Última jornada de atletismo en el Stade de France. La abrió el salto de altura masculino. La prueba permanece embarrancada por debajo de 2,40. Gianmarco Tamberi, convaleciente de desórdenes renales la última semana, se quedó en 2,22. Mutaz Essa Barshim, en 2,34. A 2,36 subieron el neozelandés Hamish Kerr y el estadounidense Shelby McEwen. En un desempate inferior en 2,34 ganó Kerr.
Mientras se dilucidaba la altura, Jakob Ingebrigtsen (13:13
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Lester Lescay es uno de los genuinos representantes de algunas de las más notorias características del actual atletismo español. Joven (23 años), talentoso (8,35 en salto de longitud en 2024, sexta marca mundial del año) y no nacido aquí. Lo hizo en Cuba, en Santiago.
Recién nacionalizado, forma con Jordan Díaz -naturalizado en 2022, plusmarquista nacional y campeón olímpico de triple salto, también cubano, de La Habana, 24 años recién cumplidos el 23 de febrero-, la pareja más notoria por origen y similitud de especialidades atléticas, del espejo deportivo español. El deporte como visible reflejo del paisaje sociológico y ciudadano del país.
Lesionados, ninguno de los dos compitió en el recién finalizado Campeonato de España en Pista Corta (short track), la pista cubierta de siempre, celebrado en el pabellón madrileño Gallur. Pero sus figuras estuvieron latentes, mientras otras, numerosas, pintaban presencialmente el agradecido y agraciado lienzo étnico y generacional de nuestro atletismo. Multirracial en lo físico (pieles en distintos tonos oscuros, tostados, de Latinoamérica y África). Joven en lo cronológico (menos de 25 años).
Desplazados por razones políticas o económico-vitales, hay muchos, hombres y mujeres, de diferentes edades, nacidos o criados aquí, compitiendo en distintas modalidades, incrementando de continuo un fenómeno que empezó hace tiempo. Una característica global, pero más acusada, por razones culturales y geográficas, en España, que ha conducido momentáneamente a que, en pruebas olímpicas, siete récords de España masculinos y seis femeninos los ostenten atletas no nacidos entre nosotros.
Attaoui se proclama vencedor de la final masculina de 1.500 metros.EFE
Es el caso de los actuales plusmarquistas españoles de 800 metros, ambos, de 23 años. El monarca al aire libre, Mohamed Attaoui, quinto en los Juegos Olímpicos de París, nació en Marruecos. El recordman en sala, Elvin Josué Canales, en Honduras. Attaoui ganó en Gallur los 1.500. Canales fue tercero en los 800. Los dos exhibieron su clase en pruebas de gran nivel general.
Entre las mujeres, Tessy Ebosele, de 22 años, lesionada en la final de salto de longitud cuando iba segunda a cuatro centímetros del oro, subcampeona mundial sub-20 de triple salto, y bronce en longitud en el Europeo sub-23, nació en Marruecos, pero de familia procedente de Nigeria. Con año y medio de edad, llegó a España con su madre en una patera y obtuvo la nacionalidad española en 2021.
María Vicente (23 años, Hospitalet de Llobregat), llamada a ser una de las mejores atletas de pruebas combinadas del mundo, con un deslumbrante historial juvenil, vendría a establecer un puente unisex entre las cunas extranjeras y las nacionales. De madre conquense y padre cubano, convaleciente de una rotura en el tendón de Aquiles sufrida en marzo de 2024, tampoco compitió en Gallur. Pero, en la ilusionada impaciencia de volverla a ver en las pistas, su imagen sobrevoló toda la competición.
Ebosele, durante la final de salto de longitud en Gallur.EFE
Noveles atletas de pura cepa española destacaron en Gallur y se proyectan con fuerza hacia el atletismo a cielo abierto. Jaime Guerra (25 años) saltó 8, 14 en longitud. Adrià Alfonso (22) estableció, con 20.65, un nuevo récord de España de 200 metros. Los 200 no se programan en los grandes campeonatos en pista corta, pero el registro de Alfonso es una interesante referencia para la larga de los estadios.
Sin parangón en el pasado, una reciente y nutrida generación femenina de cuatrocentistas siembra esperanzas de éxitos en los relevos 4x 400. El nacional de Gallur fue el aperitivo del inminente Europeo de Apeldoorn (Países Bajos), del 6 al 9 de marzo, y de todo lo que venga después. Lideradas por la veterana Paula Sevilla (27 años), lucen Blanca Hervás (22), Carmen Avilés (22), Daniela Fra (24), Eva Santidrián (25) y la benjamina Berta Segura (21).
