Udoka, que llevó a los Celtics a las Finales de la NBA el año pasado, en su primera experiencia como entrenador jefe en la liga, no podrá entrenar en la próxima temporada
Ime Udoka, la temporada pasada.AFP
Los Boston Celtics informaron este jueves de que suspendieron al técnico Ime Udoka para la temporada 2022-2023 de la NBA por “violar las reglas internas” de la franquicia.
“Los Boston Celtics anunciaron que el equipo ha suspendido al técnico Ime Udoka para la temporada 2022-2023 por violar las reglas del equipo. Una decisión sobre su futuro se tomará más adelante. La suspensión tiene efecto inmediato”, dice el comunicado publicado por la franquicia de Boston.
Udoka, que llevó a los Celtics a las Finales de la NBA el año pasado, en su primera experiencia como entrenador jefe en la liga, no podrá entrenar en la próxima temporada, cuyo comienzo está fijado el próximo 19 de octubre.
El comunicado oficial sobre la suspensión del técnico se produce después de que en Estados Unidos se adelantara la noticia de que Udoka había mantenido una relación consensual con una mujer miembro del equipo.
Nacido en Portand en 1977, Udoka compitió en Gran Canaria y en Murcia en su carrera de jugador y, en su carrera de entrenador trabajó en San Antonio Spurs, Philadelphia 76ers y Brooklyn Nets como asistente entrenador.
Los Celtics no comunicaron el nombre del sustituto de Udoka, aunque es posible que sea Joe Mazzulla, de 34 años, quien fue asistente del entrenador jefe en los últimos tres años.
Tuvo que ser así, de la forma más agónica, con un triple desesperado de Kevin Punter que no entró, como el Barça se despidiera de la Euroliga. Por primera vez en 21 años no habrá ningún equipo español en la Final Four. Pese a la oda a la obstinación del colectivo de Joan Peñarroya, su infinito amor propio para sobreponerse a todas las adversidades, murió en la orilla de Mónaco. Cruel premio a quien nunca se rindió. [85-84: Narración y estadísticas]
La batalla en la Gaston Medecin fue una prolongación de lo que ha sido el año para el Barça. Recibió golpes y más golpes, pero no hay un fajador igual. Recordará ese lanzamiento de su estrella como la irrupción inesperada de Papagiannis, el recurso que se sacó de la chistera Spanoulis para llevar a su equipo hasta Abu Dhabi. Allí se las verá con Olympiacos, donde él fue leyenda.
Punto arriba, punto abajo. Un avanzar en la angustia hacia un destino fatal. En el quinto y definitivo el Barça se quedó a un palmo de la hazaña. Un duelo en el que al comienzo del tercer acto se vio perdido, en el que se rebeló, confió en Willy Hernangómez, desequilibrante, en la pujanza de Justin Anderson, en el poder de su colectivo. Sufrió la mejor versión de Mike James y al desequilibrante Papagiannis. Y apenas un detalle le separó de la gloria.
La temporada del Barça ha sido eso, una constante rebelión ante las adversidades. Ante las recurrentes y graves lesiones (Laprovittola, Juan Núñez, Metu, Vesely...), ante la incapacidad económica para reforzarse y hasta ante los extraños sucesos, como el no fichaje de Heurtel o la espantada al universo NBA de su prometedor cantererano Dame Sarr. Con nueve efectivos profesionales y tres chavales ha afrontado una feroz serie contra el Mónaco.
En cada herida, también el fracaso en Copa, las dudas sobre Peñarroya, las recurrentes derrotas contra el Madrid, el grupo de jugadores se ha hecho más fuerte, más pétreo, más resiliente. Como si no les quedara otra que seguir adelante, que contradecir a su destino.
Punter, defendido por Papagiannis, en Mónaco.SEBASTIEN NOGIEREFE
Por eso el Barça se levantó tras los dos mazazos iniciales en la Gaston Medecin que parecían desahuciarle. El Palau le dio vida y esperanza y aplacó las inercias del rival para deparar un quinto en el que desafiar a la historia: nadie había levantado jamás un 2-0 jugando el último a domicilio.
Partieron valientes los de Peñarroya, acertados desde el perímetro y dominando la situación. Haciendo de su defensa el valor clave. Pero si apenas encajó 15 puntos en el acto inicial, fueron 30 en el segundo, donde el Mónaco apretó, elevó la temperatura y recurrió a la experiencia y el talento de Mike James. También al gigante Papagiannis, un tipo al que su compatriota Spaonulis le tenía castigado desde hacía meses. Ante Fall y Willy necesitaba algo más y lo tuvo.
Eso minutos fueron crisis azulgrana. Y eso que el aro escupió un triple de Tarpey que hubiera puesto una máxima de nueve para a continuación comprobar como el de Punter, que ya por entonces era referencia absoluta azulgrana, entraba.
Pero a la vuelta siguió la puja local, Mike James reverdeciendo laureles, mostrando por qué es historia de la competición, máximo anotador de siempre. Se vio 10 abajo el Barça y resurgió con dos triples de Satoransky. Y un enorme Willy que bailó a Theis para sacarle la tercera y la cuarta y volver a empatar (54-54).
El último acto fue de infarto. Un absoluto toma y daca. Había aparecido un Jabari que había estado desastroso al inicio. Punter y Strazel tomaron la responsabilidad, aunque la última canasta del partido la iba a firmar James. Después falló Anderson, nada se pitó en el rebote ofensivo azulgrana, volvió a fallar James y en las manos de Punter, desde nueve metros y con Papagiannis delante, se fue el milagro.
