser madre no sea un problema para una deportista. Como deportista y persona quieres crear una familia y deberíamos ponérnoslo más fácil entre todos.
Silvia Domínguez me contaba que era consciente de que ser madre afectó a su carrera deportiva.
No es justo para nada. Muchas atletas no son madres por miedo, por qué va a pasar, por si afectará a su carrera. Cuando decidimos formar una familia, a Breanna también le afecta. No duermes igual de bien… ser madre es un trabajo constante, un no parar.

kpd