Se anuncia una época brillante en los 110 vallas con los consagrados Quique Llopis (24 años, cuarto en los Juegos de París, único europeo en la final) y Asier Martínez (misma edad, campeón de Europa y tercero en el Mundial en 2022, sexto en los Juegos de Tokio). Se les ha incorporado el recién llegado Abel Jordán, 21 años, campeón de España de 100 metros y, en Gallur, de 60. Quedó segundo, tras Llopis, en los 60 vallas, a los que no accedió Asier al tropezar con uno de los obstáculos.
Blanca Hervás.Europa Press Sports
He ahí un humano mosaico territorial. Un valenciano, un navarro y un gallego. Rica dispersión para una más rica unión. Jordán, además, estudia en California. Personaliza el moderno internacionalismo de una vieja nación que se abre al mundo y, al mismo tiempo, hacia él se expande.
Un pequeño terremoto para empezar. A falta de 17 km para la meta, el viento provocó un corte. El Visma le echó una mano a Eolo y, en unos instantes, se formaron dos grupos (por detrás algunos más). En el segundo se quedaron Evenepoel, Roglic, Carlos Rodríguez, Van Aert y un par de lujosos sprinters: Merlier y Milan. Llegaron a 39 segundos de Pogacar y Vingegaard, que ya han comenzado a establecer diferencias en una etapa nada propicia para ellas.
De Lille a Lille, del kilómetro cero a 41 metros sobre el nivel del mar al kilómetro 185, a 27. En medio de ambos, tres "tachuelas", bueno, tres cabezas de alfiler de cuarta categoría. Una etapa llamada a ser resuelta al sprint. Así sucedió, aunque no precisamente de un modo inofensivo e indoloro. A Jasper Philipsen se lo puso a su estela Mathieu van der Poel y luego Kaden Groves. Y el relámpago belga logró su victoria número 54. Por si no fuera bastante su velocidad, contar con un par de lanzadores de ese calibre prácticamente aseguraba la victoria. Dejó a Girmay en segundo lugar y a Waerenskjold en tercero. Enric Mas anduvo listo y se metió en ese primer grupo.
Este Tour se ha planteado como un duelo entre Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard. Es lógico que así sea. Ambos se han repartido las últimas cinco ediciones, con tres triunfos para el esloveno y dos para el danés. Con la estadística en la mano, es creencia generalizada que si alguien puede ganar a Pogi en una gran ronda, es Jonas. Pero Tadej, en este Tour y en lo que le queda de vida deportiva, va más allá. Pelea contra Vingegaard, contra otros rivales y, a la vez, contra y a favor de sí mismo en persecución de Eddy Merckx.
demasiados retos por delante
No pocos pensamos que se trata de una empresa inútil. No la persecución, sino el resultado. En la persecución, Pogacar va a acumular muchos más triunfos. Pero no logrará alcanzar a Merckx porque éste es... inalcanzable. Afirmación siempre arriesgada, pero justificable. En ningún otro deporte es tan grande la diferencia entre su máximo representante histórico y el segundo de a bordo. Con toda probabilidad, Pogacar acabará su carrera como un indiscutido lugarteniente del belga, por delante de Bernard Hinault y Fausto Coppi. Pero, a los 26 radiantes años, el tiempo, paradójicamente, corre en su contra. Tiene demasiados retos por delante. Puede que no le dé para superarlos todos.
La etapa provocó dos bajas importantes, las de Filippo Ganna y Stefan Bissegger, dos corredores de peso y dos elementos muy destacados de cara a la contrarreloj del miércoles, aspirantes a vestirse entonces de amarillo (como el frustrado Evenepoel). Aportó algunas imágenes en las cotas. En la de Mont Cassel, pedregosa, se enfrascaron en el sprint, yendo al límite, buscando los puntos de la montaña, Benjamin Thomas y Mattéo Vercher, que marchaban ligeramente destacados. Una temeridad con un piso de piedra. La bici de Thomas resbaló y se llevó por delante la de Vercher. Los huesos de ambos, impactando contra el granito, lo lamentaron. La de Mont Noir la coronó, mostrándose juguetón, Vingegaard en la cabeza del grupo. No envió un aviso llamativo ni emitió un mensaje autoritario en tan leve escenario, pero se gustó y nos gustó. No es frecuente un gesto así, absolutamente superfluo, en alguien tan poco dado a frivolidades.
Etapa nada rutinaria la del domingo, y menos en estas circunstancias. En los últimos kilómetros se acumulan dos cotas de tercera categoría y una de cuarta, cortas pero duras. La última, rozando el 10% de porcentaje, a cinco kilómetros de la llegada. Seguramente los sprinters no podrán salvar la sucesión de obstáculos. ¿Habrácontraataque de las víctimas ilustres del sábado?