La plata de la España plural. Un chico de Sopelana, un pacense nacido en Alcorcón, una manchega de La Solana y una madrileña de Majadahonda. Markel Fernández, campeón nacional indoor, con sus heridas en el muslo y los mareos que ni celebrar le dejaban. David Fernández Zurita, que se reivindicaba: “No he sido tan cagón como en el 400 individual”. Paula Sevilla, la experiencia de ir “paso a paso”, recibiendo el testigo en la última posición, dejando atrás el caos de la aparatosa caída que arruinó a Estados Unidos y Países Bajos. Y Blanca Hervás, bellísimas zancadas, sonrisa magnética en la meta, generosa ella, pues en un rato disputaría una final mundial, nada menos, la primera de su vida. Y prefirió el frenesí al descanso.
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La medalla mundial en el estreno del relevo mixto 4×400 bajo techo, Torun ya para siempre en la memoria colectiva del atletismo español. La plata de la España solidaria, de la España valiente, de la España sufridora. Y de la España metódica, porque detrás de la Historia está el trabajo en la sombra, ese Plan Nacional de Relevos, donde tres técnicos que merecen mención (Antonio Puig, Esther Lahoz y Berni Domínguez), elaboran como orfebres desde hace años el salto enorme del relevo español. Que ya se traduce en éxitos.
Con su melena canosa, Puig arengaba al colectivo en las entrañas del Kujawsko-Pomorska Arena. “Todos positivos, en la cámara de llamadas es donde se ganan las medallas. Disfrutad ahí dentro”, espoleaba en el corrillo, donde no sólo estaban los cuatro titulares (los cuatro que compitieron en las semifinales del individual, decisión pensada), también Gerson Pozo, Rocío Arroyo, Carmen Avilés, Daniela Fra y Ana Prieto, los que se quedaron fuera. Ellas, este domingo, buscarán repetir gesta en el 4×400 femenino, siguiendo la estela de las Golden Bubbles, que el pasado año se proclamaron campeonas en el World Athletics Relays de Guangzhou.
Zurita y Blanca Hervás se abrazan tras lograr la plata en el relevo mixto 4×400.AP
“¡Cuántas hostias!”, gritaba después desde la tribuna Fra, alucinando con la norteamericana que completó su posta sin zapatilla. Porque, si algo marcó la carrera, fue el enganchón tremendo que se produjo en el primer relevo, por los aires los atletas por la imprudencia, después sancionada, de Jamaica (fue descalificada y perdió el bronce en favor de Polonia). En ese primer 400 España iba última, perjudicada por partir desde la calle 1, con un Fernández (47,76) enredado en choques, ahí sus “heridas de guerra”. “Ese cambio está estrenado”, se congratulaban las compañeras cuando, limpísimos, los españoles salieron bien parados y Paula Sevilla, esquivando el incidente, la veterana del cuarteto, se lanzó a por todas (52.05). De repente, con dos rivales menos.
Valiente fue García Zurita (46,09), quien dejó todo listo para Blanca Hervás (51.06), una atleta que crece a zancadas. Con “cabeza y calma”, siguiendo los consejos de Puig, la madrileña, formada en la Universidad de Florida (aunque no guarda los mejores recuerdos deportivos de allí), aguardó a rebufo de la jamaicana Leah Anderson, lejos ya la belga Helena Ponette, contundente oro. Y en la recta de meta, un acelerón hacia la gloria. “Se la va a comer”, anticipaban sus compañeras.
España pulverizó el récord de España (3:16.96, mejorando los 3:17.12 logrados en el Europeo de Apeldoorn). Y España, en los rostros de juventud y ambición de Markel, Paula, David y Blanca, conquistó la segunda medalla mundial en pista cubierta para un relevo español. En Belgrado 2022, el masculino 4×400 compuesto por Bruno Hortelano, Iñaki Canal, Manuel Guijarro y Bernat Erta también consiguió la medalla de plata.



