Finalmente, la UD Las Palmas ha rescindido el contrato del jugador, de 18 años, Joel Domínguez. Sin embargo, no ha sido por su condena por violencia de género sino por indisciplina. El conjunto insular ha informado en un comunicado que “Joel Domínguez no continúa en la entidad amarilla y le ha comunicado al jugador la rescisión de su contrato por motivos disciplinarios“.
El club, pese a su condena y que aún le restaban dos causas pendientes, decidió, en un primer momento, defender al jugador e incluso anunció que iniciaría la pretemporada con el primer equipo que, este año, había conseguido el ascenso a la LaLiga EA Sports.
Sin embargo, la entidad terminó por no convocarle finalmente al stage que el equipo realiza en Marbella y tampoco citarle ni con el filial ni con el tercer equipo. Ahora, jugador y club separan sus caminos. Al parecer, ni el entrenador Francisco Javier García Pimienta, ni la dirección deportiva contaban con el futbolista.
En marzo de este año, el jugador había sido detenido por propinar una paliza a su pareja. Tras admitir los hechos, Domínguez sería condenado por un delito de violencia de género por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº1 de Las Palmas a 40 días de trabajo comunitario, un año de alejamiento y dos más sin permiso de armas.
Él propio futbolista admitiría los hechos, pero la UD Las Palmas no ejercería ninguna medida disciplinaria contra él. El club, simplemente, adujo que la agresión se había producido en el «ámbito de su vida privada», y en su comunicado no incluyó ni una sola mención o mensaje de apoyo a la víctima.
Dzanan Musa y Mario Hezonja aguardaron en mitad de la pista el chaparrón de la enésima derrota, conversando como si supieran de qué se trata, qué es lo que no funciona en este Real Madrid que les debe pertenecer. La sensación es ahora de equipo quebrado, sin alma y sin solución. El Zalgiris, ese rival habitualmente propicio, fue también demonio, de pesadilla en pesadilla hasta el hundimiento: hay que mirar muy abajo para encontrar a los blancos en la tabla de clasificación. [83-92: Narración y estadísticas]
Fue una noche de pura frustración. De protestas y técnicas, de Chus Mateo expulsado en el tercer cuarto. Pero, sobre todo, fue una noche de completa inferioridad ante el rival. Los lituanos dominaron cada resquicio del duelo, baloncestístico y mental. Arrollaron en la primera mitad impulsados por el acierto y la calidad de Lonnie Walker y ni sufrieron en la segunda entregados a Sylvain Francisco. Lo peor, de largo, es la sensación de aceptación del fracaso: la pitada de las tribunas del WiZink fue mínima tras la tercera derrota seguida, la novena en lo que va de curso europeo. Lo nunca visto.
El algoritmo de Chus Mateo demanda energía, actitud y acierto para volver a resolver problemas y ganar partidos, para ser la receta del éxito de hace no tanto. En vez de eso, el equipo se envuelve en la capa de incertidumbre y depresión, se autoconvence de su pujanza perdida (tan evidente que esa plantilla perdió mucho más que ganó este verano...), y se refugia en la paciencia, en lo largo del camino. Pero verse a finales de diciembre tan abajo, lejísimos de la cabeza de la Euroliga, no ayuda ni al colectivo ni a los señalados.
Y este Madrid que sólo ha ganado un partido a domicilio (en Barcelona tras dos prórrogas), se comprueba ahora sufriendo con cualquiera, perdiendo en la cancha del Asvel, o 19 (35-54) abajo en un ratito con el Zalgiris. Rivales que eran 'victoria' segura. Como para pensar en la Final Four.
Chus Mateo, camino del vestuario tras su expulsión.Kiko HuescaEFE
A Mateo se le ha agotado hasta el comodín de las lesiones. Con toda la plantilla al completo (Hugo González se quedó fuera de la convocatoria), afrontó al Zalgiris de Andrea Trinchieri -una de las revelaciones, la mejor defensa del torneo- tras dos derrotas seguidas en Europa interrumpidas el domingo por el alarde liguero ante Unicaja. Un espejismo. Ni atisbo de reacción, de algo que cambie el rumbo de la mediocridad, que propicie un despegue del que cada vez hay más dudas de que vaya a llegar antes de que sea demasiado tarde.
La puesta en escena fue aterradora. Si Walker IV acaparaba los focos, en el descanso ya acumulaba 21 puntos. No sólo era el talento del ex NBA que fue pretendido por el Madrid, era la actitud que tenía enfrente, una desidia defensiva que el Zalgiris aprovechaba para pasearse en el WiZink: el peor equipo ofensivo se marchó al descanso con 54 (una lluvia de triples) en su casillero ante un Madrid desencajado. Errores flagrantes, protestas, técnicas y sólo Llull asomando a base de orgullo.