El Valencia Basket consolidó la inercia de la Supercopa con un convincente triunfo ante el Real Madrid en la décima jornada de la Euroliga. Los locales tomaron la iniciativa en el ecuador del segundo cuarto y ya no soltaron a su presa, gracias a la inspiración de Omari Moore (16 puntos), Nate Reuvers (14) y Darius Thompson (14). Mientras, el equipo de Sergio Scariolo volvió a mostrarse muy errático desde el perímetro (22% en triples) y ese déficit dejó en nada el buen partido de Trey Lyles (23 puntos, nueve rebotes). [Narración y estadísticas (89-76)]
Los casi 15.000 espectadores que acudieron al Roig Arena vibraron con la cuarta victoria de su equipo, que se mantiene invicto como local en el máximo torneo continental. La afición taronja disfrutó con el juego coral de su equipo, capaz de minimizar a Walter Tavares, que sólo lanzó una vez en juego y cometió cinco pérdidas.
Tras el arranque igualado de rigor, con intercambio de canastas, un triple de Jaime Pradilla (35-32) a falta de cuatro minutos para el descanso supuso un antes y después. De ahí hasta el final, los hombres de Pedro Martínez ya no cederían la iniciativa en el marcador.
Protestas de Scariolo
La buena circulación del Valencia pesó un poco más que la calidad de Lyles, pero además los locales se llevaron la batalla de las sensaciones al sacarle Reuvers la tercera falta a Tavares tras un mate y redondear la acción Thompson con un triple (45-38, m.20).
Se marchó Scariolo enfadado al descanso después de que no se parase el reloj tras haber pedido tiempo muerto y el tercer cuarto se retrasó por esa misma discusión. Los árbitros permitieron, para enfado de la grada, que el técnico se situara tras la mesa de anotadores para que pudiera comprobar algo de primera mano.
Las discusiones no descentraron a Lyles, para que el Valencia seguía sin encontrar antídoto, pero tampoco el Madrid conseguía sujetar a los exteriores locales, que además consiguieron activar un par de veces por encima del aro a Yankuba Sima. El encuentro y la renta local se estabilizaron (62-56, m.27).
Cuarta falta de Tavares
La cuarta falta de Tavares aceleró el juego al final del tercer cuarto y en ese contexto y pese a sus miedos con Alex Len, el Valencia se encontró más cómodo. Además, cuando se metía en algún problema aparecían Thompson o Moore para rescatarlo y por primera vez su renta pasó de la decena (72-60, m.32).
Consciente de su mal porcentaje de tres puntos, el Real Madrid se lanzó hacia el aro local pero tanto Pradilla como un inmenso Reuvers supieron protegerlo. Ni el dominio del rebote permitía a los visitantes acercarse. Scariolo apostó por una estructura con Lyles de 'cinco' y Deck de 'cuatro' pero tampoco resultó y entró a los últimos minutos con una clara desventaja que ya no pudo remontar.
Con el talento desatado de Dzanan Musa todo es más sencillo. Se disipa el cansancio acumulado, se aplaca el ímpetu del rival, se disimulan los errores colectivos y el baloncesto, en fin, fluye como sus atildados movimientos, como si no costara. El bosnio firmó en el Buesa Arena la noche que confirma su mejoría, el líder que debe ser, 29 puntos en una tormenta perfecta que ahondó en la depresión del Baskonia y que mantiene la pujanza recobrada del Real Madrid, siete victorias en los últimos ocho partidos y con el billete sellado hacia la Copa del Rey. [82-89: Narración y estadísticas]
El Madrid, que sigue sin ser la perfección, fue superior de principio a fin en Vitoria, en esta semana 'cuádruple' sin precedentes para ambos. Se apoyó en otro amanecer poderoso, en ese cambio de actitud de últimamente, y sobrevivió a sus pérdidas (15), al rebote ofensivo del Baskonia (14) y al bajón, que ya no es una novedad sino tendencia, con su segunda unidad. Campazzo (17 puntos, seis asistencias) templó en el desenlace y Hezonja, con un triple desde ocho metros marca de la casa, hizo añicos cualquier esperanza de remontada local.
No está Pablo Laso para fiestas, con su Baskonia hundido tanto en Europa como en ACB. Apenas le quedan ya opciones de clasificarse para la Copa de Las Palmas, un borrón imperdonable (han fallado en tres de las últimas cinco). Si alguna esperanza de resucitar tenía en la visita del que fuera su Madrid, al que había derrotado en Euroliga en octubre, no tuvo el viento a favor en casi ningún momento. Con la baja de su capitán Sedekerskis, Markus Howard -borrado por un excelente, otra vez, Abalde- se lesionó antes del descanso y Moneke tampoco participó demasiado.
Khalifa Diop, defendido por Garuba, en el Buesa.ADRIAN RUIZ HIERROEFE
El Madrid arrancó con el pie a fondo en el acelerador. Un 16-28 que era una declaración de intenciones. Musa sumó sus 15 primeros puntos sin despeinarse (no iba a fallar ninguno de sus cinco triples; acabó con 38 de valoración). Pero, como siempre, fue sentarse Campazzo y Tavares y todo se desmoronó. Es preocupante el desempeño tanto de Andrés Feliz en la dirección como de Serge Ibaka en la pintura. Con ambos en pista, se vino arriba el Baskonia, con la clase de Luwawu-Cabarrot y un parcial de 12-2. De nuevo estiró el Madrid y un triple de Rogkavopoulos dejó la herida un poco menos abierta al descanso (39-47).
La segunda parte repitió el guion. Garuba, con su energía, suplió bastante mejor a Tavares que Ibaka. El Baskonia hacía la goma permanentemente, pero no se arrimaba lo suficiente. En el desenlace, con Campazzo dueño del escenario (muy superior a la pareja de bases del rival), un triple de Hezonja fue el puñal en el corazón vitoriano.
No hay tiempo para lamentos ni festejos. El miércoles ambos tienen duelo. Y el viernes, y el domingo...