En cierta ocasión, en el curso de una conferencia que impartía sobre grandes hombres, Mark Twain reflexionó: “Todos los genios han muerto: Aristóteles, Shakespeare, Cervantes… Y yo no me siento muy bien últimamente”.
Djokovic se seca la cara en la derrota ante Rune en Roma.F. MONTEFORTEAFP
Roger Federer ha muerto para el deporte. Rafa Nadal, casi. Y Novak Djokovic no se siente muy bien últimamente. Ha sido derrotado en Dubai, Montecarlo, Banja Luka y Roma por, respectivamente, Daniil Medvedev, Lorenzo Musetti, Dusan Lakovic y Holger Ru
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Estaba en un hotel de puro lujo en una isla paradisiaca de Turcas y Caicos, tenía una playa privada frente a su habitación y un barco a su disposición para navegar hasta Miami, pero lo que recordará Carlos Alcaraz de sus semanas de vacaciones recién finalizadas serán las partidas de mus o de League of Legends junto a su hermano Álvaro y sus amigos de siempre, el Joserra, el Pedro, el Fran, el Álex.
2025 fue el mejor año de la carrera de Alcaraz: remontó la final de todas las finales en Roland Garros ante Jannik Sinner, volvió a derrotar a su máximo rival en el US Open y acabó la temporada como número uno. Pero sobre todo 2025 fue el año en el que encontró el equilibrio.
Hay muchos motivos técnicos y muchos motivos tácticos y muchos motivos técnico-tácticos, pero si el español domina el tenis de la manera en la que lo hace, hasta sumar seis Grand Slam con apenas 22 años, es porque ha entendido una cosa: las victorias no dan la felicidad, la felicidad puede llevar a las victorias.
Otras temporadas acabó cayendo en la desesperación, el llamado burn-out: en 2025 ya no. Alcaraz ha comprendido que lo primero es su bienestar. Para vencer necesita alegría y su alegría se basa en la compañía, en sentirse querido, en estar con los suyos el máximo tiempo posible. Más que trofeos, le llenan las comidas con su familia, los ratillos con los amigos.
Bajo esa máxima también se puede entender el divorcio con su entrenador, Juan Carlos Ferrero: por encima de todo, su espacio. Bajo esa máxima incluso se puede entender su ventaja respecto al resto de tenistas.
El antiejemplo, Zverev
Este 2025, cuando el español o Sinner no estaban en pista, se observaban cuadros de ansiedad, montones de hombres padeciendo el privilegio de vivir holgadamente de un juego. Hay un debate encendido sobre qué posición ocuparían Alcaraz o Sinner si hubieran nacido 15 o 20 años antes, pero no hay duda sobre qué pasaría con el resto de jugadores del Top 10 actual. Nada bueno.
El caso paradigmático es Alexander Zverev. De otros, como Alex de Miñaur o Lorenzo Musetti, se puede decir que su tenis no les alcanzó para discutir a los dos mejores del mundo. Pero con el alemán es distinto: tiene el juego, siempre lo ha tenido, pero le falta precisamente eso, la alegría.
Zverev vive en una constante lucha contra sí mismo que le lleva a sabotarse cuando menos debe. Cuatro veces se enfrentó al italiano durante la temporada y cuatro veces se empequeñeció hasta desaparecer. Su estabilidad parece depender de ganar, incluso de ganar mucho, de celebrar por fin su primer Grand Slam, y así será difícil que lo consiga.
En un deporte individual, más en uno tan cruel como el tenis, esa inquietud es letal. Y al mismo tiempo quizá sea inevitable. Quienes llegan a lo más alto de la ATP lo hacen cargados de un entorno armado de halagos y exigencias -normalmente personificado en el padre- y es imposible hollar la cima con tanto peso.
Muchos de su generación ya han caído por lo mismo: Daniil Medvedev, Stefanos Tsitsipas, Andrei Rublev. Y muchos otros lo harán. La revelación del final de temporada fue Felix Auger-Aliassime, aunque en sus ojos se sigue leyendo la tristeza.
Sinner aprende a disfrutar
También les pesa la diferencia con Alcaraz, siempre disfrutón, y con un Sinner que este 2025 ha emprendido su mismo camino. La rivalidad con el español sería un nido de frustración para muchos, ya no digamos perder como perdió en París, pero el número dos del mundo analizó lo ocurrido y extrajo la mejor conclusión posible: su rival le derrotó porque al final se lo gozó más. El balance, Sinner también ha hallado el balance.
En el último de seis duelos Alcaraz-Sinner del curso recién terminado, la final de las ATP Finals, pasó algo extraordinario. Durante el segundo set, Sinner engañó con una dejada de revés a Alcaraz y este, que no llegó a devolverla, sonrió. Sonrió de verdad. Sonrió con todos los dientes.