Sin reacción
Ya el Efes hace unos días se zampó al Madrid en el Palacio en otra primera mitad para olvidar que ni la reacción posterior pudo tapar. Para remontar hay que creer, principalmente en uno mismo. Y a la vuelta, pese al 8-1 de salida, otra vez la desesperación, que se tradujo en la enésima técnica, en la expulsión de Chus Mateo y en un marcador que no menguaba pese a que Musa intentará ponerse la capa de súper héroe. En cuanto se sentaron Campazzo y Tavares, todo era fango.
Y ahí el Madrid se enredó como un elefante, lento, sin ideas, sin esa chispa que transformaba el Palacio en un lugar donde todo podía ocurrir. Ya no hay magia. Los blancos son un grupo en el diván que ni reacciona a las banderillas: dos triples más de los lituanos y la clase de Francisco hicieron arrojar la toalla. Otra noche para olvidar.
España se impuso a Brasil en un partido atípico. Lejos de exhibir jogo bonito, las canarinhas tuvieron en su portera, Lorena, a su jugadora más destacada, vieron cómo Marta, su puntal, era justamente expulsada en el añadido del primer tiempo y acabaron con una defensa, Antonia, lesionada y buscando aquello que en el fútbol añejo se conocía como el gol del cojo, después de agotar todos sus cambios. Athenea del Castillo, aprovechando un fallo de la guardameta rival al tratar de desviar un centro de Mariona Caldentey, rompió el muro rival para marcar el 0-1 y Alexia Putellas, en el añadido, con un gran tiro cruzado, remachó un triunfo por 0-2 que le permite al conjunto de Montse Tomé pasar a cuartos como primera clasificada.
La iniciativa, tal y como ya pasó ante Japón y Nigeria, recayó en las botas de las españolas. Y, por mucho que Brasil diera el susto con un remate de Ludmila que se estrelló en el poste izquierdo de la portería de Cata Coll, su mayor posesión del esférico se tradujo en múltiples llegadas a las inmediaciones del área de la canarinha. Llegadas en las que Lorena se lució una y otra vez para evitar que el marcador se moviera antes del descanso. Sobre todo, ante dos disparos peligrosísimos de Tere Abelleira, perfectamente contrarrestados por la arquera brasileña. Antes, el conjunto de Montse Tomé ya vio cómo se le anulaba un tanto a Jenni Hermoso por fuera de juego de Patri Guijarro y cómo Tarciane salvaba con el cuerpo un remate prácticamente a bocajarro de Eva Navarro.
La acción que marcaría el resto del encuentro llegaría en el añadido del primer tiempo. Marta, toda una leyenda, ganadora de seis Balones de Oro, vio la tarjeta roja por levantar demasiado la pierna en un intento de despeje e impactar con su bota en la cabeza de Olga Carmona. La brasileña dejó el césped desconsolada. Consciente, seguramente, de que ese podía ser su último partido.
Marta, entre lágrimas tras ser expulsada.AP
Con una menos sobre el terreno de juego, Brasil trató de tirar de garra para meterse en el encuentro, pero los remates de Ludmila y Kerolin, quienes rompieron el fuego tras la reanudación, se encontraron a su vez con el acierto de una siempre segura Cata Coll, que acabaría siendo sustituida por Misa Rodríguez tras recibir un corte bajo el ojo en un choque con una rival. En el otro extremo del campo, la falta de acierto de Lorena al tratar de atajar un centro de Mariona Caldentey le permitió a Athenea del Castillo poner el tan buscado 0-1 en el marcador. La portera brasileña, eso sí, no tardó mucho en resarcirse. En este caso, enviando a córner un prometedor tiro lejano de Laia Codina.
El intento de Brasil por buscar a la desesperada la reacción, agotando los cambios, se vería al final trastabillado por la lesión de una de sus centrales, Antonia. Para no dejar a su equipo con nueve sobre el césped, trató de recolocarse en punta, más para estorbar lo menos posible que para amenazar a una España que, a la postre, sentenciaría su victoria en el añadido con un gran gol de Alexia Putellas.
"Esto va por ti, pa. Lo hicimos juntos. Te quiero mucho". Esas fueron las palabras que Hecher Sosa (Arrecife, 1995) consiguió articular cuando el árbitro Herb Dean levantaba su brazo tras vencer a Macksom Lee en las Contender Series de la UFC. Un combate que permitía al canario entrar en la liga más prestigiosa de MMA del mundo. "Fue el mejor momento de mi vida a nivel deportivo, pero el peor a nivel personal", confiesa a EL MUNDO el peleador.
El Guanche Warrior perdió a su hermana en 2024 y a su padre en el corte de peso para la pelea con la que cumpliría un sueño. Apenas 48 horas antes de subir a la jaula. Sólo ha pasado un mes desde aquello y la vida de Hecher se ha metido en una lavadora de emociones que él lidia gracias a la filosofía estoica, de la que es asiduo lector, y a la ayuda de un psicólogo deportivo. "Pensaba que cuando entrase en la UFC iba a ser la persona más feliz del mundo, pero al no tener a mi padre, me he dado cuenta que es más importante la vida y tener a los seres queridos cerca que cualquier otra cosa", apunta.
