Tariku Novales arremetió contra la Federación Española este domingo poco después de establecer un nuevo récord de España en el Maratón de Valencia. El atleta, feliz con su hazaña, no pudo esconder el disgusto con el organismo por la falta de ayudas.
“Si vieras ahora mismo mi cuenta bancaria te daría la risa, la verdad. Porque lo he invertido todo en poder llegar en este estado de forma y no es barato preparar un maratón”, aseguró tras la prueba.
“Todo financiado gracias a la ayuda de Adidas, al patrocinio que tengo, porque si no te aseguro sería imposible. Te digo que la Federación en todo momento, aparte de ignorarme y hacerme esperar meses para darme una respuesta, me ha dicho directamente que no cumplo los criterios“, relató decepcionado.
“La gente flipa cuando les digo que no tengo ningún tipo de ayuda. Fuera de España, flipan. No pueden entender que un atleta de 2.07 no tenga ningún tipo de ayuda”, lamentó Novales, quien sí se deshizo en elogios hacia la organización del maratón de Valencia. “Lo del Maratón de Valencia no tiene nombre, no valoramos los españoles la suerte que tenemos con esta prueba en la que nos cuidan tanto y en la que se corre tan bien”, añadió.
Novales, nacido en Etiopía y adoptado con apenas seis años por una pareja gallega, había transmitido en los días previos su intención de ser el primer español en bajar de las dos horas y seis minutos. Lo consiguió este domingo al parar el cronómetro con una marca de 2:05:48, casi un minuto mejor que Ayam Lamdassem de 2:06:25, establecida en 2022.
“Estoy muy contento por el récord pero creo que aún puedo mejorar esta marca porque las liebres nos han fallado y hemos tenido que currar mucho ahí. Antes de la prueba ya pensaba que podía hacer estar marca”, señaló Novales a la organización poco después de atravesar la meta.
Del mar a la montaña. Hace unos años una pequeña marca deportiva vasca, Ternua, le pidió a tres cofradías de su zona, las de Bermeo, Getaria y Hondarribia, que les guardaran las redes de pesca rotas o desgastadas y en unos meses se encontraron en sus instalaciones con 12 toneladas de malla para tirar, inservible, hecha polvo. Era más de lo que esperaban, pero era mejor que sobrara. Pese al enorme volumen recibido, siguieron con su proyecto y, después de reciclar las redes y de convertirlas en hilo, presentaron su innovación: 50.000 pantalones de esquí -entre ellos los de competición de varias federaciones- hechos con material de pesca. Del mar a la montaña. Luego harían lo mismo con cáscaras de nueces o huesos de aceituna, con posos de café o con sábanas de hoteles desgastadas.
«Desde nuestro nacimiento en 1994 siempre hemos querido hacer ropa deportiva que significa algo y ahora creemos que todo el sector va hacia ahí, es el futuro porque tiene que ser el futuro», comenta Eduardo Uribesalgo, director de innovación de Ternua. Su propuesta es modesta, producción contenida, muy local, pero, en realidad, está en la línea de lo que vendrá. La ropa deportiva del futuro estará hecha de materiales que ahora ni imaginamos, durará más y será circular.
Adiós al petróleo
Las multinacionales, como Nike y Adidas, ya tienen ropa y zapatillas hechas con botellas (Flyknit) o residuos de los océanos (Parley), pero ese reciclaje cada vez es más controvertido -al fin y al cabo, es plástico-, y, además, avanzan propuestas mucho más rompedoras en ese sentido. Según un estudio de la Fundación Changing Markets el 69% de las fibras que se utilizan en el deporte todavía proceden del petróleo, como el poliéster o el nylon, y el objetivo de varias empresas es disminuir ese porcentaje drásticamente. La biotecnología ya ha creado poliéster a partir de la yuca, la caña de azúcar o el maíz, muy parecido al actual; la goma EVA, presente en muchísimas zapatillas, se podría sustituir por Bloom, hecha por algas, que ya usan Puma o Merrell; el neopreno petrolífero tiende a ser sustituido por el Yulex, hecho de planta de yute -Decathlon ya tiene un modelo 100% Yulex-; y así múltiples innovaciones.
Hay postureo, el llamado greenwashing, pero también cierta presión legislativa -nuevas directrices europeas e iniciativas como la francesa Ecoscore-, y sobre todo más conciencia de los deportistas aficionados que, al final, son los que compran. Según una encuesta de la competición de vela SailGP realizada entre sus aficionados en Estados Unidos, Reino Unido y Suiza «el 72% de la población no quiere hacer deporte con ropa hecha con combustibles fósiles», pero en las tiendas se encuentran varios obstáculos. Uno es la variedad, otro es el rendimiento, pues aún es imposible encontrar zapatillas rápidas y verdes, pero el principal es el precio.