Si hubiera sido un partidillo en el club, sin trofeos ni cámaras, lo hubiera parado y le hubiera dicho a su amigo: «Lo ves, ahí me has pillado». Son muy distintos, pero Sinner devolvió el detalle a Alcaraz con una miradita cómplice. Dentro de todo, los dos estaban echando un buen rato.
Poco después, en Turín, las cámaras ya estaban apagadas, pero al acabar la ceremonia de trofeos, Sinner saltó a la pista con su equipo, unos familiares, su nueva pareja y su perrete. Ahí se podía ver que el tipo es mucho más alegre de lo que parece.
Le lanzó un «Sit!» al animal, el animal le hizo caso y entonces Sinner soltó una carcajada. ¡Una carcajada! Como Alcaraz, parece que también se siente en paz, que duerme bien, que tararea al pasear por la calle. Este 2025 fue el año de la felicidad en el tenis; la felicidad de Alcaraz y Sinner que no se sustenta en victorias.
Como es comprensible cuando aún no ha cumplido 21 años, Carlos Alcaraz carece de estabilidad en algunos partidos. Le sucedió en octavos de final ante Jan-Lennard Struff y volvió a ocurrirle en cuartos frente a Andrey Rublev. Tras un primer set brillante, quedó sometido en el segundo. Bien es cierto que el ruso elevó el rendimiento, en particular con su saque, casi inabordable por mucho que Alcaraz fuese a recibirlo casi pegado a los anuncios, pero también cabe achacar el desenlace a una desconexión del defensor del título y doble ganador del torneo. Aún corto de competición tras su ausencia en Montecarlo y Barcelona por la dolencia en el antebrazo derecho, le falta gestionar mejor los momentos de los partidos, sostener el relato de su tenis sin consentir abruptos giros de guion. Rublev se impuso por 4-6, 6-3 y 6-2 y se clasificó para semifinales.
En menos de 24 horas, el Masters 1000 de Madrid se ha quedado sin sus dos ídolos. Tras la despedida del torneo para siempre de Rafael Nadal, con el público madrileño aún bajo una profunda melancolía, Alcaraz vio cómo Rublev dejaba en 14 victorias consecutivas su triunfal secuencia en el torneo y provocaba su primera derrota en la capital desde que cayese ante Nadal en la segunda ronda de 2022. Por si los daños fueran pocos a la hora de restar atractivo a la competición, Jannick Sinner, el mejor jugador del año, decidió no disputar su partido de cuartos frente a Felix Auger-Aliassime, pensando en Roland Garros.
El bicampeón del torneo y defensor del título había encontrado en el difícil partido frente a Jan-Lennard Struff, un rival que siempre le resulta incómodo, una plataforma de lanzamiento hacia el objetivo máximo en este torneo, que no es otro que revalidar la corona. Hasta entonces, hasta esa tercera ronda, Alcaraz realizaba una especie de autoexamen, calibraba ambiciones y riesgos, pendiente de esa lesión en el brazo derecho de la que aún no se ha desembarazado.
Buen primer set
Una vez cautivado por las emociones de un partido que él solo se complicó, Alcaraz lo quería todo. Bajo techo ante la tímida lluvia previa al partido, tardó poco en provocar la primera brecha en el marcador, impulsado por un magnífico passing shot cruzado de revés. Andrey Rublev, su rival en cuartos, es puro temperamento y tiene tendencia a mostrarse demasiado monocorde. No fue así este miércoles.
Al otro lado, un tenista de amplio registro, que puede jugar de muchas maneras. En Madrid sigue sacando punta al saque abierto liftado en el lado de las ventajas, con el que desesperó, entre otros, a Novak Djokovic en las semifinales de hace dos cursos. Alcaraz ya había derrotado a Rublev en la fase de grupos del último torneo de maestros, el único cruce entre ambos antes de la cita de este miércoles.
Cada uno de los contratiempos iniciales, por pequeños que fueran, encontraban una respuesta valiente del español. Miren sino. 5-4 arriba, tras haber contado con dos bolas de set al resto en el juego anterior. Doble falta y 15-30 para Rublev. Alcaraz sirve y termina pronto la jugada con volea de derecha. Tardaría poco en certificar el primer parcial.
Todo cambió de manera radical a partir del segundo set. Se diluyó progresivamente Alcaraz mientras crecía su rival. Triste, decaído, tal vez limitado en su físico, al murciano no le alcanzó con el apoyo de una grada ya en estado de orfandad, sin ningún español en los cuadros individuales del torneo.
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
Actualizado Miércoles,
11
octubre
2023
-
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