Su padre era su apoyo, su amigo y su primer fan, pero también el que le dijo: "Si quieres llegar a donde otros no llegarían, tienes que hacer lo que otros no harían". Esa victoria en el Apex Center de Las Vegas tuvo más de corazón que de técnica, pese a que el plan estratégico para vencer a Lee se plasmaba en 35 folios. "Sabía que estaba conmigo, lo sentí en mi corazón, en cada golpe, en cada segundo de la pelea. Lo hicimos juntos", repite el canario.
Hecher Sosa entró en la UFC por la puerta grande como quinto español. Peleará en la categoría gallo, de 61,3 kilogramos, y sus sueños han crecido al igual que su ambición sin llegar a la "pastelada" de aspirar, todavía, a ser campeón del mundo. "La montaña parece muy alta cuando estás abajo, pero cuando la escalas siempre piensas que puedes subir una más alta", explica el peleador, cuyo próximo pico es ganar sus dos siguientes peleas para mantenerse en la UFC e intentar rankearse en el top-15 de su división. Aunque aún no tiene fecha para sus peleas oficiales, a Hecher lo encontramos enntrenando en el AFC de Collado Villalba. Siempre está preparado.
Sosa junto a su entrenador del AFC Villalba.Elena Iribas
Hay dos cosas que destacar de Hecher cuando le conoces en persona. La primera es su sonrisa, perenne, casi irreal después del sufrimiento que ha vivido el peleador. La segunda es su determinación, inquebrantable. Trasluce en cada poro al verle practicar el grappling ante un sparring en una de las salas de AFC bajo la atenta mirada de Mario Alonso, su entrenador. "Siempre he sabido que iba a triunfar porque todo lo que me he propuesto lo he conseguido", responde el luchador.
Cuesta dudar de sus palabras cuando se visita su historia a través de sus ojos. El canario iba para futbolista. Con 18 años hizo las maletas para jugar en las categorías inferiores del Watford, equipo siempre a caballo entre la Premier League y Championship. Entonces, precisamente tras una pelea, que ganó, en un campo de fútbol, encontró su verdadera pasión. "Me expulsaron, mi primo justo había empezado a entrenar jiujitsu y me dijo: 'Vente a entrenar conmigo'. Hicimos unos guantes en mi casa y le di una paliza", comenta entre risas el peleador.
El peleador practicando grappling junto a un 'sparring'.Elena Iribas
La llegada a MMA, previo paso por el boxeo, no fue sólo un acceso a una actividad vocacional, también supuso un elemento terapéutico. "Tenía mucha rabia dentro y cuando me iba a entrenar notaba que toda esa rabia la expulsaba, me sentía libre y sentía que todos los problemas se paralizaban", apunta.
¿Tú eres violento?
No, para nada. Si me pitan en un semáforo, me río.
Lo hacen porque no te conocen.
Claro (risas). Me río porque hay muchos que creen que porque se hayan zurrado en la calle un par de veces pueden pegarle a un peleador profesional y yo estoy acostumbrado a ello. Cuando hay una situación violenta actuamos con normalidad porque es nuestro hábitat natural. Si viene alguien que no tiene ni idea, para mí es como un juguete.
Es esa calma, esa presencia, la que Hecher quiere adoptar de Ilia Topuria, "el mejor peleador de la historia de la MMA". Un ejemplo a seguir de alguien que, como él, llegó de abajo. "Te hace sentir que queriendo, creyendo y trabajando, se puede conseguir", explica el canario, que ya comparte presencia en la mejor liga del mundo de artes marciales mixtas. Como él, espera ver a la UFC pronto en España, quizás no en el Bernabéu, "porque la jaula estaría muy lejos", pero quizás en el Wizink.
Una derrota inspiradora
La principal diferencia entre ambos está en un papel. Si Topuria lleva un récord inmaculado de 17-0, Hecher ha sido derrotado una vez en sus 15 combates y fue ante Karlen Minasyan, pero su lectura es opuesta a lo esperado. "Lo recuerdo con alegría porque fue lo que cambió mi perspectiva de vida. Me hizo mejorar, poner los pies en la tierra, cambiar de equipo y cerrar una etapa de mi vida que yo no estaba controlando", apunta el luchador que llegó a pelear 34 combates en 3 años y en profesional cinco por año.
El luchador en el ring del AFC Villalba."Elena Iribas "MUNDO
Hecher lleva muchos tatuajes en su piel, pero hay uno que tiene especial significado y son las palabras que Dana White le susurró cuando consiguió su objetivo de entrar en la UFC: "Sé la jodida razón por la que tu apellido signifique algo algún día". Esa es su espoleta para seguir entrando en la jaula una y mil veces. No hay miedo en el canario, sino presión. "Cuando la siento pienso: 'Bien'. Esa angustia, ese respirar fuerte significa que el cuerpo está preparado para lo que viene", revela. También su mente, nunca se cansa de demostrarlo.