«Tarde o temprano va a llegar: un atleta ganará un maratón con unas zapatillas reciclables. Pero mientras tanto es un camino lleno de retos. Especialmente hacer llegar al público todos esos materiales. Varias marcas han hecho camisetas con fibras muy sugerentes, de algas o fibra de coco, pero costaban 80 o 100 euros. Hasta que los procesos no sean más baratos no se podrá generalizar su uso», expone Juan González, probador de varias marcas y responsable del podcast sobre material El laboratorio de Juan.
Imagen de un forro Polartec.
«El coste se reducirá a medida que más marcas se comprometan con la verdadera circularidad», asevera Ramesh Kesh, vicepresidente de Milliken & Company y responsable de Polartec, marca líder en forros polares y por lo tanto con la dependencia del petróleo como reto. "Como industria, es hora de que abordemos algunas de las causas más profundas en lugar de poner tiritas a otros temas que tienen poco impacto a largo plazo", añade en el final del proceso para que toda su colección sea de poliéster reciclado, sea circular.
«El precio es un desafío, eso está claro. Pero hay que darles a estos materiales el valor que tienen», subraya por su parte Joel Gómez, manager en España de la marca italiana Uyn, que está marcando el camino. Con mucha implantación en el esquí -su embajadores es el estadounidense Bode Miller, campeón olímpico-, toda su ropa está hecha de fibras nuevas procedentes del maíz, del ricino o del eucalipto, tienen una lana vegetal...
«Es actual porque lo pide el público y futurista a la vez, hay mucha investigación detrás y no siempre sale cómo deseamos. Pero esa esencia bio se acabará imponiendo», añade Gómez, que sabe que en la vanguardia hay riesgo.
¿Unas zapatillas para toda la vida?
En los últimos años, por ejemplo, varias marcas, como Salomon, han presentado zapatillas 100% reciclables, pero su éxito ha sido limitado. Quizá el camino sea otro, utilizar un un material más resistente como el grafeno como hace Inov, o directamente crear unas zapatillas desmontables. En ello está embarcado actualmente Kilian Jornet. Su marca, Nnormal, triunfó en el mercado de la montaña con sus modelos duraderos, pero ahora quiere más. En los últimos meses está trabajando en unas zapatillas modulares, las Kboix, que ya han recibido un premio ISPO, por lo que proponen: que sirvan para todo, que duren toda la vida.
La idea es que la mediasuela, es decir, el bloque de goma que hay entre la suela y la cubierta, pueda irse cambiando cuando se desgaste o cuando se necesiten otras prestaciones. Para salir a correr tranquilamente, se monta una zapatilla, para competir a toda prisa, una distinta, y para abordar una montaña muy técnica, otra distinta. «Queremos evitar el sobreconsumo y creemos que esta zapatilla puede ser útil para ello. Está diseñada para ser extremadamente duradera y ser reparada cuando se acabe la vida útil de sus partes», apunta Birte Fahrbach, jefa de producto de Nnormal, que no niega las dificultades: «El desafío es unir las partes del calzado y conseguir una buena estabilidad. No puede compararse con el proceso de producción habitual de unas zapatillas».
Algún día el calzado durará siempre, algún día la ropa estará hecha de plantas o de algas: la ropa deportiva del futuro ya está aquí.
Hace un año los padres de Paul McGrath reservaron su viaje para los Juegos de París: vuelos y apartamento, todo, y sin posibilidad de cancelación. No fue orgullo paternal, ni mucho menos una locura, fue lo más sensato. Porque McGrath debutará como olímpico este verano a los 22 años y es probable que lo haga con una medalla. Este sábado en el Europeo de Roma certificó la progresión que lleva desde hace años con un oro en los 20 kilómetros marcha.
Era su debut con la selección, pero no era una sorpresa. De madre española y padre escocés -y muy seguidor del Celtic-, desde sus inicios en la marcha en Gavá a los cinco años, McGrath prometía éxitos. Fue bronce en el Mundial sub20 de 2021, campeón de Europa tanto sub20 como sub23 y este mismo año le ganó el Campeonato a España a todo un Álvaro Martín, vigente doble campeón del mundo.
Al llegar entre los mejores ya era uno de los favoritos. En la prueba de este sábado, McGrath se mantuvo en el grupo hasta que saltó el sueco Perseus Karlström, subcampeón del mundo tras Martín el año pasado, y se fue con él. A media prueba, el título ya estaba entre ellos y se resolvió para el sueco, cosas de la experiencia. McGrath llegó a demarrar y marcharse, pero entre avisos al español Karlström remontó para llevarse el oro.